martes, 21 de enero de 2025

Nosferatu: la belleza de un mito con 100 años de separación

La primera ‘Nosferatu’ data de 1922 y se convirtió en un clásico instantáneo. Hoy, más de 100 años después, sigue siendo considerada como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos y, por eso, la apuesta de Robert Eggers era arriesgada; sin embargo, sale victorioso honrando un mito y sublimando el género.

 

Las tres películas anteriores de Robert Eggers dejaban claro que su sello es la grandilocuencia en la filmación. Tras dos pruebas muy bien logradas, como ‘la Bruja’ y ‘El Faro’, el director neoyorkino alcanza la cumbre con ‘Nosferatu’. La película reconstruye con enorme precisión y buen gusto, la sombría Alemania del siglo XIX, utilizando  decorados, localizaciones y vestuario con enorme elegancia y gusto casi teatral. Todo este equilibrio ofrece un film auténtico, envolvente, onírico, con muy buen ritmo, aunque dure cuarenta minutos más que la original.

En la previa de la película, supimos que el film de 1922 tenía obsesionado a Eggers desde su niñez, y en el tratamiento de la historia y los giros de guion, notamos que el director llegó a comprender todos los momentos en los que tenía que dar más peso dramático para enfatizar aspectos de la historia y del mito del vampiro; como este mito es legendario, Eggers sabía que debía mostrar respeto y de ahí la gigantesca producción, para que el plano a plano ofreciera modernidad pero respetando el aura de la película original, aspecto que la ha hecho indeleble al paso del tiempo.

Esta 'Nosferatu' es el ejemplo de lo que debe ser un remake, lo cual es un éxito pues sabemos que es difícil versionar una historia que se ha contado con anterioridad y que tiene precedentes muy logrados dentro del género del terror/vampirismo; pero en 'Nosferatu' se nota confianza, se nota camino recorrido y ganado por el director. La película es un ir y venir de fascinación, de momentos grandiosos amplificados por el claro/oscuro y por un tratamiento musical operático, de creación de atmósferas terroríficas. Hay puntos muy altos en estos apartados.


La película triunfa gracias a todo lo señalado: dirección, intensidad, ritmo, decorados, actuaciones, pero hay un gran punto culmine: la fotografía de Jarin Blaschke. El director de foto es fiel colaborador de Eggers y firma un prodigio estético repleto de claroscuros, precisos movimientos de cámara, velas, antorchas para iluminar escenas nocturnas, crear  atmósferas densas, con grandes lunas plateadas.. así, ‘Nosferatu' también es un triunfo en el apartado visual y la escena final es un horror lleno de elegancia y fidelidad a la historia y que  se nos quedará grabada por mucho tiempo.

En definitiva, ‘Nosferatu’ es una gran reinvención y toda la tecnología puesta al servicio del film termina jugando a su favor. Hemos sido transportados al siglo XIX frío y lúgubre y hemos vivenciado la leyenda del vampiro que lleva más de 100 años siendo contada. La propuesta de Robert Eggers toca todas las aristas folclóricas del Este de Europa respetándolas y otorgándoles un barniz de modernidad con actuaciones entregadas y dolorosas, como la de Lily Rose Deep que, contra todo pronóstico, ha dado la nota alta con su primer protagónico y le regala más credibilidad a esta nueva joya, narrada con amor y mucha personalidad.