lunes, 2 de febrero de 2026

No es Shakespeare: es Agnes. El corazón de Hamnet según Chloé Zhao

Chloé Zhao adapta la novela de Maggie O’Farrell con una delicadeza anclada a una feroz Jessie Buckley, la que sostiene el relato desde Agnes y convierte su duelo en un umbral entre vida, muerte y teatro.

 

Esta historia no va de Shakespeare ni del niño. Va de Agnes. Y Chloé Zaho tiene la inteligencia de filmarla como un personaje que lo contiene todo: amor, rabia, superstición, cuerpo, dolor.

El libro Hamnet, de Maggie O’Farrell, toma un dato ínfimo dentro de una biografía gigante y ultra estudiada, como la de Shakespeare, y que es la muerte de su hijo Hamnet, y lo convierte en un universo completo, una historia no contada, pero muy doméstica y cruel.

Adaptar eso al cine puede salir muy bien o super mal. Muy bien si se focaliza desde lo esencial (amor, enfermedad, duelo, Londres, Stratford) y muy mal por la inmensa cantidad de estudiosos que se irían en picada contra esta injusta dialéctica entre libro y película. ¿Cómo lo resolvió Zhao? No centrándose en Shakeaspeare, ni siquiera en Hamnet.  Lo resolvió focalizándose en Agnes. De esta forma, la directora logra algo que muy pocos consiguen:  que la película sea sensorial, que los objetos sean importantes, que el viento atravesando las ramas sean importantes, que el silencio de la casa sea importante, que los cuerpos sean importantes. Y aquí su apuesta fue Jessie Buckley. Su interpretación de Agnes es la película entera.

El arco emocional que sostiene la actriz tiene una potencia brutal, contundente. Su voz grave se mezcla con el bosque, del cual hizo su hogar, casi como un animal mitológico, como una criatura que pertenece más a lo pagano. Chloé Zhao filma ese bosque como un útero, como un refugio anterior al mundo; Agnes siempre vuelve allí buscando esa sabiduría en las plantas, en la lluvia, en su halcón, en las abejas. De hecho, uno de los aciertos del film es el “agujero” del bosque. Ese espacio al que Agnes vuelve una y otra vez y que funciona como una herida abierta que separa la vida y la muerte, y que luego será también el umbral entre ficción y realidad ya dentro del teatro.


Una película de detalles pensados y logrados

Por su parte, Paul Mescal es un Shakespeare aspiracional, recién iniciando su largo camino a la inmortalidad literaria; es humano y no genio, es joven y no legendario. En la película se muestra como alguien que se aleja, que se desplaza (geográfica y emocionalmente) y esa lejanía se vuelve parte del relato y Mescal actúa afirmado sobre esa culpa.

Otro detalle importantísimo y que está muy bien logrado, es el casting que completan los niños actores del film. Para la directora era fundamental que los hijos del matrimonio existieran en pantalla, que no fueran una simple ternura decorativa. Zhao acierta con Jacobi Jupe (como Hamnet) y con Olivia Lynes (como Judith); ambos hacen que el vínculo entre los gemelos no sea solo narrativo, sino físico. Los gestos entre ellos, la manera de tocarse, de protegerse, construyen una intimidad rara en el cine y transmiten la energía de ser una sola alma. En “Hamnet”, el casting no fue una cuestión de “buscar caras”, sino de pensar símbolos. Por otro lado, y al mejor estilo de Chloé Zaho, la Inglaterra de Shakespeare está filmada con romanticismo, no como un decorado histórico, sino como una promesa para Will, en cuanto a que solo allí está su futuro. Filmada mucho en exteriores, añadir el The Globe (la idea del teatro como frontera entre mundos) le da aún más encanto a la recta final de la película. Y así como el escenario de exteriores es relevante, también hay una decisión arriesgada de la directora en cuanto a no crear una música original y rescatar piezas utilizadas en otros filmes y que generaran una recordación en el público; es el caso de “On the Nature of Daylight”, de Max Richter, una pieza bellísima y muy fácil de asociar pues ya se usó en “Arrival” y “Shutter Island”, en momentos claves de esas recordadas películas.


Finalmente,” Hamnet” es una suma de delicados detalles engranados en torno al duelo y a una mujer. Si Chloé Zhao logra el Oscar a Mejor Dirección, no será por justicia poética sino por precisión emocional. Y por haber entendido que esta historia, pese a Shakespeare, no es de él sino de ella.