domingo, 30 de abril de 2017

FEUD: Ajustando cuentas con Hollywood

Ryan Murphy volvió a lograrlo. “Feud” pareciera querer inventar un nuevo género a través de ficcionar rivalidades históricas que “no nacen del odio, sino que del dolor”. El director se está convirtiendo en una especie de dramaturgo, al explorar esta arista de llevar historias reales a la pantalla, respetando el contenido histórico pero dibujando un guion propio y una dirección que logra resultados muy eficientes. He ahí el gran logro de “Feud”, cuya segunda temporada ya ha sido confirmada.

Ese dolor de haber sido adorada y ahora olvidada es el que retrató la primera temporada de “Feud” (“pelea”, en portugués) desarrollando un guion con el origen del dolor, pero aderezado con los golpes directos que dos divas se dieron en lo más profundo, y que la prensa de la época alimentó con ganas. La idea inicial fue retratar la dificultad que tenían las mujeres de 50 años para encontrar buenos roles en el viejo Hollywood, y qué mejor ejemplo para contar esa tesis que una rivalidad histórica y efectiva: Bette Davis (Susan Sarandon) y Joan Crawford (Jessica Lange) durante el período de grabación del clásico “¿Qué fue de Baby Jane?”. Esta fue la punta de lanza de Ryan Murphy, quien además es un reconocido admirador de Joan Crawford.

Bob Aldrich (interpretado de manera muy correcta por Alfred Molina) tuvo la tarea de unir a las dos estrellas, las que fueron tratadas como un producto en decadencia por ser maduras y no poder sostener films más comerciales. La perspectiva de los medios de comunicación cobró relevancia en “Feud”, pues ellos ayudaron a perpetuar la idea de que Joan y Bette eran pilares del egocentrismo. De hecho, gran parte del enfoque de la serie gira en cómo los medios empeoraron esta rivalidad con comparaciones físicas y profesionales, ya que el Hollywood de los ‘50 y ‘60 era una especie de industria de la belleza, que alababa a sus divas hasta cuando las arrugas delataban el paso de los años, convirtiéndolas en ejes que ya no engranaban en la cultura pop. Esta arista fue soportada por Hedda Hooper, una periodista que sabía los secretos más escondidos de las piezas que movían Hollywood. Su nombre fue encarnado recientemente en “Trumbo” y ahora se repite en “Feud”. Judy Davis dio vida a la periodista que funcionaba al off the récord y que se jactaba de haber destruido carreras y haber potenciado otras. Ese poder tenía en Hollywood.



Otra intención declarada de Ryan Murphy para llevar esta rivalidad a la pantalla, era la de redimir a Joan Crawford. Vapuleada por décadas tras la película que protagonizó Faye Dunaway (y basada en el libro de su hija), Murphy quería establecer que nunca se ha dicho toda la verdad sobre la actriz, la que tiene una historia de vida digna de admirar y que no corresponde al prototipo de actriz de esos años: fue víctima de maltrato y tuvo un ascenso social desde lo más bajo, ganándose su espacio haciendo películas de dudosa calidad y peleando su lugar sin apoyo; este crecimiento en rango social sería el que desencadenó su terror a la pobreza. En ese contexto, “Feud” destaca el virtuosismo de Crawford pero también lo equilibra mostrando sus manías, las que se ven en los extraños tratamientos de belleza que seguía, el aprendizaje con la silla de ruedas o el repaso exhaustivo a las historias sobre mujeres que ofrecía el mercado literario y que tan pocas opciones le dejaban. Murphy, parte “explotando” el divismo loco de ambas actrices para, de a poco, ir señalándoles un camino de redención.

Actuaciones
Dese que se anunció la dupla Lange-Sarandon como protagonistas, sabíamos que esto no podía fallar. No solamente ambas están consagradas, sino que tienen esa impronta de actriz de “carácter” que les permite pasar de situaciones complejas a otras risibles sin mayor esfuerzo.
En cuanto a Susan Sarandon, le dio todo la personalidad directa, altiva, nada vulnerable, que tan bien definía a Bette Davis. Y como si hubiera funcionado una especie de ley de la compensación, Sarandon tiene menos protagonismo, pero alcanza un par de escenas mejor logradas que Lange. Lo único que no nos convenció del todo fue el tono de voz que consiguió, pero sería hilar demasiado fino. Por su parte, Jessica construyó su personaje mostrando a una Joan llena de debilidades pero con ganas de batallar contra todo obstáculo.
Unas líneas para el personaje de “Mamacita”, el que también fue real. Anna Marie Brinke fue contratada por Crawford a comienzos de los 60, para ser una ama de llaves muy especial. Jackie Hoffman la interpreta de una manera muy graciosa pero no olvidando el carácter serio y recto de quien fue enrealidad. Una de las revelaciones de la temporada, pues su función era como la de un pepe grillo, al que no se le ponía suficiente atención.


Guion
Para armar los guiones, todos los episodios se centraron en un momento de esta rivalidad, los que van desde pequeños sabotajes durante el rodaje de  “…Baby Jane” a la agresividad maquillada de esa noche del Oscar de  1963, con un impecable cruce de imágenes de lo que realmente ocurrió (imágenes reales de la transmisión) y lo que pasaba en bambalinas (interpretación de la serie). El texto de ese episodio es impecable y describió cómo la fortuna lograda por la película no ayudó a "reactivar" las carreras de las actrices.
El guion tampoco dejó fuera los problemas de Crawford con el alcohol: “El alcoholismo es un riesgo asociado a ser actor, a ser viuda o a estar solo. Y yo soy las tres cosas”, sentenció.  
En general, los guiones de la temporada fueron un punto fuerte, estuvieron concisos y enfocados, sin permitir la distracción del espectador. Y la dirección de los episodios fue más que correcta en todo: ambientación, dirección de arte, fotografía etc.
Uno de los mejores capítulos fue el dirigido por Helen Hunt, donde se empieza a construir la ruta hacia la reivindicación. En una de las mejores escenas de la temporada, Joan se enfrenta a Bette y le enrostra sus defectos, a lo que Bette reacciona preguntándole qué se sintió ser la chica más bella del mundo;  Joan responde que fue “maravilloso, pero no lo suficiente”. Joan le contapregunta qué significó ser la actriz con más talento en el mundo, y Bette le da la misma respuesta. Hubiera sido genial una pregunta más! Porque el guion, a través de este diálogo, las puso en simetría, con una Bette deseando ser bonita y una Joan deseando ser  talentosa.




Más allá de la rivalidad, “Feud” nos permitió observar ese viejo Hollywood y nos dio momentos de mucha nostalgia, los que fueron más numerosos si bien nos acercábamos al final de temporada. No era una melancolía simple, era una melancolía transformada en admiración, porque aunque seamos muy jóvenes y no toda la filmografía de estas actrices nos sea familiar, la serie construyó todo un universo de veneración; y para los que aún tienen recuerdos de esas películas y esos actores, la sensación era más real aún. Todas estas sensaciones de veneración son refrendandas como tal en el último fotograma del capítulo final, quizás uno de los momentos más emotivos que veremos este año, en uno de los mejores debuts de la temporada. 


viernes, 28 de abril de 2017

13 REASONS WHY: el dolor adolescente contado con madurez

Netflix la hizo de nuevo. “13 Reasons Why” es la nueva sensación, generando un séquito de seguidores y detractores que han debatido sobre el amor, el odio y el bullying, temas de completa actualidad. Si bien no es la serie más fuerte al hablar de esto (nada le gana a la sensacional 2da temporada de "American Crime"), la forma de alternar pasado y presente, de transmitir el dolor y de colocar preguntas sobre la mesa, ha sido un ejercicio muy bien planteado y enfrentado con madurez, lo que no asegura que sea una de las mejores series que hemos visto.

Trece cassettes, un suicidio (¿o dos?). La joven Hannah Baker grabó cintas en donde señala a 13 personas como potenciales culpables de su muerte, y digo “potenciales” porque la decisión, a la postre, la tomó ella. Esta discusión es una de las grandes aristas que presenta la serie del momento, la que gira en torno a las relaciones estudiantiles de una secundaria y que llevan a esta chica a quitarse la vida. Si tienes prejuicios en torno al suicidio, puedes tener problemas para seguir la serie ya que la producción se deshace de todo eso y presenta los hechos con madurez, empujando al espectador a un ejercicio de empatía, pues no todos se sienten cercanos a los temas adolescentes.
¿No debería sostenerse por sí sola? se preguntan los detractores.

En algo responde esta pregunta, los 20 minutos posteriores al capítulo final, donde los realizadores tratan de sacar conclusiones de sus propios personajes, explican los debates que se generaron en el equipo de guionistas y cómo el apoyo de psicólogos y expertos en trato con jóvenes fue fundamental para dar soporte teórico y experencial a todo el guion. Es decir, el equipo completo decidió ser explícito, hasta llegar a la incomodidad, para que no quedaran cabos sueltos de que lo único que importa es que los jóvenes que se sienten en esta situación pidan ayuda, y que esa ayuda se les brinde con oportunidad y celeridad.

Pasemos a revisar algunas aristas que la hacen, igualmente, una serie con varias fortalezas:

Dirección
Los primeros dos episodios tienen una fuerza avasalladora, apuestan el todo por el todo al presentar, rápidamente, la historia de la joven y el proceso de grabación de las cintas que explican su decisión. Cada tape tiene un protagonista, pero el que guía al televidente es Clay Jensen (Dylan Minnette). Lo especial de estos primeros capítulos es que Tom McCarthy engancha al espectador presentando la trama como una historia de suspenso: ¿quién provocó, realmente, la muerte de Hannah Baker?, ¿de qué forma le hicieron más daño?. El director de “Spotlight” fue un maestro en unir esos primeros hilos y dejar la madeja bien sostenida, la que, lamentablemente, se desinfló prontamente, pues hay 4 capítulos, a lo menos, que están totalmente demás e hicieron muy lento el progreso de la historia. 
El desbalance en las direcciones fue evidente y, en varios episodios, la serie se sostuvo por las potentes interpretaciones.

Guion
El guion no fue completamente fluido; muchos espectadores se demoraron una eternidad en llegar al episodio 13, mientras que otros avanzaron con prontitud; esa diferencia radica en la cercanía y empatía con las temáticas antes mencionadas. 
En cuanto a la narración, esta se movió en constantes flashbacks y tiempo real, logrando separar perfectamente ambas temporalidades. En este punto, es muy destacable el trabajo de maquillaje, ya que los rostros demacrados y abatidos, post tragedia, se diferencian de inmediato y ayudan a fijar el tiempo de los hechos.
Capítulos
Los dos primeros son fantásticos en su composición actoral y musical. La edición es magnífica y te deja enganchado. Junto a ellos, la cinta número 11 es el mejor episodio y el más coherente.
La cinta de Sheri me pareció la más débil y la que menos aportó, mientras que la muerte de Jeff fue un recurso innecesario si buscamos su relación con la muerte de Hannah.
El último episodio parece correcto, todos los sucesos que ocurren ya son imaginables y el debate se ha centrado en si debieron ser mostrados con ese realismo. A estas alturas, y considerando la línea que ha adoptado Netflix, es algo que se rescata, porque te aterriza. Lo propio ocurre con las escenas de violación, las que fueron advertidas antes de comenzar el episodio. Son fuertes para el espectador medio, pero para el seriéfilo que busca contenido más que entretención fueron necesarias, ayudaron a enfocar la gravedad del problema, del acoso 24/7 que viven algunos jóvenes gracias a la masividad de las redes sociales.

“Facebook, Twitter e Instagram nos han convertido en una sociedad de acosadores” debe ser una de las mejores frases de la serie.

Otro punto que considero fallido fue esa amenaza constante contra Clay. Definitivamente sus compañeros eran matones de cuarta, nunca concretaron nada y se quedaron en palabras, pero este también es un tipo de escolar que abunda, por lo que esa inercia está justificada.

Reitero que el relato podría haberse contado en menos episodios.





Actores
Sin duda que este es uno de los mejores casting que hemos presenciado últimamente. Parecido al de “Stranger Things”, sólo que acá no es la inocencia lo que atrapa, es el sufrimiento. Gracias a las valiosas actuaciones del elenco sabemos quién es quién después de la tragedia, permitiendo que cada personaje evolucionara y fuera mostrando sus propias miserias.

El papel de Dylan Minnette (Clay) es uno de los grandes sustentos de “13 Reasons Why”. Carga con gran parte del peso de la producción y lo sobrellevó de manera ingenua y natural. Su lentitud en escuchar las cintas es el reflejo de su personalidad, la que abunda en todos los colegios y por eso es bueno que quedara 100% reflejada. Su deseo de justicia también es muy interesante. Si bien tiene experiencia (“Grey's Anatomy”, “Prison Break”, “Don´t Breathe”) con esta producción salta a la fama y se vuelve un actor reconocido.

Katherine Langford es la gran estrella, al construir un perfil dulce, pero muy intenso, de Hannah. Ella trabajó con psicólogos y psiquiatras para personificar, de manera realista, a una chica que no exteriorizaba la cruz que llevaba por dentro. No posee mayor experiencia como actriz e hizo el casting por Skype!. La clave, según McCarthy, para asignarle el rol, estuvo en su mirada; en los ojos de Katherine se visualizaba el drama de Hannah.

En general, cada actor que representó al grupo de colegiales lo hizo de manera madura y muy natural. Destacamos a Alisha Boe (tremenda en la transformación de Jessica) y Miles Heizer (muy intenso interpretando a Alex), pero todo el resto estuvo a gran altura.
Kate Walsh hace un gran papel como una madre que pierde a su única hija, pero qiue en lugar de mostrarse devastada se nota relativamente entera, tratando de buscar la responsabilidad del colegio y dejar en evidencia la poca preparación que tienen los psicólogos educacionales a la hora de detectar casos como el de Hannah.




¿Necesita una 2ª temporada?
Es la pregunta de la semana. Tal como “Stranger Things” no tenía planificada otra sesión y su éxito arrollador obligó a cambiar los planes, acá estamos ante la misma situación.
Como Hannah se fue de este mundo, habrá que buscar otros hilos conductores que pudieran cautivar, de igual forma, al espectador de “13 Reasons Why”. Algunas podrían ser:
¿Bryce será denunciado por Jessica?. Hay pistas claras de que así será y podemos imaginar el escenario: éste se defenderá con un séquito de abogados multimillonarios.
¿Alex muere?. La serie plantea que se debate entre la vida y la muerte, poniendo en jaque al colegio, uno de los grandes responsables de todo este escenario.
¿Cuán trivial le puede parecer a un profesor o a un consejero el problema de un adolescente?. Es un hecho decidor que el último cassette fuera dedicado al consejero escolar, a quien Hannah acudió horas antes de su suicidio sin encontrar el apoyo necesario.
¿Y Justin?. Deambulará sin rumbo fijo, mientras el resto deberá sobrevivir, con o sin conciencia.
En ese sentido, fue decepcionante llegar al final y no sentir que hubo una conclusión para esta historia. Pero si van a inventarle una continuación, ojalá sea en menos capítulos.


“13 Reasons Why” es una serie para digerir, para reflexionar. No vale engullir episodios para conocer rápido qué gota derramó el vaso o quién fue el “más culpable” de la decisión de Hannah. Teníamos que reflexionar sobre la importancia de aquella lista "Best of, Worst of", teníamos que discutir sobre si de verdad hay que encontrar una razón lógica que justifique las decisiones de sus protagonistas, y teníamos que volver atrás en nuestras propias historias y reconocer que más de alguna vez fuimos ofensivos y menospreciamos a nuestros pares, o quizás peor, muchas veces fuimos testigos de algunas situaciones y no hicimos nada para impedirlas. “13 Reasoins Why” no es simple  entretenimiento, dio un paso más allá siguiendo la lógica de Netflix de estar completamente jugada por proyectos diferentes.

martes, 11 de abril de 2017

Homeland, temp 6: Menos “24” y más “The Night Of”

A pesar de sus altibajos creativos y de la crisis que significó su tercera temporada, la serie sigue siendo una imbatible, soportada por un guion que nos devolvió a la heroína y que tomó rumbos que nos dejaron atónitos. Después de esta 6ª sesión ¿eres fan de la “Homeland” paranoica de sus inicios o de la “Homeland” actual, llena de intrigas?.


“Homeland” se hizo para nuestros tiempos. Es fácil imaginarse a los agentes de la CIA, sufriendo de constantes inestabilidades y topándose, a menudo, con actos de sabotajes internos o el situarse frente a difíciles elecciones. Con una historia construida a base de 5 temporadas buenas y otras sobresalientes, la maquinaria promocional para la sexta sesión nos daba pistas y claves de que nuevos rumbos estaban por venir. A las dudas sobre la continuidad de Peter Quinn, la serie intentó obtener un nuevo el equilibrio entre el desarrollo del personaje de Carrie Mathison pero enfrentándola a la situación inestable de Quinn, sumando el desarrollo de la vertiente narrativa del yihadismo en Alemania (temporada anterior) y el recentralizar la historia en Estados Unidos; estas piezas terminaban por convertir la serie en un verdadero thriller.
Todo transcurrió en Nueva York, con Carrie trabajando para una fundación dedicada a conceder ayuda legal a la población musulmana en Estados Unidos. Saul y Dar Adal colaboraban con la nueva Presidenta de Estados Unidos (Elizabeth Marvel, a quien ya habíamos visto en “House of Cards”) y un Peter Quinn atormentado por el pasado, desorientado en el presente y bastante incapaz de avanzar hacia el futuro.


Los puntos centrales del guion fueron las preocupaciones internas: el terrorismo islámico interno, las armas nucleares y la nueva Presidenta, cuya trama fue desenredando intrigas gigantes, manipulaciones y sabotajes del más alto nivel. Al principio, la idea fue presentar a Keane como una mujer dominada por las emociones para, al final, terminar sólo visualizando (muy por encima, de seguro habrá más desarrollo de esto en la siguiente temporada) a una mujer a lo Hillary Clinton pero con paranoia a lo Donald Trump.
Al principio fue extraño ver a Carrie haciendo buenas obras y no en la corriente del espionaje, pero sus movidas e intuiciones la fueron devolviendo adonde realmente ella pertenece, por mucho que quisiera escapar. Su relación con Berenson pasó por todos los estados, volviendo al centro, algo que fue reconfortante ya que esta relación es uno de los pilares sólidos de la serie; creíamos injusto que eso se fuera a perder.
Dar Adal estaba sumamente involucrado en la conspiración, la que fue trama central de la temporada y que se fue desenredando con brillantez; Adal era partícipe de una serie de movimientos que buscaban matar a la presidenta electa. No vimos su detención y sólo pudimos saborear unos minutos de su reclusión, sin saber mayormente que pasó, pero quedando expectantes de qué va a pasar; esa petición que le hace a Saul (de ubicar a un profesor en la Universidad George Washington), sin duda que no es al azar.


Dentro de varios capítulos bien pensados, crudos y realistas, hay un hecho que no nos sorprendió, pero que sí entristeció por la forma: la muerte de Quinn. Un personaje de tanto valor, con tanto desarrollo, se merecía una muerte más elaborada, no tan plana. Lo peor, es que luego de verlo ensangrentado la historia se salta a las próximas 6 semanas y pareciera que todo ha sido olvidado, sólo hasta cuando Carrie empieza a deshacerse de las cosas que tenía en su casa y descubre una foto de ella en un viejo libro. Está claro que, para el futuro de la serie, el personaje ya no era necesario y había alcanzado un nivel desgastante (para el espectador, sobre todo), pero merecía más, por mucho que la frase final de “Peter Quinn nos salvó la vida” se utilizara para hacerlo terminar como un héroe.

Un atentado contra un Presidente, movido desde dentro, con culpables, sospechosos, con rostros al descubierto. Carrie sufrió un carrusel emocional para terminar como la heroína de la nueva Presidenta Keane, sobreviviendo a explosiones y balaceras, gracias a un guion fuerte que respaldó su fortaleza, aunque opacó más de lo debido el sentimiento que, realmente, le provocaba el estar separada de su hija.


La imagen final lo dice todo. Ya está en Washington, instalada en el “ala oeste”, como una mujer fuerte, pero teniendo claro que, nuevamente, ha llegado al infierno. Bienvenidos a la esencia de “Homenland”.

sábado, 18 de marzo de 2017

Split: el narrador está de vuelta

El nombre M.Night Shyamalan pasó de ser sinónimo de genialidad a ahuyentar al público de las salas debido a sus propios errores. Por eso, esta “Split” era toda una apuesta, 50-50, de salir decepcionado, otra vez. Estimadas y estimados, el de “Sexto Sentido” está de regreso.


“Sexto Sentido” y “El Protegido” son obras maestras, eso es más que suficiente para darle muchas oportunidades a M.Night Shyamalan, director hindú dueño de una visión sumamente original pero que estaba siendo cuestionado por sus últimos trabajos. Y si en 2015, con “The Visit”, dio luces que no todo estaba perdido, el plato fuerte, su regreso triunfal a las grandes lides es “Split”.
La película va adquiriendo rápidamente un tono oscuro y se mete en el terreno del thriller psicológico. Como director, Shyamalan aprovecha al máximo el reducido espacio donde se desarrolla la historia y, a través de movimientos de cámara y planos sumamente contenidos, construye de manera sólida un gran suspenso, propio de lo que está contando. La fotografía de Michael Gioulakis (espectacular su trabajo en “It Follows”) juega con los espacios, las luces y las sombras, las que junto al increíble sonido y la música de West Dylan Thordson, crean una atmósfera totalmente opresiva. 

Shyamalan guionista:
Hace un gran trabajo. “Split” debe ser su película más “transparente” en años, es decir, aquella que se ciñe a sus códigos, como lo es el presentar un desenlace revelador, de esos que nos dejan pegados al asiento de la pura sorpresa. En el film, vuelve a jugar con las técnicas narrativas de sus películas más famosas y que lo llevaron a ser reconocido como “el nuevo Spielberg”, por aquello de darle al público lo que quiere ver pero sin descuidar la calidad. Para lograrlo en “Split”, construye una historia en espiral, en la que el protagonista acaba aceptando su realidad inicial para sobreponerse a ella, hasta llegar al clímax, donde alguna variación en el relato altera la percepción de toda la historia, otra característica de su cine. En el caso de “Split”, la sorpresa final enfrenta a la película con la propia filmografía del director. Ese final enriquece y potencia el valor del film por completo, haciendo obligatoria una segunda visita y verla desde otra perspectiva.
Como punto débil, el guion deja algunos cabos sueltos, ¿será una apuesta a futuro?. Por otro lado, las interpretaciones de las dos amigas del personaje de Anya Taylor-Joy no resultan convincentes y son olvidadas por el guion. Y, quizás, la historia podría haber profundizado más en temas como la familia, la infancia, el dolor, todos recurrentes en la filmografía del director, pero acá ese acercamiento no se logró con la fuerza emocional de sus otras obras.



Personajes:
El trabajo de James McAvoy es demencial. Como hacía mucho tiempo no lo veíamos, da una clase de interpretación tanto en su expresividad como en su transformación física, según la personalidad que ocupe el cuerpo de Kevin en determinado momento. Es evidente que se entregó por completo al rol. Cada una de las personalidades que interpreta logra diferenciarse de las demás al utilizar sutiles cambios de voces, gestos y posturas. Anya Taylor-Joy (sí! la misma que estuvo genial y avasalladora en “The Witch”) hace un gran trabajo dándole vida a un personaje muy introvertido. Es poco lo que expresa con palabras y el director reafirma la construcción de su perfil apoyándose en flashbacks que contextualizan su conducta actual. La joven actriz supera con creces el desafío. Y Betty Buckley, como la psicóloga de Kevin que intenta comunicarse con todas las personalidades, también sobresale.


En resumen, lo vas a pasar muy bien viendo esta intensa y arriesgada propuesta de M.Night Shyamalan, cuyo punto más alto es James McAvoy. Este narrador especialista construye mucho suspenso, terror a ratos y un final que te volará la cabeza, en ese último minuto el director reafirma, con creces, “este soy yo”. 

Trainspotting 2: Melancolía desfasada

En los tiempos en que la industria está exprimiendo la década de los ’80 apelando a la mayor nostalgia posible, aparece la secuela de una de las películas más icónicas de los ‘90. Veinte años hicieron mella en los personajes de la rocambolesca ficción de 1996, convertida en imágenes por un Danny Boyle novedoso y visualmente impactante para esos años.

Los ‘90 fueron del Reino Unido. Oasis, Blur, el gran paragua del Brit-pop, la hipersexualidad, las Spice Girls…el imperio gozó de un revival que no había experimentado desde Los Beatles. Bajo este contexto, en 1996, apareció “Trainspotting”, cinta que se convirtió en el ingrediente que faltaba para redondear el concepto “Cool Britannia”. La cinta de Boyle no sólo fue visualmente innovadora y tuvo el mejor soundtrack que se hubiere hecho hasta entonces, sino que además corrió el riesgo de presentar un tema tabú, como lo fue y lo es el consumo de la heroína, sin caer en moralismos.

“T2 Trainspotting” (2017) reúne al director Danny Boyle, al guionista John Hodge, al autor Irvine Welsh y a gran parte del elenco original: Ewan McGregor, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Robert Carlyle y Kelly Macdonald. La gran decepción es que el film no trata sobre nada en particular ni posee una identidad propia. Sujeta al contraste con su predecesora, posee desde su concepción un problema: ¿verdaderamente necesitamos saber lo que sucedió con Renton y los demás en los últimos 20 años?. Bajo esta premisa rebuscada, Boyle apeló al mejor as que poseía: la nostalgia. El director tenía claro que los fanáticos serían fieles, así como lo son los de “Star Wars”. A toda prueba.

Pensándolo bien, igual es válido que haya echado mano a esa nostalgia. No hay duda que los que crecimos con la primera entrega (para las nuevas audiencias esta película será más difícil) gozaremos con el regreso de Renton a su Edimburgo natal y la manera en la que se cruza con cada personaje de su pasado. Gozaremos con ese reencuentro entre Renton y Spud  con la misma nostalgia con la que los lucasianos se arrodillaron al momento en que Han Solo y la princesa Leia se volvieron a ver en “The Force Awakens”. Esto pasa cuando un film se inmortaliza como algo más grande que sí mismo y captura el fantasma de la época.


La Música
Fue uno de los tópicos que quedó de la película original para siempre. En esta secuela, la relación entre música e imagen no posee la magia de la primera, pero hay buenas secuencias, como la del club nocturno en la que suena Queen de fondo, es formidable. Detalles de este tipo abundan y, a través de ellos, la dosis de nostalgia se ve saciada. No ocurre lo mismo en la escena de la carrera. Allí queda claro que no fue posible emular la espontaneidad y el genio del guion de la primera “Trainspotting”. Tampoco posee secuencias equivalentes a las del “inodoro más sucio de Escocia” ni a las de la sobredosis al compás de “Perfect Day” de Lou Reed, o la infernal desintoxicación de Renton; todas ellas, escenas con un nivel altísimo de genialidad y con un aporte fundamental de la música como factor de completitud del mensaje.
No deja de ser un tanto frustrante.


Personajes 20 años después
Los personajes de “Trainspotting” eran los herederos de una cultura punk que había destapado la maquinaria detrás del sistema, sistema que conducía sus vidas con un cinismo autodestructivo. ¿Contra qué revelarse si ya sabían que todo daba lo mismo?. Gran premisa. 
En “Trainspotting 2”, Begbie aparece como un malvado, sin otra cosa en la cabeza que vengarse de Renton. Al menos se acertó en el ejercicio de reemplazar las carencias de Begbie con una mejoría considerable en la construcción psicológica de Spud, el personaje más sólido de la cinta. En un momento hay un monólogo similar al famoso “Choose Life”, en el cual Renton despotrica contra las redes sociales y las nuevas formas de hipocresía, pero no dice nada que no se haya oído en películas más viejas. Tampoco tiene nada que ver con el resto de la historia, porque cada vez que pareciera que el guion va a contar algo, se va a otra cosa y la idea se pierde.


En definitiva, “T2” no logra impacto y se vuelve un experimento dentro de esta ola de revivals, y el motivo es porque no tiene nada qué decir. Boyle es inteligente y juega con los fans de la primera parte dando pequeños bocados, siendo sólo un reflejo más dañado de lo que era Boyle en 1996. El mero hecho de existir y ser una película tan complaciente consigo misma deshace la contundencia del film original, repleto de cinismo y agresividad, y que se jugaba por una filosofía clara, en vez de un collage que busca ser actual y que sólo se vuelve melancólico.

jueves, 9 de marzo de 2017

Kong, Skull Island: Aún no está listo para ser el rey

El Kong que se medirá a Godzilla, en tres años más, pareciera estar en buena para los adictos a los films de acción. Para el resto, la conclusión es que le falta mucho para acercarse a lo que Kong ha significado para varias generaciones de fans. 


Todos conocemos la historia de King Kong, algo así como “La Bella y la Bestia” pero en versión monstruo. Esta vez, “Kong: Skull Island” se moderniza un poco y la historia nos lleva a 1975, cuando Estados Unidos abandona Vietnam. No obstante, esta ambientación histórica solo sirve para contextualizar al personaje de Samuel L. Jackson, un militar a la antigua que ve cómo se termina la guerra y, con ella, su estilo de vida. Primera patinada del guion.
Lo peor de la película no es este cambio; lo peor es que avanza en cámara rápida porque precipita todo y, por tanto, deja múltiples escenas sin cierre y un par de personajes sin mayor lucimiento. Con un reparto estelar, el único que convence es Samuel L. Jackson (no es sorpresa, a la larga es un film familiar), porque funciona como motor de la trama. Otro punto favorable al actor, es que es muy carismático, pero aquí ese cariño va decayendo porque se enfrenta a Kong, y en esa pugna obviamente saldrá perdiendo. Su contrapunto es otro militar, interpretado por Tom Hiddleston, quien tiene muchos conocimientos tácticos y militares y que piensa más en frío. Su personaje está bien escrito, tiene frases y actitudes que hacen que uno se forme un buen retrato; en definitiva, un personaje fácil de interpretar para un actor con tantos recursos y que tiene ganado al público hace años, tras ser identificado siempre con Loki. Brie Larson sigue la estela de personajes femeninos aparentemente fuertes, decididos y valientes. Sin embargo, ambos personajes quedan estrechos por las tramas del guion. Otro que se diluye injustamente es el de John C. Reilly. De hecho, el personaje matiza tanto la narrativa que pareciera que la intención del director hubiera sido degradar a los personajes humanos del film. Y Kong, por supuesto, es el que se roba todas las escenas. Es King Kong. En su primera aparición se muestra como un gorila poderoso y violento, del cual sabemos que sacará su corazoncito en algún momento y que su final será trágico. El guion intenta conferirle humanidad pero no lo hace correctamente y cae en la contradicción de mostrarlo como una fuerza de la naturaleza y, a la vez, como un ser con sentimientos.


Todas las nuevas criaturas están bien dibujadas e insertas en la trama para aportar a esa atmósfera fantasmal de la isla, sin embargo, se quedan cortos frente a una dirección conformista. Lo más probable es que Vogt-Roberts planeaba un homenaje más que una película que apoyara a la franquicia, pues en 2020 este mismo Kong se verá las caras con el Godzilla de Gareth Edwards (2014) y Michael Dougherty (2019). Cualquier intención de relacionar las tramas queda estancada en esta entrega; hay un par de líneas, algo obvias, pero que se terminan diluyendo.

Hay un par de cosas buenas:

Es entretenida. Cumple su función original y, visualmente, es un portento. La fotografía se luce a nivel técnico, pero no apoya el desarrollo de la historia que pretende contar. La música es entusiasta y ayuda a “trotar” estas dos horas (hace 10 años, a Peter Jackson le tomó más de tres horas la narración de los hechos).


Una mezcla de “Jurassic Park” y “Apocalypse Now” pero con tecnología moderna. Como film de acción el resultado es satisfactorio, pero no se puede decir lo mismo de su tono. La narrativa es vaga, la apuesta no es arriesgada aunque, haciendo una muy profunda reflexión, podríamos decir que pareciera ser la precuela para los primeros Kong, pues éste aún no está preparado para ser el rey e ir a la ciudad. Esperábamos más de Tom Hiddleston y, particularmente, de Brie Larson. Finalmente, esto es puro entretenimiento sin complicaciones, la acción por la acción.

miércoles, 1 de marzo de 2017

The Affair, temp 3: pérdida de identidad

Cuando Showtime anunció renovación para una cuarta temporada, muchas voces se alzaron en contra. "The Affair" ¿realmente bajó el nivel en esta tercera sesión?. Analicemos por qué esta temporada brilló menos que las anteriores, pero sin menospreciar todo lo bueno que aún le queda.

Esta creación de Hagai Levi y Sarah Treem, conceptualmente, es una de las series más originales de los últimos 10 años. Fue encontrando varios rumbos y, cuando todo hacía creer que sería complicado encontrar nuevas motivaciones que acentuaran el tono de la narración, la tercera entrega sorprendió con momentos culmines pero con más oscuridad, los que la alejaron de su foco central, produciendo la pérdida de esa "frescura" del inicio. La magia de la primera temporada se había convertido en rutina.

El contraste entre perspectivas y las reflexiones sobre cuál es la verdad es el valor neto de "The Affair". Dicho de otra manera, fue una herramienta elegante para proporcionar información al espectador, convirtiendo a la serie en un producto sobre el que se debía reflexionar. Sin embargo, la tercera temporada pareció haber perdido esa identidad y los diez episodios nos presentaron una serie totalmente nueva, muy melodramática por lo demás, lo que no resultaba interesante y generaba muchos momentos en los cuales giraba sobre sí misma.

Veamos los tópicos centrales de la 3ª entrega:
*Alison orbita de nuevo en torno a Cole.
*Helen no puede dejar de pensar en Noah.
*Noah se vuelca de lleno a reflexionar sobre su pasado logrando momento íntimos y densos.

Pero no fue suficiente. Faltó algo que impactara, faltó una novedad relevante, como lo fue, por ejemplo, la introducción de la perspectiva de Helen en la segunda temporada.


Alison:
Que siga trastornada por la muerte de su hijo y sienta pánico de perder, también, a Joanie es una coherencia narrativa que sigue mostrándonos a una mujer en sensibilidad extrema (y a veces, agotadora); por eso el guion le presentó actos que no entendimos (como ese revival con Cole) pero que se justifican porque ella siempre está caminando al borde de la cornisa. Siguió estando impulsiva lo que, lamentablemente, algunos interpretaron como parte de la sensualidad de esta mujer y no como parte de su gran desequilibrio. Como nunca, su mirada lo decía todo, una actuación dramáticamente bien ejecutada.

Cole
En su onda. Prefiere sufrir bajo su careta de hombre respetable a romper con todas sus obligaciones autoimpuestas. Su presencia, en esta temporada, estuvo tan limitada y aportó tan poco, que se hace evidente que los guionistas quieren dejar lo mejor para el final.

Noah
Durante las dos primeras temporadas, Noah y Alison compartieron el protagonismo. Con esas diferencias de perspectiva, la serie creaba una narrativa implícita que hacía a la audiencia apoyar y comprender a los miembros de la pareja. Ese equilibrio se rompió en la tercera temporada. Noah, recién salido de la cárcel después de declararse culpable por la muerte de Scott, cuenta con puntos de vista sin contraste en casi todos los capítulos y, más bien, nos quisieron transmitir una imagen muy Don Draper del siglo XXI. Todas las subtramas que giraron en torno a él (los estudiantes, la profesora francesa, los parajes europeos) nada tenían que ver con la serie; los protagonistas, acostumbrados a comer en el Lobster y sufriendo por sus miserables vidas, de pronto se observan comiendo pollo en un restaurant, bebiendo vino tinto, mostrando estanterias llenas de libros y de intelectualidad. Reitero que como su trama no tuvo punto de vista enfrentado, el giro final de la temporada se podía predecir con facilidad desde el inicio. Por otro lado, toda la trama de John Gunther (el guardia de la cárcel, con un Brendan Frasier irreconocible) salió tan forzada y excesiva que dio la sensación de estar viendo otra serie, completamente distinta.

Helen
El personaje que le dio un Globo de Oro a Maura Tierney fue el más perjudicado. Mientras que en las temporadas anteriores siempre tuvo una razón propia para estar ahí y algo que contar sobre ella, todas sus escenas de la tercera temporada orbitaron en torno al ex marido y su sentimiento de culpa, lo que acabó resolviéndose en una escena algo desagradable. Fue  extraño ver a Helen tan indiferente con sus hijos y tan impulsiva con sus padres. Participó de escenas mal planteadas.

Juliette
Su trama, al igual que la de Noah, no estuvo contrastada ni tenía el tono que acostumbraba la serie. La historia de una cuarentona guapa, europea y con espíritu aventurero, que tiene que huir de un marido mayor y con Alzehimer está muy bien planteada y pretendió ser un recordatorio (con algo de moralina), de que tener un affair tiene consecuencias devastadoras. Como su relación con Noah no fue importante y su marido muere en el episodio final, su inclusión se sintió como una pérdida de minutos que otros personajes pudieron haber aprovechado.



Lo que queda de The Affair: Alison y Cole
Los únicos momentos en los que "The Affair" volvió a parecer lo que era, fueron aquellos ambientados en el pueblo costero, el que funciona como un personaje más de la ficción. Las tramas que envuelven a Cole y Alison son las únicas que fluyeron con naturalidad y que se fundamentaron en todo lo explicado en las temporadas anteriores.
Lo que hacía a "The Affair" una experiencia fascinante, era su forma y no su contenido.
Aunque las relaciones extramaritales han sido analizadas muchas veces, la serie conseguía parecer original al utilizar esta situación no como eje central del guion, sino como una excusa para examinar, hasta los huesos, a personajes reales e interesantes.

Pero hubo algunas cosas rescatables de esta tercera sesión.

Los minutos dedicados al trauma de Noah, por la muerte de su madre y a la relación con su hermana, recordaron a las mejores escenas de las temporadas anteriores. Buenísima es la escena de Noah y Alison frente a la chimenea del hotel, cuando él le cuenta cómo ayudó a su madre a acabar son su vida. Esto demuestra, una vez más, que la serie gana cuando enfrenta a los principales y vuelve al tema de su relación.
Otro punto interesante, fue que cada episodio de esta nueva entrega generó climas claustrofóbicos, los que ayudaron a descifrar  momentos  importantes para los protagonistas. El suspenso se tomó la serie y, con la ayuda de una desgarradora fotografía, se construyeron varias de las acciones más reveladoras de toda la historia.


Igualmente quedamos con esa sensación de qué sucederá con estos personajes y el universo que construyeron. Con la cuarta temporada (ya aprobada) que, al parecer, será la última, la historia de Alison y Cole ha quedado relegada para el gran final, uno que debiera devolvernos la identidad extraviada en estos diez capítulos.