Después de una segunda sesión
llena de críticas, Sam Esmail recupera el ingenio y la ambición y preparó una
temporada 3 mucho más atractiva, gracias a nuevas posibilidades y personajes
que aportaron a que el resultado fuera asombroso.
No se nos olvida su alucinante primera
temporada y las decisiones cuestionables que se tomaron para la segunda, sobre
todo cuando se trató de reproducir la misma idea pero dando vuelta la
trama. Para la tercera sesión, el creador, escritor y director Sam
Esmail tomó las riendas para mostrar que la serie tiene, todavía, un montón
que ofrecer.
Después de todo el arco de Elliot
y el disparo, la tercera temporada comenzó con el hacker dándose cuenta de que
su revolución no salió como esperaba: la economía colapsó y la gente sufrió,
mientras que las corporaciones se volvieron más fuertes. ¿Cómo podría remediarlo?. La idea base de la temporada
responde esta pregunta en una palabra: redención, y para redimirse, Elliot
decide unirse al enemigo para pagar por sus errores. Desde allí se desencadenan
complejas reflexiones en cada capítulo, repasando su vida y sus decisiones,
acompañado de la figura de Mr. Robot quien le reprocha pero que, tras el
capítulo 5, cambia de actitud y de forma de comunicación viéndose como un
igual, con una identidad más propia. Este cambio seguramente fue sugerido para
no engañar más al espectador y, ahora, el maestro tomaba posesión del cuerpo y
la mente del protagonista creando
flashbacks intensos. Todo esto, con el objetivo de no dejar fuera al espectador,
de invitarlo a ser parte de los eventos y así tener un mejor entendimiento del
universo de la serie.
El arco entre Elliot y Angela también
maduró. Ahora, los movimientos e ideologías de ambos eran diferentes. La ejecutiva sólo actuaba movida
por un interés amoroso, pero ahora aparece involucrada directamente en el juego
de la manipulación del Dark Army. Portia Doubleday estuvo excelente y muy
intensa, mientras que Rami Malek, realmente un líder de una nueva generación de
actores, supo hacer resurgir a su personaje librando batallas contra los
chinos, E Corp, él mismo y contra quienes lo han utilizado. Con multiplicidad
de recursos físicos, Malek, en cada capítulo, nos hacía ver cómo Elliot se
desintegraba y luchaba por renacer. Por otro lado, la voz de la razón fue la de
Darlene, quien trató de lidiar con la poca
estabilidad emocional de Elliot y Angela. El rechazo de Elliot a
la traición de Angela movió parte de la trama cuando ésta fue desentrañando la
manipulación y traición de Angela, la que finalmente sucumbe ante las muertes
de Trenton y Mobley y, por supuesto, por las cuatro mil víctimas
de las explosiones de los 71 edificios de E Corp.
Otro punto alto de la temporada
fueron las incorporaciones de Bobby Cannavale en el rol de un curioso vendedor
de autos. De look excéntrico y setentero su personaje es realmente importante
en los ciberataques y seguirá dando qué hablar en la siguiente temporada. Este rol
fue un nexo fundamental para entender cuán poderosa era la organización. La escena
en la que asesina con el hacha y a sangre fría al jefe del FBI, lo retrata como
un ser sin escrúpulos, dejando a la agente DiPierro sin opciones de negarse a
colaborar; este arco queda armado para la siguiente temporada.
Y el otro personaje que fue más
regular y tuvo un peso más relevante fue el de BD Wong, el villano de WhiteRose.
Y los guiños a otras películas no podían faltar. "V", "American Psycho", "El Club de la Pelea" aparecieron en momentos claves.
El universo Mr. Robot volvió a
brillar por el gran uso de la fotografía y montaje. Por ejemplo, el apagón del
capítulo 1 obligó a filmar en completa oscuridad, en una distopia asombrosa y
opresiva. También estuvo el fantástico quinto episodio ("eps3.4_runtime-error.r00")
realizado en un solo plano secuencia, de principio a fin. Esto le dio
una tensión y emoción que no nos dejó bajar la guardia. O el capítulo 8, donde
la nostalgia del pasado vuelve a través de los cosplay de “Volver al Futuro” y
de por qué no elegir “The Martian”, en esa gran conversación en la fila para
entrar al cine. Y qué decir del episodio final, cuando la escena dentro de la
cabaña son 5 minutos de una música incesante, tenebrosa, mientras todos allí
están con la posibilidad cierta de recibir ese disparo en la cabeza.
La temporada triunfó en el sentido de la progresión
con la que fue presentada y porque Elliot termina, aparentemente, redimido. Los
diez episodios rescataron las mejores partes de los años anteriores y los combinaron
para crear un suspenso único y en constante evolución. La serie reencontró
su voz, recuperó la confianza en su propia narrativa y visualidad, a pesar de
que los acontecimientos se vuelven cada vez más complejos.
Netflix sigue dando pasos para
incrementar la calidad de su catálogo, incluyendo propuestas como la de “Dark”,
producción alemana que centró su nudo argumental en la desaparición
inexplicable de varios niños dando pie a todo tipo de hipótesis; éstas,
son tan bien trabajadas que mantienen en vilo al espectador, teniendo como
patrón de desarrollo un extraordinario tratamiento de la circularidad del
tiempo.
Los habitantes de Winden están nerviosos
debido a la desaparición de un niño de 15 años, a la que pronto se sumará otro.
Conforme avance la trama de “Dark” nos adentramos en un mundo complejo y
misterioso, con toques de tipo sobrenatural relacionados con el tiempo. De ahí
que la pregunta central que plantea la serie sea la de no concentrarse en el “dónde”,
sino en el “cuándo”. Así, la trama va desentrañando los secretos mejor
guardados de los habitantes de este
pueblo, y algunos de ellos son sumamente
oscuros.
Tan particular visión proviene de
la mente de Jantje Friese y su deseo por lograr responder de dónde venimos y si
el tiempo funciona como pensamos que funciona.
Esto es “Dark”, no sólo oscura
sino que más compleja que varias de las propuestas seriéfilas enfocadas en el
misterio. Desde un punto de vista intelectual exige del espectador un poco más
que el nivel de “Stranger Things”, pues su definición del misterio es mucho más
puro e intenso, mientras que su guion funciona como un rompecabezas que nos da partes inconexas, las que sólo pueden
unirse si el espectador se esfuerza en hacerlo. Allí responde a su naturaleza
alemana. La cantidad de detalles a recordar, los variados giros y cruces entre
tramas no deparan un viaje fácil, pero sí, adicitivo. Acá está la propuesta
para saber si sabes gestionar la información de manera inteligente.
El casting, lo mejor
Oliver Massucci o Karoline
Eichhorn no nos suenan mayormente, pero el desempeño de todas las actrices y actores
del reparto ha sido definido, por unanimidad, como impecable. Habría que
destacar el trabajo de Louis Hoffman, a quien recordamos por su papel como
soldado nazi adolescente en “Land of Mine”, cinta danesa nominada al Oscar por
Mejor Película Extranjera este año. Aquí, Hoffman interpreta a Jonas, uno de
los personajes más carismáticos y de mayor peso de la serie. Su consistencia, la
credibilidad que imprime a su rol para sostener un argumento lleno de subtextos,
evidencia la gran dirección de actores. El resto del elenco se ubicó
perfectamente en la premisa de “pueblo chico, infierno grande”, ya que todos los
habitantes aparentaban ser bondadosos y hasta ingenuos, pero todos escondían
algo espeluznante con respecto a su pasado y, en cada “época”, se reflejaba muy
bien pues los diálogos, escritos por Friese, permitían que la tragedia que están
viviendo las familias no se convirtiera en un momento muy hollywoodense. Por el
lado de la dirección, podemos definirla como otro punto alto. Hasta hace poco,
el único director que se encargó de todos los episodios de una serie fue Cary
Fukunawa (en “True Detective”); ahora, Baran bo Odar dirigió los diez capítulos
de “Dark”, lo que permitió tratarla como una película larga evitando, dada la
complejidad del argumento, el dejar cabos sueltos desde lo narrativo y otorgándole,
a todo el conjunto, la sensación de uniformidad.
La música fue otro factor
acertado. Lynn Fainchtein fue la supervisora de la música y quien ya había
trabajado en “El Renacido” y “Arráncame la vida”. Su buen trabajo se escucha en
las canciones elegidas para acompañar las imágenes, las que consiguen un
equilibrio natural. A ello habría que sumar la música creada en exclusiva para
la serie, la que estuvo a cargo del compositor australiano Ben Frost, quien
logró crear sonidos metalizados, cercanos a lo que traza Hans Zimmer.
En resumen, “Dark” nos
ofrece misterio bien planteado, el que consigue verse fresco y original. No
se puede negar que, a pesar de la cantidad de personajes que podrían aburrir a
más de alguien, la serie pica en tu curiosidad por ver a qué hora y en qué
momento, las piezas comienzan a unirse. Demasiados puntos a favor y una firme
candidata a estar entre los mejores estrenos del año.
No fue un año completamente
brillante, pero sí que hubo propuestas interesantes y series con historias que nos dejaron episodios inolvidables, con personajes que
definieron el rumbo. Ese episodio especial está preparado con antelación, es
revisado y reeditado varias veces y suele quedarse en la memoria por la emoción
o el quiebre que provoca. Este año hubo varios de ese tipo, acá un breve
resumen:
21.Halt and Catch Fire: "Goodwill"
Cuatro fueron los protagonistas
de una historia que fue encontrando cada vez más capas y nuevos
caminos para sus dinámicas. Este episodio logró la excelencia televisiva luego
de mostrar, a través de verdadera poesía audiovisual, el evento más devastador
que jamás se habría pensado para la serie. La mayor parte del episodio es sobre
el proceso de pérdida, sobre las cosas horriblemente prácticas que ocurren
después de que alguien muere repentinamente. No comienza con el funeral, comienza
con la necesidad de procesar la masa física de una vida: su ropa, sus muebles,
sus estatuas, mientras todos se arrastran por la casa sin saber cómo empezar. Un giro que se convirtió en el epílogo que acercó la historia a
su punto final.
20.Rick y Morty: "The Ricklantis Mixup"
Burlarse de los preceptos de
igualdad y libertad es el fin último de esta serie que, en su último capítulo, hizo una parodia
del mundo. Rick y Morty se preparan para ir a la búsqueda de la Ciudad
Perdida de la Atlántida cuando son visitados por sus alter egos, los que tienen
una campaña electoral para reconstruir la Ciudadela. Historias paralelas que
realizan una crítica social y política sobre una ciudad que tiene sólo dos
tipos de individuos: los Ricks y los Mortys, siendo los Mortys ciudadanos inferiores y que viven para complacer a los Ricks. Un episodio lleno de
referencias cinéfilas y acontecer político actual, con una crítica ácida al
sistema económico, social y político estadounidense.
19.Mr Robot :
“eps3.4_runtime-error.r00”
La mitad de temporada tuvo una
gran sorpresa, entregándonos más de cuarenta minutos de un despliegue técnico
asombroso, gracias al plano secuencia que nos mantuvo en tensión constante.
Elliot se va alternando en planos generales, subjetivos y contraplanos, mientras analiza el funcionamiento
de su cerebro como si fuera un computador, y el cómo ve su rutina diaria como
un programa de ejecución automática. Todo está confeccionado de forma
maravillosa, desde el primer minuto será una vorágine imparable. Esto crea
un gran efecto de tensión, junto con mostrarnos que la estabilidad emocional
de Darlene, Elliot y Angela está peor que nunca, con una
clara ruptura individual que ahonda en las profundidades humanas y
las diferentes formas que tienen de resquebrajarse.
18. Better Things: “White Rock”
Mezclar elementos del pasado, el
presente y hasta lo sobrenatural para crear una mirada absorbente del legado de
la familia. "¿Cómo puedes olvidar a alguien que nunca
conociste?", pregunta Sam. Son los secretos, las confrontaciones, la
aceptación, el dolor y la risa lo que componen la familia, y "White
Rock" crea un caso convincente para comprenderlo. A pesar de que Louis
CK coescribió el episodio, no hay nada de falso en lo que se cuenta, hay una
sensibilidad y una fortaleza ejemplificada en la mujer. Tal vez sea el
dolor y la penitencia que comparte la familia de Sam, o tal vez es solo que las francas verdades
de Pamela Adlon impregnan cada centímetro de este episodio. Al igual que su
pregunta retórica, el episodio es un tanto paradójico, pero eso es lo que le da
todo el poder.
17.Game of Thrones: “Stormborn”
No hubo episodios promedio esta
temporada. Todos tuvieron un excelente nivel y este es uno de los que hay que
enmarcar, principalmente, por el encuentro entre Arya y Nymeria; es decir, ella
cree que es Nymeria, pero cuando el animal sigue su camino ella se da
cuenta de que "No eres tú". Momento álgido y de profunda tristeza
para la fanaticada. Por otro lado, Sam trata la psoriagris de Jorah, Euron
embosca la flota en la que van Theon y Yara y la confirmación de que Daenerys es
la protagonista de la temporada, son elementos que dieron poder a esta emisión.
Todo quedó bajo la influencia directa de Daenerys y sus acciones, lo que
indicaba que los guionistas le iban a meter velocidad y precisión al relato.
16.The Handmaid’s Tale: “ Night”
El cambio de actitud. June está
embarazada y sabe que tiene el poder en su vientre. Pero Serena es
consciente de esto, por eso decide dejar muy claro hasta dónde está dispuesta a
llegar para asegurarse de que el embarazo llegue a término. El cuadro que
muestra a June mirando por la ventana ejemplifica que no solo quiere
sobrevivir, sino que quiere cambiar las cosas. Maravilloso cierre para una gran
temporada, con una de las escenas del año: la de la piedra.
15. Girls: “American Bitch”
El acoso sexual como pocas veces se
había tratado. Este debe ser uno de los episodios más ambiciosos
de Lena Dunham, porque decidió mostrar un tema tabú en media hora de
emisión. Y lo mejor es que no somos conscientes de ello hasta que la pantalla
se va a negro, con Rihanna sonando de fondo. Es ahí cuando descubrimos que
Hannah fue más Lena Dunham que nunca. ¿Dónde se encuentra el límite del
consentimiento?, ¿Es el abuso de poder igual de grave que la fuerza física?. El
episodio abordó todas estas preguntas en la confrontación que tuvo Hannah
con el novelista Chuck Palmer (interpretado magistralmente por Matthew Rhys),
acusado de acoso sexual. El diálogo fue arriesgado y da para debatir.
14.Master of None: “ New York, I love you”
El capítulo sólo exhibió ingenio,
gracia e inteligencia. La idea es confirmar que estas historias que nos
trae "Master of None" son posibles, que hay múltiples aventuras
mundanas alrededor. Es el capítulo más Woody Allen de la temporada,
empezando por la forma en que se mira la ciudad y su gente, y la manera en que los diálogos se
construyeron. Detalles graciosísimos, como la trama de los sordomudos y una
mirada divertida sobre los extranjeros que construyen esta ciudad, fueron un
ejercicio magistral a la hora de crear interés con historias de personajes
anónimos.
13. Big Little Lies: “You get what you need”
El desenlace de “Big Little
Lies” nos dio más de lo que esperábamos. No solamente se revelaron los
detalles del misterioso asesinato con el que arrancó la historia, sino que
además se nos planteó una fiesta en la que todos los problemas salieron a la luz. El director y los
guionistas del episodio supieron jugar con la tensión y nuestras emociones. La narrativa
fue activa y obligó al espectador a estar muy atento. Y para cerrar con un buen
sabor de boca tuvimos un poético epílogo, con todas las mujeres protagonistas
en la playa.
12.Game of Thrones: “The dragon and the wolf”
El capítulo funcionó de
maravillas y fue un cierre excelente de temporada. Primero, hay que
agradecer que cerraran una trama que no funcionaba (la rivalidad entre Sansa y
Arya). Y segundo, agradecer los diálogos, los que estuvieron a gran altura,
sobre todo el de Cersei con sus hermanos. Estos mensajes expusieron lo lejos
que ha llegado para conseguir sus
propósitos y de cómo ya es imposible dar marcha atrás, pero también dejan a la
vista sus puntos débiles. Cersei puede odiar a Tyrion, pero es incapaz de
dar a la Montaña la orden de matarlo. Por otro lado, es un episodio que
demuestra que la esencia de “Game of Thrones” no se ubica tanto las batallas y
las escenas espectaculares, sino en la dialéctica, en los movimientos, en la
diplomacia, donde cada gesto es digno de análisis.
11.Fargo: “Who rules the land of denial?”
Este capítulo es puro “Fargo”. En
resumen, Varga creyó tener completo dominio sobre Emmit por lo que se despreocupa,
ocasión que es aprovechada por Stussy para escapar de su mansión e ir hasta la
comisaría. Este acto nos reenfocó en la temática central del episodio: el
juicio de sus personajes. La hora había llegado. Fueron 50 minutos de
tensión pura y varios giros. Todo culmina con un clímax gore con la
decapitación al agresor, mientras Barner hacía geniales movimientos de cámara cuando
acompaña a la pareja huyendo para,
después, voltearse y enmarcar el hacha. Es el ejemplo clásico del humor negro
de la serie. La dirección de Mike Barner es excepcional cuando captura la
atmósfera densa y peligrosa del lugar, mientras que el director de fotografía, Craig
Wrobleski, hace un trabajo fantástico al capturar la belleza del ambiente,
manteniendo siempre un tono gris y frío en sus encuadres. Nos acercábamos al
final de la temporada (y de la serie, seguramente) y todas las piezas
se movían hacia un punto común: el cerco a Varga.
10.The
Handmaid’s Tale: “A woman’s place”
Desde el inicio, la serie deja
bien claro al espectador cuál es el nuevo rol de las mujeres dentro de la
sociedad de la República de Gilead y hasta dónde están dispuestos a llegar. La
protagonista del capítulo es la señora Waterford en el pasado y allí nos
sorprende como una mujer de armas tomar, ideando todo este sistema de
fecundación. Pero, poco a poco, le fueron arrebatando el protagonismo cediéndoselo
a su marido. Serena, entonces, ha sido cómplice de su propia opresión, ha sido víctima
y verdugo. Un gran capítulo, donde la amargura y la ironía de este mundo misógino nos fue restregado en la cara.
9.Feud: Bette and Joan: “And the Winner Is… (The Oscars
of 1963)”
La disputa entre Bette Davis y
Joan Crawford llegó a su máximo esplendor en este episodio, donde la realidad
superó a la ficción. Escrito y dirigido por Ryan Murphy, el capítulo se enfocó
en el momento en que todos los ingredientes fueron puestos en función de hacer
la historia más intensa, ejemplificando todos los movimientos rastreros que se
producen cuando en una relación reina el odio y la envidia. El escenario
perfecto fue la entrega de los premios Oscar de 1963, para lo cual el director
preparó un capítulo de ensueño para los cinéfilos, realizando un gran trabajo
en la recreación de la gala del certamen, entrando en el comidillo de su
producción y lo que ocurre tras bambalinas; genial el plano secuencia en el que
Joan acompaña al ganador al Óscar a Mejor Director hasta la sala de prensa. La
edición, en paralelo, de la escena real y la ficticia de varios pasajes de la
entrega de premios, fue reproducida tantas veces en Youtube que ya por eso el
episodio sale victorioso. Como punto aparte, hay que señalar que durante la
emisión del capítulo, Susan Sarandon posteó en su cuenta de Twitter el
recuerdo de que ella y Julia Roberts también fueron víctimas de los rumores de
antipatía, por parte de la prensa y de sus propios agentes.
8.Feud: Bette and Joan: “ ¿Quieres decir que todo
este tiempo hemos podido ser amigas?”
El desenlace de esta ficción de
Ryan Murphy nos dejó con los aplausos en las manos y el nudo en la garganta. Escrito
por Gina Welch y dirigido por Gwyneth Horder-Payton (gran parte de los
episodios, a excepción de los realizados por Murphy y Tim Minear, tuvieron a
mujeres detrás de cámara), ya es uno de los favoritos de la crítica porque,
junto con destilar la gran reflexión acerca de la amistad en Hollywood, mostró
una reparadora ensoñación en la que Joan imagina lo que pudo haber sido su
relación con Bette Davis. La transformación emocional de ambas actrices y como
lo entregan todo, habla de un gran episodio, de una gran historia.
7.Game of Thrones: “The Spoils of War”
Para muchos, uno de los mejores
episodios de la historia de la serie. Hubo imágenes de gran belleza, aunque todo el concepto
hablara de apocalipsis. El ejército Lannister desintegrado, Cersei bloqueada en
Desembarco del Rey y Tyrion desautorizado, algo inédito y que obedeció a que la
química entre Snow y la Khaleesi había aumentado significativamente. Tyrion fue
el rey del episodio al vivir uno de los momentos más emocionalmente complejos
de la temporada, pues asistió a la batalla visiblemente compungido. Cuando, por
fin, había encontrado un lugar en donde desarrollar su potencial, la guerra lo
pone en escenario de precaria estabilidad; la destrucción del ejército
Lannister es la ejemplificación visual de la aniquilación de sus raíces, lo que
le provocó una angustiante contradicción. Por otro lado, Bran avanzó muy despacio
en su arco narrativo, el cual ha sido muy esquemático y le permitió a los
guionistas total libertad, pues su historia se ha escrito solo hasta la
mitad. El retorno a casa de Arya fue otro punto álgido, siendo la
escena de la cripta un momento muy emotivo pues, en una inmensa oscuridad, se
cruzan las miradas y el abrazo con Sansa. La esperanza y la resistencia. Sensacional.
6.The Leftovers: "The book of Nora"
Es fácil elegir finales para hacer
una lista de mejores episodios. Gran parte de la narrativa de la temporada
se guarda para la season finale, lo que suele ser una apuesta segura para la relevancia, la
acción y las conclusiones. El final de “The Leftovers” entregó los tres y
más. Los últimos minutos estuvieron dedicados plenamente
a Nora y al final de su lucha por reunirse con sus hijos, tras siete años de
sufrimiento. Este episodio reafirmó el hecho de que “The Leftovers” no trataba
de el porqué de una desaparición sobrenatural, sino de cómo los personajes
de su universo, gente corriente, lidiaba día a día con ese dolor, algo parecido
al enfoque que tuvo “The Walking Dead”, en ese aspecto. Cada palabra escrita por Damon
Lindelof y Tom Perrotta tienen un significado que es más que un buen final, eso
sería disminuirlo. El final fue tan bien escrito y dirigido, que tiene
hasta dos interpretaciones: la dicotomía de la fe y la falta de ella, de que puedes
elegir creer o no creer. La serie y el final funcionan por igual, con ambas.
5.The Deuce: "My name is Ruby"
El final de la temporada no solo
fue una hora dedicada a Ruby (Pernell Walker), una prostituta que había estado
luchando por competir con los nuevos burdeles protegidos por la policía y
construidos por la mafia. "My name is Ruby" es una pieza
de época que hace paralelos con la modernidad y le pone rostro a todo lo que la
serie venía relevando. En este episodio, terminamos por comprender de dónde
viene Eileen (la escena en la que visita a su hermano en el psiquiátrico es
devastadora) y también entendemos que tiene talento para dedicarse al porno, no
como actriz, sino como directora y productora. Impulsada por una estupenda
Maggie Gyllenhaal, Eileen debería ser la fuerza que impulse “The Deuce”
de aquí en adelante y el último plano del capítulo lo deja muy claro, al
retrotraernos al que cerraba el primer episodio; si en aquél veíamos un pasillo
de un hotel de mala muerte, en éste vemos el elegante pasillo de un burdel. El
escenario es diferente, pero el contexto es el mismo, solo que más
evolucionado.
4.The Handmaid’s Tale: “ Late”
Cuesta elegir episodios de "The
Handmaid’s Tale" porque toda la serie es una maravilla. Sin embargo, este
capítulo es especialmente conmovedor por la terrible historia de Deglen
(grandiosa Alexis Bledel), así como por los flashbacks que nos relataron
la muerte de los derechos civiles y humanos en este país, que terminará siendo
la República de Gilead. Muchos elementos que volvieron fascinante a la serie se
unieron en "Late", el último dirigido por Reed Morano, cuyo agudo ojo
para la belleza y el terror fueron esenciales para establecer su
estética. El episodio hace tanto por conectar los puntos entre lo que
consideramos el hoy, y la pesadilla del futuro que se avecina.
3.Master of None: “ Thanksgiving”
Esta serie tiene una inmensa
cualidad: hacer grandes reflexiones sobre temas complejos, sin perder la
comicidad. Y este episodio fue gran ejemplo. Hubo un notable uso del
montaje al mostrar la relación entre Dev y Denise, desde niños, y atravesando diversos
almuerzos familiares en el Día de Acción de Gracias. Como la familia de Dev es
musulmana, aprovechaba el hogar de su amiga para participar de esta festividad.
El capítulo está repleto de guiños que resumen décadas de momentos cómicos, que hacen de lo
incómodo algo divertido. La narrativa entrelaza conversaciones sobre lo que
significa ser minoría en Estados Unidos lo que, para Denise, se intensifica por
ser gay y de familia negra. La conversación nunca cayó en la trampa del
sermón, sino que se mantuvo emocional, cálida y super divertida.
2.Better Call Saul: “ Chicanery”
Si “Better Call Saul” es el
viaje personal del Jimmy McGill en ruta hacia el Saul Goodman sin escrúpulos de “Breaking
Bad”, este capítulo es un punto de quiebre irreversible en el personaje.
El conflicto con su hermano Chuck, que se venía cocinando desde la primera
temporada, terminó por explotar en este episodio, el cual dejó la energía de la
serie por todo lo alto. El arco principal se enfocó en la batalla de Chuck por
destruir a su hermano y las artimañas que usó Jimmy, propias de “Breaking Bad”,
para salirse con la suya. El capítulo está cruzado por detalles propios de BB,
siendo uno de los más relevantes el regreso de Huell y su participación en la
caída de Chuck. El golpe certero es que allí estaban
presentes las únicas personas que de verdad le importan a Chuck: su ex esposa y
sus colegas. Otro giro inesperado se
produjo cuando Jimmy decide interrogar a su hermano y el capítulo se eleva en
intensidad y emotividad, gracias a tremendas interpretaciones y planos de cámara.
Otro punto relevante es la batalla de argumentos entre Kim Wexler y Howard,
donde se aprecia el amor-odio que se tienen.
El corazón de la serie siempre ha
sido Jimmy y su relación con Chuck; ésta ha moldeado al personaje y gracias a
ella hemos aprendido mucho sobre Jimmy (y sobre Saul). Todo eso explotó por los
aires. La perfección de este episodio radicó en que solo hubo un conflicto,
demostrando que la simplicidad del universo de Vince Gilligan es parte
fundamental de su éxito.
1.Twin Peaks : “episodio 8”
De pronto, una serie de
televisión estaba haciendo cosas que se
experimentaban en las salas de arte de los ‘60 y ’70. El gran creador se metía en su propio inconsciente para traer
al presente una historia que hilvanaba toda su obra, y se presentaba en la
pantalla chica como una explosión de creatividad que nada tiene que ver con lo
que se está exhibiendo en la actualidad. David Lynch le muestra un gran respeto
al espectador al regalarle una hora de
narración audiovisual de nivel sobresaliente. Con este episodio se empieza a construir,
de alguna forma, un nuevo territorio
televisivo al mezclar poesía visual deslumbrante con conmovedor
arte del caos y el conflicto. El gran director parte por regalarnos la
actuación de Nine Inch Nails, quienes tocan una canción violenta y oscura, tanto como lo que se viene
en el resto del episodio, el cual nos traslada temporalmente a 1945 y a la
primera prueba atómica en Nuevo México. Lynch nos metió (literalmente) en el
hongo de la explosión, con una seguidilla de imágenes al estilo de “El árbol de
la vida” de Terrence Malick . El capítulo equivale al nacimiento del
mal, esa es la gran reflexión que nos propone el director en esta hora sublime,
donde hay mucho de “Muholland Drive”, de fuerzas destructivas y de los peores
instintos de la humanidad.
Y para ti ¿cuál fue el episodio del año de una serie de TV?.
Por primera vez, el enfoque del
miedo giró al ángulo en el que se conectaron política occidental y control de masas, tomando
como pretexto el clima de la elección presidencial y el triunfo de Donald Trump.
La premisa de “Cult” fue que lo que ocurre en la realidad causa más terror que
las historias sobrenaturales, sin embargo, hubo algo que los creativos
olvidaron en el camino.
Cada temporada de AHS ha dado indicios
de estar frente a una gran historia. Jugar con el miedo, en sus distintas
manifestaciones, ha sido el caldo de cultivo para excelentes pasajes, sin
embargo, así como han sido buenas las premisas, también han sido varias las
ocasiones en las que Ryan Murphy y Brad Falchuk destiñen más que aciertan. Y esto se
grafica claramente en “Cult”.
¿Cuál era la personificación del
miedo?, Kai, una personalidad que solo era comparable a la de los psicópatas de
“Mindhunter”; por otro lado, ¿Cuál era la componente psicológica? el clima
político enfervorizado, el cual correría por un carril distinto al que
hubiéramos esperado. En el primer episodio, “Election Night”, se nos
presentaron los personajes principales en el juego de la división de América, la de Hillary y la de Trump, pero ejemplificándola
a una escala menor; es allí donde conocimos a Ally (Sarah Paulson) cuya
reacción a la victoria de Trump es tan negativa que agrava su inestabilidad
mental y potencia sus fobias. Y, aparentemente, en el otro lado, está Kai
(Evan Peters) dispuesto a transformar toda la ciudad con su discurso
americanista radicalizado; justamente, este personaje es quien lleva en sí
mismo el slogan de Trump de “make América great again” y, para llevar la frase
a la práctica, se va haciendo de discípulos dispuestos a morir por él.
Todo iba relativamente bien hasta
el cuarto episodio. Había desesperación, inestabilidad, un matrimonio lésbico
con un niño concebido en fertilización, asesinatos macabros, payasos terroríficos, mucha sangre, sin
embargo, la trama comenzó a caer en el aburrimiento, los crímenes se repetían,
los discursos fanáticos aumentaban y la estética se tomaba la serie. Así, vimos
a Evan Peters interpretar a Andy Warhol, en un episodio dedicado a Valerie
Solanas; también hizo de Charles Manson en el dedicado a los asesinatos de su
secta, y otros más también aparecieron; si bien pudo ser interesante este
repaso de grandes asesinos en serie, cada uno visto por separado y tomándose
medio episodio, no aportó gran cosa a la trama ni a su desarrollo, ni al
carisma de ninguno de los personajes centrales. Este fue uno de los errores de
la temporada, el no trabajar correctamente el perfil de los personajes.
Destaquemos lo bueno.
Lo mejor de
la temporada fue Evan Peters, el que ha demostrado, una vez más, todo su
potencial dramático. Gracias a él la temporada tuvo algún significado. Sarah
Paulson, por su lado, estuvo en la vereda de enfrente sufriendo al principio
pero construyendo en secreto su otra personalidad, la que veríamos al final. Del
resto, se rescatan algunas interpretaciones pero esta dupla fue la que más
luchó por dar coherencia a una trama que se desdibujó y que nos hizo extrañar
mucho a Jessica Lange. ¿Y el cierre de la historia? Fue lo más extraño.
Los dos capítulos finales fueron a
toda velocidad, intensos, matando los minutos, como si todo debiera resolverse
lo más pronto posible. Y la escena final, verdaderamente, fue para la
risa. Las elucubraciones que hablan de una posible líder feminista camuflada en el universo que Kai buscaba liderar, no se
sostienen. La conclusión es que los guionistas no supieron cómo cerrar, porque la
historia se les había ido de las manos.
Lo lamentable, es que AHS entró en una
espiral en la que, realmente, nunca se sabe qué esperar. Esto ha ido ahuyentando
a la fanaticada que la glorificó en sus excelentes primeras temporadas y que ha
soportado estoica y paciente lo que ha venido después. “Cult” se ubica por
debajo de “Roanoke” y no está en el podio de lo mejor que ha hecho Ryan Murphy.
Grace es la protagonista de otro
potente drama histórico, el cual se ancla en el realismo y en ejuiciar las bases de una sociedad patriarcal. No está a la altura de “The
Handmaid`s tale”, pero si enganchaste con ésta, la propuesta de Grace te
gustará igual porque es más que una serie de mujeres, es una historia de
maltratos contada por una artista del engaño, pero eso nadie lo sospecha al
mirar los ojos de la desdichada protagonista.
No es casualidad que “The
Handmaid’s tale” sea una de las series más reveladoras del año. Además de sus
méritos técnicos y actorales, fue importante por la dura crítica feminista que
destapó. Pero Margaret Atwood, autora d ela novela, tenía otro as bajo la manga,
el cual se enfocaba en el género de ficción histórica. En “Alias Grace”, Atwood
narra el caso real de Grace Marks, una inmigrante irlandesa que llegó a Canadá
en el siglo XIX y que, a los 16 años, fue condenada y encarcelada por
el asesinato del ama de llaves de la casa en la que trabajaba como criada, una
diferente a las de “The Handmaid’s tale”, pero cuya vida también estaba
marcada por las carencias. Con todo esto, habrá quien piense que es otra serie
feminista utilizada como vehículo de denuncia, pero la propuesta se evade de
los discursos y deja que los personajes hablen por sí mismos, siendo ese un
punto extraordinariamente logrado, porque es ahí donde el personaje principal ejerce
un efecto casi de hechizo.
Son seis episodios, los que se
podrían dividir en dos partes: los cuatro primeros, donde Grace cuenta su vida,
y los dos últimos, en donde la serie da un vuelco y se transforma en un
thriller que va mostrando sus capas, gracias a una estructura flexible. De esta
forma, se afinó muy bien la ambigüedad del relato de la asesina, logrando que
la pregunta típica de si es inocente o culpable se vuelva entretenida, un
puzzle, y no un accidente.
Grace
¿Se dejó arrastrar a los crímenes
por el otro empleado de la casa?, ¿O era ella quien manipulaba los
acontecimientos?.
Grace es un gran personaje, súper
complejo, con una personalidad llena de capas que se irán develando. Sarah Gadon captura
todos los matices de su personaje y su narración es tan magnética que consigue
transmitir toda la manipulación que requiere la construcción de la
historia. Otro punto logrado son las escenas con el Dr. Jordan, las que nos
hacen la pregunta constante de sí puede haber alguna química amorosa entre
ambos; esos momentos son necesarios para mostrarnos la clase de mujer que
la sociedad de la época pudo moldear. Reitero que la miniserie gana en los dos
últimos capítulos, que pasan de ser una descripción del papel a ser un
thriller, porque ahí es cuándo empieza a apostar sobre la inocencia o
culpabilidad de Grace.
Sarah Gadon, al contrario del
insulso papel que tuvo en “22-11-63”, se desdobla en habilidades,
hipnotizando con su mirada entre inocente y malvada. Por otro lado, muy bien
estuvo Anna Paquin, en su mejor interpretación tras “True Blood”.
Otros puntos fuertes:
Rebecca Liddiard (Mary Whitney). Es
un personaje vital en la vida de Grace porque la inspiró y significó su
despertar a muchas realidades. Sus escenas juntas son notables.
El reparto. Destacan el director David
Cronemberg, como el Reverendo Verringer; Edward Holcroft como el Dr. Jordan; Anna
Paquin, como Nancy y Zachary Levy, como Jeremiah.
Los seis episodios fueron
dirigidos por Mary Harron. (“American Psycho”), quien además fue productora y
trabajó codo a codo con la adaptadora. Visiones femeninas que, finalmente,
permitieron la redención del personaje, tal cual quería la autora de la novela.
Producción: si bien no tiene los
niveles de “The Handmaid’s tale”, cuenta
con momentos muy inspirados y bastante brutales, efecto que se apoya con el
montaje.
Relato en primera persona: la voz
en off nos permite acceder a los pensamientos de Grace, los cuales contradicen,
en ocasiones, sus acciones, pero nunca pierde el tono crítico y reflexivo.
Femme fatale: podemos concluir
que todos los hombres que pasan por la vida de Grace se enamoran de ella, ya sea por
lástima, por su pasado o por su presente. Inocente o culpable, Grace era tan fuerte
y mental que terminaba siendo una advertencia contra los hombres, porque por toda
su historia era incapaz de enamorarse de ninguno.
Una serie muy cerebral, un
retrato de época fiel, un relato personal extremadamente agudo. En seis episodios,
encontrar velocidad narrativa, reflexión y actuaciones que dan en el tono, no
es fácil, sumámdose a la lista de grandes producciones realizadas este año. Incluso, esto nos hace olvidar que, para variar, no quede claro si Grace es
la asesina, más bien, el guion la deja como una femme fatale con apariencia de
desdichada, totalmente hipnótica. La historia es fascinante y es un gran true
crime, de los mejores vistos en años.
La serie de Netflix irrumpió el
año pasado con una ambientación muy Spielberg y enfocada en traer de
vuelta lo mejor de la cultura pop de los ’80. Tras el éxito, dirigió sus dardos hacia el crecimiento del
guion, sin abandonar esos estereotipos
ochenteros. Así fue como la 2da temporada de “Stranger Things” amplió el universo de
desarrollo y trabajó en mostrar la madurez que iban adquiriendo sus jóvenes
protagonistas. ¿Era lo que esperábamos?.
La segunda temporada de
“Stranger Things” funciona si la vemos como una continuación, porque uno
de los pilares de la trama ha sido el mostrar cambios en el planteamiento
de los personajes y sus personalidades. Los años ‘80 aún siguen reluciendo
en su plena dimensión, aunque el guion los utiliza como herramienta de captura
al centrar la trama en mostrarse como una apuesta más más madura, a todo nivel.
Una de las preguntas a responder
era cómo el equipo de guionistas iba a
combatir al principal enemigo de las secuelas:
lo reiterativo del contenido. Tras el visionado, observamos que la trama volvió
a tomar el producto que fue meollo del asunto en la primera temporada, pero
ahora lo extendió a un nivel más global. En otras palabras, el argumento central
se diversificó, dando más importancia a personajes como Jim Hooper, el que
evoluciona hasta convertirse en un fundamental en la serie. Lo mismo con Joyce (Winona
Ryder), cuya personalidad ya no es tan doliente y se volvió más resolutiva e impetuosa.
La temporada sumó secundarios desechables como el de Bob, utilizado solamente
para tener una muerte en el guion similar a la de Bárbara, y Billy, el
típico matón atractivo que no tuvo desarrollo, aparte de ganarse un par de
golpes bien merecidos. El aporte más sustancial, a nivel de personajes, fue el
de Max: una nueva chica que se unió al grupo y que seguramente tendrá mucho que
decir en las temporadas venideras. La pelirroja fue la puerta de entrada de
Dustin y Lucas a la adolescencia y fue la que provocó el enojo en Once, cuando ésta
la ve interactuando con Mike. Max puede hacer que la trama, a nivel de
relaciones entre el grupo de amigos, se juegue de otra manera en la tercera
temporada.
Esto último se une directamente al
cambio drástico en el grupo de niños, los que por primera vez se separan en
buena parte de la trama y hacen de “compinches” de los hermanos mayores y otros
jóvenes de más edad. Esta diversificación de historias hizo que la propia Once
fuera la protagonista de la máxima expresión de “mundo nuevo”, haciendo que, por
primera vez, la acción saliera de Hawkins. Esto aportó a la visión de globalidad
de la que hablaba, a que el problema ya no era sólo de un pueblo, sino que
tenía fuerza para impactar al mundo entero. El guion también puso énfasis en
los poderes especiales de la joven Once, intención que estuvo
muy cerca de querer dejarla casi como superhéroe; seguramente, el aumento de presupuesto por parte de Netflix
jugó a favor de este factor y logró que “Stranger Things 2” tuviera una
considerable calidad visual.
Y qué decir de la música ochentera, la que volvió
a ser utilizada pero de manera poco atinada. Hubo escenas que no necesitaban la
melodía de fondo y ciertamente hubo abuso del sintetizador, sin embargo, ese
simple sonido construía la atmósfera precisa para reenfocarnos a que la acción
ocurría en los ’80. Sonaron DEVO, Duran Duran, Scorpions, Kenny Rogers, The
Runaways. Siempre es un deleite.
Del argumento, ya señalé que la
historia se expande. Will actuó como un receptor y sólo la
presencia de Once compensó las fuerzas, haciéndola tomar una responsabilidad casi
de adulta. Pero también lo hizo el valor. Vale la pena resaltar que, sobre todo
en los últimos momentos de la temporada, la acción toma un matiz de film serie B que hizo que volviéramos a sentirla encantadora y, por otro lado, le
permitió sacar su lado más gore sin miramientos, ese que estuvo algo secuestrado la temporada anterior.
Si hay que señalar que ningún
capítulo fue completamente brillante, ni a nivel de trama ni de visualidad; hay
momentos muy logrados pero ningún episodio se podría instalar dentro de los
mejores del año. Y acá me quiero referir al séptimo capítulo, en el que
seguimos a Once en su camino por encontrar a su hermana. Debido a este viaje, el hilo
narrativo se rompió y la historia de la hermana no sirvió para mucho más que
para reforzar que la fuerza del poder de Once está en su ira más profunda y que
cuando la saque, podrá vencerlo todo. Pero está claro que podrían haberlo
contado en 10 minutos. Afortunadamente, el hilo se retoma en los dos episodios
finales, bastante dignos y con momentos emotivos, en los que hay muchas referencias
a clásicos de los ‘80, como “IT”, “Alien”, "Starwars" y “El Exorcista”.
Hay que vivir la experiencia que
propone “Stranger Things 2” para comprender que la acción puede evolucionar.
La serie mejoró respecto a la primera temporada porque hubo mucho más drama en
el guion y más presupuesto para efectos
especiales poderosos. Sin embargo, los hermanos Duffer deben intentar contar una historia que, de cara a la tercera temporada, no nos muestre más
monstruos que se quieren apoderar del pobre Will, de hecho, el motor de la
historia debiera ser otro de los niños y debieran agregarse más personajes adultos
que puedan soportar el argumento. E ahí la disyuntiva ¿El público quiere que
este adorable grupo de niños crezca y la acción fantástica se entremezcle con lios
adolescentes?, ¿O “Stranger Things” buscará consolidarse como la alternativa
ochentera mejor lograda de los últimos años apelando a elementos culturales que vayan siendo reconocidos por un nicho y un público objetivo muy definido?.
Nosotros queremos que nos
sorprendan y el cómo van a lidiar con el factor sorpresa será su gran desafío de cara a la tercera temporada, la que al parecer no veremos sino hasta 2019.
Retratar el nacimiento del universo
porno en la Nueva York de principios de los ’70 es lo que movió al nuevo
producto de David Simon, el cual pinta a la perfección las calles crueles de
esa fascinante y compleja época de Manhattan, convirtiéndose ya en favorita de la temporada.
Netflix se la ha puesto difícil a
todos sus competidores, principalmente porque tiene mucho material para relucir, sin
embargo, aún no logra meter alguna de sus producciones en los listados de “históricos”, de aquellos relatos que la gente ha
premiado con altas sintonías y con cultos, incluso, posteriores a su final. Casi
todas las listas especializadas coinciden en que “The Wire” es la mejor serie
de televisión de la historia, producto que tuvo como cerebro a David Simon, quien
sorprendió al mundo, en 2015, cuando anunció que estaba trabajando el rodaje de
su nueva propuesta para HBO: “The Deuce”. Ésta ya ha finalizado su primera
temporada y sólo ha sacado aplausos, logrando renovación al segundo capítulo.
“The Deuce” se basa en la fuerza
de dos tremendos protagonistas, James Franco y Maggie Gyllenhaal, y en las
temáticas relativas a la prostitución y la pornografía en la Nueva York de los
años ’70; a estos atractivos elementos, le sumamos la lógica narrativa de David Simon, la
que se basa en atraer a ese espectador no multitudinario, no de ojo simplón,
sino a aquel que requiere de madurez, altura de miras y de comprensión de todo
un universo, porque Simon es eso, un creador de universos más que un narrador tradicional. Con esta combinación es fácil salir vencedor.
En la propuesta hay decenas de personajes y la idea era observar cómo se
relacionaban las prostitutas, los tratantes de blancas, la policía corrupta, los
mafiosos, los pornógrafos, los estudiantes de la época, en un lugar que hoy es
muy turístico, pero que hace 40 años permitió la gestación de la industria
porno en Estados Unidos. Volviendo a los personajes, todos terminan funcionando
en torno a sus propias necesidades, son mezquinos, y sólo viven su mundo.
James Franco es la cara más visible
y porque hace de todo: productor, director del 3er y 7mo episodios e interpreta
un doble papel.
Pero la otra gran protagonista
es Candy, una prostituta interpretada por Maggie Gyllenhaal y quien
es la que carga con el peso dramático de la temporada. Franco, en cambio, es un barman con
conexiones con la mafia y, luego de varios capítulos, comprendemos que será
factor de un gran cambio en el mundo de la prostitución callejera. Sin embargo,
hay que señalar que no posee una versatilidad que justifique que
él mismo represente a dos personajes; su actuación hace ver mucho mejor a Ewan McGregor,
por ejemplo, cuando le tocó hacer la misma labor en "Fargo". El resto del
reparto es variopinto, bien elegido, bien caracterizado y son muchos los
personajes que tienen protagonismo en la trama, aunque querramos entender que
Franco y Gyllenhaal sobresalen más, el guion estructura las acciones de manera
compartida, sumando acciones de todos para lograr formar este universo.
La estética de la serie es
extraordinaria y se ancla en el cine setentero, el cual ayudó a construir la
memoria histórica. Es fácil apreciar matices del Scorsese de “Taxi
Driver”, pero también de “Cowboy de Medianoche” de John Schlesinger, de “French
Connection” y “Distrito apache del Bronx”, algunas de ellas citadas
por MacLaren y Gyllenhaal como filmes que revisaron antes de ponerse a
trabajar. En el trabajo de Maclaren, se
aprecia el esfuerzo por transportar al espectador a la dureza de esas calles, a
mostrar la escena lo más setentera posible usando el grano, los travellings, la
ambientación repleta de detalles de dirección artística, los que solo hablan del
profesionalismo tras el proyecto.
Y la BSO? es simple. La mejor de una serie este año. Y habrá que revisarla en un punto aparte. porque lo merece.
El cómo se contó esta historia
tiene un refuerzo extraordinario en el metalenguaje, la estilística y las actuaciones, lo
que ayudó a una mejor comprensión del producto. Simon es un representante de una televisión de calidad a
través de esta propuesta brusca, que no matizó en absoluto los grises de la
época, siendo brutalmente realista con la cruel violencia de género, mezclada con homofobia y
corrupción. Todo ese cóctel nocivo, preparado por expertos, sirvió para
ejemplificar de dónde surgió una industria que significó la salvación para
muchas mujeres de la calles. Historia dura, contada con ojo crítico y no con un
punto de vista retrospectivo, trago amargo pero triunfador. Ese, para mí, es el gran aporte de Simon.