martes, 22 de marzo de 2022

CODA: el sonido, la felicidad y la vida

 Al igual que ‘Little Miss Sunshine’ o ‘Billy Eliot’, estamos ante una propuesta donde la familia será el problema y, a la vez, la solución. La adolescente con posibilidades de progresar en la vida, necesitará de los suyos para lograrlo, entretejiendo un relato de superación como tantos otros, que toca la fibra sensible para lograr la emoción.

 

Esta película es un remake del film francés 'La familia Bélier' que adapta ideas y mantiene el nivel de genialidad de la original. Es la historia de una familia sordomuda cuya hija menor es la única oyente y guía del resto. Sin embargo, en esta versión del director y guionista Sian Heder, la historia es ambientada en Massachusetts con la familia Rossi, miembros de una clase trabajadora dedicada a la pesca por generaciones, lo cual crea un obstáculo a a los padres cuando tienen que comprender por qué su hija quiere ir a la universidad.

Con ingenio y humor, 'CODA: Señales del corazón' nos involucra emocionalmente con la familia protagonista. Se traduce encanto en la rutina laboral, en el sacrificio del trabajo físico, el cual es compensado por una familia que alimenta un clima festivo a pesar de tener que lidiar con situaciones de indignidad del trabajo. Para ellos, la familia unida es motivo de felicidad siempre, a pesar de los problemas que genere el entorno.

Con inteligencia, el film jamás nos hace sentir lástima por la familia sordomuda. Su carencia es una entre otras (como la del dinero) y la actitud siempre alegre de superar sus conflictos, junto a sus personalidades extravagantes, logra un clima de empatía muy efectivo. El padre de familia es Frank, interpretado por Troy Kotsur, que ha arrasado en la temporada de premios; es un hombre limitado pero bueno de corazón; la madre, Jackie, es interpretada por Marlee Matlin, ganadora del Oscar por 'Te amaré en silencio', el hermano mayor, Leo, y  Ruby (Emilia Jones) conforman una familia que traspasa la pantalla con mucha humanidad. En esta última se centra el conflicto del guion, pues al no ser sorda, tiene y tendrá acceso a más posibilidades y de a poco empieza a entenderlo, sobre todo cuando conoce a su profesor de música, quien le despierta el deseo de cantar.

Y justamente, el profesor de música y el padre son roles fundamentales para la adolescente, porque se transforman en sus guías espirituales, y cada uno le aporta dudas y necesidades, las que alimentan el desarrollo de todo el film. Porque CODA se trata de la necesidad de comunicarse y, en ese punto, la película hace un tremendo uso del sonido para escenificar el conflicto, pero también, la felicidad.



martes, 15 de febrero de 2022

Nightmare Alley: la estrategia de Del Toro

'Nightmare Alley' (El Callejón de las Almas Perdidas) es la nueva película de Guillermo del Toro que adapta el libro de William Lindsay Gresham y que, a la vez, supone un remake de la película clásica de Edmund Gouldin. La base del film es vestirse de noir en el contexto de un extraño circo de posguerra. Si bien Guillermo Del Toro es dueño de muy buenas películas, su norte fílmico ha sido otro y queda la idea que esta adaptación pretendía ser una carta de presentación en otro código.


Del Toro toma este clásico de Edmund Goulding para recrear el relato de un personaje que, por ambición, lo pierde todo y toma un pasaje hacia la redención. Los que han visto las 2 películas las han comparado y ese siempre es un ejercicio complejo para quien hace el segundo intento, pues está presente el apelar a la nostalgia que generan los clásicos. Las distancias entre una y otra son muchas y el resultado, como casi siempre ocurre, favorece a la original por ser más sutil y elegante, mientras que Del Toro propone efectismo y una narrativa más larga, donde reluce el diseño de producción y vestuario, donde logra sumergirnos con habilidad en el mundo del espectáculo circense y de salón de posguerra. A nivel de foto, los escenarios interiores están llenos de misterio y seducción, con buen juego de luces. La foto de exteriores no es mala, pero es más fría y carente de magia. En cuanto al guión alargado, con respecto a la película original, éste acierta en dar mayor identidad al escenario del desenlace de la historia. Por otro lado, el evidente cambio tonal de los personajes ofrece un juego distinto que nos devuelve al film y funciona bien. Sin embargo, la agilidad de la historia se ve malograda y peca de un ritmo demasiado cargado, que acaba perjudicando el disfrute.

En cuanto a las actuaciones, Guillermo del Toro  reunió un gran cast. Bradley Cooper como Stanton Carlisle,  Cate Blanchett como la Doctora Ritter,  Rooney Mara como Molly, y Toni Collette . Personalmente, Cate Blanchett está reluciente, seductora, tramposa, perdiendo la inocencia de la interpretación original. Precisa en todas las teclas. Bradley Cooper tiene su mejor actuación en mucho tiempo, pero tarda en encontrar su lugar porque le da mucho espacio al tono seductor, como característica principal, dejando de lado el carisma que exprimió muy bien Tyrone Power. No es malo que haya elegido esa herramienta para entrar con su Stanton Carlisle, pero se demora en verse carismático. Lo que nos molestó fue que Rooney Mara queda muy en segundo plano,  cuando su personaje es fundamental para la historia; da la sensación que no estaba totalmente integrada a la narrativa.

Hay algunas escenas lentas y otras  donde el director acierta en la atmósfera que crea y logra que nos involucremos con la magia y el ilusionismo que propone.  El sonido está cuidado, como así también las respiraciones, la tensión y el engaño. 

'Nightmare Alley' del 2022 es más bien la intención de Guillermo Del Toro de salir de la etiqueta del director de ‘cine de monstruos’ o ‘cine B’ y se dispone a realizar un film de tono ‘más serio’. Si bien no lo logra del todo, la película tampoco es desechable completamente, por lo que más que una  maduración cinematográfica, esta 'Nightmare Alley' fue para él una inteligente estrategia.

jueves, 10 de febrero de 2022

El Libro de Boba Fett, temp 1: paliza a la nostalgia

La primera temporada de ‘El Libro de Boba Fett’ desaprovecha todo lo bueno que propone en su primera mitad, para luego caer víctima de las prácticas habituales de Disney: tirar de la nostalgia para compensar flaquezas de la historia.

 

Después del éxito de ‘The Mandalorian’ y el constante crecimiento del universo ‘Star Wars’, la propuesta de ‘El Libro de Boba Fett’ tenía un reto no menor, uno que consistía en mostrar algo novedoso sobre un mundo que parece tener reglas claras y que ha sido sobreexplotado. No olvidemos que ya hay oficializados  casi media docena de proyectos futuros, varias películas agendadas y la promesa de mayor material. De ‘Star Wars’ se ha dicho prácticamente todo. 

Entonces, ¿Qué tenía para decir ‘El Libro de Boba Fett’?. Después de todo, se trata de  una visión sobre un héroe solitario, muy semejante al reciente ‘The Mandalorian’. Pero mientras las aventuras de Mando y Grogu tenían un ingrediente más abierto, la historia de Boba Fett se quedó en una dedicatoria a los fans. ¿Y eso es malo?. Depende, porque Boba Fett es una pieza de enorme interés en la percepción de ‘Star Wars ‘y pasó de ser un personaje pequeño a una parte gravitante de la mitología, una que enlaza a la trilogía original, con las precuelas y ahora con el mundo de las series. Pero también, Boba Fett es en sí mismo, una estructura que permite revisar el poder de los puntos más agrestes de la galaxia. Pero el peso de encontrarse enlazada con ‘The Mandalorian’ no le permitió a la serie haber mostrado algo novedoso.

La serie sigue el estilo de la protagonizada por Pedro Pascal pero acentuando su lado western, para bien y para mal, distanciándose de la épica característica de ‘Star Wars’ y presentando una historia más terrenal. Así vemos a un llanero solitario que busca enfrentar a la autoridad corrupta tras un suceso traumático, dividiendo la historia en dos bloques: el resurgimiento de Fett y la guerra por el dominio de Tatooine. Pero le fue imposible equilibrar ambos y cuando se notó que la historia comenzaba a flaquear, Disney recurrió al refuerzo de siempre: la nostalgia.

A lo largo de la serie (especialmente al comienzo) se trata la relación de Boba Fett, como extranjero, con un pueblo nativo muy famoso en la franquicia. Esta relación es el motor para la evolución de Fett y de la serie, pero a mediados de temporada queda en el olvido y todo se centra en la lucha por Tatooine; ahí es cuando la serie pierde su riqueza y, al mismo tiempo, se toma la decisión de incluir a un grupo de personajes que desentonan por completo. ¿Qué hacer para apalancar el fallo?, pues acudir a una apuesta segura: The Mandalorian. Dos de los siete episodios de la temporada 1 de Fett están dedicados a Djarin, los mandalorianos, Grogu y la Fuerza; son puro fanservice y una paliza de nostalgia que enamoraría a cualquier fanático, parecido a lo que ocurre en el Arrowverso. De todas maneras, hay que destacar que aquellos episodios están brillantemente trabajados y muy bien dirigidos por Bryce Dallas Howard (la que TIENE que dirigir una de las futuras películas); sin embargo,  se sienten como una forma de rellenar la temporada, hasta el final.

Estos episodios dieron paso a una especie de temporada 2.5 de ‘The Mandalorian’ y es más que claro que la temporada 3 de ésta, se va a conectar con la  1 de ‘El Libro de Boba Fett’. En conclusión, había un potencial que se perdió en Boba Fett, pero igual fue una propuesta disfrutable y la gran mayoría se dejó encandilar por la nostalgia. Nos quedamos con la banda sonora, la ambientación, los personajes, las escenas de acción, Roberto Rodríguez y su amor al western, Bryce Dallas Howard y su tono implacable en la dirección y, por supuesto, con Temuera Morrison , quien da vida a un Boba Fett creíble y desaprovechado, que debe ceder a un Disney que, de seguro, está dispuesta a mantener el tono western. ¿Es posible otra temporada donde se puedan revelar todos los secretos de Boba Fett?, si así lo deciden, la serie tiene un desafío mayúsculo, siendo el más relevante, encontrar una voz propia. 

sábado, 8 de enero de 2022

Licorice Pizza: aire fresco y alegría de vivir

Con colores cálidos y con un espectro brilloso, Paul Thomas Anderson logra transportar a la audiencia no solo a la época setentera, sino que también a la atmosfera obtenida en Punch-Drunk Love e Inherent Vice. El director construye un film repleto de primeros planos que se convierten en la mejor carta de presentación para Cooper Hoffman y el mejor debut del año: Alana Haim.

“En unos años serás un hombre exitoso y te iras de aquí. Mientras, yo seguiré acá”, dice Alana. “Nos iremos los dos”, responde Gary. La  confianza y la inseguridad son los hilos que mueven la nueva historia de Paul Thomas Anderson. Gary es un adolescente que ha vivido mucho y Alana es una mujer que ha vivido poco y que necesita urgentemente buscar su camino. Así vamos viendo cómo esta historia de encuentros y desencuentros, se desarrolla por personajes absorbidos por la cultura gringa de los ‘70. Licorice Pizza es una carta de amor sobre los sueños de una vida que  comienza y examina la nebulosa que recorre el pensamiento de un chico que cree que puede enamorar a una adulta o abrir su propio negocio en plena adolescencia. Es un film que aprovecha la idiosincrasia norteamericana de la época y expone a Gary como celoso y orgulloso, pero también preocupado por los suyos. Mientras que Alana vive contra reloj. 

El juego de roles se encuentra siempre presente en los personajes de Paul Thomas Anderson. Todos  buscan responder  esa terrible pregunta de ¿Quién soy?, y allí es donde han aparecido aquellos  que sienten que el mundo les pertenece, como Eddie de Boogie Nights, Frank de Magnolia, Lancaster Dodd en The Master, o Daniel Plainview y Reynolds Woodcock en There Will Be Blood y Phatom Thread; y hasta aquellos donde la inseguridad interna no los deja avanzar, como Barry en Punch-Drunk Love, Linda Partridge en Magnolia o Larry en Inherent Vice. Lo que tienen en común es que, en estas tramas adultas y complicadas, el autor siempre  dejaba caer a sus personajes rendidos ante el amor…ya sea al padre, al olvido de un hijo o a la de una relación toxica. Todo este cine abrumador a veces puede necesitar de una válvula de escape para que el director se reencuentre con su estilo. Y es ahí donde aparece Licorice Pizza en la vida de PTA, porque tras el desgaste que significó para él rodar Phantom Thread, necesitaba algo simple, pero con vida. Licorice Pizza es su novena película y es donde decide volver a la simpleza. Toma personajes jóvenes y antes de que caigan sucumbidos ante la avaricia y el orgullo, interviene para cambiar sus destinos, ese donde triunfa el amor, donde se nota que filmó ‘en familia’, donde asoma el hijo de Phillip Seymour Hoffman, Maya Rudolf, los hijos del director, las hermanas de Alana Haim. Aire fresco, libertad, alegría, con aires a American Grafitti y a la propuesta de Richard Linklater.

La película aprovecha pequeñas situaciones que parecen no tener relación, para ir construyendo la necesidad de ambos protagonistas; por ejemplo, cuando la policía se lleva a Gary, Alana corre hacia él, y lo mismo cuando ella cae de la moto del personaje interpretado por Sean Penn. Corren mucho durante la película y cada corrida corresponde a un punto importante, porque a pesar de que ambos creen que nunca van a estar juntos, por la diferencia de edad o por sus evidentes discrepancias, una fuerza mayor siempre los hace regresar. De esta manera, Licorice Pizza es una buena película de comedia, con escenas que recuerdan a la antigua comedia norteamericana. Y qué decir de su BSO, con un gran Jonny Greenwood y el siempre eficiente uso de la música de David Bowie. También cuenta con cameos de Bradley Cooper (con una increíble interpretación del productor Jon Peters), además de Tom Waits, Sean Penn, Ben Safdie y hasta el papá hippie de Leonardo DiCaprio.

Apoyando la tesis sobre el destino de los personajes de Anderson del párrafo anterior, puede ser que Gary y Alana tampoco tengan un buen final. Pero es solo una probabilidad y eso le da vida a esta especie de  cuento de hadas, narrada con sensibilidad, con un  tono de filmación adecuado para eso, con bromas que resultan y otras que no, con personajes bien logrados y otros que no, con el lente envejecido que da la apariencia de estar viendo esas comedias del cine de los ‘70….todos estos detalles la vuelven una pequeña rareza dentro de una filmografía fulgurante, pero igualmente es más cercana y simple que varias perlas del mejor director de cine de los últimos 20 años.

domingo, 14 de noviembre de 2021

No Time To Die, el cierre de otra etapa de James Bond

'Sin Tiempo para Morir' mantiene la espectacularidad de la saga y le da una despedida solemne a Daniel Craig, quien por 15 años sostuvo al mítico espía; y aunque se queda por detrás de ‘Casino Royale’ y ‘Skyfall’, se volverá una parte notable en la historia de James Bond.


Hace 15 años y en un ambiente que se llenó de críticas, Martin Campbell dio el visto bueno a una nueva etapa cinematográfica del popular 007 con la fantástica ‘Casino Royale’, en la que se nos presentó un James Bond más tosco y oscuro, personificado por un Daniel Craig que se apropió totalmente del mito. Es innegable el aporte de este personaje a la historia del cine, pues son veinticinco películas, una banda sonora inconfundible y escenas de acción que dictaron la pauta para muchas películas posteriores. En ese contexto, 'No Time to Die' cierra esta última saga de 007con espectáculo, emotividad y ciertos planteamientos sobre el futuro. 

En esta quinta entrega, Bond está retirado y disfruta la vida junto a Madeleine (Léa Seydoux). Sin embargo, el pasado acecha de nuevo y debe volver a la acción para rescatar a un científico. Este es el inicio para un largo camino de desarrollo de los típicos elementos del universo Bond, para lo cual Cary Fukunaga construye una cinta emotiva, con sorpresas y acción; en la primera media hora, rompe el statu quo que dejó ‘Spectre’ y asienta los cimientos sobre los que se edificará esta entrega de 163 minutos. El grueso  argumental vuelve a ahondar en el Bond más complejo emocionalmente, el que se ha ido cocinando  a fuego lento desde 2006. Esto se traduce en mayor carga dramática, más sombrío, donde los demonios de la psicología de 007 lo siguen acechando.


El guion de Neal Purvis, Robert Wade, Fukunaga y Phoebe Waller-Bridge, se esmera en darle un buen cierre al personaje y deja de lado el desarrollo de una historia compleja. La incorporación de Waller-Bridge fue fundamental para dibujar a un James Bond más humano, pero que equilibra muy bien su masculinidad con la arrolladora fuerza de las mujeres que, históricamente, le han rodeado. La narrativa es sencilla, pero no olvida el glamour, las armas, las frases, las mujeres, las misiones físicamente complicadas, la alta tecnología, autos de ensueño, el traje de Tom Ford... todas las señas de identidad de la franquicia permanecen intactas y no se sienten implantadas  la fuerza. por otro lado, el despliegue visual es de primera y no tiene nada que envidiarle a lo que propuso Deakins en ‘Skyfall’, porque Cary Fukunaga ha vuelto a exhibir su gran capacidad para narrar en imágenes, sin olvidar el factor estético. Por parte de la canción principal,  interpretada por Billie Eilish, mantiene el estilo y la solemnidad, lo cual  le otorgará algunas nominaciones en la próxima temporada de premios, pero ante la imposible comparación con las interpretaciones de Adele o Sam Smith, quizás no le alcance para coronarse. Finalmente,  Hans Zimmer envuelve el film como para regalo, haciendo suyas las partituras  de la saga vistiendo todo el acto final de épica, de riesgo, dejando un corolario que recordaremos por mucho tiempo.

Así, Daniel Craig se despide de James Bond planteando un progreso. En algunas escenas, Bond discute con Nomi (Lashana Lynch) sobre el significado del número 007, el cual solo es eso…’un número con valor simbólico dado por la agencia y al portador’. Esto abre la posibilidad futura no de un nuevo James Bond, pero sí de la aparición de un nuevo portador (o portadora) del emblemático número. Volviendo a Daniel Craig, su final es digno de un mito y concluye su recorrido rodeado de emotividad. Y no es para menos, ya que se entregó por entero y supo llevar al personaje a otros límite, refrescando las características propuestas por Ian Fleming.

No hay duda que Craig deja un hoyo negro, pero es momento de darle un nuevo rumbo a este personaje y son otros los que tendrán que tomar la posta y proponer nuevas visiones y conjeturas sobre un hombre que es parte de los cimientos del cine y porque , simplemente, no hay tiempo para pensar en la muerte de 007, más bien, pensemos que en entra como en una pausa hasta que aparezca otro director o directora con más perspectivas y futuro para 007.



 

viernes, 15 de octubre de 2021

Colonia Dignidad, serie documental de Netflix: memorias de un infierno

 Colonia Dignidad ocupa titulares en la prensa chilena hace décadas. Su líder, Paul Schäfer, fue enfermero del ejército alemán en la segunda guerra y se reconvirtió en pastor bautista tras el fin del conflicto; fue expulsado de su congregación  y se le condenó por pedofilia, por lo que huyó de Alemania. Gracias a su contacto con el embajador chileno, consiguió un terreno de 3.0000 hectáreas en la región del Maule, donde se estableció y sembró su oscura leyenda desde 1961, donde no solamente continuó abusando de menores, sino que amplió la magnitud de sus crímenes a niveles estratosféricos, siendo incluso uno de los lugares desde donde se granjeó el golpe de Estado contra Allende y fue un sitio de tortura y asesinato utilizado por la DINA, tal cual lo describen las resoluciones de Amnistía Internacional y el informe Rettig de1991.

Todo esto corre en la serie documental de Netflix sobre Colonia Dignidad y que entrecruza tantas dimensiones del mail que logra superar toda clasificación. La producción, cuya  idea original corresponde al documentalista Cristian Leighton, recopila diversos testimonios de sobrevivientes e imágenes de archivo impresionantes, que hablan de un verdadero rescate testimonial, mientras el guion nos muestra que, muros adentro, la colonia es un infierno liderado por un megalómano que controla, maníacamente, a todos los miembros de su pequeño reino. ‘Colonia Dignidad: Una secta alemana en Chile’  ordena 400 horas de imágenes grabadas por los mismos colonos, las que sus realizadores articularon con numerosas entrevistas. El enorme esfuerzo que implica un documental de estas dimensiones, se teje junto a la presentación del mal vestido, ante los hombres y mujeres, con otro ropaje. Leighton señaló que el primer fotógrafo de la Colonia empezó a filmar estas imágenes en blanco y negro, para convertirlas en elemento de propaganda y así mostrarse como una comunidad benefactora. Entre las entrevistas, destaca especialmente la de Salo Luna, quien en los ’90 escapó del lugar.

Dosificada en seis capítulos, la miniserie sigue cronológicamente el crecimiento, en poder y capacidad de daño, de esta Colonia, que hoy sigue activa bajo el nombre de “Villa Baviera”. Su interacción con lo más reaccionario de la política chilena es también una suma de horrores, que arrancan con Roberto Thieme, ex líder de Patria y Libertad, y llegan hasta el mismísimo Augusto Pinochet, quien visitó varias veces el lugar. Más complejo aún, son las imágenes del político Hernán Larraín, actual ministro de Justicia y Derechos Humanos (vaya ironía) del gobierno de Sebastián Piñera y cuya aparición en el documental, como uno de los defensores de Schäfer, ha vuelto a poner en duda la idoneidad de este dirigente de la derecha conservadora.

Este no es el primer registro audiovisual sobre este tema; de hecho, abunda material en Youtube y está la película alemana ‘Colonia’, con Emma Watson y Daniel Brühl. Sin embargo, esta serie es la que registra, de manera más consistente, los niveles de horror del proyecto de Schäfer, una comunidad agraria utópica que mantenía a sus miembros bajo vigilancia y disciplina. Tal vez el punto débil de la propuesta, sea la falta de investigación sobre el negocio que permitió tales niveles de prosperidad a esta secta; se menciona un negocio de piedra molida y luego se alude a la intermediación en la venta de armas, pero no se logra explicar el esquema que permitió a Schäfer alcanzar esa capacidad de manipulación al sistema judicial, por ejemplo. En esa imposibilidad de abordar de manera más profunda el tema del  financiamiento, el documental  topa con las mismas limitaciones de otros intentos, y nos queda la sensación de espanto, pero no logramos comprender el fondo de todo este asunto. Tampoco se aclara  la verdadera naturaleza de la relación entre la Colonia y el Estado alemán, del cual nunca hemos escuchado un  pronunciamiento. En cambio, el trabajo audiovisual nos deja más claro el porqué del magnetismo que ejercía este perverso líder; esta era una secta que interactuaba con el exterior, y ahí Schäfer logró no solo insertarse sino que construir lazos con la comunidad de la zona, incluso construyendo un hospital. Esto es un punto clave para entender cómo podía estar tan conectado con la gente y cómo lograba, más fácilmente, esos niveles de fidelidad.  Y como dice alguien en la película “lo transformamos en Alemania, en un lugar bueno, muy fértil”. Pero esa especie de paraíso que lograron solo fue posible esclavizando a adultos y niños y en un lugar donde el Estado no llegaba, lo que permitió la siembra del espanto y la impunidad.

‘Colonia Dignidad: una secta alemana en Chile’ es un registro muy valioso, aunque ya se haya hablado y visto mucho del tema. Sigue siendo sumamente importante que el cine permita visibilizar lo que fue la existencia de esta secta, este enclave de colonos alemanes convertido en uno de los lugares más nefastos que, con la complicidad de los estados de Chile y Alemania por más de cuarenta años, vulneró y atropelló los derechos humanos de cientos de personas….paradójicamente “Dignidad”, que de dignidad para sus habitantes casi nada tenía.

 

viernes, 1 de octubre de 2021

El Juego de Calamar: metáfora perfecta de nuestra competitiva sociedad

La serie del momento en Netflix es un espejo cruel y directo del comportamiento social cotidiano, expresado en un símil de un juego infantil de la Corea de los años’70. El Juego del Calamar trata de contarnos la vida de una serie de personas, con problemas económicos, que se someten a una serie de mortales juegos infantiles, solo para poder hacerse con los preciados millones reservados al ganador.

Pero sin duda que esta serie tiene un trasfondo más asentado en la realidad de lo que puede parecer a simple vista;  debe su nombre a un juego infantil de los ’70, en el que dos jugadores se enfrentaban dentro de tres formas geométricas que formaban un calamar: círculo, triángulo y cuadrado. No tiene otra temporada confirmada (aún) y fue dirigida por Hwang Dong-Hyuk , conocido por Silenced (2011), que fue un filme dramático de bastante relevancia. La trama, como tal, sigue una tendencia que nos recuerda la nipona Battle Royale (2002), también a Los Juegos del Hambre (2012) e incluso algunos han encontrado ribetes extraídos de Parasite, porque se interponen diversos géneros, desde la acción y el drama, hasta la supervivencia y el suspenso.  

Se pueden sacar muchas conclusiones del por qué cuatrocientas cincuenta y seis personas con problemas económicos, deciden competir voluntariamente en seis juegos infantiles en los que, a diferencia de lo que ocurre cuando se es niño, si se pierde se muere (literalmente), pero el superviviente final obtiene cuarenta millones de dólares. Una vez encerrados en esta isla de terror disfrazada de esperanzas para salvar el futuro y el de la familia, la estrategia, el análisis de la situación,  la forma en la que las historias interpersonales se mimetizan con los juegos, permiten seguir el hilo porque  la psicología de los personajes principales está muy bien construida; sin embargo, y por conclusión de lo anterior, desde el primer momento sabemos quiénes morirán y quiénes no. Este aspecto, que roza lo predecible, no impide que nos llevemos sorpresas a medida que avanza la temporada.

Una de las particularidades de la historia es el ‘corporativismo’ de la organización que ha creado el juego y la estratificación de sus subalternos. Así, los que eliminan a los jugadores visten diversos trajes que representan el rango. Los trajes rojos están en la base de la pirámide y se escinden en tres grupos: los que portan un círculo representan un estatus bajo, los que llevan un triángulo son los que están en un  intermedio y los que exhiben un cuadrado están en la cúspide.  Todos los personajes reciben el mismo trato, independiente de su sexo o  edad, y por lo mismo, todas las muertes son duras. En esas escenas, la música desempeña un papel fundamental porque se mezcla a la perfección con la tensión que suscita el argumento. A pesar del colorido y del exagerado escenario en que se presentan cada uno de estos juegos, los efectos añadidos son pocos y tampoco son importantes. porque la trama, que versa sobre supervivencia, pone énfasis en la racionalización del ser humano.

Aunque el ritmo puede ser lento a veces, la narración y dinámica están bien hiladas; una se entretiene, aunque refleja todo el individualismo de la sociedad. Es cierto que en los episodios no hay tabúes a la hora de mostrar la violencia, porque contiene escenas muy sangrientas y explícitas, y nos paseamos por todo el espectro que va entre  disparos en la cabeza y la extracción de órganos.

El guion estaba listo desde 2009, pero el director no conseguía financiamiento y varias productoras rechazaron el proyecto por ser “muy violenta”. A pesar de aquello, igual logró llegar a Netflix y ser lo más visto hasta el momento, pasando por encima del lenguaje coreano y de lo lejano que nos puedan parecer algunas costumbres, finalmente nos reflejamos en otras similitudes. La finalidad de Hwang Dong-Hyuk fue hacer una crítica social que girara en torno a la desigualdad socio-económica, donde la clase media cada vez está más diluida y donde la élite, de forma sádica, puede permitirse el lujo de vejar a los estratos sociales más desfavorecidos. Esto se ve con claridad en el episodio “VIPS”, donde aquellos multimillonarios, caricaturizados al máximo, discuten, champaña en mano, sobre quién será el próximo en morir. Del mismo modo, en el episodio dos, se muestra un ejemplo claro de la demagogia política de la élite, cuando se hace creer a los 456 que las reglas de ese juego son democráticas.

¿Por qué estoy viviendo tan mal, por qué tengo que competir todo el tiempo?, ¿dónde comenzó todo esto y a qué nos llevará?. Esas son las preguntas que el director busca que sean reflexionadas por quien visualice El Juego del Calamar, otra gran experiencia venida de Corea y que ya se perfila para convertirse en la serie más vista en la historia de Netflix,  pasando por encima de éxitos mucho más cercanos a nuestras culturas, como La Casa de Papel y Stranger Things.