domingo, 5 de noviembre de 2017

Stranger Things 2: No todo lo que brilla es oro

La serie de Netflix irrumpió el año pasado con una ambientación muy Spielberg y enfocada en traer de vuelta lo mejor de la cultura pop de los ’80. Tras el éxito,  dirigió sus dardos hacia el crecimiento del guion,  sin abandonar esos estereotipos ochenteros. Así fue como la 2da temporada  de “Stranger Things” amplió el universo de desarrollo y trabajó en mostrar la madurez que iban adquiriendo sus jóvenes protagonistas. ¿Era lo que esperábamos?.


La segunda temporada de “Stranger Things”  funciona si la vemos como una continuación, porque uno de los pilares de la trama ha sido el mostrar cambios en el planteamiento de los personajes y sus personalidades. Los años ‘80 aún siguen reluciendo en su plena dimensión, aunque el guion los utiliza como herramienta de captura al centrar la trama en mostrarse como una apuesta más más madura, a todo nivel.
Una de las preguntas a responder era cómo el equipo de guionistas  iba a combatir  al principal enemigo de las secuelas: lo reiterativo del contenido. Tras el visionado, observamos que la trama volvió a tomar el producto que fue meollo del asunto en la primera temporada, pero ahora lo extendió a un nivel más global. En otras palabras, el argumento central se diversificó, dando más importancia a  personajes como Jim Hooper, el que evoluciona hasta convertirse en un fundamental en la serie. Lo mismo con Joyce (Winona Ryder), cuya personalidad ya no es tan doliente y se volvió más resolutiva e impetuosa. La temporada sumó secundarios desechables como el de Bob, utilizado solamente para tener una muerte en el guion similar a la de Bárbara, y Billy, el típico matón atractivo que no tuvo desarrollo, aparte de ganarse un par de golpes bien merecidos. El aporte más sustancial, a nivel de personajes, fue el de Max: una nueva chica que se unió al grupo y que seguramente tendrá mucho que decir en las temporadas venideras. La pelirroja fue la puerta de entrada de Dustin y Lucas a la adolescencia y fue la que provocó el enojo en Once, cuando ésta la ve interactuando con Mike. Max puede hacer que la trama, a nivel de relaciones entre el grupo de amigos, se juegue de otra manera en la tercera temporada.


Esto último se une directamente al cambio drástico en el grupo de niños, los que por primera vez se separan en buena parte de la trama y hacen de “compinches” de los hermanos mayores y otros jóvenes de más edad. Esta diversificación de historias hizo que la propia Once fuera la protagonista de la máxima expresión de “mundo nuevo”, haciendo que, por primera vez, la acción saliera de Hawkins. Esto aportó a la visión de globalidad de la que hablaba, a que el problema ya no era sólo de un pueblo, sino que tenía fuerza para impactar al mundo entero. El guion también puso énfasis en los poderes especiales de la joven Once, intención que estuvo muy cerca de querer dejarla casi como superhéroe; seguramente,  el aumento de presupuesto por parte de Netflix jugó a favor de este factor y logró que “Stranger Things 2” tuviera una considerable calidad visual. 
Y qué decir de la música ochentera, la que volvió a ser utilizada pero de manera poco atinada. Hubo escenas que no necesitaban la melodía de fondo y ciertamente hubo abuso del sintetizador, sin embargo, ese simple sonido construía la atmósfera precisa para reenfocarnos a que la acción ocurría en los ’80. Sonaron DEVO, Duran Duran, Scorpions, Kenny Rogers, The Runaways. Siempre es un deleite.


Del argumento, ya señalé que la historia se expande. Will actuó como un receptor y sólo la presencia de Once compensó las fuerzas, haciéndola tomar una responsabilidad casi de adulta. Pero también lo hizo el valor. Vale la pena resaltar que, sobre todo en los últimos momentos de la temporada, la acción toma un matiz de film serie B que hizo que volviéramos a sentirla encantadora y, por otro lado, le permitió sacar su lado más gore sin miramientos, ese que estuvo algo secuestrado la temporada anterior.
Si hay que señalar que ningún capítulo fue completamente brillante, ni a nivel de trama ni de visualidad; hay momentos muy logrados pero ningún episodio se podría instalar dentro de los mejores del año. Y acá me quiero referir al séptimo capítulo, en el que seguimos a Once en su camino por encontrar a su hermana. Debido a este viaje, el hilo narrativo se rompió y la historia de la hermana no sirvió para mucho más que para reforzar que la fuerza del poder de Once está en su ira más profunda y que cuando la saque, podrá vencerlo todo. Pero está claro que podrían haberlo contado en 10 minutos. Afortunadamente, el hilo se retoma en los dos episodios finales, bastante dignos y con momentos emotivos, en los que hay muchas referencias a clásicos de los ‘80, como “IT”, “Alien”, "Starwars" y “El Exorcista”.
Hay que vivir la experiencia que propone “Stranger Things 2” para comprender que la acción puede evolucionar. La serie mejoró respecto a la primera temporada porque hubo mucho más drama en el guion y  más presupuesto para efectos especiales poderosos. Sin embargo, los hermanos Duffer deben intentar contar una historia que, de cara a la tercera temporada, no nos muestre más monstruos que se quieren apoderar del pobre Will, de hecho, el motor de la historia debiera ser otro de los niños y debieran agregarse más personajes adultos que puedan soportar el argumento. E ahí la disyuntiva ¿El público quiere que este adorable grupo de niños crezca y la acción fantástica se entremezcle con lios adolescentes?, ¿O “Stranger Things” buscará consolidarse como la alternativa ochentera mejor lograda de los últimos años apelando a elementos culturales que vayan siendo reconocidos por un nicho y un público objetivo muy definido?.


Nosotros queremos que nos sorprendan y el cómo van a lidiar con el factor sorpresa será su gran desafío de cara a la tercera temporada, la que al parecer no veremos sino hasta 2019.

The Deuce: el mejor trago de HBO

Retratar el nacimiento del universo porno en la Nueva York de principios de los ’70 es lo que movió al nuevo producto de David Simon, el cual pinta a la perfección las calles crueles de esa fascinante y compleja época de Manhattan, convirtiéndose ya en favorita de la temporada.

Netflix se la ha puesto difícil a todos sus competidores, principalmente porque tiene mucho material para relucir, sin embargo, aún no logra meter alguna de sus producciones en los listados de “históricos”, de aquellos relatos que la gente ha premiado con altas sintonías y con cultos, incluso, posteriores a su final. Casi todas las listas especializadas coinciden en que “The Wire” es la mejor serie de televisión de la historia, producto que tuvo como cerebro a David Simon, quien sorprendió al mundo, en 2015, cuando anunció que estaba trabajando el rodaje de su nueva propuesta para HBO: “The Deuce”. Ésta ya ha finalizado su primera temporada y sólo ha sacado aplausos, logrando renovación al segundo capítulo.

“The Deuce” se basa en la fuerza de dos tremendos protagonistas, James Franco y Maggie Gyllenhaal, y en las temáticas relativas a la prostitución y la pornografía en la Nueva York de los años ’70; a estos atractivos elementos, le sumamos la lógica narrativa de David Simon, la que se basa en atraer a ese espectador no multitudinario, no de ojo simplón, sino a aquel que requiere de madurez, altura de miras y de comprensión de todo un universo, porque Simon es eso, un creador de universos más que un narrador tradicional. Con esta combinación es fácil salir vencedor.
En la propuesta hay decenas de personajes y la idea era observar cómo se relacionaban las prostitutas, los tratantes de blancas, la policía corrupta, los mafiosos, los pornógrafos, los estudiantes de la época, en un lugar que hoy es muy turístico, pero que hace 40 años permitió la gestación de la industria porno en Estados Unidos. Volviendo a los personajes, todos terminan funcionando en torno a sus propias necesidades, son mezquinos, y sólo viven su mundo.
James Franco es la cara más visible y porque hace de todo: productor, director del 3er y 7mo episodios e interpreta un doble papel.


Pero la otra gran protagonista es Candy, una prostituta interpretada por Maggie Gyllenhaal y quien es la que carga con el peso dramático de la temporada. Franco, en cambio, es un barman con conexiones con la mafia y, luego de varios capítulos, comprendemos que será factor de un gran cambio en el mundo de la prostitución callejera. Sin embargo, hay que señalar que no posee una versatilidad que justifique que él mismo represente a dos personajes; su actuación hace ver mucho mejor a Ewan McGregor, por ejemplo, cuando le tocó hacer la misma labor en "Fargo". El resto del reparto es variopinto, bien elegido, bien caracterizado y son muchos los personajes que tienen protagonismo en la trama, aunque querramos entender que Franco y Gyllenhaal sobresalen más, el guion estructura las acciones de manera compartida, sumando acciones de todos para lograr formar este universo.

La estética de la serie es extraordinaria y se ancla en el cine setentero, el cual ayudó a construir la memoria histórica. Es fácil apreciar matices del Scorsese de “Taxi Driver”, pero también de “Cowboy de Medianoche” de John Schlesinger, de “French Connection” y “Distrito apache del Bronx”, algunas de ellas citadas por MacLaren y Gyllenhaal como filmes que revisaron antes de ponerse a trabajar. En  el trabajo de Maclaren, se aprecia el esfuerzo por transportar al espectador a la dureza de esas calles, a mostrar la escena lo más setentera posible usando el grano, los travellings, la ambientación repleta de detalles de dirección artística, los que solo hablan del profesionalismo tras el proyecto.



Y la BSO? es simple. La mejor de una serie este año. Y habrá que revisarla en un punto aparte. porque lo merece.



El cómo se contó esta historia tiene un refuerzo extraordinario en el metalenguaje, la estilística y las actuaciones, lo que ayudó a una mejor comprensión del producto. Simon es un  representante de una televisión de calidad a través de esta propuesta brusca, que no matizó en absoluto los grises de la época, siendo brutalmente realista con la cruel violencia de género, mezclada con homofobia y corrupción. Todo ese cóctel nocivo, preparado por expertos, sirvió para ejemplificar de dónde surgió una industria que significó la salvación para muchas mujeres de la calles. Historia dura, contada con ojo crítico y no con un punto de vista retrospectivo, trago amargo pero triunfador. Ese, para mí, es el gran aporte de Simon.

martes, 19 de septiembre de 2017

Twin Peaks: el capricho de Lynch

Cuando David Lynch emprendió el proyecto, en 1990, era un cineasta experimental y fascinado con el surrealismo. Cuando conoció a  Mike Frost decidieron usar la experimentación a través de una serie coral, con multiplicidad de personajes en constante cambio, pero con contenido riesgoso e indescriptible. Así nació la antigua "Twin Peaks", congelada 25 años y que regresó, este 2017, para ser el fenómeno televisivo más indescifrable de los últimos años.

A cualquier crítico o fanático del fenómeno televisivo y las series propiamente tal, "Twin Peaks" fue un verdadero desafío. Reseñarla ha sido un completo entuerto, porque estamos hablando de un proyecto que revivió, en 2014, a través de un tuit y que prometía devolver al presente una obra  que reúne los ápices de un artista loco al cual Hollywood, desde 1990 en adelante, siempre le ha tenido respeto,  sobre todo después que “Terciopelo Azul” (1986) generó un espacio para visiones más independientes. 
La fanaticada de "Twin Peaks", incluso 25 años después, se puede dividir en aquellos que disfrutaban de la poesía audiovisual que construían sus tiempos y formas cinematográficas, y otros que sólo buscaban atar los cabos de la historia. Este doble juego ha sido, muchas veces, la base de las propuestas del cine de Lynch, corriendo el riesgo de aburrir a quienes no logran desenmadejar el rollo y de alucinar a los que siguen el camino de migajas de pan.
No quiero detenerme en comentar la base de "Twin Peaks" pero sí en señalar que esta tercera temporada fue toda una experiencia, sin duda la más compleja, llamativa, atractiva, para cualquier fan del género “series”. La combinación de la belleza de las locaciones, el elenco y la música (superlativo Angelo Badalamenti), sumada a todos los secretos  que escondían siempre algo peor, y a un par de escenas oníricas y surrealistas, crearon un impacto visual difícil de explicar. La sensación era la de estar frente a algo que era reconocible en estilo, pero cuyo ritmo y clima difuso la hacían demasiado vanguardista, incluso para 2017. "Twin Peaks" era más que la continuación de un clásico. Y al mando de todo estaba  David Lynch, con 71 años y total libertad creativa, repasando  sus obsesiones estéticas, temáticas, e instalando momentos que incluso nos remitían a otras obras de su filmografía.


Uno de los puntos altos de todo el visionado, fue cómo logró un efecto emocional duradero en la audiencia a través de buenos momentos de silencio, de letargo, con largas escenas en las que sólo nuestros sentidos eran desafiados, no nuestra comprensión lineal de una trama en desarrollo. El suspenso fue  efectivo presentado a través de la calma. Otro unto relevante fue la gran cantidad de momentos incómodos en los que los personajes no hacían nada porque estaban atrapados en un trance mental que jugaba con su moralidad y los llevaba, incluso,  a la locura. Hubo capítulos realmente antológicos, como los primeros 15 minutos del tercer episodio, que describían un hermoso viaje entre dimensiones, o  el cuarto episodio, el que fue pura comedia y con un momento brillante dedicado a Marlon Brando (en la piel de Michael Cera); o aquel emotivo, dedicado a la figura de David Bowie, y así podríamos seguir descifrando el por qué cada capítulo fue un viaje de sensaciones, al que estuvieron invitados una gran cantidad de músicos reconocidos, los que terminaban cerrando cada capítulo y dejando las emociones por lo alto. Era difícil olvidarse del episodio, trascendía por la emocionalidad que provocaba en cada cual.



El clásico relato del director, con identidades disociadas, con estructuras que se repiten  y tiempos que no  corresponden, sentaron las bases del mayor fenómeno televisivo del año. ¿Vamos a decir que fue la serie del 2017?, los fans estudiosos de la estructura fílmica dirán que sí, sobre todo aquellos que gustan de la ciencia ficción pues están más acostumbrados a este tipo de recursos que, sin embargo,  Lynch jamás dará por sentado. pero también quedaron en el aire elementos más perturbadores. ¿Por qué la carta de despedida de Diane a Cooper está firmada como de Linda para Richard?. ¿Dónde nos situamos, en el final,  a nivel narrativo y existencial?, esa es la angustia que rodea todo este viaje llamado "Twin Peaks": la desesperante idea de que la persecución será eterna,  un viaje sin destino conocido a través del tiempo y donde cada parada obedecerá a una lucha entre el bien y el mail y sabemos que, en el universo de Lynch, el Mal siempre corre con ventaja.
Toda esta temporada fue un verdadero capricho del director, hasta su rol como jefe del FBI, sin embargo, en el global del análisis, todos los elementos inconexos corresponden a su libertad descontrolada, la que jugó con las audiencias y desafío a todo lo que la actualidad señala como “conocido” en el mundo de las series de televisión. Ya por eso, salió ganadora.

"El buen arte sólo genera preguntas".

domingo, 10 de septiembre de 2017

Narcos, temporada 3: la apuesta ganadora por un gran comodín

Esta nueva entrega de la serie de Netflix se basó en la frenética persecución entre la policía y los malvados del Cartel de Cali, sin el protagonismo de la figura de Pablo Escobar. ¿Valdrían la pena estos nuevos capítulos?, ¿Podría la serie sobrevivir sin el personaje de Escobar?, la respuesta es sí, porque la tercera temporada fue la reafirmación de que esta propuesta es totalmente adictiva.

Tiroteos, violencia, el bien y el mal, el crimen. Todo eso ya lo vimos en las temporadas anteriores. Entonces ¿Por qué queremos siempre volver a "Narcos"?, simple, por sus personajes.

El principal, o quien fuera el eje sobre quien giró el guion en las sesiones anteriores, ya no está, por lo que había que delinear arcos argumentales potentes para seres más bien desconocidos para el imaginario popular. A partir de esta premisa, la serie mantuvo su estilo narrativo y en lugar de enfocarse en un personaje grande y dominante, construyó pequeñas historias de varios personajes, a quienes siempre puso contra la pared. Santa Cruz, Pacho Herrera, los hermanos Rodríguez Orejuela e incluso sicarios como "Navegante" y el contador Guillermo Pallomari, se repartieron el hilo dramático, aportando con éxito al crecimiento de la ficción; esto lo consiguieron porque fueron personajes bien construidos, con pasta, con verdad. Los guionistas han comprendido el cómo mostrar a un ser maldito, sin escrúpulos, pero añadirle el condimento apropiado para que logre empatizar con la audiencia. Un punto alto de la serie.
Siguiendo con los nuevos personajes, probablemente, Jorge Salcedo fue el hombre clave. Este hombre fue el gran comodín de la temporada para hacer olvidar la figura de Escobar. Salcedo (interpretado por Matías Varela) fue la gran sorpresa gracias a su transformación de jefe de seguridad de los  de Cali,a uno de los delatores principales para la captura de Miguel Rodríguez, dando un giro que alejó  a la serie de tantas otras ficciones de capos de la droga que terminaban con sus nombre casi que en un altar. Lo importante en "Narcos" no fue elevar a una figura en particular, sino exponer el negocio de la droga como el gran huracán que despedazó una sociedad.
Otro rasgo a destacar del guion, es la manera en que construyó el in crescendo de la violencia, lo que permitió identificar claramente dos momentos: una primera mitad donde reina el suspenso y se logra tensión, y una segunda en la que la intensidad de los acontecimientos alcanza su pick y nos muestra escenas brutales. Durante los últimos cuatro episodios se producen una serie de ingeniosos giros que desembocaron en situaciones sorprendentes. La dirección es magistral y mantuvo el estilo scorseseano de José Padilha (productor ejecutivo y director de buena parte de la primera temporada) que ya se convirtió en sello de la serie.


Lo mejor de esta temporada fue el manejo de la acción y del suspenso. En casi todos los episodios hubo una misión, una captura, algo que se escondía y que ponía a todos contrarreloj. Otro detalles a destacar fue que la mayoría de los personajes, los buenos y los malos, tuvieron su momento de lucimiento. También resaltamos el siempre filmar en exteriores y con buenos baños de sangre; acá no hubo simpatía por quienes no gustan de ver escenas extremadamente violentas. Punto a favor, también, para su banda sonora, llena de cumbias, vallenatos y salsas.
¿Lo malo? No hubo presencia femenina potente. Y lo otro, es que esta temporada siguió zafando de la historia verídica y ficcionó una gran cantidad de datos y acontecimientos. Este punto puede ser la señal de que, de cara a la cuarta temporada, la serie planteará un vuelo propio.


En el resumen de esta tercera parte, "Narcos" siguió respondiendo a gran nivel. Es una serie para verla en maratón, porque no te cansa, te atrapa, gracias al ritmo inquietante que plantea. La historia del cartel de Cali era poco conocida, por lo que recién ahora puede haber mucho espacio para crecer. No imagino la serie sin esa base, porque tampoco veo otra temporada con el mismo concepto de guerrilla y el mito del Robin Hood paisa. Pero "Narcos" nunca nos prometió eso tampoco, y si lo hizo en algún momento, ya puede zafarse de las metáforas, pues  su compromiso artístico y narrativo ya la posicionan como una de las mejores propuestas del streaming.

sábado, 26 de agosto de 2017

The Defenders: orquesta desafinada

Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist. Los cuatro justicieros de Marvel se encontraron por primera vez en una serie, que buscó acotar los acontecimientos para que no chocaran con los asuntos que resuelven los Avengers. De salvar el mundo, Netflix lo redujo a Nueva York, en una historia que cifraba altas expectativas y que no sale del todo bien parada.

Cada una de las series que hemos visto de Marvel/Netflix ha tenido su propia identidad. “Daredevil” es un personaje redondo,  combativo y visceral. “Jessica Jones” es un tre-men-do personaje, pero que centra su veta hacia la investigación. La decepción vino con “Luke Cage” y un tono agridulce nos dejó el visionado de “Iron Fist”. Ahora, la aventura era unir todos esos estilos bajo un mismo relato. Menuda tarea. ¿Qué arista elegir para enraizar el resto de las historias y así crear una trama atractiva?. La respuesta fue La Mano, organización que ya había aparecido en  las series de Marvel para Netflix. El escoger una entidad colectiva como enemigo, más que un único villano, le daba a la historia un tono de seriedad mayor, es decir, los justicieros se enfrentaban a algo más grande que ellos por sí solos. 

Es muy complicado ejecutar una serie colectiva que se toma de producciones individuales. Hay que tener en cuenta una enorme cantidad de detalles para que los seguidores no se pierdan. En este apartado, hay que reconocer que el guion hizo una buena labor en la minuciosidad, pero aquellos espectadores que no habían visto las series individuales partían con desventaja, pues hay referencias, comentarios, diálogos, que vienen de antes y que son pilares de esta nueva historia, a diferencia de las películas de “Avengers”. Los Vengadores no está construida sobre las películas anteriores, su trama no implica conocer lo ocurrido en todas ellas. Entonces ¿Es “The Defenders” una serie hecha para quienes premiaron las series de los 4 justicieros de Netflix?. Difícil pensar que exista tal generosidad, pero que la historia sólo sea contada en minierie le da puntos a esa teoría.


No será hasta el episodio 5 que comenzaremos a ver un ritmo más ligero. Y en esto, resulta fundamental el actuar del personaje que mejor sale parado de este intento: Daredevil. Matt Murdock es el superhéroe más experimentado, el que calza con la definición más pura de "héroe" de cómic. Murdock no solo tiene que lidiar con La Mano y sus conexiones emocionales, sino que también tiene que andar con cuidado de que no quede al descubierto que él es el demonio rojo de la Cocina del Infierno.  Por otro lado, Daredevil tiene intereses más complejos con la trama que se presenta y eso lo hace correr más riesgos y tomar decisiones más complicadas. Su arco está muy bien construido y claro, al contrario de Luke y Jessica que no saben qué tienen que ver con esto, más que el cliché de que “hay que salvar Nueva York” (porque el mundo lo salvan los Avengers). Y desde aquí, los 3 últimos capítulos son 100% predecibles. 

Punto aparte para Sigourney Weaver. Cuando se anunció que se sumaba al proyecto como villana principal era obvio pensar en un aporte a la historia y en un personaje de peso. Weaver era la líder aparente de La Mano, la que ejecutaba el plan de destruir Nueva York. A pesar de ser un fichaje bomba, el personaje es una decepción mayúscula y sus comparsas villanos no tuvieron carisma suficiente para potenciar la trama; por otro lado, y lo que es peor, los combates que nos mostraron son los peores de todas las series: mal coreografiados, lentos, con planos oscuros y llenos de cortes.


En resumen, la serie es entretenida. Empieza con fuerza pero se desinfla al final. ¿Muchas expectativas? Puede ser, aunque eso termina siendo responsabilidad del espectador. Uno de los motivos principales para no tenerla como una de las mejores del año, es que no supieron cómo resolver todo el entuerto y faltó mucha espectacularidad. Me recuerda a la sensación que dejó “The OA” y “Iron Fist”. Hay más fallas artísticas que de guion, aunque es lamentable que Daredevil haya dejado chico el arco argumental de los demás, que son tremendos personajes, pero que no pudieron cuajar del todo bien en tomas mal planificadas y una fotografía plana.
¿Fin de la historia de los Defensores?, ojalá, fue suficiente.

jueves, 20 de julio de 2017

Lo que el Emmys se atrevió a olvidar

No importa qué año leas esto. Todas las temporadas se redacta este apartado porque el Emmys acostumbra a sorprendernos, pero por cometer errores imperdonables. Aquí expongo sólo algunos y, seguramente, se me quedaron afuera varios más.


Rhea Seehorn
El año pasado también la olvidaron. Al parecer, debes generar un impacto rudo para que entres en el círculo de lo que sí conocen los votantes. Porque el hecho de que esté nominada Millie Bobby Brown y no esta actriz, cuyo personaje en "Better Call Saul" le falta muy poco para ser casi protagónico, es una desfachatez.


Eva Green
Serie de culto y una interpretación enigmática. Pocas veces he visto a una actriz con total dominio de su personaje, entregada a sus miedos y defectos con naturalidad. Quedaste fuera Eva, pero no de los corazones que idolatran tu rol inolvidable en "Penny Dreadful".



Kathy Bates
A "American Horror Story" la han nominado siempre, y eso que tiene temporadas para el olvido. Y sé que esa categoría estaba durísima y, difícilmente, Ryan Murphy habría entrado con sus dos proyectos (quedó “Feud”). Pero no nominar a Kathy, por uno de sus mejores trabajos, es demasiado.



Rupert Friend
De los actores de reparto, lo consideraba un fijo. "Homeland" es otra que aburre con sus nominaciones, pero esta temporada fue el personaje de Friend quien se lució y lo dio todo, hasta el final. Seguramente, este actor no tendrá otro papel como este en su vida, y podría haber sido reconocido con una nominación que hubiera tenido mucho sentido.



Justin Theroux
Sólo puedo decir que tenía que estar entre los mejores actores. No logro explicar este desaire. Mientras nominan a Kevin Spacey casi por inercia (y eso que me encanta Kevin), lo de Theroux hace que los Emmys den risa.


Michael McKean
Fue EL actor secundario de la serie. Sin ese hermano, al Jimmy que conocemos le faltaría una mitad y la serie tendría otro tono. Su labor fue extraordinaria, la escena en el colegio de Abogados fue antológica y el final de temporada es protagonizado por McKean, por todo lo alto. La no- nominación asoma como una gran injusticia.


Ed Harris
La serie arrasó con las nominaciones, pero dejaron fuera a lo mejor que tiene. No se comprende que en la lista de secundarios aparezca, por ejemplo, un repetido Mandy Patinkin, en desmedro de un Harris muy relevante y que refrescaba la categoría.




Bojack Horseman
Entiendo que nominen por siempre a "Los Simpson", pero la serie de Netflix no puede seguir sin reconocimiento, ya por tercer año. El episodio "Fish out the Water" fue uno de los mejores de todo el año en una serie, extremadamente agudo y fantasista, con un guion por sobre la media, que le dio total importancia a la acción por sobre el lenguaje. No se comprende.



The Young Pope
A ver. Un director ganador del Oscar (Paolo Sorrentino), HBO de por medio y la dupla Jude Law-Diane Keaton. Está bien, la competencia es tremenda y su extraordinario planteamiento sólo le alcanzó para rasguñar categorías técnicas, lo que asoma casi como un improperio a tanto talento demostrado en una serie muy singular y bien realizada.


The Leftovers
Imperdonable. Fue olvidada en todas las categorías (excepto la participación como invitada de Ann Dowd). Carrie Coon debía estar como protagonista en drama (si, está por Fargo en miniseries, pero su labor aquí fue magistral). Ni siquiera la ayudó el ser temporada final. Siendo realistas, "House of Cards" no merece estar nominada y tampoco "Stranger Things"!. Este olvido es otra vergüenza para el Emmys.


The Americans
El año pasado se dignaron a reconocerla, después de desconocerla durante mucho tiempo. Y ahora, que logra varias nominaciones en categorías actorales, la dejan fuera de la categoría principal. Pareciera premio de consuelo. Otro imperdonable.




Si tienes otro error, de esos que le deberían dar vergüenza a la Academia, puedes comentarlo….yo ya me apené otra vez.

lunes, 17 de julio de 2017

GLOW: una de las revelaciones del año

Cercana, sencilla y humana. Difícil esperar esas características de una serie que refiere al mundo de la lucha libre, uno de los negocios “deportivos” más prolíficos de Estados Unidos, y que marcó toda la década del ’80 y a muchas generaciones. Sin embargo, “Glow” lo usa como trampolín y termina presentándonos un grupo de mujeres que sólo busca una segunda oportunidad.


Netflix tiene en su parrilla casi todos los documentales que comentan la historia de este deporte-entretenimiento, incluso aquel que muestra cómo fue el suceso del verdadero “Glow”. Porque en los ‘80, efectivamente, hubo un grupo de mujeres que protagonizó el programa Gorgeous Ladies of Wrestling (GLOW), llevando la lucha libre femenina a la televisión; eran actrices, modelos o deportistas que buscaban un lugar en el mundo del espectáculo, mismo panorama que ofrece el guion de esta serie que Netflix estrenó en junio, y que está producida por Jenji Kohan, creadora de “Orange is the New Black” y “Weeds”, y que fue idea de Liz Flahive y Carly Mensch, dos guionistas de “Homeland” y “Nurse Jackie”, es decir, un trío que se especializa en fabricar historias de mujeres potentes para la pantalla.

Una de las cosas buenas de “Glow” es que mantiene bastantes similitudes con OITNB; la influencia de Kohan se siente de principio a fin, principalmente en lo que refiere al rápido conocimiento e identificación de la estructura de los personajes, y el hecho de  concentrarse fuertemente en la trama central, sin dejar espacio a las sub-tramas que no aportan a la principal. Eso ayuda a enganchar y avanzar. Otro detalle sorprendente es el  elenco variopinto que presenta la serie, pero que pone el acento en dos personajes: Ruth Wilder (Alison Brie) y Sam Sylvia (Marc Meron), dos personas que comparten características, como tener marcada la impronta del “fracaso” y la supervivencia. La otra en discordia es Debbie, quien ha tenido una vida más privilegiada que la de Ruth y Sam pero, así y todo, no ha logrado sentirse feliz con ella misma. Y el rico elenco de secundarias completa una oferta que, al segundo capítulo, ya te tiene completamente atrapado. Hay mucho potencial en personajes como Tammé, la Reina de los Subsidios, o la mujer loba. Este grupo cumple con la función de denunciar el tratamiento, lleno de clichés, que se les daba a estos grupos (indios, negros, asiáticos, borderline) en la televisión de los '70 y '80.

Allison Brie está excelente en la interpretación de esta aspirante a actriz que, cada día, despierta sin saber qué quiere hacer con su vida, mientras que el comediante Marc Meron logra que la audiencia simpatice con este patán, director de películas B, que acepta este proyecto con la esperanza de financiar su siguiente film. Otro acierto es que los episodios duran sólo media hora (salvo el piloto) y cada uno de ellos estaba perfectamente editado, ya que los cierres dejaban el capítulo por lo alto, permitiendo que pudiera ser visionada como maratón. Lo negativo de ello es que no queda suficiente tiempo para conocer a todas las luchadoras, pero eso da pie para pensar que habrá otra temporada que resuelva eso (aunque últimamente, Netflix anda cortando proyectos como loco).




Del guion, no sorprende que sea la humanidad de la historia y la simpleza con la que se cuenta, lo más destacado. La producción se observa mínima y, sin embargo, deja un agradable sabor de boca, y muchas ganas de ver más escenas como aquella en que Ruth y Debbie, finalmente, se enfrentan en el ring bajo la incomparable melodía de  “Invincible”, de Pat Benatar. Gran momento.
También es muy emotivo el capítulo que es dedicado al Chavo Guerrero Jr. (luchador retirado que entrenó al grupo en su preparación para la serie).


“Glow” no es una absoluta maravilla y, claramente, no pretendía serlo. Lo que sí es innegable es su potencial y las aristas que tiene para seguir creciendo. Es muy amena, está perfectamente ambientada y no abusa de la nostalgia que genera (sobre todo a los fans del wrestling que, sin duda, recordaron toda su infancia en cada episodio y a Hulk Hogan, en particular). La serie se disfruta y  respira los ’80, algo que Netflix busca en sus series tipo “apuesta”.
Los créditos, llenos de neón y letras kitsch, y una banda sonora poderosa, con “The Look” de Roxette, “Under Pressure” de Quenn y Bowie  e “Invincible” de Pat Benatar, y de ahí hacia arriba.

Sin duda que esta serie es una de las revelaciones del año.




A más de 30 años del debut de la verdadera “Glow”, todavía se debate si ésta empoderó o explotó a las mujeres que participaron de sus cuatro temporadas. La serie toca ese tema superficialmente, lo que también da pie para pensar en una segunda temporada.
Pero no vayan a pensar que sólo los fans de la lucha van a disfrutarla, claro que no. Los que son ajenos a este deporte deben darle una oportunidad, más aún, considerando el tridente femenino que está a cargo de la producción y guion.