sábado, 13 de octubre de 2018

Better Call Saul, temp 4: el mejor producto dramático del año


La historia del carismático abogado de Walter White ha sido tan atractiva como la serie madre, aunque más oscura y con menos acción. Sin embargo, en eso radica la magia que ha sostenido a "Better Call Saul" en sus cuatro temporadas: en sugerir más que en mostrar, haciéndose adulta, libre de comparaciones y con la posibilidad de servirse la temporada de premios, porque su producción dramática está a un nivel superlativo.

Hemos llegado a un punto en donde muchos estamos empezando a  resignificar "Breaking Bad". Porque finalizada la cuarta temporada de “Better Call Saul” estoy dudando de seguir llamándola un spin-off (lo es), porque ha alcanzado tal solidez que ya es capaz de caminar completamente sola, marcando tiempos que la podrían poner en situación de premios. Hemos llegado, en esta sesión, a la fundación de ese Albuquerque conocido por sus laboratorios y antihéroes sin moral.

¿Se acuerdan de esa última conversación entre los hermanos McGill?. La inclusión del hermano mayor en el desarrollo del personaje de Jimmy fue tan acertada, que creíamos que sin Chuck se perdería un eslabón que apuntaló al menor ante la audiencia. Sin embargo, su muerte no causó gran resquemor en Jimmy y decidió que era una mochila que no quería cargar. Asesinando a Chuck en su memoria, de alguna manera también mató al Jimmy que conocimos los tres años anteriores.

A diferencia de otras series que se llenan de nuevos personajes, en esta cuarta sesión "Better Call Saul" necesitó de sus 5 ó 6 habituales para ser relevante, siendo Kim la reina absoluta gracias a un desarrollo psicológico complejo. Tal como lo escribió el director Guillermo del Toro (completamente rendido ante la serie) ella fue la clave, jugando un rol fundamental en este inicio de transformación hacia Saul Goodman. Tras luchar contra su ética, Kim se vuelve aliada de las trampas de Jimmy, sin darse cuenta cómo esto dañaría su relación. El inicio del capítulo 7 enfatizó perfectamente ese apartado de la trama.

Paralelamente, las historias de Mike (Jonathan Banks) y Gustavo Fring (Giancarlo Esposito) siguieron progresando hacia "Breaking Bad". Mientras el primero trabajó junto a los criminales y mostró su sangre fría asesinando en plena noche (en una toma de fotografía brillante), el segundo extendió su poder  destruyendo a los Salamanca y construyendo la futura fábrica  donde trabajará White. Ambos arcos dramáticos se diseñaron para poner a los personajes en ruta hacia la serie madre pero sin prisa, con narrativas superlativas de un guion pulido y trabajado que amagó constantemente con presentarnos a Saul y haciéndonos temer por el futuro de Kim (qué impactante estuvo Rhea Seehorn, deben nominarla a todos los premios sin excusas). Juego psicólogico perverso de los creadores!


En cuanto a la puesta en escena, continuó la alta factura en todos los niveles, e incluso  cuesta señalar cuál fue el mejor capítulo de la temporada (el año pasado escogí a "Chicanery" como el que secundó al grandioso "Twin Peaks"). "Smoke" y ese inicio cargado de tensión, cada segundo es un nudo en la garganta. "Breathe" tuvo el mejor diálogo de Kim defendiendo a Jimmy ante Howard. "Quite a Ride" es mi favorito y está lleno de guiños a BB, sobre todo por ese blanco y negro de absoluto dramatismo y tensión. "Something Stupid" estuvo cargado de emoción y con una secuencia de inicio fantástica. "Piñata" mostró a Jimmy tomando el control y urdiendo un plan para vengarse de esos pillos que le jodieron su negocio de celulares y "Winner" también se pelea los honores. Cada uno de ellos se lució con encuadres perfectos, armados para ser más fuertes que las palabras; una fantástica fotografía, que siempre buscó ensombrecer; un rico lenguaje audiovisual puesto al servicio de la historia más un grandioso uso de los silencios y del ruido ambiente, sin necesidad de tener que musicalizar las escenas; el montaje bordeó lo insuperable (nuevamente el episodio 7 es digno de todos los reconocimientos). Pero la joya principal es y sigue siendo el manejo constante de la tensión. Una genialidad magnánima a nivel de producción.

Vince Gilligan y Peter Gould no se apartaron demasiado del universo que crearon, pero lo encararon desde otro ángulo y con tópicos más humanos, golpeándonos donde más nos duele. Cuando Jimmy logró recuperar su licencia de abogado y anuncia que regresará a los negocios turbios con un nombre falso, queda develado el clímax del mejor drama del año, el mejor confeccionado, el mejor actuado y el mejor psicológicamente trabajado. El rictus confundido de Kim y el "It’s all good, man" nos pusieron ante la posición que todos veíamos venir. Los últimos 2 minutos de la temporada fueron un golpe directo al mentón,  porque nos señala que el genial Jimmy McGill se ha ido en busca de una quinta temporada de definiciones.



martes, 31 de julio de 2018

Glow, temporada 2: Sin conteo de 10


Las chicas que se convirtieron en reinas de la temporada de series gracias a su propuesta innovadora y profundamente humana, empujaron una segunda temporada que demuestra que los éxitos  sorprendentes pueden forzar las decisiones más arriesgadas, como lo es el estirar los episodios mientras se repiensa la idea inicial.

Liz Flahive y Carly Mensch, creadoras de la serie, sabían que no la tenían fácil. Una historia como la que cuenta “Glow” debía desarrollarse con el tono adecuado y un elenco que la sostuviera sin caer en la caricatura ni la pose. Ya sabemos que “Glow” fue un fenómeno televisivo en los ’80, mostrando lucha libre femenina, por tanto, estábamos ante una propuesta para nada delicada.
“Glow” llegó en uno de los momentos sociales más intensos de empoderamiento femenino, lo que parece ser la respuesta al crecimiento de sus personajes en vetas más personales  y más alejadas del wrestling. Estaba dada la posibilidad de hacer crecer el arco narrativo  para desplegar el potencial argumental, el cual también tenía otro objetivo muy claro: dejar la puerta abierta para una tercera temporada. La duda era si este tránsito iba o no a desgastar la propuesta.

Así pasaron los 10 episodios de esta segunda sesión, poniendo sobre la mesa discusiones sobre sobre el panorama laboral, el acoso sexual sin disimulos,  el lesbianismo y la igualdad de género. Con mayor o menor suerte, lo que es indiscutible es que el inexperimentado reparto ha sabido llenarse de loas. Ya demostraron saber dar buenos golpes en el ring, pero en esta nueva entrega evolucionaron y consolidaron sus interpretaciones. Los personajes siguen burlándose de sí mismos, al  tiempo que iban generando una especial fraternidad. En el apartado de los actores, muy llamativo fue el tratamiento que tuvo el personaje de Marc Maron, el cual se sumió en una inmersión compleja. Sam fue menos Sam a medida que iban pasando los episodios. Por otro lado, los que pensábamos que Liberty Bell había superado la infidelidad de su marido, estábamos equivocados; la herida fue profunda y Debbie se mostró vulnerable, vengativa, frustrada y débil; en este torbellino emocional, que la tuvo sumida en constantes cambios de ánimo, terminó tomando decisiones y haciéndose dueña de su propio camino, lo que no habría podido lograr si no hubiera tenido en frente al tremendo personaje de Alison Brie. Es impresionante el desplante que Ruth tiene en pantalla, en el escenario y bajo el mismo. Ha demostrado que la comedia le acomoda en demasía, y que acompañada del otro pilar fundamental de la serie (Marc Maron), son un dúo complejo pero que se atrae. Hasta el momento no olfateamos que se vayan a confundir los sentimientos, algo que no quedó del todo claro en los últimos 3 episodios, pero que tampoco creemos necesario.



Por el lado de las chicas, si bien supimos algo más del resto de ellas no existió el gran paso ninguna. Ese es uno de los  fallos de la temporada, pues  mantener el peso de la serie en sus dos protagonistas, que ya conocimos muy bien en la primera temporada, quita interés en un clan muy bien dibujado y que está en la banca esperando entrar a la cancha. La que más nos mostró fue “la reina de los subsidios” (Kia Stevens, luchadora profesional en la vida real y que trabajó en la WWE y TNA), pero la historia con su hijo no se desarrolló. Del resto, Yolanda, la luchadora lesbiana, es otra que podría poner otro acento en temáticas de total actualidad.  Por otra parte, los hombres de “Glow” adquirieron  pinceladas más profundas, pues el director debió enfrentar una inesperada paternidad de una adolescente y que nos mostró un lado dulzón de Sam, mientras que Bash tuvo que enfrentarse a la tragedia de la pérdida de un amigo más que especial. Lo complicado es que, mientras vemos que la historia de Bash podría darle más dimensión al personaje,  la de Sam podría estancarlo en un estereotipo romanticón que su personaje no necesita, insistimos en eso. Ojalá lo mediten muy bien en el guion.

Por el lado de la ambientación, la segunda temporada mostró mejor manejo de recursos, mejores trajes y producción, manteniéndose el sello humano que la hizo tan visible en su temporada debut.
Lo que más respaldó las dudas que nos dejaba el guion, fue que los capítulos son de  corta duración. Y en ese aprovechamiento del tiempo, resaltó absolutamente el octavo episodio, probablemente el más innovador al colocarnos como un espectador habitual del espectáculo. El montaje potenció el lazo de las historias de estas mujeres  con los combates, y para quienes somos habituales espectadores de RAW y SmackDown y crecimos con los combates de tantas leyendas, el haberse posicionado delante del televisor de los años ’80 fue muy gratificante.

Ahora,  contrariamente a lo que podría pensarse de una ficción de lucha libre, “Glow” pecó, en esta segunda temporada, de un ritmo lento. Por más temas ochenteros y reconocibles que fuera la excelente música escogida, con mucho break dance incluido, la trama se hizo esperar, siendo adornada por esa necesidad de los estadounidenses de transformar todo en un show. Ahí fue donde cayó en la misma tentación de “The Handmaid´s Tale”, donde la segunda temporada se vuelve  solo un puente para cruzar hacia una tercera, en la cual, “Glow” debiera mejorar en aspectos donde tiene gran amplitud para hacerlo; si tienes solo media hora por capítulo, pues ve al grano y agiliza las tramas, y si quieres lucha libre propiamente tal, lamento decirte que ésta solo podría ir quedando como la excusa para desarrollar más dramas que alegrías en la vida de estas mujeres, y donde el derrotar los estereotipos tan actuales se puede ir convirtiendo en la verdadera batalla. Esa es una de las cosas que hace a “Glow” tan especial, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una ficción ambientada hace más de treinta años.

martes, 17 de julio de 2018

The Handmaid’s Tale, temp 2: transmutar la desesperanza


La serie de Hulu utilizó los mismos ingredientes  que le consiguieron alabanzas y premios en la primera temporada, pero esta vez con un guion más lento y confuso, lo que dio la sensación de querer estirar la historia para forzar una tercera temporada. Con los aires feministas cubriendo el mundo, el guion quedó corto.

Globos de Oro y muchos Emmys, entre ellos, los de mejor serie dramática del año. Un gran examen tenía que dar “The Handmaid’s Tale” en su segunda temporada, tras llenarse de elogios en 2017. Interpretaciones soberbias, iluminación artística, dirección cuidada y  una historia asfixiante y sorprendente,  mantenían la calidad visual de este futuro distópico llamado Gilead. Sin embargo, y con sorpresa, constatamos que esta segunda temporada se perdió, durante un buen rato, en la pereza.
Los primeros episodios fueron solamente recordar todas las desgracias a las que fueron sometidas June, Emily, Moira y las demás, pero con June solamente en la lucha por  su propia supervivencia, tras los intentos fallidos de  huida. Estos nuevos capítulos se desmarcaron del libro de Margaret Atwood, aunque ella participó en la confección de los guiones para que fueran coherentes con su visión de Gilead, sin embargo, y a pesar de su agudo ojo, la historia fue una madeja que mezcló pasado y futuro en desorden, a la vez que se introducían nuevos personajes de los cuales no supimos, hasta muy avanzada la historia, su verdadero valor. Un ejemplo claro es el de Eden, cuyo objetivo se devela casi al final y le da sentido a lo observado antes.

Pero el problema no es de la serie propiamente tal, es de la gran historia que nos presentaron y cuya vara quedó en un nivel difícil de igualar. Los actores y personajes se repetían pero en una trama más reposada, llena de monosílabos, primeros planos, silencios largos, imágenes oscuras. En los primeros episodios (los más débiles, sin duda) nos mostraron a una June altiva y con guiños de rebelión, los que fueron aplacados por la fiera Serena, estableciéndose una relación que sería el sostén de la temporada. “Hemos tenido demasiado la una de la otra” le recalcó la dueña de casa cuando le comunica que, tras el nacimiento del bebé, deberá marcharse.

La tía Lidia siguió siendo  protagonista pero perdió peso y autoridad, lo que diezmó su particular carácter y le quitó continuidad a la historia. Ahora se notó más cercana a las criadas, como que hasta les tomó cariño, lo que fue otra evolución difícil de comprender ante la altivez y tiranía expresada en la primera sesión y que le valió merecidos reconocimientos a la gran Ann Dowd. Pero las verdaderas protagonistas siguieron siendo June y Serena, esta última explotando en un gran potencial. Yvonne Strahovski le da un sello vibrante a su personaje de mujer dura y alimenta perfectamente esa relación tormentosa con June, la que se suaviza abruptamente cuando nace el bebé. Su revelación nos acercó a  esos momentos en los que a la mujer la mueve la compasión y  la sororidad.


En el apartado técnico, la serie mantuvo el tono tétrico y los planos fueron más allá; en esos primeros planos se buscó visualizar el lado más  impactante del miedo. El vestuario siguió en  la línea ya conocida, mientras que los flashbacks fueron herramienta constante para observar y recordar cómo era la vida de June y las demás, tratando de establecer ese paralelo entre el ayer y el ahora. Hay que reconocer que la temporada toma vuelo muy avanzada la sesión, lográndose episodios de buen nivel. El octavo, llamado “El trabajo de las mujeres” da indicios de que la fachada de Gilead comienza a resquebrajarse. El hecho de que Serena compruebe que no es inmune a la crueldad con la que se trata a las mujeres le provoca el shock que dará vida a lo que ocurre desde este capítulo y hasta el final. Otro episodio muy difícil y violento es “La última ceremonia”, donde la violación de June no es la escena más dura, sino que el reencuentro con Hannah, donde en pocos minutos se exploran las heridas más profundas del corazón, las recriminaciones y las dudas sobre el futuro.

"This Woman's Work" de Kate Bush, "Going Back to Where I Belong" de Sugar Pie De Santo, o "Go!" de Santigold, fueron algunos de los temas que barnizaron el ritmo de una entrega que fue una agonía lenta al principio, pero que se tornó más ágil al final, manteniendo su oscuridad y transmutando la desesperanza.

Por momentos emanó la sensación de que los guionistas de la serie dudaron sobre si convertirla en la historia de una gran fuga o si seguir la línea de la novela de Margaret Atwood, pues, al mismo tiempo, está Donald Trump en la Casa Blanca y la extrema derecha ganando peso en Europa. Quizás fue esa indecisión la que motivó una primera parte lenta y una segunda (los últimos 5 episodios) más extrema, violenta y concluyente, con respecto a la debilidad de la democracia y al papel reaccionario que las mujeres deberán tomar. Y la escena final es decidora al respecto.

La Biblia llena de anotaciones de la joven Eden, y que fue encontrada por June, es la señal de algo nuevo. La tercera temporada fue confirmada con la serie aún al aire (un guiño a las críticas que la estaban destruyendo), lo que nos da esperanza de que la rebelión viene (supuestamente). Considerando la oleada feminista, la tercera temporada no debiera mantener el peso del sufrimiento en las mujeres y debiera darles a los hombres (ausentes en protagonismo) la responsabilidad de la reflexión. Si el empoderamiento femenino existe en el mundo real, una serie como esta debiera reflejarlo y ya se acabó el tiempo para la espera.

domingo, 3 de junio de 2018

The Americans, temp final: Perdiéndolo todo


Joel Fields y Joe Weisberg, los showrunners de “The Americans” no son rusos, pero parecen haber recurrido a toda la tragedia emocional de su literatura para construir el fin de una de las mejores series de estos últimos 5 años. Este final no dejó cadáveres ni tiroteos, pero dejó el corazón del matrimonio Jennings completamente roto. 


Suena "Dont Dream It's Over" de Crowded House y un par de carteles anuncian el estreno de “Wall Street”. Así partió la sexta y última temporada de “The Americans” delatando con la canción y las películas, que entre la sesión anterior y ésta habían pasado tres años, y con el transcurrir de los episodios íbamos a captar cuánto había cambiado todo en la pareja de espías soviéticos. Desde el inicio, hace cinco años, la historia protagonizada por Keri Russell y Matthew Rhys, como un matrimonio de espías rusos infiltrado en el Estados Unidos de final de la Guerra Fría, ganó adeptos acérrimos en la crítica especializada y una inesperada actualidad ante las noticias sobre las relaciones del entorno de Donald Trump con el régimen de Vladímir Putin. Más allá de los eventos políticos, lo que siempre importó en “The Americans” fueron los lazos que unieron a la familia Jennings, los que los llevaron a matar, engañar, conspirar en pos de un objetivo  ideológico. Y la empatía ocurrió. Si bien el contar una historia de espionaje ruso-norteamericano no sea tan interesante, considerando la amplísima oferta seriéfila de hoy, la historia de los Jennings conectó y los guiones siempre contaron la historia de dos personas, aunque con el paso del tiempo, la trama dio para la evolución de otros personajes.


Stan, ese amigo fiel
Estar al tanto del accionar del FBI era fundamental para el objetivo de los Jennings en Estados Unidos, y escogieron a Stan (Noah Emmerich) como su blanco y así Entablaron una amistad que incluía tardes de cerveza y una relación sincera hasta con los hijos. Si bien “The Man” pudo haber descubierto mucho antes quiénes eran los Jennings (el guion no lo deja muy bien desde ese punto de vista), y sus sospechas solo fueron evidentes en la temporada final, esa “muerte” de la amistad y el develo de la traición se producen cuanto Stan los enfrenta en ese estacionamiento. La verdad y los reproches hirieron más que todas las balas que los Jennings dispararon en toda la serie. La escena no duró más de diez minutos y sólo tuvo  dos interlocutores, con  intervenciones más cortas de las otras dos, pero que dieron más esencia a la tensión de sentirse descubiertos por esa persona que siempre les actuó de buena fe. La sensación de Stan de saberse traicionado y de tener razón en sus sospechas  contrastó con el alivio de Philip, porque ya no habría que mentir más. Finalmente, este momento le dio la reafirmación, peso, a esa verdadera amistad, y  fue solo ese valor el que les permitió cumplir su plan de salir del país de manera clandestina y no ser detenidos por este agente del FBI engañado. Sin embargo, el momento en que Philip le pide a Stan que cuide de Henry es uno de los tremendos golpes emocionales del capítulo; todo lo político queda atrás, finalmente la miseria humana y la sensación de estar perdiéndolo todo afloró en su magnitud, helando nuestros huesos y señalándole a Stan que ahora tiene otra responsabilidad heredada de esta amistad sincera.

El factor Paige
Al principio parecía riesgoso incluir una  evolución del personaje de Paige (Holly Taylor), la hija adolescente de los Jennings. Finalmente, el guion planteó que una vez enterada de la verdadera identidad de sus padres, comenzara un acercamiento con la patria de ellos y se le fueran planteando cada vez más contradicciones con su país de nacimiento. Y si bien decide aventurarse en el mundo del espionaje, (sus padres le presentaron una fachada demasiado idílica de su trabajo),  fue obvio que nunca estuvo convencida del todo y que el hecho de dejar a Henry significaba un precio demasiado alto para alguien que no tenía una real conexión con Rusia. Su imagen sola en el andén, mientras sus padres entran a Canadá en un tren que no va a detenerse es brutal, de una sinceridad conmovedora, aplastante. Sin duda que el matrimonio hubiera preferido que Stan les hubiera disparado antes de patentar que su familia estaba rota, que su hija había decidido quedarse en su país de nacimiento, sin que el guion nos de pistas de qué camino va a seguir. Otra duda que quedó sin resolver fue la de Renee, y si era o no una espía soviética. Philip se lo desliza a Stan  para evitarle futuras frustraciones, pero le clarifica que no está seguro del todo y nosotros tampoco lo estamos.

La música fue otro factor importante en la serie, pues fue utilizada como herramienta evocativa para hacer avanzar la trama. Fleetwood Mac, David Bowie, Elton John, Talking Heads, Peter Gabriel, U2, Dire Straits entre otros, jugaron un papel clave en evocar la relevancia de la  cultura popular en los hechos que se devenían. Cambios, separación, frío, inquietud, todo atravesó como un puñal a esta historia.



Desde la primera temporada defendí “The Americans” y resultó realmente milagrosa su supervivencia en FX. Lamentablemente, las audiencias fueron siempre bajas y la sensación es que muchísima gente se perdió la oportunidad de disfrutar un producto de alta factura. La última temporada nos dio mucho a nivel humano y equilibró el bajón que hubo en la anterior, porque el retrato que se hizo de Elizabeth, sobre todo, fue realmente impresionante. Ella fue la dueña de la temporada final y la más castigada tras este doloroso fin. No fue a la cárcel, no murió, regresó a Rusia viva junto a Philip, pero claramente regresaron habiéndolo perdido todo.

Un final de serie inspirador. Ese “nos acostumbraremos”, en ruso, que pronuncia Elizabeth mientras mira su país desde un puente solo denota la desesperanza que teñirá su nuevo destino. Por más vidas que haya quitado este matrimonio, por más sangre que hayan derramado de otros, finalmente, fue la propia sangre la que los castigó y será el dolor más grande que deberán cargar.

domingo, 6 de mayo de 2018

Homeland, temp 7: más fresca y relevante que nunca


A quienes la abandonaron después de su tercera o cuarta temporada, es deber señalarles que se están perdiendo la serie más consistente del momento. Considerando la actualidad mundial que ha tomado, como bastiones políticos, la paranoia y el sesgo mediático, expresado a diario en las redes sociales y leído, con lucidez, por los guionistas, su posición es inmejorable para develar la oscuridad que hay detrás de aquello llamado "inteligencia".

“Sin Nick Brody no hay serie”. Mucho se leyó de aquello en el pasado de “Homeland”, una de las series más premiadas de la última década y que acaba de finalizar su 7ª temporada. Las anteriores, nos mostraron a la patriota Carrie Mathison instalada en medio del conflicto palestino-israelí, dirigiendo la inteligencia en Medio Oriente y, luego,  trasladándose a Europa cuando la maternidad le hizo el ruido de buscar una vida más normal para su hija. Porque en “Homeland” nada es normal si debes luchar contra los enemigos de Estados Unidos.
Es cierto que hubo temporadas flojas, pero la anterior y en ésta que acaba de terminar, hay  nuevos aires que han refrescado el guion y que le dieron nuevo impulso a la historia, aprovechando los rincones más repugnantes de internet para lograrlo. Gracias a los dos ejes ensamblados en el guion (la paranoia y las fake news), la propuesta nos entregó una temporada excelente, con momentos dignos del mejor cine clásico de espías. ¿Fue demasiado loco crear a un provocador de internet, como O’Keefe, o que Twitter fuera revelado como plataforma para echar a andar una misión contra Estados Unidos?. No, no es nada loco. Menos en un mundo en el que Donald Trump es presidente. 


Más que nunca, "Homeland” le hizo justicia a su nombre y nos permitió reencontrarnos con lo mejor de la serie: un argumento que exprime la actualidad con un prodigioso sentido de la oportunidad. Alex Gansa y Lesli Linka Glatter hicieron un trabajo brillante en su interpretación de la política actual y de las nuevas relaciones que se están instaurando entre países; nos propusieron otra vuelta de tuerca y el resultado no defrauda en absoluto.
Observamos una administración dividida y una revolución en aumento, pero también nos mostró la vengativa cacería de brujas que habría dentro de las propias agencias. Saul Berenson y Yegveny Gromov (gran trabajo de Costa Ronin, quien también lo está dando todo en "The Americans") estaban dispuestos a sacarse los ojos. 
El guion siguió desarrollando el concepto de las fake news (noticias falsas) y los turbios movimientos de poder, para dejar en claro que esto está movido por muchos intereses, económicos por sobre todo. El capítulo 4 (“Like a bad at Things”), dirigido brillantemente por Alex Graves, o el capítulo dedicado a Twitter, instalan la idea de que Carrie terminará muy mal; cuan hombre araña, aparece siempre aferrada a los dos extremos del tren, esforzándose, de manera  heroica, para mantenerlos unirlos. A pesar de declarar que estaba tomando sus medicinas y que había abrazado la maternidad, nada impedirá que ese sentido de la responsabilidad para con su país la ponga en un tremendo riesgo, al punto de trepar un edificio para ir por su objetivo, al punto de ser tomada prisionera, al punto de entregar la custodia de su hija, al punto de perderse como ser humano.


Pero el guion también ganó con la incorporación de secundarios potentes, los  que tomaron un control de la trama y que aportaron a que  cada episodio se viera como la orilla del precipicio, con la conspiración siempre presente. Al final, no solo el futuro de Carrie está en riesgo.

Ganadora de los Writers Guild Awards, los  Emmys, los American Film Institute, los Critic’s Choice Awards, el Globo de Oro. “Homeland” se enfrenta a la que será su temporada final más fresca y relevante que nunca porque, hoy por hoy, aparece en inmejorable posición para abordar todas estas cuestiones que son total actualidad para las políticas de Estado, y eso la hace más valiosa que antes. 

martes, 1 de mayo de 2018

"Avengers: Infinity War": Quebrados por el pasado


La película causa el mayor impacto emocional en diez años de cine Marvel. Es de trama sencilla, la que  va quitando el aliento hasta dejar solo preguntas al final. Una cinta de superhéroes con letras grandes en lo técnico, pero es en el guion donde los hermanos Joe y Anthony Russo le sacan brillo a la oscuridad del ser humano, la que ya habían retratado con maestría en "Capitán América: The Winter Soldier" y "Capitán América: Civil War".


La película más ambiciosa de Marvel está a la altura de lo esperado. Luego de 18 films, en 10 años, los directores Anthony y Joe Russo han conseguido la historia más relevante de toda la saga. Desde el primer minuto este producto, diseñado para sorprender, empieza a dar vuelta las teorías sobre el destino de los superhéroes a un ritmo sin pausa ni descanso, y aunque hay muchos chistes en el guion, la historia se sostiene en su oscuridad.
Hay que partir comentando que hay una lluvia de personajes que enloquecería a cualquier guionista y, desde luego, al público no muy familiarizado con todas las sagas. Pero quienes la llevan son los actores ya reconocibles a través de estos  personajes que a ellos, también, les han traído mucha fama: Robert Downey Jr. , Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo y Benedict Cumberbatch. A ellos se les unen el resto de las estrellas de los Vengadores, los Guardianes de la Galaxia, de Wakanda, incluso el buen SpiderMan, de Tom Holland. Toda esta vorágine va desenredando una madeja que se desarrolla en distintos escenarios, con estética colorida, mucha acción, humor recurrente y una historia que siempre se presenta intensa, tanto como lo fue "Capitán América: Civil War", la historia mejor lograda si analizamos a cada Vengador por separado. 

Entonces, para salir del problema había que simplificar las cosas aclarando, desde el inicio, el arco argumental, el cual corrió por cuenta de un villano. Thanos, que había estado muy presente en la saga sin haber entrado en acción, por fin salía a buscar las seis gemas del infinito y es él quien lleva la carga dramática. Él es un genocida que cree tener un loable propósito: acabar  aleatoriamente con la mitad del universo  porque los recursos no alcanzarán para todos. Pero la responsabilidad de tener el poder absoluto y de tomar esa decisión, le crea dilemas. De esta manera, Marvel salda una cuenta pendiente y da con el villano que mejor ha delineado.


Ocurren muy buenos diálogos entre Doctor Strange y Tony Stark, produciéndose una balanza interesante entre ambos egos. Capitán América dejará un poco el protagonismo y no cargará con el peso del drama y luchará, en la Tierra, con parte de su team. Visión y Wanda llevarán encima la historia de amor de la película y que provocará uno de los momentos más  dramáticos, mientras que Thor muestra una increíble evolución gracias al buen tratamiento que se le dio al personaje en "Thor: Ragnarok", haciéndolo más cercano. En esta ocasión, Thor estará más volcado al drama, pero el personaje contribuye en muchos otros aspectos al éxito del film. Pero la gran conclusión tras el visionado de "Infinity War", es que nuestros superhéroes están cansados, frágiles, quebrados por el pasado, y miran con rostro incierto y sombrío lo que depara el futuro.

Convengamos que las películas de Marvel no son complejas. Son familiares, aptas, con muchos toques cómicos que salvan más de una escena, junto a la sensación de acción y fantasía que generan los efectos especiales bien logrados. Todo esto se cumple en "Avengers: Infinity war", siendo la única falla el que no existió el tiempo suficiente para solucionar asuntos que habían quedado pendientes entre algunos personajes. Pero tan cerca del final de la saga (Marvel ya anunció que en 2020 se acaban las películas del universo MCU), lo más probable es que sean más muertes que reconciliaciones lo que veamos como cierre de ciclos. De hecho, esta "Infinity War" puede interpretarse como la parte 1 de la película final, cuya última escena es un bien logrado "continuará...".

Desde 2008, Marvel ha lanzado 18 películas, todas con información relevante para entender "Avengers: Infinity War", la que cumple con entretener pero que deja muchos flancos abiertos y más dudas que respuestas. Ni siquiera la escena post créditos (increíble como NADIE se movió de su asiento en el cine esperando esa escena), da alguna luz de lo que pueda ocurrir de cara al film que deberá cerrar 12 años de reencuentros con héroes que han unido a generaciones y que Marvel tiene, en su poder, la posibilidad de darles una gran final. Puede que en la gema del Tiempo esté la solución para salir de semejante embrollo.





¿Por qué Doctor Strange entregó la gema del Tiempo?. Recordemos que él ya vio los posibles futuros...."Tony, es la única forma...".


sábado, 21 de abril de 2018

The Terror: el verdadero terror es el alma humana


La historia de Sir John Franklin y su expedición al Ártico, en 1845, no necesitaba mucha ficción para convertirse en una historia de horror, porque bastaban los sucesos nacidos de la pobreza humana en situaciones límite. Sin embargo, “The Terror” le añade una explicación sobrenatural al misterio de la desaparición de la verdadera expedición Franklin. Y al final, la pregunta es si realmente necesitaba de ese aderezo.

Una expedición para explorar el pasaje noroeste del Ártico. ¿Cuál era el problema?, que aquella ruta nunca había sido navegada y los marinos que se atrevieron acabaron siendo devorados por el olvido. Con esa premisa, Dan Simmons escribió “The Terror”, a la cual supo añadirle una exquisita componente de terror gótico, otorgándole a la niebla y al hielo eterno una dosis de ahogo, de claustrofobia que, llevada a la pantalla, acabaría siendo atrapante para el espectador de este proyecto de AMC. Si a eso le agregamos el soportar condiciones de vida a -50 grados, el que las provisiones se acaban, el que existe una salvaje criatura monstruosa, el que los barcos empiezan a deteriorarse y que las enfermedades aparecen, tenemos un escenario dantesco ideal para que se asomaran los ejes centrales de la historia: la pérdida de la cordura, el volverse unos contra los otros, la locura, el narcisismo, el olvido, el caos, la irreflexión… todo sale a flote en la tripulación de esos barcos y son los puntales de lanza de un guion que se mostró fuerte desde el inicio, con frases como “estamos aquí para preservar la democracia, no para practicarla”.



Resultó curioso que AMC comprara el proyecto, porque es una de esas propuestas caras y que no siempre seducen a la masa, más aún si tras la idea estaba David Kajganich, quien ya había fallado con “Cegados por el sol” e “Invasión”, por tanto, esta era una chance tipo “todo por el todo”. La primera decisión correcta y relevante que tomó, fue contar con los servicios de un gran diseñador de producción: Jonathan McKinstry estuvo a cargo de los escenarios en “Penny Dreadful” y “El imperio del Fuego”, por lo que sabía que con una buena ambientación, el proyecto “The Terror” ya habría ganado mucho. La serie entra por los ojos, asique estaba en lo correcto.


Luego, vino el reparto, uno con mucha experiencia en teatro y en otras películas del tipo Dickens; “The Terror” tiene mucho de obra de teatro al mostrarse consciente y muy reflexiva, con diálogos complejos que podrían espantar al fanático de las series Marvel. Tobias Menzies (“Game of Thrones”, “Outlander”) es uno de los actores más infravalorados pero que saca la tarea afuera con gran virtud; el sobresaliente Jared Harris (“The Crown”) aporta humor negro a un hombre con cierto aire cínico, más Cian Hinds, protagonizan una oscura evolución de la lucha de poder. Este trío vuelve  perverso el relato, mostrando las ruines  miserias del alma humana.

“The Terror” resulta un ejercicio brillante en cuanto al desarrollo de la idea, aunque por momentos pareciera llevar al límite al espectador más de lo necesario; es perfecta en lo visual y muy bien actuada, porque son las decisiones tomadas por este grupo de personas, partiendo por ese aire de superioridad moral que ha existido desde los inicios del tiempo, lo que da la verdadera sensación de terror a la serie, la cual atrapa por lo que cuenta y en eso, quizás, no habría sido necesaria tanta grandilocuencia.