domingo, 14 de noviembre de 2021

No Time To Die, el cierre de otra etapa de James Bond

'Sin Tiempo para Morir' mantiene la espectacularidad de la saga y le da una despedida solemne a Daniel Craig, quien por 15 años sostuvo al mítico espía; y aunque se queda por detrás de ‘Casino Royale’ y ‘Skyfall’, se volverá una parte notable en la historia de James Bond.


Hace 15 años y en un ambiente que se llenó de críticas, Martin Campbell dio el visto bueno a una nueva etapa cinematográfica del popular 007 con la fantástica ‘Casino Royale’, en la que se nos presentó un James Bond más tosco y oscuro, personificado por un Daniel Craig que se apropió totalmente del mito. Es innegable el aporte de este personaje a la historia del cine, pues son veinticinco películas, una banda sonora inconfundible y escenas de acción que dictaron la pauta para muchas películas posteriores. En ese contexto, 'No Time to Die' cierra esta última saga de 007con espectáculo, emotividad y ciertos planteamientos sobre el futuro. 

En esta quinta entrega, Bond está retirado y disfruta la vida junto a Madeleine (Léa Seydoux). Sin embargo, el pasado acecha de nuevo y debe volver a la acción para rescatar a un científico. Este es el inicio para un largo camino de desarrollo de los típicos elementos del universo Bond, para lo cual Cary Fukunaga construye una cinta emotiva, con sorpresas y acción; en la primera media hora, rompe el statu quo que dejó ‘Spectre’ y asienta los cimientos sobre los que se edificará esta entrega de 163 minutos. El grueso  argumental vuelve a ahondar en el Bond más complejo emocionalmente, el que se ha ido cocinando  a fuego lento desde 2006. Esto se traduce en mayor carga dramática, más sombrío, donde los demonios de la psicología de 007 lo siguen acechando.


El guion de Neal Purvis, Robert Wade, Fukunaga y Phoebe Waller-Bridge, se esmera en darle un buen cierre al personaje y deja de lado el desarrollo de una historia compleja. La incorporación de Waller-Bridge fue fundamental para dibujar a un James Bond más humano, pero que equilibra muy bien su masculinidad con la arrolladora fuerza de las mujeres que, históricamente, le han rodeado. La narrativa es sencilla, pero no olvida el glamour, las armas, las frases, las mujeres, las misiones físicamente complicadas, la alta tecnología, autos de ensueño, el traje de Tom Ford... todas las señas de identidad de la franquicia permanecen intactas y no se sienten implantadas  la fuerza. por otro lado, el despliegue visual es de primera y no tiene nada que envidiarle a lo que propuso Deakins en ‘Skyfall’, porque Cary Fukunaga ha vuelto a exhibir su gran capacidad para narrar en imágenes, sin olvidar el factor estético. Por parte de la canción principal,  interpretada por Billie Eilish, mantiene el estilo y la solemnidad, lo cual  le otorgará algunas nominaciones en la próxima temporada de premios, pero ante la imposible comparación con las interpretaciones de Adele o Sam Smith, quizás no le alcance para coronarse. Finalmente,  Hans Zimmer envuelve el film como para regalo, haciendo suyas las partituras  de la saga vistiendo todo el acto final de épica, de riesgo, dejando un corolario que recordaremos por mucho tiempo.

Así, Daniel Craig se despide de James Bond planteando un progreso. En algunas escenas, Bond discute con Nomi (Lashana Lynch) sobre el significado del número 007, el cual solo es eso…’un número con valor simbólico dado por la agencia y al portador’. Esto abre la posibilidad futura no de un nuevo James Bond, pero sí de la aparición de un nuevo portador (o portadora) del emblemático número. Volviendo a Daniel Craig, su final es digno de un mito y concluye su recorrido rodeado de emotividad. Y no es para menos, ya que se entregó por entero y supo llevar al personaje a otros límite, refrescando las características propuestas por Ian Fleming.

No hay duda que Craig deja un hoyo negro, pero es momento de darle un nuevo rumbo a este personaje y son otros los que tendrán que tomar la posta y proponer nuevas visiones y conjeturas sobre un hombre que es parte de los cimientos del cine y porque , simplemente, no hay tiempo para pensar en la muerte de 007, más bien, pensemos que en entra como en una pausa hasta que aparezca otro director o directora con más perspectivas y futuro para 007.



 

viernes, 15 de octubre de 2021

Colonia Dignidad, serie documental de Netflix: memorias de un infierno

 Colonia Dignidad ocupa titulares en la prensa chilena hace décadas. Su líder, Paul Schäfer, fue enfermero del ejército alemán en la segunda guerra y se reconvirtió en pastor bautista tras el fin del conflicto; fue expulsado de su congregación  y se le condenó por pedofilia, por lo que huyó de Alemania. Gracias a su contacto con el embajador chileno, consiguió un terreno de 3.0000 hectáreas en la región del Maule, donde se estableció y sembró su oscura leyenda desde 1961, donde no solamente continuó abusando de menores, sino que amplió la magnitud de sus crímenes a niveles estratosféricos, siendo incluso uno de los lugares desde donde se granjeó el golpe de Estado contra Allende y fue un sitio de tortura y asesinato utilizado por la DINA, tal cual lo describen las resoluciones de Amnistía Internacional y el informe Rettig de1991.

Todo esto corre en la serie documental de Netflix sobre Colonia Dignidad y que entrecruza tantas dimensiones del mail que logra superar toda clasificación. La producción, cuya  idea original corresponde al documentalista Cristian Leighton, recopila diversos testimonios de sobrevivientes e imágenes de archivo impresionantes, que hablan de un verdadero rescate testimonial, mientras el guion nos muestra que, muros adentro, la colonia es un infierno liderado por un megalómano que controla, maníacamente, a todos los miembros de su pequeño reino. ‘Colonia Dignidad: Una secta alemana en Chile’  ordena 400 horas de imágenes grabadas por los mismos colonos, las que sus realizadores articularon con numerosas entrevistas. El enorme esfuerzo que implica un documental de estas dimensiones, se teje junto a la presentación del mal vestido, ante los hombres y mujeres, con otro ropaje. Leighton señaló que el primer fotógrafo de la Colonia empezó a filmar estas imágenes en blanco y negro, para convertirlas en elemento de propaganda y así mostrarse como una comunidad benefactora. Entre las entrevistas, destaca especialmente la de Salo Luna, quien en los ’90 escapó del lugar.

Dosificada en seis capítulos, la miniserie sigue cronológicamente el crecimiento, en poder y capacidad de daño, de esta Colonia, que hoy sigue activa bajo el nombre de “Villa Baviera”. Su interacción con lo más reaccionario de la política chilena es también una suma de horrores, que arrancan con Roberto Thieme, ex líder de Patria y Libertad, y llegan hasta el mismísimo Augusto Pinochet, quien visitó varias veces el lugar. Más complejo aún, son las imágenes del político Hernán Larraín, actual ministro de Justicia y Derechos Humanos (vaya ironía) del gobierno de Sebastián Piñera y cuya aparición en el documental, como uno de los defensores de Schäfer, ha vuelto a poner en duda la idoneidad de este dirigente de la derecha conservadora.

Este no es el primer registro audiovisual sobre este tema; de hecho, abunda material en Youtube y está la película alemana ‘Colonia’, con Emma Watson y Daniel Brühl. Sin embargo, esta serie es la que registra, de manera más consistente, los niveles de horror del proyecto de Schäfer, una comunidad agraria utópica que mantenía a sus miembros bajo vigilancia y disciplina. Tal vez el punto débil de la propuesta, sea la falta de investigación sobre el negocio que permitió tales niveles de prosperidad a esta secta; se menciona un negocio de piedra molida y luego se alude a la intermediación en la venta de armas, pero no se logra explicar el esquema que permitió a Schäfer alcanzar esa capacidad de manipulación al sistema judicial, por ejemplo. En esa imposibilidad de abordar de manera más profunda el tema del  financiamiento, el documental  topa con las mismas limitaciones de otros intentos, y nos queda la sensación de espanto, pero no logramos comprender el fondo de todo este asunto. Tampoco se aclara  la verdadera naturaleza de la relación entre la Colonia y el Estado alemán, del cual nunca hemos escuchado un  pronunciamiento. En cambio, el trabajo audiovisual nos deja más claro el porqué del magnetismo que ejercía este perverso líder; esta era una secta que interactuaba con el exterior, y ahí Schäfer logró no solo insertarse sino que construir lazos con la comunidad de la zona, incluso construyendo un hospital. Esto es un punto clave para entender cómo podía estar tan conectado con la gente y cómo lograba, más fácilmente, esos niveles de fidelidad.  Y como dice alguien en la película “lo transformamos en Alemania, en un lugar bueno, muy fértil”. Pero esa especie de paraíso que lograron solo fue posible esclavizando a adultos y niños y en un lugar donde el Estado no llegaba, lo que permitió la siembra del espanto y la impunidad.

‘Colonia Dignidad: una secta alemana en Chile’ es un registro muy valioso, aunque ya se haya hablado y visto mucho del tema. Sigue siendo sumamente importante que el cine permita visibilizar lo que fue la existencia de esta secta, este enclave de colonos alemanes convertido en uno de los lugares más nefastos que, con la complicidad de los estados de Chile y Alemania por más de cuarenta años, vulneró y atropelló los derechos humanos de cientos de personas….paradójicamente “Dignidad”, que de dignidad para sus habitantes casi nada tenía.

 

viernes, 1 de octubre de 2021

El Juego de Calamar: metáfora perfecta de nuestra competitiva sociedad

La serie del momento en Netflix es un espejo cruel y directo del comportamiento social cotidiano, expresado en un símil de un juego infantil de la Corea de los años’70. El Juego del Calamar trata de contarnos la vida de una serie de personas, con problemas económicos, que se someten a una serie de mortales juegos infantiles, solo para poder hacerse con los preciados millones reservados al ganador.

Pero sin duda que esta serie tiene un trasfondo más asentado en la realidad de lo que puede parecer a simple vista;  debe su nombre a un juego infantil de los ’70, en el que dos jugadores se enfrentaban dentro de tres formas geométricas que formaban un calamar: círculo, triángulo y cuadrado. No tiene otra temporada confirmada (aún) y fue dirigida por Hwang Dong-Hyuk , conocido por Silenced (2011), que fue un filme dramático de bastante relevancia. La trama, como tal, sigue una tendencia que nos recuerda la nipona Battle Royale (2002), también a Los Juegos del Hambre (2012) e incluso algunos han encontrado ribetes extraídos de Parasite, porque se interponen diversos géneros, desde la acción y el drama, hasta la supervivencia y el suspenso.  

Se pueden sacar muchas conclusiones del por qué cuatrocientas cincuenta y seis personas con problemas económicos, deciden competir voluntariamente en seis juegos infantiles en los que, a diferencia de lo que ocurre cuando se es niño, si se pierde se muere (literalmente), pero el superviviente final obtiene cuarenta millones de dólares. Una vez encerrados en esta isla de terror disfrazada de esperanzas para salvar el futuro y el de la familia, la estrategia, el análisis de la situación,  la forma en la que las historias interpersonales se mimetizan con los juegos, permiten seguir el hilo porque  la psicología de los personajes principales está muy bien construida; sin embargo, y por conclusión de lo anterior, desde el primer momento sabemos quiénes morirán y quiénes no. Este aspecto, que roza lo predecible, no impide que nos llevemos sorpresas a medida que avanza la temporada.

Una de las particularidades de la historia es el ‘corporativismo’ de la organización que ha creado el juego y la estratificación de sus subalternos. Así, los que eliminan a los jugadores visten diversos trajes que representan el rango. Los trajes rojos están en la base de la pirámide y se escinden en tres grupos: los que portan un círculo representan un estatus bajo, los que llevan un triángulo son los que están en un  intermedio y los que exhiben un cuadrado están en la cúspide.  Todos los personajes reciben el mismo trato, independiente de su sexo o  edad, y por lo mismo, todas las muertes son duras. En esas escenas, la música desempeña un papel fundamental porque se mezcla a la perfección con la tensión que suscita el argumento. A pesar del colorido y del exagerado escenario en que se presentan cada uno de estos juegos, los efectos añadidos son pocos y tampoco son importantes. porque la trama, que versa sobre supervivencia, pone énfasis en la racionalización del ser humano.

Aunque el ritmo puede ser lento a veces, la narración y dinámica están bien hiladas; una se entretiene, aunque refleja todo el individualismo de la sociedad. Es cierto que en los episodios no hay tabúes a la hora de mostrar la violencia, porque contiene escenas muy sangrientas y explícitas, y nos paseamos por todo el espectro que va entre  disparos en la cabeza y la extracción de órganos.

El guion estaba listo desde 2009, pero el director no conseguía financiamiento y varias productoras rechazaron el proyecto por ser “muy violenta”. A pesar de aquello, igual logró llegar a Netflix y ser lo más visto hasta el momento, pasando por encima del lenguaje coreano y de lo lejano que nos puedan parecer algunas costumbres, finalmente nos reflejamos en otras similitudes. La finalidad de Hwang Dong-Hyuk fue hacer una crítica social que girara en torno a la desigualdad socio-económica, donde la clase media cada vez está más diluida y donde la élite, de forma sádica, puede permitirse el lujo de vejar a los estratos sociales más desfavorecidos. Esto se ve con claridad en el episodio “VIPS”, donde aquellos multimillonarios, caricaturizados al máximo, discuten, champaña en mano, sobre quién será el próximo en morir. Del mismo modo, en el episodio dos, se muestra un ejemplo claro de la demagogia política de la élite, cuando se hace creer a los 456 que las reglas de ese juego son democráticas.

¿Por qué estoy viviendo tan mal, por qué tengo que competir todo el tiempo?, ¿dónde comenzó todo esto y a qué nos llevará?. Esas son las preguntas que el director busca que sean reflexionadas por quien visualice El Juego del Calamar, otra gran experiencia venida de Corea y que ya se perfila para convertirse en la serie más vista en la historia de Netflix,  pasando por encima de éxitos mucho más cercanos a nuestras culturas, como La Casa de Papel y Stranger Things.

 

miércoles, 14 de julio de 2021

The Handmaid’s Tale, temp 4: el último respiro antes del desgaste total

La adaptación de la novela homónima de Margaret Atwood, comenzó como una propuesta muy original y cruel que sorprendió a quienes no conocían el libro, sin embargo, y ya con la cuarta temporada concluida, podría decirse que se percibe un declive en la calidad de la historia y que el hilo conductor perdió un poco de sentido.

La rúbrica de The Handmaid's Tale es una crítica concreta al patriarcado y al capitalismo. En la primera temporada, la serie nos situó en un futuro distópico, donde un grupo fundamentalista impone una tiranía gobernada solo por hombres y en la que la gran mayoría de mujeres eran sometidas a las peores vejaciones para procrear. Así, en el avance de la historia, casi dos años hubo que esperar para volver a ver en acción a June, luego de haber sacado un avión lleno de niños rumbo a Canadá. Tanto tiempo de espera para quedar con un sabor de boca agridulce.

No faltó la montaña rusa de emociones tan clásica de la serie, con una mezcla de momentos que emocionan y convencen, junto a otros que a todas luces muestran que las ideas empiezan a acabarse y que el chicle solo se estira. Pero lo que sí está claro, es que hubo muchos hilos argumentales diferentes en desarrollo, donde Elisabeth Moss debutó como directora incrementando al máximo las cuotas de emotividad y drama. Gilead y Canadá son los epicentros de las acciones, teniendo como propósito, en el país capturado, el seguir luchando, total, ¿Cuándo han sido fáciles las cosas en las vidas de las criadas?. Ante este cuestionamiento, June asume el liderazgo con una de las frases que definieron la temporada: "Nosotras no nos escondemos, nosotras luchamos".

A partir de ahí, ella toma una actitud rebelde, menos sentimental y más vengativa, lo que da cierto combustible a la historia, sobre todo cuando logra, por fin, salir (a regañadientes) de aquel lugar. Nick (Max Minghella) siguió con sus indecisiones, la tía Lidia (Ann Dowd) tuvo una historia más estática y que no se desarrolló en completitud y el Comandante Lawrence (Bradley Whitford) que, incomprensiblemente, se salvó de caer por el muro. Esta postura de tomar venganza colocó a June en una suerte de jugada final cargada a la violencia, que tuvo como su gran víctima a Fred Waterford (Joseph Fiennes). A pesar de algunos desaciertos narrativos, este acto ha sido interpretado como que la justicia llegó a The Handmaid's Tale. Pero no nos convence aquello, y los "noeslaformistas" dirán que la ejecución de la idea muestra que no fue bien concebida.


En Canadá, en tanto, se jugaron  otras variantes. Los hijos de las  Marthas experimentan problemas y extrañan su vida en Gilead, mientras  Luke (O. T. Fagbenle), Moira (Samira Wiley) y Deglen (Alexis Bledel) intentan muchas cosas que no les están resultando para nada fáciles. Si bien se plantean interesantes reflexiones, se dibuja una sensación de que la justicia no avanza y hay discrepancias en los métodos de acción. Además, el marido de June empieza a estar un poco hastiado y el reencuentro no subió en efervescencia. Pero los hemos visto poco juntos durante la serie, entonces fue normal contemplarlos como si fueran amigos. ¿Y el  matrimonio Waterford?. El buen personaje de Yvonne Strahovski tuvo momentos interesantes, en que flaqueó y luego  giró a su lado maquiavélico, pasando toda la temporada con la espera de un nuevo hijo. La escena final, con ella a punto de hacer esa conexión por Zoom (muy actual) indica que habrá definiciones para ella en la próxima temporada, las que esperamos, estén a la altura de un arco dramático de los más interesantes de esta historia.

Claroscuros en la cuarta temporada de The Handmaid’s Tale. Muchos son los seguidores de esta serie, la que  aún basada en una novela  escrita hace 40 años, refleja ciertos aspectos desafortunadamente muy actuales si nos referimos al comportamiento patriarcal. Y aunque ya debería haber terminado, esperamos que encare de una buena vez su final (algo que con una quinta temporada ya confirmada no se ve del todo cercano), porque esta sesión confirma que el desgaste empieza a notarse, que se repiten patrones y que hay cosas que no son del todo razonables . El principal problema  radicó en la morbosidad de las acciones, en el volver a recluir a June para potenciar su ira y deseos de recuperar su vida pasada, porque solo se hizo para  dejar servido el cliffhanger hacia la quinta temporada, donde anhelamos que ese final feliz le llegue aunque, conociendo a los creadores y teniendo a Moss como productora y  directora, todo podría concluir, incluso, de la peor manera.

sábado, 19 de junio de 2021

El Método Kominsky, temp final: La vida es ahora

Los seis episodios de la tercera temporada se sintieron como una prolongación lógica de lo visto anteriormente, y con cameos de lujo y apuntes sobre los problemas de la edad, la serie se mostró sólida y cerró de manera redonda una historia de amistad fraterna y optimismo frente a la vida.

Netflix siempre la consideró una apuesta ganadora, de hecho, la primera temporada logró  el Globo de Oro a la mejor comedia, pero nadie hablaba de que fuera una de las mejores propuestas de la plataforma y no por falta de méritos. Siguió avanzando y creció en su segunda sesión hasta que llegó el final, donde lo único que estaba claro es que Sandy Kominsky debía cerrar su historia satisfactoriamente.

Y los guionistas sorprendieron sacando de escena a su ‘media naranja’ en la ficción. El personaje de Alan Arkin no estuvo presente físicamente, pero sí estuvo muy bien integrado dentro de la línea del guion, en cuanto a la pérdida inevitable. Esto fue gran impulso  para la  temporada y se sintió  como punto culminante. Es cierto que la ausencia de Arkin nos dejó sin el humor característico del personaje, probablemente lo más divertido de  la serie, pero ese espíritu lúdico se mantuvo en la subtrama sobre la herencia que dejó Norman y cómo Sandy tuvo que regatear constantemente con  Phoebe y Robby por sus deseos de acceder a la herencia.

La serie de Chuck Lorre está impresa del humor en su esencia, pero éste busca en todo momento un equilibrio con su lado más dramático, lo cual  aleja a 'El Método Kominsky' de la mayoría de las sitcoms actuales. Y es que aquí hay que vivir más que nunca en el presente, porque el físico y la salud de varios de sus protagonistas no pasa por su apogeo y en cualquier momento algo irreversible puede suceder. La vida es ahora a pesar de sus desaires.


La incorporación de Ruth, la ex esposa de Sandy, interpretada por Kathleen Turner, fue otro acierto pues la química con Douglas es absoluta y resultó clave para que la serie navegara bien por los temas que afrontó. Todas las tramas lograron solvencia y buen gusto, sabiendo aplicar muy bien la fórmula para sacar una sonrisa o dejarnos pensado; no se trataba de lograr carcajadas ni lágrimas, interesa más el delicado equilibrio entre ambos y cómo se logró la naturalidad para conseguirlo. 

'El Método Kominsky' logró mantener todas sus virtudes en una tercera temporada, a pesar de la ausencia de Arkin. De hecho, eso fue el motor de los seis episodios que lograron cerrar el círculo de la historia de Sandy, quien logra realizarse profesionalmente, con premio incluido, logra reconciliarse y logra agradecer. En tiempos tan duros y cargados de tristeza y desazón, 'El Método Kominsky' resultó un neceesrio y dulce bálsamo de optimismo.

sábado, 5 de junio de 2021

Mare of Easttown: la mochila del pasado

Ya era tiempo que este 2021 recibiera un buen empujón seriéfilo y HBO lo procura con 'Mare of Easttown', miniserie que devuelve a Kate Winslet a la cadena años después de que triunfara  con 'Mildred Pierce' . La ficción ejerce un gran  dominio de la narrativa del suspenso y el aura noir.

Todos hablan de 'Mare of Easttown', y hablan maravillas. ¿Qué es lo que hace que destaque en un género tan visto como  el de los detectives?. De hecho, la acción parte de una premisa bastante convencional, como es la aparición del cadáver de una joven en un pequeño pueblo de Pensilvania. La investigación recae en Mare Sheehan, una mujer que pronto nos hablará a través de primeros planos, sus silencios y su frente arrugada, con la que nos hace partícipes de su sufrimiento. Mare es la típica detective que corre al borde de la cornisa, pero que a su vez, es bastante blanda. En el pueblo la conocen y saben que se siente responsable de todos y siempre va tratando de solucionar los problemas de sus vecinos.

Pero desde el segundo episodio vamos captando que es el tormento lo que define a los personajes de esta trama. 'Mare of Easttown' apuesta por un tono lúgubre y deprimido, que no da para celebraciones. Su misma vida está marcada por la tragedia e incluso su ex marido vive al lado de su casa para apoyarse mutuamente y salir adelante de la tragedia que vivieron. Este es un dato interesante del  guion, el que tiene la sabiduría de no presentar a su protagonista como alguien que va camino a la  autodestrucción, sino como una persona muy normal, sin nada que destaque realmente. Un personaje tan reconocible es muy difícil de clavar, pero Kate Winslet se adueña de él y lo domina.


El primer episodio, por ese ánimo de no destacar sobre el resto, es más convencional de lo que nos hubiera gustado, pero el guion de Ingelsby se preocupa continuamente de que conozcamos todo lo que rodea a Mare y de cómo la afectan las subtramas. Y este punto es muy relevante, lo bien hechas que están  las subtramas y lo integradas que están con la historia principal, lo que ayuda a crear un conjunto homogéneo y hace que todos puedan ser sospechosos de ese crimen. Por eso mismo, vamos viendo giros interesantes y otros que hacen pensar en la repetición dentro del género, sin embargo, pronto son explicados y eso es un acierto.

Junto a Winslet y Jean Smart, la miniserie cuenta con Evan Peters, Guy Pearce, Julian Nicholson, Cailee Spaeny, David Denman, John Douglas Thompson, Patrick Murney, James McArdle, Sosie Bacon, entre otros. Escrita por Brad Ingelsby  y dirigida por Craig Zobel ('The Leftovers'), junto a Mare, la que más destaca es Jean Smart en el rol de su madre, un personaje al que se le toma cariño por sus rutinas y por cómo lidia con su hija, mostrando momentos bastante cómicos. Y el otro personaje muy destacado es el compañero asignado a Mare, interpretado por Evan Peters. La relación entre ambos recuerda a Matthew McConaughey  y Woody Harrelson en 'True Detective', por lo frío e inaccesible que es uno y por lo gracioso que es el otro, todo en favor de hacer llevadera la relación. Y también hay un aire al tándem de Mireille Einos y Joel Kinnaman en la excepcional 'The Killing'.


En cada episodio gusta ver trabajar a Mare, nos cae bien, porque pese a lo límite que es y lo pesada que es su mochila, hace lo posible por estar presente para su nieto, para su hija, para su gran amiga, para su ex marido, para su madre.

'Mare of Easttown' tiene buen ritmo y en una época en la que todos buscan el gran thriller, esta serie funciona por todos sus lados, incluso cuando nos plantea la pregunta de por qué no hizo la vista gorda con Ryan, dejando que fuera John quien cargara con la culpa, evitando así destrozar la vida de su amiga. Aún esto es más difícil de contestar y probablemente se deba al sentido del deber de esta gran protagonista.

domingo, 16 de mayo de 2021

Line of Duty: el gran fenómeno de la tv británica

Esta es una de esas apuestas que se hicieron para hacer fans adictos. La que empezó como una modesta producción británica heredera del típico género policiaco, logró tanta repercusión que hoy se empina por su sexta temporada, cargada de los claroscuros morales que tiñen la labor policiaca, pero contada con agilidad dramática y personajes atrapantes.

Debutó en 2012 sin muchas pretensiones pero con una digna factura y el ritmo intrigante propio del género  policial o de misterio, de ese del cual los británicos han hecho gala en infinidad de producciones. Además de las dinámicas e investigaciones propias del caso que se esté llevando, siempre al filo de la tensión taquicárdica, los 3 personajes principales se reinventan con un cuarto protagonista sobre el que recaen las sombras sobre su proceder. En la primera temporada fue el verborreico agente del año Tony Gates (Lennie James), en la segunda la esquiva Lindsay Delton (Keeley Hawes), en la tercera el  abusivo Daniel (Daniey Mays), en la cuarta la maquiavélica Roz Huntley, interpretada por una gloriosa Thandie Newton, lo cual elevó el prestigio de la serie a otras alturas. En la quinta vimos al fenomenal Stephen Graham y en esta sexta temporada, se incorporó la potente Kelly Macdonald. Todos ellos han ido representando el traumatizado mundo, repleto de dilemas morales y  éticos, de la policía, siempre buscando la dupla Arnott-Fleming, asestar un golpe definitivo a un entramado de corrupción ramificado. Ellos son, a través de la  AC-12 , los  guardianes de la moral y las buenas prácticas del cuerpo policiaco.


El punto cúlmine de la serie se vivió en la cuarta temporada, la protagonizada por Thandie Newton y en la que, además de ganar en hechuras, se evidenció el cambio de la BBC Two a la matriz BBC, llegando a conseguir en sus dos últimas temporadas, el mayor número de audiencia; casi 9,6 millones de espectadores gracias a esos interrogatorios impresionantes, cargados de tensión y actuaciones magistrales. “Line of Duty” cuenta con un gran equipo de asesores que hacen  verosímil ese día a día en un departamento en el que es difícil casar la vida profesional con la estabilidad personal, tal  como demuestran sus protagonistas. Arnott y Fleming son vocacionales y han establecido una alianza muy fuerte, en la que forman un equipo sin fisuras y que incluso ha tenido que lidiar frente a las sombras que se han cernido sobre ellos y sobre su propio jefe, un superintendente Hastings golpeado en lo personal y sobre todo ahora, que lo han obligado a jubilar para que calle lo que sabe. Este es un personaje genial, porque quiere limpiar a la policía, pero siempre nos distrae con su ambigüedad y tozudez.


“Line of Duty” ha cerrado seis temporadas en un momento de madurez envidiable, nominada a todos los Bafta desde 2015, ganadora en varios, y repleta de buenas críticas todos los años. Este es el mejor momento para  descubrirla, ya que el final de temporada nos dejó el ánimo en conflicto al no saber qué giro dará Jed Mercurio al guion, considerando que los “4 hombres” ya se han descubierto y la amenaza de debilitar institucionalmente a la AC-12 está confirmada.