En el lugar más olvidado del planeta,
en el fin del mundo, cuando se apaga la luz del faro, la oscuridad devora todo
y a todos. Así se dibuja “The Lighthouse”, como una pesadilla claustrofóbica
que termina cuando dos actores se baten
a duelo y dejan la piel en el escenario, ad portas de cruzar el límite de la
locura.
“The Lighthouse” es el
segundo largometraje de Robert Eggers y realmente es una experiencia que conquista la pantalla a base de imágenes
en blanco y negro, de secuencias opresivas,
de una fotografía brutal, de una música oscura y densa y de dos actores en
registros sorprendentes, los que se vuelven desoladores en esa relación 119:1 y en 35mm. Con estas
herramientas técnicas, Eggers provoca que desde
el primer minuto sientas que estás viendo algo totalmente inaudito.
Inspirado por lo que escribieron
Herman Melville y Sarah Orne Jewett, es una de esas historias que todos conocemos
por el final, pero no por el camino recorrido; en el caso de este film, ese camino se pavimentó
a punta de pura desesperación organizada por un robusto guion de Eggers y su
hermano Max, el que presenta esta lucha de poder como un encuentro entre dos generaciones que perdieron sus perspectivas.
La película profundiza en la desesperanza de los personajes, los
cuales abandonan gradualmente su humanidad y olvidan el tiempo y el
lugar donde se encuentran. A nivel de dirección, este proyecto cinematográfico representa un desarrollo notable de Eggers desde “The Witch”, porque “The Lighthouse” se abre mucho más abrumadora y obliga al
espectador a sumergirse en un caudal de sorpresas narrativas,
apalancada por dos fantásticos actores. Robert Pattinson viene haciendo
ruido hace rato y en buena hora se topa con esta oportunidad. Su actuación es
absolutamente espectacular y la mejor de
su carrera, al pasar por todo rango emocional rumbo a la locura; se masturba,
ruge, se arrastra, amplificando una gama de talentos que anteriores películas
no habían mostrado tan claramente. Y qué decir del magistral Willem Dafoe,
quien está en control total de un gran arte, creando una actuación para la
historia y que le podría valer una tercera nominación consecutiva al Oscars. Hay
varias escenas donde despliega su nivel teatral y tira a la mesa su gran
trayectoria.
El diseño sonoro es otro punto
sobresaliente y es escalofriantemente completo. Entre la tormenta de sensaciones, el
poder del mar, los alaridos de las gaviotas, la inquietante alarma del faro,
los diálogos en inglés antiguo y el impresionante score de Mark Korven, la
mezcla de sonido te atrapa obligándote a estar alerta de todo lo que pasa,
atento al siguiente cuadro, a la siguiente escena, porque el sonido anuncia que
no hay salida.
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