viernes, 8 de enero de 2021

Pieces of a Woman: testigos del dolor

El húngaro Kornél Mundruczó regresa con una nueva película que cuenta con el espaldarazo de Martin Scorsese en la producción ejecutiva. Es el drama de Martha (Vanessa Kirby) y su pareja Sean (Shia LaBeouf), a punto de ser padres.

Los primeros 20 minutos son un remolino de sensaciones, porque sabemos que nos aventuramos a presenciar un parto hogareño. Mientras las escenas nos muestran la dulzura de la relación de esta pareja, las contracciones se suceden más rápido y todos los acontecimientos que permiten el resto de la película, se desarrollan en este inicio en plano secuencia. El cineasta le encarga al director de fotografía Benjamin Loeb ,que filme a velocidad variable todo este suceso de hechos, colocando al espectador en un punto de vista omnipotente. Los planos rápidos transmiten eficazmente la ansiedad e incertidumbre de un parto, mientras que los de ritmo más lento parecen detener el tiempo, como son los besos y caricias en ls bañera o cuando ya acontece lo fatídico. Todo ese episodio está muy bien dirigido y tiene poder en sí mismo, respaldado por las convincentes actuaciones del trío protagonista; al espectador le resulta imposible no ponerse tenso e incluso incómodo tras el impacto de esas primeras escenas tan bien montadas.  Lo que consiguen Mandruczó y su guionista Kata Wéber con este primer acto, es establecer la intimidad de la pareja y hacerte saber que su futuro cambiará. Lo que sigue luego, es un estudio del duelo. 

El suceso traumático obliga a la pareja a explorar un abismo. Frente a ellos aparecen la desesperación, la rabia y una fragilidad que parece interminable. En la segunda parte, el papel de la madre de Martha se vuelve todavía más crucial, llegando a descubrir el trasfondo de su comportamiento manipulador  hacia su hija y su esposo. Un monólogo intenso de Ellen Burstyn, filmado en un solo primer plano, cumple muy bien ese propósito. La película continua la  deconstrucción de esta pareja recayendo el peso dramático en  Vanessa Kirby; “Pieces of a Woman” está en los hombros de la actriz y la fortaleza que le otorga a su personaje. Las marcas que dejó en ella esta tragedia están siempre presentes en pequeños detalles, como la presencia de fluido en sus pechos, la inapetencia sexual, la incomodidad  hacia su pareja, las plantas sin regar y los platos sin lavar. Desde lo íntimo hasta lo básico, esas cuestiones llevarán a su personaje y al de LaBe ouf, su mejor interpretación en años, a  quebrar el lazo.

El proceso de duelo requiere  tiempo, y tal vez por eso la película está organizada en capítulos. No todos ellos funcionan, principalmente, por los cambios de ritmo, los que descarrilan algunos clímax; por otro lado, Ellen Burstyn demuestra su poder actoral en un monólogo definitivo frente al personaje de Kirby, quien penetra el corazón con una actuación multifacética con respecto al dolor. Porque además de su espectacular interpretación en el parto, ella lidia con sentimientos muy complejos y navega por un torbellino de dudas y estados de ánimo, caminando la vereda de la ira, la apatía, la inteligencia y el orgullo. Todo esto lo corona por un tercer acto memorable, que subraya un gran desempeño que ya fue reconocido en el Festival de Venecia, donde se quedó con la estatuilla a  Mejor Actriz. Y no debiera ser el único premio de la temporada.

En su primera película en inglés, el director Kornél Mundruczó nos entrega a una Vanessa Kirby con una actuación brillante en este viaje de reconstrucción de sus fragmentos; junto a ello,  muestra  una escena sin cortes  que dura más de 20 minutos y nos adentra en el desafío de renacer. “Pieces of a Woman” cuida su lenguaje, da valiosos espacios para el silencio y para momentos fuertes. Si bien la película tiene algunas fallas (la metáfora de las semillas germinadas no es tan innovadora), cuando  Kirby aparece te olvidas de todo, porque lo único que importa es ser testigo de cómo trabaja con el dolor.

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