Mucho más que rockeros, nada que ver con una moda. El Chile de 1984 se acostumbraba a vivir entre protestas, asesinatos, mala calidad de vida y represión. La movida musical y cultural se había ido al exilio, las bandas conocidas no venían y ni siquiera llegaban todos los discos. En ese escenario asomó un canto nacido del barrio, el cual hoy es reconocido como un pregón en la oscuridad.
A 40 años de un disco innegable y que solo podría tener parangón
con lo que fue la nueva canción chilena, La Voz de los ‘80 apareció con su
multiplicidad de sonidos, sin una etiqueta clara y donde se reconocía mucho
twist, mucho ska, The Clash y Camilo Sesto; pero en la época se le tildó como
combativo, encarador, a pesar de que Jorge, Claudio y Miguel convivían con la agitación
política diaria pero no eran realmente partidarios de un sector ni utilizaban
la cruel dictadura como inspiración para sus letras. No eran políticos, pero sí observadores de la
agitación de sus barrios. Los acusaban de resentidos sociales mientras González
declaraba en la revista La Bicicleta que no era poeta, que era alguien de la
calle y con educación de liceo fiscal, no la de hoy claramente, sino de aquella
de los años ’70.
Como primera conclusión, podemos aseverar que este disco no
nace por Pinochet ni por la dictadura, pero sí se adueña de un discurso que
impactó rotundamente en la precarizada sociedad, porque parecía dar continuidad
al fenómeno de la nueva canción chilena y de eso se tomó, sin pensarlo, para
tomar vuelo y aprender a mantenerse por sí solo. En ese contexto, es válido
preguntarse si La Voz de los ’80 fue un punto de partida del ‘sonido prisionero’
ó si este sonido realmente existió, ó si
solo fue la expresión de lo que Jorge González escuchaba en ese momento. Ahí es
donde asoman los ‘gonzalistas’, los ‘nareistas’ y los ‘tapia’ dispuestos a dar
sangre por defender el protagonismo y, por qué no, el legado particular de cada
uno de los tres prisioneros, como si este no fuera evidente.
Lo que no tiene discusión es que este disco le regaló a
Chile un compositor magnánimo, comparado solo con gigantes como Víctor Jara o
Violeta Parra y, para muchos, incluso está por sobre ellos, generando otro
debate encendido. Si analizamos esta obra, en 'La Voz de los ’80', 'Sexo', 'Latinoamérica
es un pueblo al sur de Estados Unidos' y otras, se reconoce un agudo sentido de observación
e interpretación de las consecuencias del actuar político en los
pueblos; y en otras, como 'Eve-evelyn' y 'Paramar', notamos lo que fue la antesala
de un gran compositor romántico, característica que explota en dimensiones fundamentales
en Corazones.
Hoy, La Voz de los '80 ¿Está vigente?. Si le ponemos atención a los seis
primeros tracks podemos aseverar que sigue vigente, porque las realidades que
describe son visibles en la actualidad, en los tiempos definidos por
plataformas como Onlyfans, X, Instagram y la posverdad. Esto es malo, porque indica que Chile
no ha cambiado. Pero por otro lado, surge la pregunta de si, musicalmente, La
Voz de los ‘80 ha tenido influencia en las propuestas posteriores y en la presente
‘música urbana’, la cual tiene demasiadas subcategorías como para dar una respuesta
concreta.
Ni los hippies ni los punk. Sangre roja, furiosa y
adolescente. Olor a farsa. Siendo estúpido serás feliz. Ya viene la fuerza.
Slogans eternos nacidos de tres jóvenes del barrio, autodidactas, especiales,
que suplieron la precariedad con enorme talento y con un relato lleno de
energía y sentimiento. Ese 13 de diciembre de 1984, con el apoyo invaluable de
Francisco Straub, se sembró una semilla que nació, fue fuerte y poderosa y murió,
pero que está ahí, retumbando, y aún busca herederos para el futuro, a esos que quieran ser la nueva fuerza.
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