miércoles, 18 de marzo de 2026

40 años de Please, de Pet Shop Boys: Elegancia urbana e impulso inicial para una nueva época

Cuando Pet Shop Boys lanzó Please en 1986, el synth-pop ya dominaba las listas británicas. Pero lo que hizo el dúo conformado por Neil Tennant y Chris Lowe no fue simplemente sumarse a la tendencia, sino que la refinó, la volvió irónica y la dotó de una inteligencia poco habitual en la pista de baile.

Desde los primeros compases, el disco respira una elegancia urbana muy particular. Las cajas de ritmo programadas, los sintetizadores de líneas limpias y los bajos secuenciados construyeron un paisaje sonoro minimalista y sin exceso: el bisturí parecía modelar esta nueva estética. La producción de Stephen Hague termina por sellar un acabado brillante y cosmopolita que convirtió al álbum en sinónimo de sofisticación pop en plena era de hombreras y reverberaciones.

Tras 4 décadas y muchos análisis, la voz de Neil Tennant fue un aporte revelador para ese tiempo: fue más narrador que frontman, más cronista que divo. Esa interpretación contenida le dio al dúo una identidad inconfundible. En un momento en que muchos apostaban por la intensidad dramática, Pet Shop Boys eligió la observación aguda, la ironía  y un dejo de melancolía. Esa combinación volvió a Please un disco ganador.




El gran estruendo que los puso en el mapa fue “West End Girls”, una canción que logró algo poco frecuente: convertir un comentario sobre tensiones sociales y aspiraciones urbanas en un hit global de discoteque. Allí está otra de las claves de Please: hacer que la reflexión fuera bailable. No era solo música para generar diversión y movimiento; era música para pensar en pleno movimiento.

En perspectiva, Please no solo marcó el inicio de una de las carreras más sólidas del pop británico, sino que ayudó a redefinir el pop electrónico. Demostró que el hedonismo y la crítica social no eran excluyentes y que la pista de baile era un excelente espacio de observación cultural.

En medio de la exuberancia ochentera, Pet Shop Boys apostó por la sutileza. Y esa sutileza terminó siendo revolucionaria.

lunes, 2 de febrero de 2026

No es Shakespeare: es Agnes. El corazón de Hamnet según Chloé Zhao

Chloé Zhao adapta la novela de Maggie O’Farrell con una delicadeza anclada a una feroz Jessie Buckley, la que sostiene el relato desde Agnes y convierte su duelo en un umbral entre vida, muerte y teatro.

 

Esta historia no va de Shakespeare ni del niño. Va de Agnes. Y Chloé Zaho tiene la inteligencia de filmarla como un personaje que lo contiene todo: amor, rabia, superstición, cuerpo, dolor.

El libro Hamnet, de Maggie O’Farrell, toma un dato ínfimo dentro de una biografía gigante y ultra estudiada, como la de Shakespeare, y que es la muerte de su hijo Hamnet, y lo convierte en un universo completo, una historia no contada, pero muy doméstica y cruel.

Adaptar eso al cine puede salir muy bien o super mal. Muy bien si se focaliza desde lo esencial (amor, enfermedad, duelo, Londres, Stratford) y muy mal por la inmensa cantidad de estudiosos que se irían en picada contra esta injusta dialéctica entre libro y película. ¿Cómo lo resolvió Zhao? No centrándose en Shakeaspeare, ni siquiera en Hamnet.  Lo resolvió focalizándose en Agnes. De esta forma, la directora logra algo que muy pocos consiguen:  que la película sea sensorial, que los objetos sean importantes, que el viento atravesando las ramas sean importantes, que el silencio de la casa sea importante, que los cuerpos sean importantes. Y aquí su apuesta fue Jessie Buckley. Su interpretación de Agnes es la película entera.

El arco emocional que sostiene la actriz tiene una potencia brutal, contundente. Su voz grave se mezcla con el bosque, del cual hizo su hogar, casi como un animal mitológico, como una criatura que pertenece más a lo pagano. Chloé Zhao filma ese bosque como un útero, como un refugio anterior al mundo; Agnes siempre vuelve allí buscando esa sabiduría en las plantas, en la lluvia, en su halcón, en las abejas. De hecho, uno de los aciertos del film es el “agujero” del bosque. Ese espacio al que Agnes vuelve una y otra vez y que funciona como una herida abierta que separa la vida y la muerte, y que luego será también el umbral entre ficción y realidad ya dentro del teatro.


Una película de detalles pensados y logrados

Por su parte, Paul Mescal es un Shakespeare aspiracional, recién iniciando su largo camino a la inmortalidad literaria; es humano y no genio, es joven y no legendario. En la película se muestra como alguien que se aleja, que se desplaza (geográfica y emocionalmente) y esa lejanía se vuelve parte del relato y Mescal actúa afirmado sobre esa culpa.

Otro detalle importantísimo y que está muy bien logrado, es el casting que completan los niños actores del film. Para la directora era fundamental que los hijos del matrimonio existieran en pantalla, que no fueran una simple ternura decorativa. Zhao acierta con Jacobi Jupe (como Hamnet) y con Olivia Lynes (como Judith); ambos hacen que el vínculo entre los gemelos no sea solo narrativo, sino físico. Los gestos entre ellos, la manera de tocarse, de protegerse, construyen una intimidad rara en el cine y transmiten la energía de ser una sola alma. En “Hamnet”, el casting no fue una cuestión de “buscar caras”, sino de pensar símbolos. Por otro lado, y al mejor estilo de Chloé Zaho, la Inglaterra de Shakespeare está filmada con romanticismo, no como un decorado histórico, sino como una promesa para Will, en cuanto a que solo allí está su futuro. Filmada mucho en exteriores, añadir el The Globe (la idea del teatro como frontera entre mundos) le da aún más encanto a la recta final de la película. Y así como el escenario de exteriores es relevante, también hay una decisión arriesgada de la directora en cuanto a no crear una música original y rescatar piezas utilizadas en otros filmes y que generaran una recordación en el público; es el caso de “On the Nature of Daylight”, de Max Richter, una pieza bellísima y muy fácil de asociar pues ya se usó en “Arrival” y “Shutter Island”, en momentos claves de esas recordadas películas.


Finalmente,” Hamnet” es una suma de delicados detalles engranados en torno al duelo y a una mujer. Si Chloé Zhao logra el Oscar a Mejor Dirección, no será por justicia poética sino por precisión emocional. Y por haber entendido que esta historia, pese a Shakespeare, no es de él sino de ella.

martes, 6 de enero de 2026

Wake up, dead man: divertida apreciación del poder sacerdotal

La tercera entrega del universo Knives Out parte de un asesinato cometido durante una ceremonia religiosa y construye, a partir de allí, un relato que combina intriga, sátira moral y un conocimiento de las reglas del género; todo adornado en la presencia y espíritu de un sacerdote inolvidable.

 

Rian Johnson regresa de la mano de la aventura más entretenida de la saga. Esta vez la historia se centra en la fe, el poder y un sacerdote interpretado de manera brillante por Josh O’Connor. Los puñales regresan pero el escenario cambia por completo: no hay mansiones ni millonarios, pero sí un pueblito donde el trabajo en torno a la fe fortalece la figura del monseñor del lugar., quien ha pasado décadas convirtiendo una iglesia en un espacio cargada de secretos, con un humor tenso que pareciera estar listo para estallar en cualquier momento.

Este capítulo energiza aún más la saga. Lo policial se mezcla con algo más siniestro, mientras que lo espiritual gana terreno y la película avanza hacia un costado casi místico, algo que las anteriores versiones no habían tocado, pues el crimen está atravesado por la culpa y la devoción.

Daniel Craig sigue convenciendo como Benoit Blanc. Pero lo realmente interesante es cómo Johnson le quita luz y se la da a O’Connor. Su sacerdote ilumina, es el alma de la película mostrando aristas frágiles, ingenuas, humanas. Sostiene el misterio con humor, culpa y esa melancolía que tan bien maneja el actor y que ya hemos apreciado en otras obras, como en La Quimera .Por otro lado, la pareja protagonista es acompañada por un coro rutilante que funciona como una galería de contradicciones: Josh Brolin impone como el sacerdote autoritario y casi mesiánico; Glenn Close es un deleite como la mujer que guarda ese secreto que hace explotar la trama; Andrew Scott satiriza al escritor venido a menos, y Kerry Washington, Cailee Spaeny, Thomas Haden Church y Jeremy Renner completan un entramado de ambiciones y resentimientos.


La mezcla de géneros es otro acierto, pues se enlazan mostrando una mirada de la fe como un territorio ambiguo, que puede salvar y, también, destruir. Como sucedía con las mansiones en las películas anteriores, la iglesia funciona como un personaje más que encierra y aterroriza.

Johnson aprovecha todos estos elementos para cargar el relato de simbolismo religioso, sin convertirlo en sermón. La fe se ofrece como estructura de poder, refugio y excusa, pero nunca como certeza. Estamos ante una cinta de detectives en la que todo se pone en duda. La saga Knives Out puede seguir creciendo si se mantiene fiel al respeto por la inteligencia del espectador y por un sólido conocimiento del juego narrativo

viernes, 2 de enero de 2026

Stranger Things, temporada final: la naranja exprimida

La Temporada 1 de Stranger Things se estrenó el 15 de julio de 2016. Mucha agua ha pasado bajo un puente que se llenó de hype tras esos primeros 8 episodios, con una historia que enganchaba por la nostalgia a los años’80 y que en un millón de detalles parecía un homenaje a los Cazafantasmas. Si se hubiera quedado en eso, el sabor de boca sería más dulce, pero el mundo ha cambiado demasiado, Netflix fue explorando otros formatos dentro de la ciencia ficción y los más de 1.000 días que pasaron entre la temporada 4 y esta, hicieron venirse encima las incisivas críticas a los primeros capítulos. Más aún, Netflix partió la temporada final en 3 volúmenes solo para mantenernos enganchados a la plataforma.

Con tanto tiempo de producción, éramos muchos los que esperábamos una temporada final a la altura de una serie que ha marcado este cuarto de siglo y que nos dejó, en temporadas pasadas, la impresión de el objetivo era enfrentar a un asesino de dimensiones colosales y que nos estaban preparando para ese momento. Sin embargo, aquella propuesta original y cautivadora, con mucho cine ochentero y de referencias al terror tipo Stephen King, se planteaba a su final 10 años después de su inicio y con una industria seriéfila masificada y acostumbrada a derribar los desenlaces del streaming.


¿Qué fallas hubo?.

Uno de los aspectos más flojos de esta season finale fue la dispersión del argumento; de pronto, las subtramas sobrecargaron la historia y se dificultó el desarrollo de los personajes principales. Eleven (Millie Bobby Brown) se volvió rostro de la serie e incluso de Netflix, pero llegó a este cierre sin una evolución notable y los nuevos personajes introducidos, no conectaron con la audiencia. En los primeros capítulos hubo exceso de guiños al pasado e incluso ¡el secuestro de otra niña por el demogorgon!...dejaban una sensación de poca innovación.

También hay que agregar a esta mala percepción, la duración de los capítulos; se hicieron muy tediosos y los 6 primeros carecían de espíritu. A pesar de que los personajes eran los mismos que siempre nos cautivaron, ahora se les veía estancados, teniendo diálogos absurdos y colmando nuestra paciencia. Y también hay que repudiar la demasiada improvisación del guion; por ejemplo, en el origen de Henry como ayudante del mindflayer y la historia de ese maletín y la piedra mágica que, aparentemente, dio origen a todo. Introducirlo así sin más, no deja buena impresión y son ridículas las explicaciones que dicen que fue así porque los niños contaban la historia y la podían alterar narrativamente. Por favor.

Por otro lado, la excelente banda sonora, que tan bien congeniaba en los inicios de la serie, desapareció. Las escenas fueron contemplativas, mientras que las emotivas solo asomaron al final y para compensar. Todo fue acción, acción y acción, sin una línea argumentativa clara y demasiados cabos sueltos. Además, muchos creímos que en este universo de demogorgon y monstruos terribles, algún humano tenía que morir; los Duffer no han mostrado la valentía de matar a sus protagonistas y han sido benevolentes con Netflix.

Que la principal discusión sea que Eleven no murió porque no existió es a lo menos, desconcertante.

¿Eleven existió?. 

La verdad, habría que ver toda la serie de nuevo para intentar entender que todo fue la imaginación de Mike y que a eso se deben las irregularidades del guion y que nadie haya muerto. Que al final esta serie ha sido de niños que crecieron y que se convirtieron en jóvenes que debían dejar de jugar…demasiado simple para Los Duffer, pero esa es la conclusión que muchos abrazan. La propuesta inicial nos presentó a Eleven como la heroína de toda esta historia (la de Mike!) y cuyo propósito final en la vida era destruir a quienes le causaron tanto dolor. 

¿Por qué lloran al final los amigos?. Acaso los últimos 30 minutos del capítulo final ¿son los únicos 100% reales de toda esta historia?, al parecer si, pues Eleven no es mencionada en ninguna  conversación y nadie parece tener recuerdo de ella. Un monumento a las victimas de un terremoto nos es presentado como excusa para que entendamos que nunca hubo un upside down, ni demogorgons ni ninguna criatura batalló al final; por eso Vecna cayó tumbado por 7 jóvenes que le tiraron armas construidas en el patio de la casa, por eso no hubo ninguna muerte destacable, por eso parece un final tibio y del clásico "todo fue un sueño" de Alicia en el país de las maravillas. De hecho, Alicia aparece como póster en una escena y Holly está todo el tiempo vestida de Alicia.

Entonces, Eleven muere en la narración fantástica, pero en el fondo Mike cuenta el final alternativo que tenían los escritores para ella, donde escapaba a ese paisaje con tres cascadas.

Y fueron Steve, Nancy, Robin y Jonathan, los que tuvieron la mejor escena de toda esta temporada. Completamente reales y sin estar enterados, aparentemente, de que fueron protagonistas de una matanza a un ser intersensorial, capturaron perfectamente lo que se siente crecer y quemar la etapa de la adolescencia y pasar a la adultez; cada uno de ellos enfrentado la decisión de qué hacer y dónde ir a trabajar, mientras se deja atrás el lugar donde creciste y a los amigos que te vieron crecer. Es una escena muy cliché pero que siempre funciona, pero los actores transmitían una pena real y fue una escena muy bien lograda.

Si la última media hora es la clave para entender todo Stranger Things, esto no fue más que 5 amigos jugando a contar historias en un juego de rol. ¿Qué pasó con la doctora Kay?, ¿Por qué los militares se olvidan del daño causado?, ¿Por qué era tan importante el 6 de noviembre?, ¿Quién era el tipo del maletín?, ¿De dónde salió esa piedra que da inicio a toda la trama?...sin duda que el recorte de metraje debe haber sido kilométrico para haber dejado tantos cabos sueltos porque si.

El cierre de Stranger Things seguramente va a ser mejor apreciado con el tiempo, porque en este momento da la sensación de haber sido exprimida hasta su última gota de jugo y que al final se trató de compensar con el mensaje triste de dejar la niñez atrás. Comparto que esta historia empezó y terminó con ellos juntos y pasando la posta de esta aventura de jugar juegos de rol a la siguiente generación (Holly y sus amigos). El final aún no convence y dista mucho de ser perfecto (todo lo relacionado a Vecna y los militares deja mucho que desear), pero si esta fue una serie de 5 personajes, el cierre es perfecto para ellos, con mucho corazón y cerrando muy bien sus arcos de niños/adolescentes.