martes, 2 de febrero de 2016

“Son of Saul”: con otros “ojos”

Hemos visto y leído tanto del Holocausto que, al parecer, ya nada nos sorprende. Pero en esta cinta, candidata con primera opción al Oscar a Mejor Película Extranjera, se innova en el lenguaje, tanto oral como cinematográfico, para plasmar una de las tragedias humanas más terribles de la historia moderna.
Desde el primer cuadro el director húngaro László Nemes nos señala que su película es un thriller. El malogrado protagonista se nos presenta en un primer plano poco favorecedor, con la cara sucia y su ropa hecha tiras, retrato perfecto de su condición de prisionero sometido a un trato inhumano. Poco a poco se revela que el ex cerrajero Saúl Auslander (Geza Röhrig) se propondrá encontrar a su hijo en ese infierno; también, desde el primer minuto, el espectador es situado en un escenario lúgubre, de caos físico y gritos de desesperación propios de Auschwitz, haciendo alusión a una sensación aterradora, pero manteniendo la acción siempre en los hombros del enigmático protagonista. La cámara se queda ahí, a centímetros del rostro de Saúl, por espacio de dos horas. Este es un ejercicio cinematográfico “remodelador” del drama del Holocausto, que reaviva el dolor a través de la sensación fría, sin ser explícita. "Son of Saul” es aterradora pero demasiado atrapante para que puedas apartar tu mirada de esas escenas y de los “ojos” del protagonista.
La capacidad de Nemes para inyectar viveza a la historia de supervivencia del campo de concentración, que a estas alturas está llena de clichés, se refuerza en una nueva energía cinematográfica propia de un director debutante. Él se apoyó, para esta hazaña, en el formato 35mm que contiene la acción como si ésta estuviera desarrollándose dentro de una caja, lo que lleva a la percepción de estar atrapado en ese mundo infernal. Mientras "La lista de Schindler" se enfrentó a un montón de críticas por su escena en la que los presos “pastoreaban” en una cámara de gas, "Son of Saul" no ofrece tal respiro. La cámara se detiene en el rostro de Saúl, le hace guardia; igual se escuchan los golpes violentos y los gritos de las víctimas moribundas al otro lado de la pared, pero es su rostro, su gestualidad o su in-expresión, la que sugiere todo lo que está pasando; a través de su mirada sentimos que él ya ha pasado por ese procedimiento desgarrador en innumerables ocasiones y eso se transmite al espectador, aunque no se vea lo que está ocurriendo.

La fotografía es lúgubre y oscura y el campamento tiene las dimensiones de una zona de guerra sin aliento, efecto realzado por una técnica de cámara que ya vimos en "Children of Men" y que se caracteriza por la forma en que nos adentra en los acontecimientos, pero en este caso todo lo fundamentan las experiencias de un sólo hombre, siempre con los ojos abiertos. La delgada apariencia de Röhrig, que a veces hasta se mueve como un robot, y la falta de contexto previo sobre su historia de fondo a veces dificulta la capacidad de empatizar totalmente con su objetivo pero, aún así, Nemes va dando al espectador muchos consejos a lo largo de la película sobre quién es y qué piensa el protagonista, aunque el ritmo es tan acelerado que, en verdad, perdemos el interés por saber cuáles son sus reales motivos. De principio a fin, Saúl nunca se toma un descanso, por el bien de la película, siempre debemos estar pendientes de él.
Igualmente hay escenas desgarradoras, como aquella en que hace contacto con su esposa, en la sección de mujeres, y vemos un enfrentamiento doloroso entre la pareja separada, el que se desarrolla, exclusivamente, a través del contacto con los ojos. El diretor evita cualquier interrupción extensa porque, afortunadamente, la calidad visceral de las actuaciones es suficiente y no hay necesidad de adornos. Al igual que el documental de Claude Lanzmann, "Shoah", Nemes se resiste a “sentimentalizar” el material, pero sí da pistas para explicar la confusión psicológica de sus personajes y ayuda al espectador a formarse su opinión e ir más allá del horror del contexto.

"Son of Saul" tiene una naturaleza devastadora por los eventos que conforman la trama, pero se resiste a exagerar. A pesar del contexto, Nemes destapa un halo de optimismo en este acto de perseverar contra viento y marea. Obra de gran factura, poco vista en estos tiempos, contada con frialdad, la que nos interpela a través de una cámara reflexiva. Otro lenguaje, otra sensación.

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