lunes, 15 de julio de 2019

The Virtues: la generación sin memoria


“Sex Education”, Fleabag” y “After Life” son lo más destacado del año y todas son británicas. A esta lista hay que agregar a “The Virtues”, una historia  desgarradora sobre cómo los olvidados por la sociedad arrastran una cruz no escogida, y grafica el momento en que la única forma de sacudirla de la espalda es volviendo atrás, para reconstruir un rompecabezas lleno de dolor.

Las series británicas gozan de excelente momento creativo, es más, últimamente hay un montón de nombres que son casi imprescindibles; pero no todas están en la categoría mainstream, hay otras más de nicho, más complejas en su narrativa, pero que levantan la misma polvareda por su gran calidad. Este es el caso de “The Virtues”, lo último de Shane Meadows,  realizador que batió todos los récords con “This is England” hace dos décadas, esa maravillosa ficción sobre los skinhead que lo acogieron en una etapa de su juventud. Porque Meadows tuvo una vida difícil y ha utilizado las series para exorcizar su propia historia, para recordarla, para sanar y perdonar. Y mucho de esto da forma a “The Virtues”.

Protagonizada por un sobresaliente Stephen Graham, el resultado es una de las mejores series de 2019. Graham se pone en la dañada alma y piel de Joseph, quien fue separado de su hermana en la niñez, enviado a un hogar de niños del cual escapó, y construyó su adultez intentando olvidar. Pero cuando su ex esposa le comunica que se va con su hijo a otro país, su vida se vuelve a derrumbar. El estilo visual del director es absolutamente realista, con muchas escenas sin diálogos, pero  evocadoras de los pensamientos sufridos del protagonista, recursos con los que Meadows se mueve con facilidad. Joseph es un personaje habitual de su filmografía, aquel integrante de una clase obrera desamparada por instancias de la vida, pero también por inequidades provenientes del gobierno.  Tras no poder hacer nada para incidir en la decisión que ha tomado su ex, Joseph decide volver a su Irlanda natal para encontrar las respuestas de un pasado que tiene completamente reprimido y que, sospecha, es lo que lo tiene convertido en esta persona totalmente descompuesta.

Apoyados en la sugerente música de la gran P.J.Harvey, que firmó una gran banda sonora, sentimos a los personajes  y  deambulamos con ellos en busca de sus respuestas. Joe nos hace sufrir y empatizamos totalmente, porque sabemos que el dolor ha sido muy gratuito. La serie, además, nos presenta el parangón de las decisiones de Joe con las de Dinah, personaje muy importante y que, a sus 20 años,  pareciera repetir los problemas del protagonista pero en otro segmento etareo. Su historia va en paralelo y nos permite contrastar las diferentes actitudes frente a las jodas  de la vida en dos etapas diferentes. El triángulo lo completa Anna, la hermana de Joseph y quien lo acepta tras 20 años sin verse y, en pocos episodios, parecen atravesar toda la vida que los ha separado.

“The Virtues” se vuelve sólida mientras explora su premisa y utiliza elementos del thriller psicológico. Finalmente, es la encarnación de una generación que ha sido objeto de la desmemoria. La trama le ofrece, representada en Joe, la posibilidad de un reseteo mental para intentar tener la paz interior que le ha sido negada.

Alejado de cualquier moralidad, Meadows presenta su última serie como una denuncia clara de la situación de su país pero sin usar el Brexit como excusa, sino más bien construyendo un drama sobre un hombre que sólo quiere curar las heridas del estar vivo.

viernes, 12 de julio de 2019

Stranger Things 3: la cautivadora nostalgia


Fenómeno mundial en 2016, “Stranger Things” llegó a una impensada 3a temporada escribiendo una carta de amor a Steven Spielberg, John Carpenter, H.P. Lovecraft, Stephen King y tantos más. En sus letras se evidencia sinceridad,  geniales arcos narrativos y subtramas propias de la adolescencia para ejemplificar una fantástica labor de los hermanos Duffer, Curtis Gwinn, Paul Dichter, William Bridges y Kate Trefry, escribiendo libretos que cruzaron lo intergeneracional y abrazaron el género de ciencia ficción y horror que alumbró la década '80, y construyó la vida y las sensaciones de millones de jóvenes que hoy se ven reflejados en los 8 episodios.

Es cierto que la temporada 2 había sido algo dispersa en su empeño por volverse oscura y verse menos infantil; sin embargo, allí fue donde radicó el inesperado y absoluto éxito de 2016 asique no había que inventar la pólvora, había que hacer el ejercicio de reconocerse a sí misma como culto y no como homenaje a los '80. Para ello, el equipo de guionistas hizo una labor soberbia rescatando el mejor carisma de su extraordinario elenco y dividiendo a los protagonistas en grupos, los que fueron por caminos paralelos y con ritmos distintos para avanzar en sus respectivas historias. 

Y resaltamos lo del libreto, realmente maestro, sin cinismos, reconectando al grupo de amigos con “El día de los muertos”, “Zombi”, “The Stuff”, “Oz” (¡más miedo aún!) o “La invasión de los ladrones de cuerpos”, en la versión de Philip Kaufman (por eso hay una zapatería Kaufman en el centro comercial!). Pero también asoman en todo su esplendor “Terminator” y, sobre todo, “La Cosa”. De esta manera, los Duffer deciden apostar por el terror multirreferencial enfatizando dos pilares narrativos recogidos del film “Amanecer Rojo”: la paranoia anticomunista de la época y su analogía  de suplantaciones corporales alienígenas. Ambas corrientes se desarrollan muy bien y de forma entretenida, gracias al personaje de Smirnoff y Murray que dejan momentos que no flaquean.

Aparte del guion, toda la temporada sale adelante gracias al desempeño, nuevamente, de un fantástico elenco. La dupla compuesta por Steve y Dustin se afianza como el de las estrellas de la comicidad, sobre todo Gaten Matarazzo, quien es casi un John C. Reilly en potencia. El Hopper de David Harbour evolucionó a una simpática versión de detective estilo “Magnum”, mientras que la gran revolución fue Maya Hawke, hija de Ethan Hawke y Uma Thurman, con una actuación hilarante y espontánea. A eso le agregamos a la mega estrella Milly Bobby Brown perdiendo sus poderes y dejando a su novio para ir en búsqueda de quién es en verdad, para sentenciar una temporada bisagra que podría ser detonante de, quizás, una temporada final.

La música ha sido fantástica otra vez. Desde “Never Ending Story” hasta “Wake Me Up Before You Go Go” y “Material Girl” sentencian un soundtrack de lujo. Sin embargo, hay un detalle importante y que tiene quer con “Heroes” de Peter Gabriel. Es la última canción que suena en la temporada y que ya había formado parte de la sesión inicial cuando encuentran el cuerpo de Will en el lago (después descubriríamos que estaba en el upside down), y acompaña el triste momento en que Once lee la carta que Hopper había escrito y no se atrevió a conversar. Dado que la hermosa versión de Gabiel para el tema de David Bowie suena en un momento de pérdida, tal cual la temporada 1,  muchos ya especulamos con que refiere a que el detective está vivo, ¿acaso está cautivo por los rusos y es lo que vemos en la escena final post créditos?.

Casi 100 millones de dólares de presupuesto, una brillante factura técnica, secuencias de acción sólidas, personajes frescos y nuevos rostros que aportaron humor y dinamismo al mejor blockbuster del año. “Stranger Things 3” es atractiva en todos los aspectos y encaja perfectamente porque, en realidad, nadie quiere crecer realmente: aún somos, y para siempre, los seres que éramos en el colegio. Ahí se afianza el éxito intergeneracional de esta nostálgica propuesta.

lunes, 24 de junio de 2019

Dark, temp 2: el acertijo de la vida


Con una trama inmensa y una estética gótica, “Dark” fue una de las grandes revelaciones de Netflix en 2017.  El mundo clamó por su continuación y ya presentó su segunda temporada, con una narrativa superior y personalidad propia, mostrando este mundo caótico en el que Jonas debía  infiltrarse para encontrar sus propias respuestas, las que fueron abarcando varias líneas de la filosofía y el existencialismo.

“Ahora no es “cuándo”, sino “en qué mundo”. Continuidad directa y sólida. Casi dos años hubo que esperar para que Netflix trajera la segunda temporada de una apuesta silenciosa que, en 2017, le tributó tanto o más gas que “Stranger Things”. El futuro postapocalíptico que da vida a la historia se presentó como un agujero lleno de acertijos, donde la verdad sobre las desapariciones de los habitantes de Winden servía como excusa para entrar en la dinámica narrativa.  Baran bo Odar y Jantje Friese se enfrentaban a la impensada temporada 2 de “Dark” con un  público masivo exigiendo respuestas a esas preguntas con tintes filosóficos, religiosos, del libre albedrío y demás, sobre la conexión entre el pasado y el futuro. Los viajes en el tiempo mueven la historia, pero acá son utilizados para plantear cuestiones como el de dónde venimos, hacia dónde vamos, si somos realmente libres.Este correcto tratamiento le dio otro status a la ficción y exige atención y convicciones.


Si con 3 tiempos argumentales el panorama ya era complicado de seguir, en la sesión 2 se arriesgan con más, sumando dos puntos cruciales a esas separaciones de 33 años. Ahora estuvimos mucho más en el pasado y futuro que en el presente, siguiendo a un Jonas que continuaba su cruzada para salvarse a sí mismo, pero al paso que avanzaba se iba dando cuenta de que esto era mucho más grande que su propia urgencia. Y así “Dark” funciona, porque es inteligente en el uso que hace de un género en el que casi todo está dicho. Tras dos episodios iniciales necesarios para reparar asuntos narrativos inconclusos,   desde ahí el guion se hace cargo de  lo que viene y lo hace con planteamientos cada vez más interesantes, que la hacen crecer como propuesta, y reserva su clímax para el episodio de mitad de temporada. Parecía difícil encajar todas las piezas, pero la serie siempre lo consiguió.

Sin duda que el guion es lo que marca el ritmo y el tono de la temporada con una base narrativa  mucho más negra que  la de la sesión debut, alejándose de Hawkins para acercarse a  “Twin Peaks”. Hay una evolución evidente en el drama y en la estética, muy bien utilizada por Odar y Friese, para dar esa sensación de desesperanza y dolor en el estado de ánimo de los personajes y en el misterio que se respira en cada escena. Y si le sumamos la paleta de colores y la melancólica banda sonora, se elabora todo un circuito narrativo del cual es difícil escapar, porque te lleva, te sirve como hilo conductor.

Saber que la temporada 3 será la última ayuda a confiar en que no tendremos idas y vueltas innecesarias en esta potente historia, la que ha ido dejando muchos heridos en el camino y nos da un matiz de cómo se ve nuestro mundo en 33 años más y cuáles son las preguntas que allí se hacen. La segunda temporada de “Dark” acierta en todo, es pura oscuridad y se clava como una de las mejores series originales de Netflix. 

domingo, 9 de junio de 2019

Chernobyl: el terror de la mentira

Las miniseries históricas han sido sello de HBO. Desde "Mildred Pierce" hasta "The Pacific", las propuestas han ganado en intensidad y dramatismo, pero hacía tiempo que no lograban un impacto tan potente como el provocado por "Chernobyl".


Después del final de "Game of Thrones", del cual se hablaba desde el año pasado, creíamos que HBO iba a descansar en los laureles de finalizar una producción tan apoteósica y que durante 8 años fue su caballito de batalla. Estos grandes esfuerzos por visibilizar la relevancia de la serie medieval, dejaron en segundo plano a otras propuestas que la cadena tenía en preparación, lanzando al sacrificio (ir después de GOT era arriesgado) y casi sin publicidad, a una miniserie cruda y dura, basada en una de las mayores  catástrofes de la humanidad. "Chernobyl" se sobrepuso y se sostuvo en base a actuaciones descomunales, un guion sólido y perfecta ambientación, todo sostenido en el principio de que los hechos pueden negarse, pero que siempre van a estar ahí. El castigo a Valeri Legasov por decir la verdad ayuda a enfatizar la tesis de Craig Mazin, usando la figura de la KGB como depurador. Cuando se empeña en negar esa verdad, en ignorarla, en construir una red de mentiras para invisibilizarla, se acaba pagando un precio gigantesco.

El accidente nuclear expuso la mezquindad de las instituciones, las serviles, las que purgaban a todos los que creyeran que, al exponer lo que funcionaba mal, se ponía en peligro a la nación. La miniserie traza, además,  la conexión entre aquella URSS en declive con los políticos actuales (como los de Estados Unidos), obcecados en tachar de noticias falsas todo lo que contradiga sus discursos.

"Tendremos nuestros villanos, tendremos nuestros héroes y tendremos nuestra verdad". Conceptualizada para no darnos respiro, el relato se centró en la enormidad de la catástrofe y de las mentiras oficiales. Acá reposan las claves de su tremendo éxito, ejemplificadas en imágenes editadas y fotografiadas con perfección: la matanza de los animales, las terribles imágenes de los muertos en vida, la debacle en los hospitales, las consecuencias físicas y familiares de la exposición a la radiación, y el momento del juicio, son solo algunos de los más álgidos y que la transforman en una extraordinaria producción. Si analizamos el juicio como la oportunidad de la justicia, Mazin recurrió a enfatizar la explicación con tarjetas rojas y azules, junto con los flashback hacia aquella noche, para construir un ascenso en tensión hacia la explosión misma, pero también hacia el testimonio de Legasov, de quien no sabemos si dirá en público que el gobierno sabía que el reactor tenía una falla de diseño. La recreación del juicio es magnífica; no hay música dramática ni efectos especiales, sólo tres personas, una gran verdad, el peso de las muertes, el descrédito a la ciencia, el fin de una nación, las nulas esperanzas.

Con su mezcla de imagen vintage, recursos del cine de terror apocalíptico y su aire soviético en la trama  política y de conspiración, "Chernobyl" nos ubicó con maestría, en 2019, en  el corazón del desastre nuclear que la historia contemporánea parecía haber olvidado. Las escenas finales, donde la miniserie se arroba su cuota documental, nos muestran que hasta hoy la zona está abandonada y que se debió construir un nuevo escudo, el que promete durar 100 años; a pesar de eso, la ciudad aún es sumamente radioactiva. ¿Cómo comprendemos el convivir con ese miedo?, ¿Cómo nos hacemos parte de una reflexión ante el devenir energético, cuándo las economías aún no se la juegan por las energías limpias y el presidente norteamericano desacredita mundialmente el fenómeno del calentamiento global?. "Chernobyl" dio en el clavo a nivel de producto televisivo y logró  que muchos  ya hayan olvidado la fantasía de "Game of Thrones" porque la realidad es aún más aterradora, es una que se te mete en la mente y que siembra la duda de si acaso es posible que vuelva a producirse una catástrofe de tal magnitud en la era de las fake news.

martes, 21 de mayo de 2019

Game of Thrones, temp final: adiós a un momento en la televisión


Aunque suene grandilocuente, el final de GoT, que en EEUU tuvo una audiencia de 19 millones, significó no solo el desenlace de una gran historia basada en mitos, profecías, muertes sangrientas y una lucha monumental por un trono. Significó, además, despedirse de un momento único de la televisión, el cual sofisticó batallas y su visualidad y revivió la importancia y equilibrio que debe existir entre la literatura y la ciencia ficción. Vertiginosa a más no poder, la season finale no buscó cierres bonitos, hizo caso omiso a sus propias leyendas y volvió constantemente a la temporada inicial, buscando cerrar el círculo de un extraordinario viaje.

El monólogo de Tyrion  fue el momento culmine del episodio final de la serie más relevante de la década 2010-20.  En él, el personaje enano repasa la declaración de principios de David Bienoff y  D. Weiss: nada es más valorable y exitoso que las buenas historias. Y aunque se haya establecido una legión de fans y desatado sobredosis de emociones, era imposible aseverar que el final iba a ser perfecto, debido a lo gigante que había sido todo el desarrollo anterior.

Durante varios capítulos estuvimos impotentes ante la nula capacidad de Jon de hacer lo que tenía que hacer. Ahí fue cuando resurgieron los “No sabes nada, Jon Snow”. Y qué decir cuando se reunió con un Tyrion que aguardaba su ejecución. La conversación entre ambos condensó toda la decepción, el dolor,  la devastación, el futuro. Solo Jon podía empuñar esa daga, sólo a él Drogon le permitió pasar sin asesinarlo. Jon fue el verdadero protagonista de toda esta historia y sí, fue frustrante hasta más no poder. Ya teníamos una indicación de que Daenerys iba a morir en la sala del trono de hierro, según la visión que tuvo en la segunda temporada, asique era cuestión de minutos llegar a comprobarlo. Sin echarse al hombro la carga dramática del momento, Jon da muerte a su reina traspasándole todo el arco de emoción a Drogon, el que al ver la espada asesina en el pecho de su madre, la asocia a aquellas clavadas en el trono, regurgitando toda su furia hacia ese codiciado elemento y no hacia Snow. Los dragones fueron protagonistas de esta temporada brindando la emoción y la hermosura de la edición y fotografía de las imágenes, culminando todo con ese vuelo entre las nubes cargando el cuerpo de la extinta khaleesi. 


Por este acto, Jon fue al sacrificio sin que la serie diera relevancia a que era un Targaryen, más bien, este detalle se usó para instalar en la mente del espectador la nula posibilidad de amor entre tía y sobrino. ¿Quién asume entonces, el trono tan arduamente disputado?, nada menos que el dueño de la mejor historia, de la experiencia de vida más  dura, para que con ese pundonor pudiera reconstruir lo que está por venir. Una solución impecable en manos del mejor estratega de la serie: Tyrion. Él representó la sabiduría, entendió que el nuevo mundo necesitaría un relato, una historia que fuera la alerta del pasado, y por eso es la Mano; el que administra y piensa,  el sabio que no sabe todo.


Gusano Gris y los suyos zarparon a Naath, y la noble Brienne cerró su ciclo despidiéndose de Jaime revalorizando su hombría.

El final de Sansa fue su inclaudicable lucha por el reinado. Sabiendo que había una soberanía conseguida en base a sangre, no  renunció a su destino ni siquiera ante su hermano, elegido por un concilio que se planteó en un nuevo futuro.

Arya se libera de aquella lista de muerte y reordena sus prioridades. Y decide que aquella es la libertad. Así, parte hacia lo desconocido, en soledad, volviendo a ser fuerte en su propia autenticidad. Este viaje que inicia pide a gritos un spin-off, el que seguramente nunca veremos.


Y Jon retornó donde todo comenzó, al lugar donde se siente seguro y donde todo es distinto ahora. Por eso se siente en el deber de conducir a la gente hacia un nuevo destino.

Dos conclusiones importantes: prevaleció la casa Stark, aquella sin castillo, la  de nieve y barro, la que no tenía intelectuales, la del lobo herido, el bastardo, el rey roto, la mejor reina y la valiente guerrera. Y prevalecieron los desterrados, los pobres, los que pelearon cara a cara con la muerte, no ahora, sino que siempre; los que reconocieron en Jon ese “estar afuera” para poder “estar adentro” cuando fuere necesario; el pueblo.

“El trono de hierro” no fue el mejor capítulo y tampoco el más  espectacular, pero sí fue un desenlace satisfactorio para el inmenso viaje del que fuimos parte por tantos años. ¿Es más importante el viaje que el final de éste? Claro que sí. Un cierre coherente, que logró estar a la altura y que dio punto final a un instante de la televisión, con nuevos estándares en cuanto a escenas de batallas y con una historia cuyas precuelas (queremos spin off!) pretenden alargar aún más esta ficción prodigada al mundo por una serie de TV basada en mitos y leyendas de un reino inventado, pero del cual millones se sintieron parte.

sábado, 13 de abril de 2019

Love, Death & Robots: la poesía de la animación


Totalmente peculiar y rompedora de esquemas. Esta sucesión de cortos de animación distópicos, combina la ciencia ficción con la fantasía y la filosofía. Creada por Tim Miller (“Deadpool”) y David Fincher (“House of Cards”, “El Club de la Pelea”) tiene tintes a “Pacific Rim”, “Evangelion”, “The Terror”, “Gravity”, “Jurassic Park” y “Black Mirror”, sobre todo, en su intento por advertirnos que tanta tecnología no puede ser tan buena. Netflix sigue apostando a ganador, y acá clasificamos los 18 cortos, que son mucho más que un buen pasatiempo para un fin de semana.


18. Shape-Shifters
Licántropos entre las tropas estadounidenses en Afganistán. La introducción del elemento fantástico, en un escenario tan real y desgarrador, no es una gran idea. Sin embargo, ambos personajes principales están bien delineados y por eso logran mucha química en pantalla.

17. Suits 
Unos granjeros norteamericanos trata de defender sus cosechas de una plaga de insectos alienígenas. Está llena de clichés, pero tiene todos los elementos que el fan de cepa de la ciencia ficción abrazará con gusto.

16. Lucky 13
Muy parecido al tono que aborda “Shape-Shifters”, pero este logra una identidad propia. Eso sí, podría haberle sacado mucho más provecho a la animación.

15. Beyond the Aquila Rift
No maneja de la mejor forma la animación hiperrealista vs la realidad. Pusieron demasiado empeño en la tecnología y descuidaron el relato, el cual ya se había visto y no generó sorpresa. 

14. Sucker of Souls
Lo mejor es la combinación de gore y humor, por eso olvidó fortalecer un poco más la historia.

13. The Dump
Buenas intenciones, pero se va empobreciendo en el relato.

12. Helping Hand
Similar a la recreación de “Gravity”, la historia en sí pretende llevarnos al filo de la tensión. Mal que mal, la pobre mujer está sola en el espacio. El realismo de la protagonista hace rescatable todo el visionado.


11. Ice Age
Topher Grace y Mary Elizabeth Winstead, sin motion. El corto  fusiona la animación con imágenes reales y eso le da más valor a una historia que también ha sido vista antes. La cuestión de fondo parece ser el preguntarse qué vemos como animación y qué no. 


10. Alternate Histories
Es muy divertido ver a Hitler ser asesinado de las formas más risibles. Gran ejemplo de cómo una animación modesta puede ser brillante, si es respaldada por un buen concepto. Quedamos con ganas de ver más muertes extravagantes de personajes históricos detestables.


9. Secret War
Sensaciones parecidas a las experimentadas con “The Terror” nos produce la historia de una sección del Ejército Rojo  en las montañas. El perseguidor se convierte, de pronto, en perseguido. Es una de las mejores exploraciones del horror de toda la serie y tiene una gran escena final, junto al aporte musical que la justifican totalmente. 



8. Blind Spot
Tono desenfadado, sin respeto, aire de locura y desenfreno. Muy entretenido y también cuenta con un giro que resulta interesante, y nos deja con ganas de ver otra vez a este grupo de cuatreros en acción. La animación y el estilo de la historia se complementaron muy bien.


7. When the Yogurt Took Over
Muy hilarante. En solo seis minutos consigue un efecto que no abunda en la serie, al remitir a una distopía que se siente real, porque el yogurt podría ser interpretado como cualquiera de los mandatarios que hoy nos gobierna (o que los votantes escogen). Por su ironía es imprescindible, como también lo son su estilo de animación y lo ridículo de su historia.


6. The Witness 
Alberto Mielgo, conocido por su trabajo en “Spiderman: Into the spider verse”, presenta una historia atrapante, asfixiante y con una espectacular animación. El tono y los detalles, que la acercan al comic, la hacen de lo mejor de toda la propuesta. La escena del baile es excepcional y debe haber sido muy compleja de realizar.

5. Sonnie’s Edge
Es el corto que abre la serie y por eso es uno de los mejores. Porque te deja encandilado y con ganas de ver el resto. Un campeonato de gladiadores robot se adereza con muerte, amor y sexo. Gran calidad de la animación y la historia no deja de ser fantástica.

4. Fish Night
No hay robots en la historia, pero está llena de magia. No tiene aspavientos y sus protagonistas son hombres cansados, que van por la vida sin hacerse mayores preguntas. De pronto, el guion se aleja de la monotonía y se erige con todas sus posibilidades, coqueteando con las experiencias sensoriales. Tremendo potencial y gran final.

3. Three Robots 
La personalidad de los tres protagonistas se roba  el corto. Esto es un logro formidable, considerando que uno de ellos ni siquiera tiene rostro. Es uno de los más avasalladores y se entrega por completo al humor negro, de una manera muy inteligente.


2. Good Hunting
Aquí, Miller y Fincher se acercan más a la animación de cepa, a aquella que proviene de la mística japonesa. Junto con plantear una historia de venganza muy rescatable, el cambio de visión en la estética (principalmente de 3D) es grandiosa. La historia tiene varias capas y mezcla muy bien una introducción, en relato de folclor, con un final a lo ciberpunk. 


1. Zima Blue
Por encima de la sangre, el sexo, el realismo y la fantasía, “Love, Death & Robots” brilla cuando plantea el “qué” de la historia, y lo mezcla con un estilo visual que dialoga con ese punto central. Zima Blue, el protagonista, es un robot con tintes humanos (o al revés?) que busca respuestas frente a la inmensidad del espacio. Se hace preguntas y reflexiona y por esa amplitud de miradas, su fortaleza en lo plástico y el cómo juega con la paleta en azul, resulta un corto potente y muy original.



sábado, 2 de marzo de 2019

True Detective, temp 3: el mejor poema de Pizzolatto


No estaban Matthew McConaughey ni Woody Harrelson, pero el sello autoral del showrunner se sintió desde el primer episodio del regreso de “True Detective”. La serie de HBO volvió a los hombres dañados y a la Norteamérica profunda, teniendo muy claro lo que quería contar y perfilando un personaje en etapas, como hilo conductor.

“True Detective” es uno de los grandes paradigmas de la televisión de esta década. Se convirtió en fenómeno, creó un subgénero,   derivó en copias  y bajó a los infiernos tan rápido como llegó a la cima. Tras esta tercera temporada,  consigue volver a un sitial relevante no tanto por el “qué”, sino por el “cómo”, y en eso, el mérito absoluto es del creador Nic Pizzolatto. HBO decidió entregarle plena libertad creativa para esta sesión, siendo el esquema narrativo planteado, un verdadero riesgo: los saltos temporales.

"El mundo necesita hombres malos. Somos los que mantenemos a raya a los otros hombres malos", decía Rust Cohle en los inicios de la ficción. Porque los tipos de “True Detective” no son buenos,  se criaron en un tiempo y en un lugar en el que ser vulnerable y diferente no estaba permitido, por lo que el personaje central de esta tercera sesión debía ir ligado a esa máxima. Allí es donde el autor crea otro detective de compleja emocionalidad y se lo entrega en bandeja a Mahershala Ali, quien lo interpreta como una gran oportunidad de lucimiento y  recordándonos mucho  la temporada de Cohle y Hart; el recientemente oscarizado actor consigue aportar frescura a esta historia de hombres heridos por el dolor de las decisiones tomadas y los errores cometidos, junto con luchar por expiar esas culpas antes de perder la memoria por completo. Logró pasar, sin problemas, de interpretar a un hombre joven a un anciano lidiando con el Alzheimer,  imbuyendo a Hays un orgullo, una ira reprimida, tristeza y tanta humanidad en cada una de las líneas de tiempo que planteó la serie.


Con una idea muy clara de lo que quería del guion, Pizzolatto volvió  a la fórmula conocida: la atmósfera inquietante de la Norteamérica de décadas pasadas, el inteligente juego temporal que dosificó la información, la pareja central de detectives, la atmósfera  inquietante y  hermosamente lograda, la fotografía sin excesos.  Cada salto, cada memoria incompleta,  cada pista, nos fue envolviendo en ese desconcierto tan hipnótico de la atmósfera “True Detective”. Asistido por David Milch, Nic consiguió un relato mucho más ágil, y para ello fue fundamental contar con Jeremy Saulnier, curtido en el género gracias a películas como “Green Room” y quien dirigió los dos primeros episodios, planteando ese tono para lo que venía después.  Por parte de la edición, ésta destacó por no confundir las etapas en las que se mezclaba la historia y por ir dando datos precisos para  esa claridad; de hecho, en el penúltimo episodio ya sabíamos todo, Junius arrojó  las respuestas que la pareja había estado buscando y el capítulo final fue solo una radiografía de los dolores de la relación de Hays con su difunta esposa. La reflexión siempre fue sobre las relaciones y la soledad, y no tanto sobre el caso policial.


La escena que cierra la temporada, con Hays en Vietnam y perdido en la selva, es la clave de toda la temporada. En realidad Hays nunca salió de allí, de las misiones de reconocimiento. Se comporta como si estuviera ahí en 1980 y 1990 y, en 2015, la soledad proviene de ese Alzheimer que lo encierra en su cabeza. Se acostumbró a estar solo siempre, no entrando en diálogos muy reflexivos sino que expresando la emoción desde otras aristas; en este sentido, los rictus, posturas y guiños que logró sacar al personaje estando en la vejez, son excepcionales.

El guion dejó algunas preguntas son responder, siendo la más relevante el saber si reconoció a Julie o si la enfermedad le jugó una mala pasada. Cuando concluye que ella fingió su muerte y cuando finalmente la encuentra, no se da cuenta  que, posiblemente, esté parado junto a la chica  que buscó casi toda su vida. Hay que mencionar que Ali es el único protagonista y prácticamente no hay desarrollo para sus secundarios, sin embargo, Stephen Dorff cumplió un rol a la altura, empatizando con sus miserias y acoplándose a los clichés del policía deprimido, sobre todo en esa gran escena del bar, cuando el consuelo lo encuentra en un perro callejero. Carmen Egojo, por su parte, fue la pieza omnipresente que guía al final de toda la historia policial y que tanto los obsesionó a ambos; ese último encuentro tras leer el libro, y ella con la apariencia de 1980, fue un cierre a ese camino tortuoso y fueron parte de los todos los trucos que usó Pizzolatto para contar su poema de soledad.


El acento en la memoria, en el paso del tiempo (marcado por ese poema de Delmore Schwartz que Amelia lee en la universidad),  le confirió a la temporada un tono más reflexivo, siendo igualmente muy sólida. Las actuaciones  intensas, la densa  escritura de Pizzolatto, la dirección calibrada, la música triste de T. Bone Burnett, la cinematografía que cambia los matices para reflejar los distintos períodos de tiempo…todos estos elementos contribuyeron a que “True Detective” volviera a sus ruedos y saliera airosa, con un Mahershala Ali que nuevamente será protagonista de la temporada de premios por esta actuación y por el primer éxito de HBO, en un año donde debiera estar por sobre Netflix según la parilla que tiene anunciada, siendo este su primer batacazo.