domingo, 2 de febrero de 2025

La Chica de la Aguja: las nulas garantías de la mujer

Esta intensa historia retrata la crueldad en el contexto de la posguerra, principalmente la marginación de las mujeres y su pérdida de autonomía. Con una estética que evoca al cine expresionista alemán y actuaciones sólidas, esta obra combina crudeza y humanidad en un estilo de filmación sobresaliente.

 

Desde el inicio, el film nos sumerge en un melodrama social muy duro, recreado con una atmósfera de blanco y negro escalofriante.  A Magnus von Horn, el director, le gustan las calles con neblina y poca luz, queriendo así mostrar los estereotipos de una clase media religiosa y aparentemente bondadosa. La Chica de la Aguja grafica de manera notable el estilo de vida miserable de los estratos bajos de esa sociedad, la cual había perdido su sensibilidad tras la debacle de la guerra. Al mismo tiempo, nos presenta a las dos protagonistas de esta historia basada en hechos reales la que, sin embargo, el director adapta de manera bastante libre. Dagmar, una mujer de aparente conciencia social, le ofrece ayuda a Carolina cuando intenta abortar. Le propone que mantenga al bebé y promete ayudarla a encontrarle una vida mejor al retoño, entregándolo a una pareja rica.

Desde los primeros 30 minutos, el director  comienza a construir el contexto y el entorno del pueblo con una frialdad notable y utiliza una fotografía de mayor espacio vertical para enfocarse en las personas, creando cierta claustrofobia en el lente. Una vez establecida la pérdida de humanidad, el director pasa al relato, el cual muestra cómo ante la falta de garantías individuales y laborales, las mujeres terminan marginadas incluso en la libre elección sobre su cuerpo y su maternidad. 


El personaje de Dagmar es sólido y de hecho la película debió haberse centrado más en ella, si es que quería ser leal a los hechos reales; sin embargo, comparte el protagonismo entregando dos visiones constantemente. A pesar de su papel, donde Dagmar busca ser la salvadora, hay momentos en los que el tono de la trama representa una maldad aún más extrema, nacida de sus instintos, los que nunca quedan realmente claros. El giro final, aunque predecible, sí resulta un suspiro de esperanza. 

Cierto es que hay un par de escenas impactantes pero que no son gratuitas, sin embargo, la película tiene algunas fallas en el tránsito de algunos eventos y en la forma de abordar ciertas temáticas, especialmente aquella conexión entre la clase de la época y la maternidad y las inspiraciones reales de Dagmar en sus asesinatos.

La Chica de la Aguja es un cuento de horror sobre la nula garantía de los sectores más desposeídos, especialmente de las mujeres. Filmada de manera impecable y con una fotografía que debiera recibir varios premios, esta obra continúa la tradición danesa de crear historias impactantes enfatizando el estilo de filmación.

martes, 21 de enero de 2025

Nosferatu: la belleza de un mito con 100 años de separación

La primera ‘Nosferatu’ data de 1922 y se convirtió en un clásico instantáneo. Hoy, más de 100 años después, sigue siendo considerada como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos y, por eso, la apuesta de Robert Eggers era arriesgada; sin embargo, sale victorioso honrando un mito y sublimando el género.

 

Las tres películas anteriores de Robert Eggers dejaban claro que su sello es la grandilocuencia en la filmación. Tras dos pruebas muy bien logradas, como ‘la Bruja’ y ‘El Faro’, el director neoyorkino alcanza la cumbre con ‘Nosferatu’. La película reconstruye con enorme precisión y buen gusto, la sombría Alemania del siglo XIX, utilizando  decorados, localizaciones y vestuario con enorme elegancia y gusto casi teatral. Todo este equilibrio ofrece un film auténtico, envolvente, onírico, con muy buen ritmo, aunque dure cuarenta minutos más que la original.

En la previa de la película, supimos que el film de 1922 tenía obsesionado a Eggers desde su niñez, y en el tratamiento de la historia y los giros de guion, notamos que el director llegó a comprender todos los momentos en los que tenía que dar más peso dramático para enfatizar aspectos de la historia y del mito del vampiro; como este mito es legendario, Eggers sabía que debía mostrar respeto y de ahí la gigantesca producción, para que el plano a plano ofreciera modernidad pero respetando el aura de la película original, aspecto que la ha hecho indeleble al paso del tiempo.

Esta 'Nosferatu' es el ejemplo de lo que debe ser un remake, lo cual es un éxito pues sabemos que es difícil versionar una historia que se ha contado con anterioridad y que tiene precedentes muy logrados dentro del género del terror/vampirismo; pero en 'Nosferatu' se nota confianza, se nota camino recorrido y ganado por el director. La película es un ir y venir de fascinación, de momentos grandiosos amplificados por el claro/oscuro y por un tratamiento musical operático, de creación de atmósferas terroríficas. Hay puntos muy altos en estos apartados.


La película triunfa gracias a todo lo señalado: dirección, intensidad, ritmo, decorados, actuaciones, pero hay un gran punto culmine: la fotografía de Jarin Blaschke. El director de foto es fiel colaborador de Eggers y firma un prodigio estético repleto de claroscuros, precisos movimientos de cámara, velas, antorchas para iluminar escenas nocturnas, crear  atmósferas densas, con grandes lunas plateadas.. así, ‘Nosferatu' también es un triunfo en el apartado visual y la escena final es un horror lleno de elegancia y fidelidad a la historia y que  se nos quedará grabada por mucho tiempo.

En definitiva, ‘Nosferatu’ es una gran reinvención y toda la tecnología puesta al servicio del film termina jugando a su favor. Hemos sido transportados al siglo XIX frío y lúgubre y hemos vivenciado la leyenda del vampiro que lleva más de 100 años siendo contada. La propuesta de Robert Eggers toca todas las aristas folclóricas del Este de Europa respetándolas y otorgándoles un barniz de modernidad con actuaciones entregadas y dolorosas, como la de Lily Rose Deep que, contra todo pronóstico, ha dado la nota alta con su primer protagónico y le regala más credibilidad a esta nueva joya, narrada con amor y mucha personalidad.

 

viernes, 13 de diciembre de 2024

A 40 años de ‘La Voz de los ‘80’: algo grande nació.

Mucho más que rockeros, nada que ver con una moda. El Chile de 1984 se acostumbraba a vivir entre protestas, asesinatos, mala calidad de vida y represión. La movida musical y cultural se había ido al exilio, las bandas conocidas no venían y ni siquiera llegaban todos los discos. En ese escenario asomó un canto nacido del barrio, el cual hoy es reconocido como un pregón en la oscuridad. 

A 40 años de un disco innegable y que solo podría tener parangón con lo que fue la nueva canción chilena, La Voz de los ‘80 apareció con su multiplicidad de sonidos, sin una etiqueta clara y donde se reconocía mucho twist, mucho ska, The Clash y Camilo Sesto; pero en la época se le tildó como combativo, encarador, a pesar de que Jorge, Claudio y Miguel convivían con la agitación política diaria pero no eran realmente partidarios de un sector ni utilizaban la cruel dictadura como inspiración para sus letras. No eran políticos, pero sí observadores de la agitación de sus barrios. Los acusaban de resentidos sociales mientras González declaraba en la revista La Bicicleta que no era poeta, que era alguien de la calle y con educación de liceo fiscal, no la de hoy claramente, sino de aquella de los años ’70.

Como primera conclusión, podemos aseverar que este disco no nace por Pinochet ni por la dictadura, pero sí se adueña de un discurso que impactó rotundamente en la precarizada sociedad, porque parecía dar continuidad al fenómeno de la nueva canción chilena y de eso se tomó, sin pensarlo, para tomar vuelo y aprender a mantenerse por sí solo. En ese contexto, es válido preguntarse si La Voz de los ’80 fue un punto de partida del ‘sonido prisionero’ ó  si este sonido realmente existió, ó si solo fue la expresión de lo que Jorge González escuchaba en ese momento. Ahí es donde asoman los ‘gonzalistas’, los ‘nareistas’ y los ‘tapia’ dispuestos a dar sangre por defender el protagonismo y, por qué no, el legado particular de cada uno de los tres prisioneros, como si este no fuera evidente.

Lo que no tiene discusión es que este disco le regaló a Chile un compositor magnánimo, comparado solo con gigantes como Víctor Jara o Violeta Parra y, para muchos, incluso está por sobre ellos, generando otro debate encendido. Si analizamos esta obra, en 'La Voz de los ’80', 'Sexo', 'Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos' y otras, se reconoce un agudo sentido de observación e interpretación de las consecuencias del actuar político en los pueblos; y en otras, como 'Eve-evelyn' y 'Paramar', notamos lo que fue la antesala de un gran compositor romántico, característica que explota en dimensiones fundamentales en Corazones.

Hoy, La Voz de los '80 ¿Está vigente?. Si le ponemos atención a los seis primeros tracks podemos aseverar que sigue vigente, porque las realidades que describe son visibles en la actualidad, en los tiempos definidos por plataformas como Onlyfans, X, Instagram y la posverdad. Esto es malo, porque indica que Chile no ha cambiado. Pero por otro lado, surge la pregunta de si, musicalmente, La Voz de los ‘80 ha tenido influencia en las propuestas posteriores y en la presente ‘música urbana’, la cual tiene demasiadas subcategorías como para dar una respuesta concreta.

Ni los hippies ni los punk. Sangre roja, furiosa y adolescente. Olor a farsa. Siendo estúpido serás feliz. Ya viene la fuerza. Slogans eternos nacidos de tres jóvenes del barrio, autodidactas, especiales, que suplieron la precariedad con enorme talento y con un relato lleno de energía y sentimiento. Ese 13 de diciembre de 1984, con el apoyo invaluable de Francisco Straub, se sembró una semilla que nació, fue fuerte y poderosa y murió, pero que está ahí, retumbando, y aún busca herederos para el futuro, a esos que quieran ser la nueva fuerza.




lunes, 22 de abril de 2024

Ripley: el mal siempre triunfa

Interpretar a un personaje icónico, como Tom Ripley, puede ser una trampa para cualquier actor; porque hay que ponerse en la piel de alguien que, en esencia, no es nadie. El célebre estafador llegó a Netflix de la mano de Andrew Scott y Steve Zailian, en una adaptación vibrante, llena de elementos distintivos y artísticos, que nos hacen regocijarnos en la idea de que el mal termina siempre imponiéndose ante el bien.


Patricia Highsmith fue una de las grandes escritoras de género policiaco, centrando su obra en torno a la mentira y el crimen. La saga de Tom Ripley comenzó en 1955 y desde allí ha tenido varias adaptaciones al cine. La primera, con Alain Delon, y la última, con Matt Damon. En ambos casos, el rol fortaleció la carrera de ambos actores, siendo el turno, en 2024 y en formato serie, de Andrew Scott, bajo el paragua universal de Netflix.

Dirigida y adaptada por Steve Zailian, ganador del Oscar por el guion de ‘La lista de Schindler’ y creador de la magnífica ‘The Night Of’, su reto era conseguir un nuevo Ripley, uno que se incluyera en la discusión de si  Alain Delon, Dennis Hopper, John Malkovich o Matt Damon fueron mejores, o si su versión los sobrepasaba. Por otro lado, el salir por una plataforma como Netflix también implicaba un trabajo en el ritmo y visualidad, pues la masa de espectadores que allí se encuentran, probablemente nunca habían escuchado hablar de este personaje. En este campo, se decidió por una fotografía increíble en blanco y negro, obra de Robert Elswit, 

‘Ripley’ desarrolla y estampa su sello en ocho episodios que, pese a tener un ritmo pausado, son una oda al clasicismo, al cine de los cincuenta. A esto, se le suman otra serie de elementos que hacen crecer la propuesta. Está el guion, que se toma su tiempo en contarnos su trama y la propuesta visual; está Robert Elswit (ganador del Oscar por ‘Petróleo Sangriento’) y su trabajo de lujo en la foto, elevando cada plano hacia el arte, dándose tiempo para que uno desee estar en esos lugares de ensueño.


En una época en la que todo es consumo rápido y hay demasiadas propuestas para ver, este ‘Ripley’ deja respirar sin convertirse en fatiga; cada mirada, cada gesto, cada música tiene un por qué y van armando el set de elementos que crean el ambiente de la serie, para que todo vaya explotando hacia la segunda mitad de la temporada. Pero si hay que referirse a un elemento como esencial, ese es Andrew Scott; nos da un Ripley perfecto, uno refrescante, que maquina, que va urdiendo ideas en su beneficio a través de la mentira y su carisma único. Una mente privilegiada que Scott  la demuestra con pocos gestos, muy calculado, y creemos que se ha ganado la nominación a los premios de la temporada. Johnny Flynn no llega a la altura del Dickie Greenleaf de Jude Law, pero Dakota Fanning sí está perfecta en Marge Sherwood y su expresión de continua sospecha hacia Tom Ripley.

También hay que mencionar la banda sonora de Jeff Russo (‘Fargo’), que acompaña continuamente al personaje principal por esas calles italianas. 

La suma de todo otorga una serie con identidad propia y permite conseguir no sólo belleza instantánea, sino conexiones visuales que acentúan la profundidad de la tensión; allí sobresale la atenta mirada del gato Luccio, que parece vigilar a Ripley en todo momento, o también ,los planos a la sobras de arte del Caravaggio o las estatuas que adornan cada casa y cada calle italiana de esa época. Este thriller está lleno de sorpresa y de suspense, dos elementos que hoy poco se encuentran y que Netflix supo amparar para beneficio de la historia.

En un momento en el que la mayoría de las series optan por acelerarlo y rellenarlo todo, con miles de subtramas confusas y personajes que no aportan, en ‘Ripley’ es el silencio, la historia, lo que importa. Sin duda, esta serie es un gran acierto y tendremos que ver muchas series durante el año para encontrar alguna que se le iguale en calidad visual, en un guion con giros como los de antaño, en una actuación descollante, silenciosa y ganadora que, aparte de desear ver pronto el siguiente episodio, te deja unas ganas únicas de vivir en ese pequeño Atrani.

miércoles, 6 de marzo de 2024

La Zona de Interés: la bestialidad del sonido

La nueva película del director Jonathan Glazer reafirma la oscuridad de su propuesta con esta película sobre el holocausto, la que propone una reflexión distinta a las conocidas y que se basa en el juego con el lenguaje cinematográfico. El film termina siendo un abrumador retrato de la banalidad del mal, con el cual el espectador es sacudido hasta el extremo.

 

Lo que Glazer presenta es la vida cotidiana del nazi. Esta es una mirada poco explorada en los 70 años en que se llevan haciendo películas sobre este punto negro en la historia universal. También entran en el relato la esposa del comandante, los hijos y la convivencia en una idílica casa colindante al campo de concentración de Auschwitz. Un muro gris separa esta apacible vida del salvajismo extremo.

'La Zona de Interés' propone al público un ejercicio cuyo objetivo es removerlo de la pasividad, porque el asombro aumenta cuadro a cuadro, cuando el cineasta pervierte los registros para sugerir una actividad constante, como en las películas de corte experimental: como la verdadera historia de la película no está completamente visible, se nos obliga a mantener total atención. En ese contexto, la puesta en escena, la foto y, principalmente en este caso, el diseño de sonido, son los tres pilares que sostienen la película y que la elevan como una de las más potentes del año.


Hay que considerar que la tragedia no se ve, entonces, el trabajo de configuración para cada plano es sorprendente. Imaginar, abrir la mente, dibujar el horror gracias a los sonidos que se escuchan a lo lejos, pero con la suficiente fuerza para ser omnipresentes. Glazer logra que el poder de la imaginación se desborde con una composición milimétrica del fuera del campo visual y serán los sonidos los que sobrecogerán, transformado la experiencia, para muchos, en una película de terror; esto se subraya cuando se utiliza el negativo, porque a estas alturas del film el espectador ha abandonado la comodidad, ha imaginado y configurado en su mente la tragedia, alimentada de la experiencia de haber leído y visto tanto sobre el holocausto; sin embargo, los últimos 5 minutos de película son una brutal declaración de intenciones del director, donde hace un llamado a no suponer el final, sino que lo recrea saliéndose del tono y asumiendo el realismo que ha evitado durante todo el visionado.

'La Zona de Interés' ha aumentado significativamente su importancia y es una de las películas que más cometarios genera, porque estamos en tiempos de guerra, vivimos una realidad alienante que nos obliga a pensar que el film de Jonathan Glazer es sobre el hoy, el ahora, y otorga varias lecturas sobre los conflictos que están ocurriendo, a través de estos protagonistas del holocausto. Dolorosa, sobre un tiempo lejano, pero, a su vez, profundamente actual. Glazer entrega su película más impresionante.

domingo, 21 de enero de 2024

Los que se Quedan: la vida tiene sentido, a pesar de todo

Alexander Payne está de vuelta con un melancólico relato de amistad y pérdida. En poco más de 2 horas, tres almas intentan huir de lo que sienten, de olvidar las cicatrices que llevan a cuestas, mientras el aura de la película los somete a pruebas que los instan a mirar el lado bueno de estar vivo.


Historias de Navidad hay miles. Por doquier tenemos comedias románticas y propuestas animadas que abordan la festividad desde el lado optimista. Pero también hay otras donde la Navidad es sólo un punto de partida para reflexionar sobre algo más profundo. En este grupo se ubica Los que se Quedan, del director Alexander Payne (Nebraska, Los descendientes) quien aprovecha el frio y la nieve de la Navidad del hemisferio norte, para ahondar en tres almas rotas que conviven en la inmensidad de un colegio de clase alta, en los inicios de los años ‘70.

Desde los créditos iniciales, Payne deja claro el tipo de película que veremos: nostálgica, melancólica, pero muy interesante por cómo estará contada. Rápidamente son introducidos los tres personajes que, con la Navidad de fondo, verán exaltadas sus emociones; en un principio, muchos tendrán la opinión que la propuesta de Payne se irá por el lado depresivo, sin embargo, nos vamos topando con dosis importantes de humor, lo que permite un equilibrio perfecto y necesario para la narración.

Pero ¿Quiénes son estos tres seres que dan vida al film?. Pues, el profesor Hunham podría ser un cliché vivo, uno de los tantos profesores que hemos visto en el pasado y que intenta dar educación a jóvenes ricachones que dan todo por obtenido. Pero lo que hace Paul Giamatti con su personaje es una maravilla; grita, es irónico y más expresivo de lo necesario, pero cuando muestra sus frustraciones, toda esa careta encaja de gran manera. Sus gestos, miradas y vocabulario hacen que su trabajo sobresalga, tal cual cuando saca el lado paternal para acoger al alma atormentada de su estudiante, lo cual pocos actores pueden lograr de forma tan convincente. Y el gran complemento del profesor Hunham es el debutante actor Dominic Sessa; verlo en pantalla es darle a Payne el beneficio del acierto total, pues su trabajo se destaca absolutamente; incluso, en varias escenas ‘bandejea’ perfectamente a Giamatti, se para de igual a igual frente a un avezado, lo cual genera resultados sobresalientes. Se desenvuelve ante la cámara con naturalidad, tiene química con actores de mayor edad y carga con el peso de importantes secuencias. Y lo que hace Da´Vine Joy Randolph es significativo, porque carga con el personaje más complejo y que más se contiene. Mary trabaja sin parar, convive con sus compañeros, es rigurosa en sus funciones y, sin embargo, su vida no tiene sentido porque ha sufrido el dolor más grande que cualquier madre podría enfrentar y trabajar con decenas de jóvenes, que todo el tiempo le recuerdan al hijo que perdió, es un golpe al espectador, quien se pregunta cómo puede aguantar la vida. En este caso, Mary es el personaje con más cable a tierra, el más terrenal de la película y su brillante interpretación y desarrollo ayuda a responder la premisa de este film: que vivir debe valer la pena y hay que encontrar ese significado cuando se pierde.


El diseño de producción, la fotografía y la música realmente hacen que el espectador entre en la época donde se desarrolla la historia; toda la ambientación está tan bien lograda que realmente parece que estuviéramos viendo una película de los ‘70. Y el guion acierta en situar la historia en una época sin tecnología como la de hoy, donde claramente el contacto humano se ha visto afectado. En la inmensidad de ese colegio, rodeado de nieve y soledad, estas tres almas se encuentran y aprenden a ser soporte del otro y vivir inesperados momentos.

Aunque se trata de una historia original, Los que se Quedan podría convertirse en otro clásico que retrata  la relación profesor-alumno, y estas películas siempre marcan a más de alguien. Hunham es uno de esos profesores que termina dando más lecciones fuera del aula y ese tipo de enseñanzas terminan por quedarse no sólo en Tully, sino que también en los espectadores. 

En tiempos de producciones pretenciosas e historias que solo son un remake, Los que se Quedan es un remanso de quietud. Giamatti, Sessa y Randolph forman un trío perfecto al mostrar los efectos de la pérdida, lo cual no sucede desde el resentimiento, sino desde las ganas de encontrar un sentido a la vida. De esta manera, Alexander Payne está de vuelta con una de sus mejores propuestas, un relato sensible pero equilibrado entre humor y drama, que habla de solidaridad y del doloroso proceso de aceptar la realidad.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Mejores series de 2023

 La naturaleza de este blog es hacer listas de fin de año, lo que es muy difícil considerando lo explosivo de la oferta y que ya no todo está en Netflix. Consideramos que fue un año atípico, donde creció la oferta de animé e inteligencia artificial provocando in certezas sobre si estamos en un cambio de época en el mundo seriéfilo. Con sus pro y contras, haremos un balance del querido mundo de las series en 2023.


13.Fleishman está en apuros

Reparto: Jesse Eisenberg, Claire Danes y Lizzie Caplan

Sensacional miniserie que navega con humor por la vida de un divorciado, en el momento en que su ex le deja a los niños en casa y desaparece. Tras esta premisa, se desarrolla una fascinante exploración de la vida adulta y de la crisis de los 40. Lo que realmente funciona en Fleishman está en apuros es su reparto, el cual deja momentos fantásticos. Claire Danes no aparece mucho (de hecho hay episodios en los que apenas la vemos) pero su presencia se nota durante toda la serie, siendo el fantasma del pasado y presente de la vida de los Fleishman.

 

 12.A Friend of the Family

Reparto: Jake Lacy, Colin Hancks, Lio Tipton

Son 9 episodios que explican un bizarro caso verídico de grooming, abuso sexual a menores y secuestro, que contiene tantos giros increíbles que si no estuviera basado en hechos comprobables, serían muy difíciles de creer. Nick Antosca firma este intenso true crime que repasa el caso de los Broberg y el vecino que, a lo largo de los años, secuestraba una y otra vez a su hija; todo un cuento oscuro sobre un depredador y su presa. ‘A Friend of the Family’ es un gran drama sobre una familia que logra superar algo terrible para llegar a un lugar de perdón y sanación.

 

11.The Last of Us 

Reparto: Pedro Pascal y Bella Ramsey

Si bien es inevitable pensar en otros dramas postapocalípticos televisivos, como The Walking Dead, con la que comparte ciertos temas, el viaje de Joel y Ellie resulta absolutamente sobrecogedor. Un fascinante drama que se volvió un visionado imprescindible.

 

10.Pluto 

Adaptación de una historia de ciencia ficción que cumple de sobra, porque está excelentemente escrita; de paso, sirve de homenaje a todo el inmenso mundo de Astro Boy. 'Pluto' plantea un futuro no tan distante pero sí muy avanzado, en el que  humanos y androides conviven en paz y, con estos últimos, perfectamente integrados en la sociedad como policías, niñeras y hasta luchadores de wrestling.


9.Junji Ito Maniac: Japanese Tales of the Macabre

Esta antología japonesa de terror es perfecta para pasar una entretenida noche de miedo, gracias a sus grandes y perturbadores relatos. Episodios cortos y con guiones que equilibran muy bien el suspenso y el terror, pero no ese que habla de asesinos con cuchillos; el valor de 'Junji Ito Maniac' se basa más en presentar una atmósfera intranquila y perturbadora, donde sabes que algo no está bien en lo que parecer un día normal en una calle normal.


8.Nada

Reparto: Robert De Niro

Son cinco episodios de media hora que retratan la vida diaria de un peculiar personaje, con todos los vicios de un anciano caprichoso; un Roberto De Niro admirable que trata, en un español muy forzado, de explicar la diferencia entre “boludo” y “pelotudo”, entre otras cosas bien curiosas. La melodía melancólica y alegre que articula la trama, le da un aire especial y entrañable.

 

7.Bodies

Reparto: Stephen Graham, Shira Haas.

Basada en la novela gráfica homónima de DC, la producción muestra a cuatro detectives, en cuatro épocas diferentes, que se topan con el mismo cadáver y un crimen enigmático que deben resolver. La producción sobresale por una trama en la que se combinan viajes en el tiempo y recreaciones históricas muy bien logradas, aunque el final deja a muchos rascándose la cabeza. 

 

6.Querida Niña

Por la cantidad de giros en la historia, se presenta como un rompecabezas confuso y con perspectivas fragmentadas, pero de una forma que atrae al espectador en vez de espantarlo. Y aunque la premisa puede resultar familiar, el guion toma direcciones sorprendentes que logran sostenerse hasta el final.

 

5.The woman in the wall

Reparto: Ruth Wilson

Este drama  examina el legado de uno de los escándalos más impactantes de Irlanda: las instituciones inhumanas conocidas como ‘Las lavanderías de la Magdalena’, un lugar al que se llevaba a las mujeres que incumplían las costumbres sociales de su época (desde las acusadas de adulterio hasta las embarazadas adolescentes). Cuando finalmente cerró sus puertas, un millar de supervivientes quedaron con sus vidas destruidas, muy pocas pudieron seguir adelante y otras, como Lorna, tuvieron incluso menos suerte en su destino.



 

4.Stonehouse

Reparto: Matthew Macfayden

Miniserie británica protagonizada por Matthew Macfayden, una de las estrellas del glorioso reparto de Succession. Parte de esa brillante interpretación se traslada a esta recreación del político John Stonehouse, un parlamentario que protagonizó uno de esos escándalos políticos más increíbles d ellos que se tenga memoria y que hacen completamente necesaria la advertencia de que esto está basado en hechos reales. Un escándalo muy british.



 3.Best Interest

Reparto: Michael Shannon


Escrita por Jack Thorne, la miniserie de cuatro partes ofrece un estudio conmovedor de una familia dividida por los debates éticos y las prácticas médicas y legales involucradas en estos casos de tener qué decidir si dejar morir a un ser querido. Equilibrado y matizado, el guion no defiende una posición ni proporciona respuestas a las preguntas espinosas que plantea, sino que inspira compasión por aquellos que se enfrentan a una decisión tan imposible.



2.Succession

Tras cuatro magníficas temporadas y 39 episodios inolvidables, el misterio alrededor de quién iba a suceder a Logan Roy fue resuelto de forma memorable, siendo un cierre impecable para una historia que tenía mucho de culebrón con tintes empresariales, pero que supo respetar a sus personajes. Cuestión aparte es el deterioro emocional de Shiv y cómo su relación con Tom la llevará a una condena; fue la mejor derrota posible para ella, porque sigue estando sometida a los designios de otro, tal cual el imperio de los Roy, el que ha caído y Waystar ya no es más que una pieza en el imperio de otro. Aquí lo realmente importante era ver en qué posición quedaban los herederos, tras todas las traiciones y desiluiones desarrolladas. 



1.Perry Mason

Casi tres años hubo que esperar para que regresara Perry Mason y su segunda temporada. El abogado interpretado por Matthew Rhys volvió con señales más claras sobre su  identidad. Si bien hubo cambio de guionistas, la dupla formada por Rolin Jones y Ron Fitzgerald dio paso a Jack Amiel y Michael Begler, cocreadores de una de las mejores series de la década pasada, el estupendo drama médico The Knick, quedó la sensación de una buena cuadratura en los arcos narrativos y que se apretaron teclas distintas a las de la primera sesión de 2020. Esto se tradujo en una mejor caracterización de los personajes (a los que se les dio un peso similar al de Mason) y en un mejor desarrollo de la ciudad de Los Angeles de los años ’30, más allá de los tópicos del pulp y del noir.

Esta segunda temporada, protagonizada por un impecable Matthew Rhys, volvió a demostrar por qué fue la mejor serie en su año inaugural, por qué podía seguir adelante con el desarrollo de otras historias paralelas tan interesantes como la vida de Mason, y por qué dolió tanto su cancelación.