Esta intensa historia retrata la crueldad en el contexto de
la posguerra, principalmente la marginación de las mujeres y su pérdida de
autonomía. Con una estética que evoca al cine expresionista alemán y
actuaciones sólidas, esta obra combina crudeza y humanidad en un estilo de filmación sobresaliente.
Desde el inicio, el film nos sumerge en un melodrama social
muy duro, recreado con una atmósfera de blanco y negro escalofriante. A Magnus von Horn, el director, le gustan las calles con
neblina y poca luz, queriendo así mostrar los estereotipos de una clase media
religiosa y aparentemente bondadosa.La Chica
de la Aguja grafica de manera notable el estilo de vida miserable de
los estratos bajos de esa sociedad, la cual había perdido su sensibilidad tras
la debacle de la guerra. Al mismo tiempo, nos presenta a las dos protagonistas
de esta historia basada en hechos reales la que, sin embargo, el director
adapta de manera bastante libre. Dagmar,
una mujer de aparente conciencia social, le ofrece ayuda a Carolina cuando
intenta abortar. Le propone que mantenga al bebé y promete ayudarla a
encontrarle una vida mejor al retoño, entregándolo a una pareja rica.
Desde los primeros 30 minutos, el director comienza a construir el contexto y el entorno
del pueblo con una frialdad notable y utiliza una fotografía de mayor espacio
vertical para enfocarse en las personas, creando cierta claustrofobia en el
lente. Una vez establecida la pérdida de humanidad, el
director pasa al relato, el cual muestra cómo ante la falta de garantías
individuales y laborales, las mujeres terminan marginadas incluso en la libre
elección sobre su cuerpo y su maternidad.
El personaje de Dagmar es sólido y de hecho la película
debió haberse centrado más en ella, si es que quería ser leal a los hechos
reales; sin embargo, comparte el protagonismo entregando dos visiones
constantemente. A pesar de su papel, donde Dagmar busca ser la salvadora, hay
momentos en los que el tono de la trama representa una maldad aún más extrema, nacida de sus instintos, los que nunca quedan realmente claros.
El giro final, aunque predecible, sí resulta un suspiro de esperanza.
Cierto es
que hay un par de escenas impactantes pero que no son gratuitas, sin embargo, la
película tiene algunas fallas en el
tránsito de algunos eventos y en la forma de abordar ciertas temáticas, especialmente
aquella conexión entre la clase de la época y la maternidad y las inspiraciones reales de Dagmar en sus asesinatos.
La Chica de la Aguja es un cuento de horror sobre la
nula garantía de los sectores más desposeídos, especialmente de las mujeres.
Filmada de manera impecable y con una fotografía que debiera recibir varios
premios, esta obra continúa la tradición danesa de crear historias impactantes
enfatizando el estilo de filmación.
La primera ‘Nosferatu’ data de
1922 y se convirtió en un clásico instantáneo. Hoy, más de 100 años después, sigue
siendo considerada como una de las mejores películas de terror de todos los
tiempos y, por eso, la apuesta de Robert Eggers era arriesgada; sin embargo,
sale victorioso honrando un mito y sublimando el género.
Las tres películas anteriores
de Robert Eggers dejaban claro que su sello es la grandilocuencia en
la filmación. Tras dos pruebas muy bien logradas, como ‘la Bruja’ y ‘El Faro’,
el director neoyorkino alcanza la cumbre con ‘Nosferatu’. La película reconstruye
con enorme precisión y buen gusto, la sombría Alemania del siglo XIX, utilizando
decorados, localizaciones y vestuario
con enorme elegancia y gusto casi teatral. Todo este equilibrio ofrece un film
auténtico, envolvente, onírico, con muy buen ritmo, aunque dure cuarenta
minutos más que la original.
En la previa de la película,
supimos que el film de 1922 tenía obsesionado a Eggers desde su niñez, y en el
tratamiento de la historia y los giros de guion, notamos que el director llegó
a comprender todos los momentos en los que tenía que dar más peso dramático para
enfatizar aspectos de la historia y del mito del vampiro; como este mito es
legendario, Eggers sabía que debía mostrar respeto y de ahí la gigantesca
producción, para que el plano a plano ofreciera modernidad pero respetando el
aura de la película original, aspecto que la ha hecho indeleble al paso del
tiempo.
Esta 'Nosferatu' es el ejemplo
de lo que debe ser un remake, lo cual es un éxito pues sabemos que es difícil versionar
una historia que se ha contado con anterioridad y que tiene precedentes
muy logrados dentro del género del terror/vampirismo; pero en 'Nosferatu' se
nota confianza, se nota camino recorrido y ganado por el director. La película es
un ir y venir de fascinación, de momentos grandiosos amplificados por el
claro/oscuro y por un tratamiento musical operático, de creación de atmósferas
terroríficas. Hay puntos muy altos en estos apartados.
La película triunfa gracias a
todo lo señalado: dirección, intensidad, ritmo, decorados, actuaciones, pero
hay un gran punto culmine: la fotografía de Jarin Blaschke. El director de foto
es fiel colaborador de Eggers y firma un prodigio estético repleto de
claroscuros, precisos movimientos de cámara, velas, antorchas para iluminar escenas
nocturnas, crear atmósferas densas, con
grandes lunas plateadas.. así, ‘Nosferatu' también es un triunfo en el apartado
visual y la escena final es un horror lleno de elegancia y fidelidad a la
historia y que se nos quedará grabada
por mucho tiempo.
En definitiva, ‘Nosferatu’ es una
gran reinvención y toda la tecnología puesta al servicio del film termina
jugando a su favor. Hemos sido transportados al siglo XIX frío y lúgubre y hemos
vivenciado la leyenda del vampiro que lleva más de 100 años siendo contada. La propuesta
de Robert Eggers toca todas las aristas folclóricas del Este de Europa
respetándolas y otorgándoles un barniz de modernidad con actuaciones entregadas
y dolorosas, como la de Lily Rose Deep que, contra todo pronóstico, ha dado la nota
alta con su primer protagónico y le regala más credibilidad a esta nueva joya,
narrada con amor y mucha personalidad.
Mucho más que rockeros, nada que ver con una moda. El Chile
de 1984 se acostumbraba a vivir entre protestas, asesinatos, mala calidad de
vida y represión. La movida musical y cultural se había ido al exilio, las bandas
conocidas no venían y ni siquiera llegaban todos los discos. En ese escenario
asomó un canto nacido del barrio, el cual hoy es reconocido como un pregón en
la oscuridad.
A 40 años de un disco innegable y que solo podría tener parangón
con lo que fue la nueva canción chilena, La Voz de los ‘80 apareció con su
multiplicidad de sonidos, sin una etiqueta clara y donde se reconocía mucho
twist, mucho ska, The Clash y Camilo Sesto; pero en la época se le tildó como
combativo, encarador, a pesar de que Jorge, Claudio y Miguel convivían con la agitación
política diaria pero no eran realmente partidarios de un sector ni utilizaban
la cruel dictadura como inspiración para sus letras. No eran políticos, pero sí observadores de la
agitación de sus barrios. Los acusaban de resentidos sociales mientras González
declaraba en la revista La Bicicleta que no era poeta, que era alguien de la
calle y con educación de liceo fiscal, no la de hoy claramente, sino de aquella
de los años ’70.
Como primera conclusión, podemos aseverar que este disco no
nace por Pinochet ni por la dictadura, pero sí se adueña de un discurso que
impactó rotundamente en la precarizada sociedad, porque parecía dar continuidad
al fenómeno de la nueva canción chilena y de eso se tomó, sin pensarlo, para
tomar vuelo y aprender a mantenerse por sí solo. En ese contexto, es válido
preguntarse si La Voz de los ’80 fue un punto de partida del ‘sonido prisionero’
ó si este sonido realmente existió, ó si
solo fue la expresión de lo que Jorge González escuchaba en ese momento. Ahí es
donde asoman los ‘gonzalistas’, los ‘nareistas’ y los ‘tapia’ dispuestos a dar
sangre por defender el protagonismo y, por qué no, el legado particular de cada
uno de los tres prisioneros, como si este no fuera evidente.
Lo que no tiene discusión es que este disco le regaló a
Chile un compositor magnánimo, comparado solo con gigantes como Víctor Jara o
Violeta Parra y, para muchos, incluso está por sobre ellos, generando otro
debate encendido. Si analizamos esta obra, en 'La Voz de los ’80', 'Sexo', 'Latinoamérica
es un pueblo al sur de Estados Unidos' y otras, se reconoce un agudo sentido de observación
e interpretación de las consecuencias del actuar político en los
pueblos; y en otras, como 'Eve-evelyn' y 'Paramar', notamos lo que fue la antesala
de un gran compositor romántico, característica que explota en dimensiones fundamentales
en Corazones.
Hoy, La Voz de los '80 ¿Está vigente?. Si le ponemos atención a los seis
primeros tracks podemos aseverar que sigue vigente, porque las realidades que
describe son visibles en la actualidad, en los tiempos definidos por
plataformas como Onlyfans, X, Instagram y la posverdad. Esto es malo, porque indica que Chile
no ha cambiado. Pero por otro lado, surge la pregunta de si, musicalmente, La
Voz de los ‘80 ha tenido influencia en las propuestas posteriores y en la presente
‘música urbana’, la cual tiene demasiadas subcategorías como para dar una respuesta
concreta.
Ni los hippies ni los punk. Sangre roja, furiosa y
adolescente. Olor a farsa. Siendo estúpido serás feliz. Ya viene la fuerza.
Slogans eternos nacidos de tres jóvenes del barrio, autodidactas, especiales,
que suplieron la precariedad con enorme talento y con un relato lleno de
energía y sentimiento. Ese 13 de diciembre de 1984, con el apoyo invaluable de
Francisco Straub, se sembró una semilla que nació, fue fuerte y poderosa y murió,
pero que está ahí, retumbando, y aún busca herederos para el futuro, a esos que quieran ser la nueva fuerza.
Interpretar a un personaje icónico, como Tom Ripley, puede
ser una trampa para cualquier actor; porque hay que ponerse en la piel de
alguien que, en esencia, no es nadie. El
célebre estafador llegó a
Netflix de la mano de Andrew Scott y Steve Zailian, en una adaptación vibrante,
llena de elementos distintivos y artísticos, que nos hacen regocijarnos en la
idea de que el mal termina siempre imponiéndose ante el bien.
Patricia Highsmith fue una de las grandes escritoras de
género policiaco, centrando su obra en torno a la mentira y el crimen. La saga
de Tom Ripley comenzó en 1955 y desde allí ha tenido varias adaptaciones al
cine. La primera, con Alain Delon, y la última, con Matt Damon. En ambos casos,
el rol fortaleció la carrera de ambos actores, siendo el turno, en 2024 y en
formato serie, de Andrew Scott, bajo el paragua universal de Netflix.
Dirigida y adaptada por Steve Zailian, ganador del Oscar por
el guion de ‘La lista de Schindler’ y creador de la magnífica ‘The Night Of’, su
reto era conseguir un nuevo Ripley, uno que se incluyera en la discusión de si Alain
Delon, Dennis Hopper, John Malkovich o Matt Damon fueron mejores, o si su
versión los sobrepasaba. Por otro lado, el salir por una plataforma como
Netflix también implicaba un trabajo en el ritmo y visualidad, pues la masa de espectadores
que allí se encuentran, probablemente nunca habían escuchado hablar de este
personaje. En este campo, se decidió por una fotografía increíble en blanco y
negro, obra de Robert Elswit,
‘Ripley’ desarrolla y estampa su sello en ocho episodios
que, pese a tener un ritmo pausado, son una oda al clasicismo, al cine de los
cincuenta. A esto, se le suman otra serie de elementos que hacen crecer la propuesta.
Está el guion, que se toma su tiempo en contarnos su trama y la propuesta visual;
está Robert Elswit (ganador del Oscar por ‘Petróleo Sangriento’) y su trabajo
de lujo en la foto, elevando cada plano hacia el arte, dándose tiempo para que
uno desee estar en esos lugares de ensueño.
En una época en la que todo es consumo rápido y hay demasiadas
propuestas para ver, este ‘Ripley’ deja respirar sin convertirse en fatiga; cada
mirada, cada gesto, cada música tiene un por qué y van armando el set de
elementos que crean el ambiente de la serie, para que todo vaya explotando
hacia la segunda mitad de la temporada. Pero si hay que referirse a un elemento
como esencial, ese es Andrew Scott; nos da un Ripley perfecto, uno
refrescante, que maquina, que va urdiendo ideas en su beneficio a través de la
mentira y su carisma único. Una mente privilegiada que Scott la demuestra con pocos gestos, muy calculado,
y creemos que se ha ganado la nominación a los premios de la temporada. Johnny
Flynn no llega a la altura del Dickie Greenleaf de Jude Law, pero Dakota
Fanning sí está perfecta en Marge Sherwood y su expresión de continua sospecha
hacia Tom Ripley.
También hay que mencionar la banda sonora de Jeff Russo
(‘Fargo’), que acompaña continuamente al personaje principal por esas calles italianas.
La suma de todo otorga una serie con identidad propia y
permite conseguir no sólo belleza instantánea, sino conexiones visuales que
acentúan la profundidad de la tensión; allí sobresale la atenta mirada del gato
Luccio, que parece vigilar a Ripley en todo momento, o también ,los planos a la
sobras de arte del Caravaggio o las estatuas que adornan cada casa y cada calle
italiana de esa época. Este thriller está lleno de sorpresa y de suspense, dos
elementos que hoy poco se encuentran y que Netflix supo amparar para beneficio
de la historia.
En un momento en el que la mayoría de las series optan por
acelerarlo y rellenarlo todo, con miles de subtramas confusas y personajes que
no aportan, en ‘Ripley’ es el silencio, la historia, lo que importa. Sin duda,
esta serie es un gran acierto y tendremos que ver muchas series durante el año
para encontrar alguna que se le iguale en calidad visual, en un guion con giros
como los de antaño, en una actuación descollante, silenciosa y ganadora que,
aparte de desear ver pronto el siguiente episodio, te deja unas ganas únicas de
vivir en ese pequeño Atrani.
La nueva película del director
Jonathan Glazer reafirma la oscuridad de su propuesta con esta película sobre
el holocausto, la que propone una reflexión distinta a las conocidas y que se basa
en el juego con el lenguaje cinematográfico. El film termina siendo un abrumador
retrato de la banalidad del mal, con el cual el espectador es sacudido hasta el
extremo.
Lo que Glazer presenta
es la vida cotidiana del nazi. Esta es una mirada poco explorada en los 70 años
en que se llevan haciendo películas sobre este punto negro en la historia
universal. También entran en el relato la esposa del comandante, los hijos y la
convivencia en una idílica casa colindante al campo de concentración de Auschwitz.
Un muro gris separa esta apacible vida del salvajismo extremo.
'La Zona de Interés' propone al público un
ejercicio cuyo objetivo es removerlo de la pasividad, porque el asombro aumenta
cuadro a cuadro, cuando el cineasta pervierte los registros para sugerir una
actividad constante, como en las películas de corte experimental: como la verdadera
historia de la película no está completamente visible, se nos obliga a mantener
total atención. En ese contexto, la puesta en escena, la foto y, principalmente
en este caso, el diseño de sonido, son los tres pilares que sostienen la
película y que la elevan como una de las más potentes del año.
Hay que considerar que la
tragedia no se ve, entonces, el trabajo de configuración para cada plano es sorprendente.
Imaginar, abrir la mente, dibujar el horror gracias a los sonidos que se
escuchan a lo lejos, pero con la suficiente fuerza para ser omnipresentes. Glazer logra
que el poder de la imaginación se desborde con una composición milimétrica del
fuera del campo visual y serán los sonidos los que sobrecogerán, transformado la
experiencia, para muchos, en una película de terror; esto se subraya cuando se
utiliza el negativo, porque a estas alturas del film el espectador ha
abandonado la comodidad, ha imaginado y configurado en su mente la tragedia, alimentada
de la experiencia de haber leído y visto tanto sobre el holocausto; sin
embargo, los últimos 5 minutos de película son una brutal declaración de
intenciones del director, donde hace un llamado a no suponer el final, sino que
lo recrea saliéndose del tono y asumiendo el realismo que ha evitado durante
todo el visionado.
'La Zona de Interés' ha aumentado significativamente
su importancia y es una de las películas que más cometarios genera, porque
estamos en tiempos de guerra, vivimos una realidad alienante que nos obliga a
pensar que el film de Jonathan Glazer es sobre el hoy, el ahora, y otorga varias
lecturas sobre los conflictos que están ocurriendo, a través de estos
protagonistas del holocausto. Dolorosa, sobre un tiempo lejano, pero, a su vez,
profundamente actual. Glazer entrega su película más impresionante.
Alexander Payne está de vuelta
con un melancólico relato de amistad
y pérdida. En poco más de 2
horas, tres almas intentan huir
de lo que sienten, de olvidar las cicatrices que llevan a cuestas, mientras el
aura de la película los somete a pruebas que los instan a mirar el lado bueno
de estar vivo.
Historias de Navidad hay miles. Por
doquier tenemos comedias románticas y propuestas animadas que abordan la
festividad desde el lado optimista. Pero también hay otras donde la Navidad es
sólo un punto de partida para reflexionar sobre algo más profundo. En este grupo se
ubica Los que se Quedan, del director Alexander Payne (Nebraska, Los
descendientes) quien aprovecha el frio y la nieve de la Navidad del hemisferio
norte, para ahondar en tres almas rotas que conviven en la inmensidad de un
colegio de clase alta, en los inicios de los años ‘70.
Desde los créditos iniciales, Payne
deja claro el tipo de película que veremos: nostálgica, melancólica, pero muy
interesante por cómo estará contada. Rápidamente son introducidos los tres personajes
que, con la Navidad de fondo, verán exaltadas sus emociones; en un principio,
muchos tendrán la opinión que la propuesta de Payne se irá por el lado
depresivo, sin embargo, nos vamos topando con dosis importantes de humor, lo
que permite un equilibrio perfecto y necesario para la narración.
Pero ¿Quiénes son estos tres
seres que dan vida al film?. Pues, el profesor Hunham podría ser un cliché vivo,
uno de los tantos profesores que hemos visto en el pasado y que intenta dar
educación a jóvenes ricachones que dan todo por obtenido. Pero lo que
hace Paul Giamatti con su personaje es una maravilla; grita, es irónico
y más expresivo de lo necesario, pero cuando muestra sus frustraciones, toda
esa careta encaja de gran manera. Sus gestos, miradas y vocabulario hacen que
su trabajo sobresalga, tal cual cuando saca el lado paternal para acoger al
alma atormentada de su estudiante, lo cual pocos actores pueden lograr de forma
tan convincente. Y el gran complemento del profesor Hunham es el debutante
actor Dominic Sessa; verlo en pantalla es darle a Payne el beneficio del
acierto total, pues su trabajo se destaca absolutamente; incluso, en varias
escenas ‘bandejea’ perfectamente a Giamatti, se para de igual a igual frente a
un avezado, lo cual genera resultados sobresalientes. Se desenvuelve ante la
cámara con naturalidad, tiene química con actores de mayor edad y carga con el
peso de importantes secuencias. Y lo que hace Da´Vine Joy Randolph es
significativo, porque carga con el personaje más complejo y que más se contiene.
Mary trabaja sin parar, convive con sus compañeros, es rigurosa
en sus funciones y, sin embargo, su vida no tiene sentido porque ha sufrido el
dolor más grande que cualquier madre podría enfrentar y trabajar con decenas de
jóvenes, que todo el tiempo le recuerdan al hijo que perdió, es un golpe al
espectador, quien se pregunta cómo puede aguantar la vida. En este caso, Mary
es el personaje con más cable a tierra, el más terrenal de la película y su
brillante interpretación y desarrollo ayuda a responder la premisa de este
film: que vivir debe valer la pena y hay que encontrar ese significado cuando
se pierde.
El diseño de producción, la
fotografía y la música realmente hacen que el espectador entre en la época
donde se desarrolla la historia; toda la ambientación está tan bien lograda que
realmente parece que estuviéramos viendo una película de los ‘70. Y el guion acierta
en situar la historia en una época sin tecnología como la de hoy, donde
claramente el contacto humano se ha visto afectado. En la inmensidad de ese
colegio, rodeado de nieve y soledad, estas tres almas se encuentran y aprenden
a ser soporte del otro y vivir inesperados momentos.
Aunque se trata de una historia
original, Los que se Quedan podría convertirse en otro clásico que retrata la relación profesor-alumno, y estas películas
siempre marcan a más de alguien. Hunham es uno de esos profesores que
termina dando más lecciones fuera del aula y ese tipo de enseñanzas terminan
por quedarse no sólo en Tully, sino que también en los espectadores.
En tiempos de producciones
pretenciosas e historias que solo son un remake, Los que se Quedan es
un remanso de quietud. Giamatti, Sessa y Randolph forman un trío perfecto al
mostrar los efectos de la pérdida, lo cual no sucede desde el resentimiento,
sino desde las ganas de encontrar un sentido a la vida. De esta manera, Alexander
Payne está de vuelta con una de sus mejores propuestas, un relato sensible pero
equilibrado entre humor y drama, que habla de solidaridad y del doloroso
proceso de aceptar la realidad.
La naturaleza de este blog es hacer listas de fin de año, lo
que es muy difícil considerando lo explosivo de la oferta y que ya no todo está
en Netflix. Consideramos que fue un año atípico, donde creció la oferta de
animé e inteligencia artificial provocando in certezas sobre si estamos en un
cambio de época en el mundo seriéfilo. Con sus pro y contras, haremos un
balance del querido mundo de las series en 2023.
13.Fleishman está
en apuros
Reparto: Jesse Eisenberg, Claire Danes y Lizzie Caplan
Sensacional miniserie que navega con humor por la vida de un
divorciado, en el momento en que su ex le deja a los niños en casa y
desaparece. Tras esta premisa, se desarrolla una fascinante exploración de la
vida adulta y de la crisis de los 40. Lo que realmente funciona en Fleishman
está en apuros es su reparto, el cual deja momentos fantásticos. Claire
Danes no aparece mucho (de hecho hay episodios en los que apenas la vemos)
pero su presencia se nota durante toda la serie, siendo el fantasma del
pasado y presente de la vida de los Fleishman.
12.A Friend of the Family
Reparto: Jake Lacy, Colin Hancks, Lio Tipton
Son 9 episodios que explican un bizarro caso verídico de
grooming, abuso sexual a menores y secuestro, que contiene tantos giros
increíbles que si no estuviera basado en hechos comprobables, serían muy
difíciles de creer. Nick Antosca firma este intenso true crime que repasa el
caso de los Broberg y el vecino que, a lo largo de los años, secuestraba una y
otra vez a su hija; todo un cuento oscuro sobre un depredador y su presa. ‘A
Friend of the Family’ es un gran drama sobre una familia que logra superar
algo terrible para llegar a un lugar de perdón y sanación.
11.The Last of Us
Reparto: Pedro Pascal y Bella Ramsey
Si bien es inevitable pensar en otros dramas
postapocalípticos televisivos, como The Walking Dead, con la que comparte
ciertos temas, el viaje de Joel y Ellie resulta absolutamente sobrecogedor. Un
fascinante drama que se volvió un visionado imprescindible.
10.Pluto
Adaptación de una historia de ciencia ficción que cumple de
sobra, porque está excelentemente escrita; de paso, sirve de homenaje a todo el
inmenso mundo de Astro Boy. 'Pluto' plantea un futuro no tan distante pero
sí muy avanzado, en el que humanos y
androides conviven en paz y, con estos últimos, perfectamente integrados en la
sociedad como policías, niñeras y hasta luchadores de wrestling.
9.Junji Ito Maniac: Japanese Tales of the Macabre
Esta antología japonesa de terror es perfecta para pasar una
entretenida noche de miedo, gracias a sus grandes y perturbadores relatos. Episodios
cortos y con guiones que equilibran muy bien el suspenso y el terror, pero no
ese que habla de asesinos con cuchillos; el valor de 'Junji Ito Maniac' se basa
más en presentar una atmósfera intranquila y perturbadora, donde sabes que
algo no está bien en lo que parecer un día normal en una calle normal.
8.Nada
Reparto: Robert De Niro
Son cinco episodios de media hora
que retratan la vida diaria de un peculiar personaje, con todos los vicios de
un anciano caprichoso; un Roberto De Niro admirable que trata, en un español
muy forzado, de explicar la diferencia entre
“boludo” y “pelotudo”, entre otras cosas bien curiosas. La melodía melancólica
y alegre que articula la trama, le da un aire especial y entrañable.
7.Bodies
Reparto: Stephen Graham, Shira
Haas.
Basada en la novela gráfica
homónima de DC, la producción muestra a cuatro detectives, en cuatro épocas
diferentes, que se topan con el mismo cadáver y un crimen enigmático que deben
resolver. La producción sobresale por una trama en la que se combinan viajes en
el tiempo y recreaciones históricas muy bien logradas, aunque el final deja a
muchos rascándose la cabeza.
6.Querida Niña
Por la cantidad de giros en la
historia, se presenta como un rompecabezas confuso y con perspectivas
fragmentadas, pero de una forma que atrae al espectador en vez de espantarlo. Y
aunque la premisa puede resultar familiar, el guion toma direcciones
sorprendentes que logran sostenerse hasta el final.
5.The woman in the wall
Reparto: Ruth Wilson
Este drama examina el legado de uno de los escándalos más
impactantes de Irlanda: las instituciones inhumanas conocidas como ‘Las
lavanderías de la Magdalena’, un
lugar al que se llevaba a las mujeres que incumplían las costumbres sociales de
su época (desde las acusadas de adulterio hasta las embarazadas
adolescentes). Cuando
finalmente cerró sus puertas, un millar de supervivientes quedaron con sus vidas destruidas, muy pocas pudieron seguir adelante y otras, como
Lorna, tuvieron incluso menos suerte en su destino.
4.Stonehouse
Reparto: Matthew Macfayden
Miniserie británica protagonizada
por Matthew Macfayden, una de las estrellas del glorioso reparto de Succession.
Parte de esa brillante interpretación se traslada a esta recreación del
político John Stonehouse, un parlamentario que protagonizó uno de esos
escándalos políticos más increíbles d ellos que se tenga memoria y que hacen
completamente necesaria la advertencia de que esto está basado en hechos
reales. Un escándalo muy british.
3.Best Interest
Reparto: Michael Shannon
Escrita por Jack Thorne, la miniserie de cuatro partes ofrece un estudio
conmovedor de una familia dividida por los debates éticos y las prácticas
médicas y legales involucradas en estos casos de tener qué decidir si dejar
morir a un ser querido. Equilibrado y matizado, el guion no defiende una
posición ni proporciona respuestas a las preguntas espinosas que plantea, sino
que inspira compasión por aquellos que se enfrentan a una decisión tan
imposible.
2.Succession
Tras cuatro magníficas
temporadas y 39 episodios inolvidables, el misterio alrededor de quién iba
a suceder a Logan Roy fue resuelto de forma memorable, siendo un cierre impecable para
una historia que tenía mucho de culebrón con tintes empresariales, pero que supo
respetar a sus personajes. Cuestión aparte es el deterioro emocional de
Shiv y cómo su relación con Tom la llevará a una condena; fue la mejor derrota
posible para ella, porque sigue estando sometida a los designios de otro, tal
cual el imperio de los Roy, el que ha caído y Waystar ya no es más que una
pieza en el imperio de otro. Aquí lo realmente importante era ver en qué
posición quedaban los herederos, tras todas las traiciones y desiluiones desarrolladas.
1.Perry Mason
Casi tres años hubo que esperar
para que regresaraPerry Mason y su
segunda temporada. El abogado interpretado por Matthew Rhys volvió con
señales más claras sobre su identidad.Si bien hubo cambio de guionistas, la dupla formada
por Rolin Jones y Ron Fitzgerald dio paso a Jack Amiel y Michael Begler,
cocreadores de una de las mejores series de la década pasada, el estupendo
drama médico The Knick, quedó la sensación de una buena cuadratura en los
arcos narrativos y que se apretaron teclas distintas a las de la primera sesión de
2020. Esto se tradujo en una mejor caracterización de los personajes (a los que
se les dio un peso similar al de Mason) y en un mejor desarrollo de la ciudad de Los Angeles de los años ’30,
más allá de los tópicos del pulp y del noir.
Esta segunda temporada, protagonizada
por un impecable Matthew Rhys, volvió a demostrar por qué fue la mejor
serie en su año inaugural, por qué podía seguir adelante con el desarrollo de otras historias paralelas tan interesantes como la vida de Mason, y por qué dolió tanto su cancelación.