domingo, 2 de febrero de 2025

La Chica de la Aguja: las nulas garantías de la mujer

Esta intensa historia retrata la crueldad en el contexto de la posguerra, principalmente la marginación de las mujeres y su pérdida de autonomía. Con una estética que evoca al cine expresionista alemán y actuaciones sólidas, esta obra combina crudeza y humanidad en un estilo de filmación sobresaliente.

 

Desde el inicio, el film nos sumerge en un melodrama social muy duro, recreado con una atmósfera de blanco y negro escalofriante.  A Magnus von Horn, el director, le gustan las calles con neblina y poca luz, queriendo así mostrar los estereotipos de una clase media religiosa y aparentemente bondadosa. La Chica de la Aguja grafica de manera notable el estilo de vida miserable de los estratos bajos de esa sociedad, la cual había perdido su sensibilidad tras la debacle de la guerra. Al mismo tiempo, nos presenta a las dos protagonistas de esta historia basada en hechos reales la que, sin embargo, el director adapta de manera bastante libre. Dagmar, una mujer de aparente conciencia social, le ofrece ayuda a Carolina cuando intenta abortar. Le propone que mantenga al bebé y promete ayudarla a encontrarle una vida mejor al retoño, entregándolo a una pareja rica.

Desde los primeros 30 minutos, el director  comienza a construir el contexto y el entorno del pueblo con una frialdad notable y utiliza una fotografía de mayor espacio vertical para enfocarse en las personas, creando cierta claustrofobia en el lente. Una vez establecida la pérdida de humanidad, el director pasa al relato, el cual muestra cómo ante la falta de garantías individuales y laborales, las mujeres terminan marginadas incluso en la libre elección sobre su cuerpo y su maternidad. 


El personaje de Dagmar es sólido y de hecho la película debió haberse centrado más en ella, si es que quería ser leal a los hechos reales; sin embargo, comparte el protagonismo entregando dos visiones constantemente. A pesar de su papel, donde Dagmar busca ser la salvadora, hay momentos en los que el tono de la trama representa una maldad aún más extrema, nacida de sus instintos, los que nunca quedan realmente claros. El giro final, aunque predecible, sí resulta un suspiro de esperanza. 

Cierto es que hay un par de escenas impactantes pero que no son gratuitas, sin embargo, la película tiene algunas fallas en el tránsito de algunos eventos y en la forma de abordar ciertas temáticas, especialmente aquella conexión entre la clase de la época y la maternidad y las inspiraciones reales de Dagmar en sus asesinatos.

La Chica de la Aguja es un cuento de horror sobre la nula garantía de los sectores más desposeídos, especialmente de las mujeres. Filmada de manera impecable y con una fotografía que debiera recibir varios premios, esta obra continúa la tradición danesa de crear historias impactantes enfatizando el estilo de filmación.

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