martes, 9 de septiembre de 2014

SIN CITY 2: SÓLO ME FALTARON LOS AVENGERS

El tráiler prometía mucho. Los tiempos estaban bien logrados y de pronto, por un minuto, llegué a pensar que la cronología podría ser trabajada tipo “Pulp Fiction”…..sin embargo, los directores Frank Miller ("The Spirit") y Robert Rodriguez ("Machete"), sin Tarantino en esta ocasión, decidieron rodar la segunda parte de Sin City resaltando lo que a ellos les gusta: el pecado, pero contado a la manera de esparcir litros de sangre, mostrar miembros cortados por la metralla de una bella chica, pero sin el paraguas de un guion o de secuencias mejor trabajadas.

La historia vuelve a ambientarse en la peligrosa Sin City y gira entorno a Dwight McCarthy (Josh Brolin) quien busca vengarse de su ex novia, Ava Lord, personaje interpretado por Eva Green. Esta mujer abandonó a Dwight para casarse con un multimillonario y ahora ha regresado de la mano de la venganza.

Por otra parte, la joven bailarina Nancy Callahan (Jessica Alba) tratará de olvidar la pérdida del agente John Hartigan (personaje interpretado por Bruce Willis en “Ciudad del pecado”), el cual la salvó en dos ocasiones.
En total son 4 historias creadas especialmente para esta película, pero basadas en los cómics de Frank Miller.
Hubo que esperar 9 años para ver la secuela; pensaba que la experiencia del primer filme, más todo lo que ha hecho posteriormente Robert Rodriguez, habrían de mostrar una película algo más madura, que se escapara de la fiebre por las segundas partes y nos mostrara un mejor ejercicio visual. Pero una vez más termina engolosinándose y muestra cierta flojera a la hora de resolver situaciones dramáticas. Hace 9 años funcionaba perfecto el ver ríos de sangre como resolución a un conflicto, hoy no nos asombra tanto (o casi nada), por eso esperábamos más, sobre todo de un reparto muy bien escogido.
A nivel técnico hay buenos aportes; el blanco y negro fusionado con la postproducción digital ya está muy visto, pero en esta película encaja muy bien; el color se reserva sólo para algo muy especial que Rodriguez haya querido destacar, pero la excesiva preocupación por estos detalles hizo que la historia perdiera fuerza o fuera olvidada….más que olvidada, como barrida bajo la alfombra, como presintiendo que estaba ahí pero nunca viéndola u ocupándose a profundidad de ella. Fue demasiado simplista, por ejemplo, la forma en que resuelve la historia del jugador de póker interpretado por Joseph Gordon Levitt; si el 2005 el equipo realizador de la primera parte nos mostró una ciudad que parecía filmada por Scorsese, ahora parecía una trama donde perfectamente podrían haber entrado los Avengers.
También hay un problema en los diálogos. Para mi, no es necesario haber leído el comic para comprender la película, pero los diálogos fueron copiados casi sin adaptación, y eso llevó a la confusión. Es decir, no escribes igual en un comic que en una película, y es curiosos porque Frank Miller estuvo ahí presente y no entendemos el por qué no sugirió una adaptación. a veces se hacían demasiado duros o rebuacados para una secuencia en la que terminaban resaltándose otras cosas a nivel visual.
Está claro que a Rodriguez le encanta trabajar con chicas sexys y sacarles el lado “duro”. Acá tenía un reparto femenino que le entrega eso pero que podría haber exigido más. Toda la publicidad previa que hizo con Eva Green merecía más en la película; ella está espectacular porque está pasando por un buen momento en lo actoral, pero podría haber dado más en el papel; quizás yo tenía en la mente su despliegue excepcional en la serie de HBO Penny Dreadful y esperaba verla más crecida, más allá del armamento y el desnudo.
Aún contando con la colaboración en el guion de William Monahan, ganador del Oscar por “Los Infiltrados”,  “Sin City: Una dama por la que matar” se cae en la historia que se cuenta, la que busca ser muy similar al comic pero que con el reparto y los efectos visuales (bien logrados) y la predilección por mostrar a la chica sexy disparándole a la bandada se pierde en algo que ya hemos visto muchas veces; se cumple la máxima de que las segundas partes nunca son tan buenas y que estamos viviendo una fiebre que no tiene para cuándo bajar.





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