viernes, 21 de febrero de 2020

Narcos México, temporada 2: la misma pinche historia, los mismos aplausos


Tras visionar esta segunda sesión de “Narcos: México”, concluimos que Netflix tuvo la destreza para replicar la fórmula que cautivó a millones cuándo contó la historia de Pablo Escobar. Ahora pudimos observar la caída del imperio de Félix Gallardo y el entramado político que continúa rondando en la historia mexicana: las elecciones presidenciales de 1988.

La historia de la segunda temporada de “Narcos: México”  termina en 1989. Si lo pensamos, a la serie le quedarían más de 30 años de inspiración si quisiera seguir ahondando en el narcotráfico mexicano, el cual solo ha crecido en violencia. La pregunta es si la audiencia quiere más de lo mismo, porque la violencia en escalada ha sido el motor y recurso narrativo de este guion. Siempre apareciendo cuando la trama se queda sin argumentos y a partir del sexto episodio toma ribetes deleznables.

Aparte de los capos que ya conocimos, esta segunda temporada repite con agentes encubiertos de la DEA reunidos para desarrollar la Operación Leyenda. El grupo está liderado por Walt Breslin, quien es el narrador de la temporada. Esta es una de las debilidades fuertes de esta entrega y porque él también ejecuta mucha de la acción en pantalla. El móvil del agente Breslin jamás termina de convencer y falla en ambas tareas. Como líder de grupo es un desastre, lo engañan dos veces y esto causa la muerte de varios de sus compañeros. Y como narrador, está muy por debajo del carisma de los narradores anteriores (el agente Murphy  y, sobre todo, del agente Peña).



El guion, en esta ocasión, le da más importancia a la política, porque los ‘80 fueron una época convulsionada en México. En 1988, se realizaron elecciones presidenciales de las más fraudulentas que se recuerde. La serie intenta colarse en ese hecho poniendo a Félix Gallardo al medio, lo que acaba saliendo poco creíble. El guion sugiere constantemente que el capo dirigió  aquel fraude y que la clase política no solo estuvo de acuerdo con su intervención, sino que manifiesta que sin ella no hubieran logrado el poder por décadas. Es cierto que en México los escándalos políticos son muy oscuros, pero nunca al nivel de levantar la idea de que los narcos tenían tal nivel de influencia en el fraude y que podían coordinar algo de tal magnitud. Ellos solo transportaban droga. Pero como la serie ha acertado siempre en la “humanización” de los capos, llegamos a entender  sus comportamientos; por ejemplo, uno de los aciertos del guion es el personaje de Pablo Acosta, el narco de la frontera muy bien interpretado por Gerardo Taracena. En esta nueva temporada conocemos a su novia estadounidense Mimi, quien logra mostrar otra cara del narcotraficante. Otro de los  momentos mejor logrados son aquellos donde aparecen las mujeres inmiscuidas en este mundo, y las reuniones con el colombiano Pacho Herrera, donde el clímax de tensión está bien desarrollado. Pero esta cortesía de los escritores no se extiende a los políticos, los que  lucen como meras marionetas.

Y esto es muy importante y lo tenemos que destacar. Tras ver esta segunda sesión nos da gusto comprobar el pilar fundamental que ha sido la directora chilena Marcela Said, quien se encargó de llevar a muy buen puerto los capítulos 4 y 5 (“Los túneles” y “Organización de los Arellano Félix”). Así, ella introduce el icónico tema de los narco-túneles y presenta al Chapo Guzmán cavando su primer túnel, en una referencia con la que millones conectarán de inmediato. Por otro lado, hace fuertes a las 2 mujeres del negocio con una trama bien definida, y las muestra haciendo trato directo con un productor colombiano. Muy bien por nuestra directora.


“Narcos: México” repite los elementos y cumple con entretener. Como producto de Netflix es perfecto si dimensionamos las excelentes localizaciones, la caracterización de los personajes, el desarrollo del lenguaje narco, la producción y la dirección. De esta manera termina la historia de Miguel Ángel Félix Gallardo como "Jefe de jefes" de la Federación, pero el largo relato del narcotráfico en México no se queda en protagonistas y ya quedaron presentados aquellos que darán vida a una probable tercera temporada. Son, incluso, más familiares y con historias más grotescas y escabrosas que contar. El Chapo Guzmán, Amado Carrillo Fuentes y la familia Arellano Félix se vendrán con todo.

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