Tras visionar esta segunda sesión
de “Narcos: México”, concluimos que Netflix tuvo la destreza para replicar
la fórmula que cautivó a millones cuándo contó la historia de Pablo Escobar. Ahora
pudimos observar la caída del imperio de Félix Gallardo y el
entramado político que continúa rondando en la historia mexicana: las elecciones
presidenciales de 1988.
La historia de la segunda
temporada de “Narcos: México” termina en
1989. Si lo pensamos, a la serie le quedarían más de 30 años de inspiración si
quisiera seguir ahondando en el narcotráfico mexicano, el cual solo ha crecido
en violencia. La pregunta es si la audiencia quiere más de lo mismo, porque la
violencia en escalada ha sido el motor y recurso narrativo de este guion. Siempre
apareciendo cuando la trama se queda sin argumentos y a partir del sexto episodio
toma ribetes deleznables.
Aparte de los capos que ya
conocimos, esta segunda temporada repite con agentes encubiertos de la DEA reunidos para desarrollar la Operación Leyenda. El grupo está
liderado por Walt Breslin, quien es el narrador de
la temporada. Esta es una de las debilidades fuertes de esta entrega y porque
él también ejecuta mucha de la acción en pantalla. El móvil del agente Breslin jamás
termina de convencer y falla en ambas tareas. Como líder de grupo es un
desastre, lo engañan dos veces y esto causa la muerte de varios de sus
compañeros. Y como narrador, está muy por debajo del carisma de los narradores
anteriores (el agente Murphy y, sobre todo, del agente Peña).
El guion, en esta ocasión, le da
más importancia a la política, porque los ‘80 fueron una época convulsionada en
México. En 1988, se realizaron elecciones presidenciales de las más
fraudulentas que se recuerde. La serie intenta colarse en ese hecho poniendo a
Félix Gallardo al medio, lo que acaba saliendo poco creíble. El guion sugiere
constantemente que el capo dirigió aquel
fraude y que la clase política no solo estuvo de acuerdo con su
intervención, sino que manifiesta que sin ella no hubieran logrado el poder por
décadas. Es cierto que en México los escándalos políticos son muy oscuros, pero
nunca al nivel de levantar la idea de que los narcos tenían tal nivel de influencia
en el fraude y que podían coordinar algo de tal magnitud. Ellos solo transportaban droga. Pero como la serie ha
acertado siempre en la “humanización” de los capos, llegamos a entender sus comportamientos; por ejemplo, uno de los aciertos del guion es
el personaje de Pablo Acosta, el narco de la frontera muy bien interpretado por
Gerardo Taracena. En esta nueva temporada conocemos a su novia estadounidense
Mimi, quien logra mostrar otra cara del narcotraficante. Otro de los momentos mejor logrados son aquellos donde aparecen las mujeres inmiscuidas en
este mundo, y las reuniones con el colombiano Pacho Herrera, donde el
clímax de tensión está bien desarrollado. Pero esta cortesía de los escritores no se extiende a los políticos, los que lucen como meras marionetas.
Y esto es muy importante y lo
tenemos que destacar. Tras ver esta segunda sesión nos da gusto comprobar el
pilar fundamental que ha sido la directora chilena Marcela Said, quien se
encargó de llevar a muy buen puerto los capítulos 4 y 5 (“Los túneles” y “Organización
de los Arellano Félix”). Así, ella introduce el icónico tema de los
narco-túneles y presenta al Chapo Guzmán cavando su primer túnel, en una
referencia con la que millones conectarán de inmediato. Por otro lado, hace
fuertes a las 2 mujeres del negocio con una trama bien definida, y las
muestra haciendo trato directo con un productor colombiano. Muy bien por
nuestra directora.
“Narcos: México” repite los
elementos y cumple con entretener. Como producto de Netflix es perfecto si
dimensionamos las excelentes localizaciones, la caracterización de los
personajes, el desarrollo del lenguaje narco, la producción y la dirección. De esta
manera termina la historia de Miguel Ángel Félix Gallardo como "Jefe de
jefes" de la Federación, pero el largo relato del narcotráfico en México no
se queda en protagonistas y ya quedaron presentados aquellos que darán
vida a una probable tercera temporada. Son, incluso, más familiares y con
historias más grotescas y escabrosas que contar. El Chapo Guzmán, Amado
Carrillo Fuentes y la familia Arellano Félix se vendrán con todo.

Se te olvidó la Fernando Urrejola, papel pequeño pero importante
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