Este film, que mezcla varios estilos fundidos en el clásico cine italiano de filmar en exteriores y retratar a sus clases bajas, gira en torno a Arthur, quien hace un viaje acompañado de lo que es invisible y en el que intentará descubrir si puede convivir, en lo terrenal, con lo que en realidad desea y que se encuentra en otro tiempo.
Para la banda de los 'tombaroli', ladrones de antiguas
tumbas y yacimientos arqueológicos, la quimera es soñar con dejar de trabajar y
hacerse ricos sin esfuerzo. Para Arthur, la quimera se asocia a Benjamina, la
mujer que perdió pero que está omnipresente en todo el film. Y con tal de llegar
a ella, de lograr un reencuentro en una forma quizás imaginaria, Arthur se enfrentará a lo que es convivir con lo invisible. Esa es la premisa de la nueva
película de Alice Rorhwacher, una de las prodigios de este tiempo. Con una
fotografía salpicada por el sol, nos induce a un estado de meditación constante a
través de un arqueólogo inglés de pocas palabras y que viene saliendo de la
cárcel. Este tono dicotómico de una ciudad en luces chocando con un
protagonista desaliñado y melancólico, constituye el agujero negro en el medio
de los hermosos fotogramas de la película.
Arthur irradia una vibra de 'no me hables' que no
logra disuadir a los italianos rurales que lo rodean y quienes defienden el saqueo
de reliquias señalando que los etruscos murieron hace mucho tiempo. Este dilema
filosófico conduce a otras reflexiones sobre la fugacidad de la civilización,
ya que los italianos de hoy no pueden comprender la costumbre etrusca de
enterrar sus objetos, de hacerlos invisibles a las generaciones posteriores, en
comparación con sus propios logros culturales y que se remontan al arte
renacentista y estructuras de la antigua Roma. En estos pasajes, 'La Quimera' incorpora
las técnicas visuales que recorren la
historia del cine con la mezcla distintos formatos; hay momentos lúdicos que
utilizan el movimiento acelerado para sugerir una comedia de cine mudo, hasta
los momentos que rompen la cuarta pared cuando los personajes hablan
directamente a la cámara. así, en esta triste película obsesionada con todo lo que
no se ve, hay ecos del propio pasado cinematográfico de Italia y referencias a sus
grandes creadores. Por ejemplo, una de las personas que se encuentra en la
órbita de Arthur es Flora, la madre en silla de ruedas del amor de su vida, y
el hecho de que Isabella Rossellini la interprete subraya el compromiso de
Rohrwacher de canalizar el aura de las obras neorrealistas que Roberto
Rossellini hacía con Bergman.
'La Quimera' va sobre la reflexión de lo que debería permanecer enterrado y lo que no. En ese sentido, la película es la otra cara de ‘Lazzaro, feliz’, también de Rohrwacher. Esa película jugaba con que 'la ignorancia es felicidad' al seguir a un granjero inocente cuya falta de compromiso con el mundo lo hacía inmune a los estragos del tiempo. En cambio, en 'La Quimera', el tiempo es sentido por todos, incluso por el espectador que no logra descifrar en qué época exacta se desarrollan los acontecimientos.
'La Quimera' confirma a
Alice Rorhchawer como una gran contadora de fábulas contemporáneas sobre la
pérdida de la inocencia, tanto individual como colectiva. Este film es muy hermoso
en lo cinematográfico y con un inconfundible sello del clásico italiano. Y mientras el espectador va buscando el
equilibrio entre el pasado y el futuro, entre lo terrenal y lo invisible, Rohrchawer
se da la oportunidad de volar con un lirismo fuera de lo común.
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