sábado, 10 de agosto de 2019

Years and Years: payasos peligrosos, terror tecnológico


Transhumanos, sexo con robots, portales protegidos por redes cuánticas, inhibidores de frecuencia megalómanos, vídeos falsos creados con digitalización falsa, scáners de aliento, sucedáneos alimenticios...este futuro nos plantea “Years and Years”. La alianza entre BBC y HBO presenta un producto aterrador.

¿Qué es lo que vemos hoy en las noticias? crisis de refugiados, fanatismo étnico, guerras con  enormes listas de muertos, tensiones políticas entre superpotencias. Si a ese panorama social/político desolador hay que sumarle la gentrificación de las grandes ciudades, la digitalización de los puestos de trabajo, crisis bancarias,  precarización del empleo. ¿Le suena familiar? Claro!, todo está ocurriendo en nuestras narices y no estamos haciendo absolutamente nada. La cachetada viene cuando esta serie te deja helado/a, al mostrarte que todo puede ser realidad a la vuelta de la esquina.

Con una larga carrera, que arrancó a finales de los ‘80 con la grandiosa “On the Waterfront”, Russell T. Davies supo granjearse una dilatada experiencia combinando dramas con ciencia-ficción. Esa misma impronta la explaya al máximo en “Years and Years”, miniserie que irrumpe imparable dejando una estela de asfixia en cada episodio. La historia parte a finales del mandato de Trump, cuando Estados Unidos lanza un misil nuclear a una isla china. La inestabilidad internacional florece, Reino Unido se alinea con su socio natural,  Europa enloquece, Ucrania vive un éxodo de población, Grecia aboga por su "grexit", la derecha extrema resurge mientras el estado del bienestar y la clase media son aniquilados. Más que una reflexión, lo que plantea esta propuesta es un desesperado “despierten!”, una llamada de emergencia sobre varias cosas a las que no estamos reaccionando. En este sentido, es tan pavorosa como “The Handmaid’s Tale”.


El eslabón político del guion es Vivienne Rook, llevada a la realidad por una magistral Emma Thompson; mujer políticamente incorrecta, populista, que asciende paulatinamente pese a que es minoría, pero consigue tener la llave para decidir la gobernabilidad utilizando el lado de la política del que hoy se abusa, aquel que le saca su lado “show”.  "Cuidado con los payasos", dice la abuela, la mujer más sabia y el cable a tierra de la familia Lyons, núcleo al cual golpean distintas realidades de esta distopía.

Pero no solo la política es pilar de la serie. “Years and Years” echa un vistazo a temas que llevan décadas en la palestra: cambio climático, la extinción de especies, la radiación, la tecnología y su lado peligroso; en este último punto es particularmente terrorífica, muy en la frontera de “Black Mirror”, casi igual de visionaria y estremecedora.
Con un ritmo endiablado y sin necesidad de otra temporada,”Years and Years” dio su golpe de timón esperando que abramos los ojos. Por alguna razón, HBO no quiso promocionarla, a pesar de que ya es una de las joyas de su catálogo.

Euphoria: Nihilismo salvaje


Con un enfoque sumamente original, HBO sumó otro punto a un año excepcional al sumirse en la polémica del consumo de drogas, desnudos, sexo explícito, maltrato y abuso al cual se ve sometida la adolescencia actual. Con un trabajo de fotografía inmenso, una gran narrativa y geniales interpretaciones, “Euphoria” ha sido una apuesta muy cruda para los adultos, porque lejos de mostrar estereotipos nos muestra a los adolescentes del mundo de hoy, cuyas vidas están siendo dibujadas con el pesado lápiz de la autodestrucción.

Después de “13 Reasons Why”, ha existido cautela a la hora de abordar la vida adolescente de este siglo, sector etareo que brutalmente ha subido su nivel de trauma debido, principalmente, a infancias tóxicas que los han lanzado a esta etapa de la vida con suma vulnerabilidad. A pesar de todo esto, “Euphoria” desarrolló su historia con un tono que fue más allá, en todo.
Creada por Sam Levinson, cuenta la historia de Rue (Zendaya), una adolescente que sale de rehabilitación tras sufrir de constante ansiedad, de ver solo vacío frente a la vida y cuya única forma de sentirse viva es a través de las drogas. La mirada del director está guiada por el  exceso, cada decisión es extrema y el guion logra transmitirle al espectador que eso es preocupante; ese lanzarse a los brazos del hedonismo, de la autocomplacencia, del placer inmediato. 


A lo largo de sus ocho episodios, Rue, Jules, Nate, Maddy, Kat, Chris y Cassie, dibujan una realidad bastante aterradora para los adultos, cargada de un  nihilismo absoluto en la exploración de la sexualidad, marcada por la pornografía y la violencia. Con claridad en los contenidos y en la forma en que se querían mostrar, el repaso que la serie hace de sus personajes no tiene desperdicio, tanto del punto de vista narrativo, como aquel que refiere a la fotografía; los conflictos que aborda Levinson están definidos por una "glamourización del sufrimiento" al ponderar la exhibición de esas miserias con una absoluta belleza en color: los llantos iban al compás de purpurina o neones, la hermosura de los personajes iba a la par de su fragilidad total, todo enmarcado en una paleta de tonos morados que solo te permitían sintonizar, empatizar. Otro de los puntos altos del guion es el humor negro que se desprende de los diálogos pues a cada historia grave se colaba un respiro para introducir un chiste, lo cual cimenta una serie equilibrada en varios frentes.


Todo lo anterior es obra de un gran  equipo creativo guiado por el director y guionista Sam Levinson, junto a la banda sonora de Labrinth (Timothy Lee McKenzie) y el increíble trabajo de fotografía de Marcelll Rév, Drew Daniels, Adam Newport-Berra y André Chemetoff, que consiguen crear un aspecto visual realmente único y renovador para el tratamiento de la serie adolescente. Ah!,  lo otro grandioso de esta propuesta es cómo expone la forma  que hoy los jóvenes tienen de ayudarse; aquí, las chicas guapas se llevan bien con las no tan guapas, las flacas comparten secretos con las no  tan flacas y las minorías van ganando autoestima y respeto. Es decir, “Euphoria” refleja que los arquetipos tradicionalmente desclasados, hoy son incluidos dentro de los grupos de ayuda de cada joven, volviéndose verdaderas hermandades y normalizando aquello de que  todas y todos somos iguales, que todas y todos valemos.
“Euphoria” es una advertencia para la critica que engalana con brillos y neones el infierno de la adolescencia. La serie quiso ser explícita para que hagamos algo por nuestras infancias, por la familia, por el amor. Y que lo hagamos ahora ya, por la juventud del mañana.

lunes, 15 de julio de 2019

The Virtues: la generación sin memoria


“Sex Education”, Fleabag” y “After Life” son lo más destacado del año y todas son británicas. A esta lista hay que agregar a “The Virtues”, una historia  desgarradora sobre cómo los olvidados por la sociedad arrastran una cruz no escogida, y grafica el momento en que la única forma de sacudirla de la espalda es volviendo atrás, para reconstruir un rompecabezas lleno de dolor.

Las series británicas gozan de excelente momento creativo, es más, últimamente hay un montón de nombres que son casi imprescindibles; pero no todas están en la categoría mainstream, hay otras más de nicho, más complejas en su narrativa, pero que levantan la misma polvareda por su gran calidad. Este es el caso de “The Virtues”, lo último de Shane Meadows,  realizador que batió todos los récords con “This is England” hace dos décadas, esa maravillosa ficción sobre los skinhead que lo acogieron en una etapa de su juventud. Porque Meadows tuvo una vida difícil y ha utilizado las series para exorcizar su propia historia, para recordarla, para sanar y perdonar. Y mucho de esto da forma a “The Virtues”.

Protagonizada por un sobresaliente Stephen Graham, el resultado es una de las mejores series de 2019. Graham se pone en la dañada alma y piel de Joseph, quien fue separado de su hermana en la niñez, enviado a un hogar de niños del cual escapó, y construyó su adultez intentando olvidar. Pero cuando su ex esposa le comunica que se va con su hijo a otro país, su vida se vuelve a derrumbar. El estilo visual del director es absolutamente realista, con muchas escenas sin diálogos, pero  evocadoras de los pensamientos sufridos del protagonista, recursos con los que Meadows se mueve con facilidad. Joseph es un personaje habitual de su filmografía, aquel integrante de una clase obrera desamparada por instancias de la vida, pero también por inequidades provenientes del gobierno.  Tras no poder hacer nada para incidir en la decisión que ha tomado su ex, Joseph decide volver a su Irlanda natal para encontrar las respuestas de un pasado que tiene completamente reprimido y que, sospecha, es lo que lo tiene convertido en esta persona totalmente descompuesta.

Apoyados en la sugerente música de la gran P.J.Harvey, que firmó una gran banda sonora, sentimos a los personajes  y  deambulamos con ellos en busca de sus respuestas. Joe nos hace sufrir y empatizamos totalmente, porque sabemos que el dolor ha sido muy gratuito. La serie, además, nos presenta el parangón de las decisiones de Joe con las de Dinah, personaje muy importante y que, a sus 20 años,  pareciera repetir los problemas del protagonista pero en otro segmento etareo. Su historia va en paralelo y nos permite contrastar las diferentes actitudes frente a las jodas  de la vida en dos etapas diferentes. El triángulo lo completa Anna, la hermana de Joseph y quien lo acepta tras 20 años sin verse y, en pocos episodios, parecen atravesar toda la vida que los ha separado.

“The Virtues” se vuelve sólida mientras explora su premisa y utiliza elementos del thriller psicológico. Finalmente, es la encarnación de una generación que ha sido objeto de la desmemoria. La trama le ofrece, representada en Joe, la posibilidad de un reseteo mental para intentar tener la paz interior que le ha sido negada.

Alejado de cualquier moralidad, Meadows presenta su última serie como una denuncia clara de la situación de su país pero sin usar el Brexit como excusa, sino más bien construyendo un drama sobre un hombre que sólo quiere curar las heridas del estar vivo.

viernes, 12 de julio de 2019

Stranger Things 3: la cautivadora nostalgia


Fenómeno mundial en 2016, “Stranger Things” llegó a una impensada 3a temporada escribiendo una carta de amor a Steven Spielberg, John Carpenter, H.P. Lovecraft, Stephen King y tantos más. En sus letras se evidencia sinceridad,  geniales arcos narrativos y subtramas propias de la adolescencia para ejemplificar una fantástica labor de los hermanos Duffer, Curtis Gwinn, Paul Dichter, William Bridges y Kate Trefry, escribiendo libretos que cruzaron lo intergeneracional y abrazaron el género de ciencia ficción y horror que alumbró la década '80, y construyó la vida y las sensaciones de millones de jóvenes que hoy se ven reflejados en los 8 episodios.

Es cierto que la temporada 2 había sido algo dispersa en su empeño por volverse oscura y verse menos infantil; sin embargo, allí fue donde radicó el inesperado y absoluto éxito de 2016 asique no había que inventar la pólvora, había que hacer el ejercicio de reconocerse a sí misma como culto y no como homenaje a los '80. Para ello, el equipo de guionistas hizo una labor soberbia rescatando el mejor carisma de su extraordinario elenco y dividiendo a los protagonistas en grupos, los que fueron por caminos paralelos y con ritmos distintos para avanzar en sus respectivas historias. 

Y resaltamos lo del libreto, realmente maestro, sin cinismos, reconectando al grupo de amigos con “El día de los muertos”, “Zombi”, “The Stuff”, “Oz” (¡más miedo aún!) o “La invasión de los ladrones de cuerpos”, en la versión de Philip Kaufman (por eso hay una zapatería Kaufman en el centro comercial!). Pero también asoman en todo su esplendor “Terminator” y, sobre todo, “La Cosa”. De esta manera, los Duffer deciden apostar por el terror multirreferencial enfatizando dos pilares narrativos recogidos del film “Amanecer Rojo”: la paranoia anticomunista de la época y su analogía  de suplantaciones corporales alienígenas. Ambas corrientes se desarrollan muy bien y de forma entretenida, gracias al personaje de Smirnoff y Murray que dejan momentos que no flaquean.

Aparte del guion, toda la temporada sale adelante gracias al desempeño, nuevamente, de un fantástico elenco. La dupla compuesta por Steve y Dustin se afianza como el de las estrellas de la comicidad, sobre todo Gaten Matarazzo, quien es casi un John C. Reilly en potencia. El Hopper de David Harbour evolucionó a una simpática versión de detective estilo “Magnum”, mientras que la gran revolución fue Maya Hawke, hija de Ethan Hawke y Uma Thurman, con una actuación hilarante y espontánea. A eso le agregamos a la mega estrella Milly Bobby Brown perdiendo sus poderes y dejando a su novio para ir en búsqueda de quién es en verdad, para sentenciar una temporada bisagra que podría ser detonante de, quizás, una temporada final.

La música ha sido fantástica otra vez. Desde “Never Ending Story” hasta “Wake Me Up Before You Go Go” y “Material Girl” sentencian un soundtrack de lujo. Sin embargo, hay un detalle importante y que tiene quer con “Heroes” de Peter Gabriel. Es la última canción que suena en la temporada y que ya había formado parte de la sesión inicial cuando encuentran el cuerpo de Will en el lago (después descubriríamos que estaba en el upside down), y acompaña el triste momento en que Once lee la carta que Hopper había escrito y no se atrevió a conversar. Dado que la hermosa versión de Gabiel para el tema de David Bowie suena en un momento de pérdida, tal cual la temporada 1,  muchos ya especulamos con que refiere a que el detective está vivo, ¿acaso está cautivo por los rusos y es lo que vemos en la escena final post créditos?.

Casi 100 millones de dólares de presupuesto, una brillante factura técnica, secuencias de acción sólidas, personajes frescos y nuevos rostros que aportaron humor y dinamismo al mejor blockbuster del año. “Stranger Things 3” es atractiva en todos los aspectos y encaja perfectamente porque, en realidad, nadie quiere crecer realmente: aún somos, y para siempre, los seres que éramos en el colegio. Ahí se afianza el éxito intergeneracional de esta nostálgica propuesta.

lunes, 24 de junio de 2019

Dark, temp 2: el acertijo de la vida


Con una trama inmensa y una estética gótica, “Dark” fue una de las grandes revelaciones de Netflix en 2017.  El mundo clamó por su continuación y ya presentó su segunda temporada, con una narrativa superior y personalidad propia, mostrando este mundo caótico en el que Jonas debía  infiltrarse para encontrar sus propias respuestas, las que fueron abarcando varias líneas de la filosofía y el existencialismo.

“Ahora no es “cuándo”, sino “en qué mundo”. Continuidad directa y sólida. Casi dos años hubo que esperar para que Netflix trajera la segunda temporada de una apuesta silenciosa que, en 2017, le tributó tanto o más gas que “Stranger Things”. El futuro postapocalíptico que da vida a la historia se presentó como un agujero lleno de acertijos, donde la verdad sobre las desapariciones de los habitantes de Winden servía como excusa para entrar en la dinámica narrativa.  Baran bo Odar y Jantje Friese se enfrentaban a la impensada temporada 2 de “Dark” con un  público masivo exigiendo respuestas a esas preguntas con tintes filosóficos, religiosos, del libre albedrío y demás, sobre la conexión entre el pasado y el futuro. Los viajes en el tiempo mueven la historia, pero acá son utilizados para plantear cuestiones como el de dónde venimos, hacia dónde vamos, si somos realmente libres.Este correcto tratamiento le dio otro status a la ficción y exige atención y convicciones.


Si con 3 tiempos argumentales el panorama ya era complicado de seguir, en la sesión 2 se arriesgan con más, sumando dos puntos cruciales a esas separaciones de 33 años. Ahora estuvimos mucho más en el pasado y futuro que en el presente, siguiendo a un Jonas que continuaba su cruzada para salvarse a sí mismo, pero al paso que avanzaba se iba dando cuenta de que esto era mucho más grande que su propia urgencia. Y así “Dark” funciona, porque es inteligente en el uso que hace de un género en el que casi todo está dicho. Tras dos episodios iniciales necesarios para reparar asuntos narrativos inconclusos,   desde ahí el guion se hace cargo de  lo que viene y lo hace con planteamientos cada vez más interesantes, que la hacen crecer como propuesta, y reserva su clímax para el episodio de mitad de temporada. Parecía difícil encajar todas las piezas, pero la serie siempre lo consiguió.

Sin duda que el guion es lo que marca el ritmo y el tono de la temporada con una base narrativa  mucho más negra que  la de la sesión debut, alejándose de Hawkins para acercarse a  “Twin Peaks”. Hay una evolución evidente en el drama y en la estética, muy bien utilizada por Odar y Friese, para dar esa sensación de desesperanza y dolor en el estado de ánimo de los personajes y en el misterio que se respira en cada escena. Y si le sumamos la paleta de colores y la melancólica banda sonora, se elabora todo un circuito narrativo del cual es difícil escapar, porque te lleva, te sirve como hilo conductor.

Saber que la temporada 3 será la última ayuda a confiar en que no tendremos idas y vueltas innecesarias en esta potente historia, la que ha ido dejando muchos heridos en el camino y nos da un matiz de cómo se ve nuestro mundo en 33 años más y cuáles son las preguntas que allí se hacen. La segunda temporada de “Dark” acierta en todo, es pura oscuridad y se clava como una de las mejores series originales de Netflix. 

domingo, 9 de junio de 2019

Chernobyl: el terror de la mentira

Las miniseries históricas han sido sello de HBO. Desde "Mildred Pierce" hasta "The Pacific", las propuestas han ganado en intensidad y dramatismo, pero hacía tiempo que no lograban un impacto tan potente como el provocado por "Chernobyl".


Después del final de "Game of Thrones", del cual se hablaba desde el año pasado, creíamos que HBO iba a descansar en los laureles de finalizar una producción tan apoteósica y que durante 8 años fue su caballito de batalla. Estos grandes esfuerzos por visibilizar la relevancia de la serie medieval, dejaron en segundo plano a otras propuestas que la cadena tenía en preparación, lanzando al sacrificio (ir después de GOT era arriesgado) y casi sin publicidad, a una miniserie cruda y dura, basada en una de las mayores  catástrofes de la humanidad. "Chernobyl" se sobrepuso y se sostuvo en base a actuaciones descomunales, un guion sólido y perfecta ambientación, todo sostenido en el principio de que los hechos pueden negarse, pero que siempre van a estar ahí. El castigo a Valeri Legasov por decir la verdad ayuda a enfatizar la tesis de Craig Mazin, usando la figura de la KGB como depurador. Cuando se empeña en negar esa verdad, en ignorarla, en construir una red de mentiras para invisibilizarla, se acaba pagando un precio gigantesco.

El accidente nuclear expuso la mezquindad de las instituciones, las serviles, las que purgaban a todos los que creyeran que, al exponer lo que funcionaba mal, se ponía en peligro a la nación. La miniserie traza, además,  la conexión entre aquella URSS en declive con los políticos actuales (como los de Estados Unidos), obcecados en tachar de noticias falsas todo lo que contradiga sus discursos.

"Tendremos nuestros villanos, tendremos nuestros héroes y tendremos nuestra verdad". Conceptualizada para no darnos respiro, el relato se centró en la enormidad de la catástrofe y de las mentiras oficiales. Acá reposan las claves de su tremendo éxito, ejemplificadas en imágenes editadas y fotografiadas con perfección: la matanza de los animales, las terribles imágenes de los muertos en vida, la debacle en los hospitales, las consecuencias físicas y familiares de la exposición a la radiación, y el momento del juicio, son solo algunos de los más álgidos y que la transforman en una extraordinaria producción. Si analizamos el juicio como la oportunidad de la justicia, Mazin recurrió a enfatizar la explicación con tarjetas rojas y azules, junto con los flashback hacia aquella noche, para construir un ascenso en tensión hacia la explosión misma, pero también hacia el testimonio de Legasov, de quien no sabemos si dirá en público que el gobierno sabía que el reactor tenía una falla de diseño. La recreación del juicio es magnífica; no hay música dramática ni efectos especiales, sólo tres personas, una gran verdad, el peso de las muertes, el descrédito a la ciencia, el fin de una nación, las nulas esperanzas.

Con su mezcla de imagen vintage, recursos del cine de terror apocalíptico y su aire soviético en la trama  política y de conspiración, "Chernobyl" nos ubicó con maestría, en 2019, en  el corazón del desastre nuclear que la historia contemporánea parecía haber olvidado. Las escenas finales, donde la miniserie se arroba su cuota documental, nos muestran que hasta hoy la zona está abandonada y que se debió construir un nuevo escudo, el que promete durar 100 años; a pesar de eso, la ciudad aún es sumamente radioactiva. ¿Cómo comprendemos el convivir con ese miedo?, ¿Cómo nos hacemos parte de una reflexión ante el devenir energético, cuándo las economías aún no se la juegan por las energías limpias y el presidente norteamericano desacredita mundialmente el fenómeno del calentamiento global?. "Chernobyl" dio en el clavo a nivel de producto televisivo y logró  que muchos  ya hayan olvidado la fantasía de "Game of Thrones" porque la realidad es aún más aterradora, es una que se te mete en la mente y que siembra la duda de si acaso es posible que vuelva a producirse una catástrofe de tal magnitud en la era de las fake news.

martes, 21 de mayo de 2019

Game of Thrones, temp final: adiós a un momento en la televisión


Aunque suene grandilocuente, el final de GoT, que en EEUU tuvo una audiencia de 19 millones, significó no solo el desenlace de una gran historia basada en mitos, profecías, muertes sangrientas y una lucha monumental por un trono. Significó, además, despedirse de un momento único de la televisión, el cual sofisticó batallas y su visualidad y revivió la importancia y equilibrio que debe existir entre la literatura y la ciencia ficción. Vertiginosa a más no poder, la season finale no buscó cierres bonitos, hizo caso omiso a sus propias leyendas y volvió constantemente a la temporada inicial, buscando cerrar el círculo de un extraordinario viaje.

El monólogo de Tyrion  fue el momento culmine del episodio final de la serie más relevante de la década 2010-20.  En él, el personaje enano repasa la declaración de principios de David Bienoff y  D. Weiss: nada es más valorable y exitoso que las buenas historias. Y aunque se haya establecido una legión de fans y desatado sobredosis de emociones, era imposible aseverar que el final iba a ser perfecto, debido a lo gigante que había sido todo el desarrollo anterior.

Durante varios capítulos estuvimos impotentes ante la nula capacidad de Jon de hacer lo que tenía que hacer. Ahí fue cuando resurgieron los “No sabes nada, Jon Snow”. Y qué decir cuando se reunió con un Tyrion que aguardaba su ejecución. La conversación entre ambos condensó toda la decepción, el dolor,  la devastación, el futuro. Solo Jon podía empuñar esa daga, sólo a él Drogon le permitió pasar sin asesinarlo. Jon fue el verdadero protagonista de toda esta historia y sí, fue frustrante hasta más no poder. Ya teníamos una indicación de que Daenerys iba a morir en la sala del trono de hierro, según la visión que tuvo en la segunda temporada, asique era cuestión de minutos llegar a comprobarlo. Sin echarse al hombro la carga dramática del momento, Jon da muerte a su reina traspasándole todo el arco de emoción a Drogon, el que al ver la espada asesina en el pecho de su madre, la asocia a aquellas clavadas en el trono, regurgitando toda su furia hacia ese codiciado elemento y no hacia Snow. Los dragones fueron protagonistas de esta temporada brindando la emoción y la hermosura de la edición y fotografía de las imágenes, culminando todo con ese vuelo entre las nubes cargando el cuerpo de la extinta khaleesi. 


Por este acto, Jon fue al sacrificio sin que la serie diera relevancia a que era un Targaryen, más bien, este detalle se usó para instalar en la mente del espectador la nula posibilidad de amor entre tía y sobrino. ¿Quién asume entonces, el trono tan arduamente disputado?, nada menos que el dueño de la mejor historia, de la experiencia de vida más  dura, para que con ese pundonor pudiera reconstruir lo que está por venir. Una solución impecable en manos del mejor estratega de la serie: Tyrion. Él representó la sabiduría, entendió que el nuevo mundo necesitaría un relato, una historia que fuera la alerta del pasado, y por eso es la Mano; el que administra y piensa,  el sabio que no sabe todo.


Gusano Gris y los suyos zarparon a Naath, y la noble Brienne cerró su ciclo despidiéndose de Jaime revalorizando su hombría.

El final de Sansa fue su inclaudicable lucha por el reinado. Sabiendo que había una soberanía conseguida en base a sangre, no  renunció a su destino ni siquiera ante su hermano, elegido por un concilio que se planteó en un nuevo futuro.

Arya se libera de aquella lista de muerte y reordena sus prioridades. Y decide que aquella es la libertad. Así, parte hacia lo desconocido, en soledad, volviendo a ser fuerte en su propia autenticidad. Este viaje que inicia pide a gritos un spin-off, el que seguramente nunca veremos.


Y Jon retornó donde todo comenzó, al lugar donde se siente seguro y donde todo es distinto ahora. Por eso se siente en el deber de conducir a la gente hacia un nuevo destino.

Dos conclusiones importantes: prevaleció la casa Stark, aquella sin castillo, la  de nieve y barro, la que no tenía intelectuales, la del lobo herido, el bastardo, el rey roto, la mejor reina y la valiente guerrera. Y prevalecieron los desterrados, los pobres, los que pelearon cara a cara con la muerte, no ahora, sino que siempre; los que reconocieron en Jon ese “estar afuera” para poder “estar adentro” cuando fuere necesario; el pueblo.

“El trono de hierro” no fue el mejor capítulo y tampoco el más  espectacular, pero sí fue un desenlace satisfactorio para el inmenso viaje del que fuimos parte por tantos años. ¿Es más importante el viaje que el final de éste? Claro que sí. Un cierre coherente, que logró estar a la altura y que dio punto final a un instante de la televisión, con nuevos estándares en cuanto a escenas de batallas y con una historia cuyas precuelas (queremos spin off!) pretenden alargar aún más esta ficción prodigada al mundo por una serie de TV basada en mitos y leyendas de un reino inventado, pero del cual millones se sintieron parte.