martes, 1 de abril de 2025

Severance, temporada 2: la definición de ciencia ficción del siglo XXI

El gran tema de la segunda temporada de 'Severance' fue la relación que mantenemos con nuestro propio legado, con aquello que nos hará trascender. Pasaron tres años desde la agitada primera tanda de episodios, pero valió la pena esperar, puesta esta segunda emisión heredó con dignidad una trama intrincada y llena de crítica social, pero ahora amplía el abanico de historias creando giros filosóficos de guion, contados con gran inteligencia.

 

Muchas series han intentado aproximarse al tema de la lucha de clases y el anticapitalismo, desde el punto de vista estadounidense. 'Severance' también entró en ese núcleo y de hecho su creador, Dan Erickson, levantaba un juicio alrededor del concepto de trabajo asalariado exponiendo la forma en la que 'vender' nuestro tiempo a una compañía acababa por afectar nuestra propia identidad.

La segunda temporada, sin embargo, rompió con ese tema. En el largo tiempo que separó ambas temporadas, 'Severance' se desprendió de la crítica social y abrazó las preocupaciones individuales, siendo el desarrollo de sus personajes tras la pequeña rebelión de los dentris, uno de los puntos fuertes del guion. Tras la rebelión hubo una necesidad de cambiar la cultura de la empresa: nuestros cuatro protagonistas son la cara de la reforma de separación.

La primera tanda de episodios exploró el concepto de la identidad, para plantear nuevos arcos narrativos en esta segunda sesión. El foco estuvo en resaltar que los 'innies', los trabajadores de Lumon, también son personas con intereses propios que pueden ser opuestos a los de sus contrapartidas 'outies', que viven en el mundo real. Y aunque sus vidas están condensadas en las oficinas de Lumon, ellos quieren ser felices al  igual que sus contrapartidas 'outies'. La conversación de los dos Marks del último episodio es uno de los ejercicios televisivos más brillantes del último tiempo, así como también lo es la carta que el Dylan outie le escribe a su innie y en la cual lo manda al diablo y lo insta a no renunciar al trabajo y quedarse en Lumon. El análisis extendido que hace la serie de los cuatro protagonistas fue sensacional.

Otro punto interesante fue conocer más de Helly y cómo los intereses de su outie no están alineados con los suyos. La relación de Helly y Marc estuvo repleta de momentos emocionantes y las revelaciones que fuimos conociendo resaltan la idea que los innies son personas y no puedes desconectarles como si nada. Las historias de Dylan e Irving  también mostraron que en el mundo real los finales felices no son tan posibles. También hubo mucha filosofía en la serie a través del mito de la caverna de Platón, con unos innies cuya realidad entera se condensa en las cuatro paredes de Lumon, no conociendo otra realidad más que esa. 

El guion expande el mundo de Lumon y refuerza ese sentido de que como cultura de empresa son prácticamente una secta, una religión donde hay que confiar en los dictámenes del Supremo Kier, de lo cual descubriremos mucho más en la siguiente sesión. Y punto aparte esa escena llena de terror pero brillantemente ejecutada por Gwendolyn Christie, cuando logra salvar al ternerito del sacrificio. 

Todos estos contrapuntos se apoyan en el buen hacer de Ben Stiller, que coquetea con Lynch en el tono surrealista de la serie. El aspecto más llamativo de 'Severance' a nivel tonal y estético se mantiene intacto, sin embargo, hay que reconocer que no todo les funciona y las tramas no son interesantes por igual. También es verdad que al ser una serie densa, a veces se nota más lo que no funciona.

Punto aparte merece la brillantez del diseño de producción, la perfecta fotografía que resalta la deshumanización y la frialdad del mundo de los 'innies', más una música tétrica que engloba el concepto visual de la serie como algo sobresaliente. La narración y el mundo de Lumon es frío, pero son las interpretaciones de todos los actores lo que la hace un gran producto de ciencia ficción, induciendo nuevos elementos a este género.

Esta temporada 2 fue saltar desde la sátira anticorporativa al concepto del legado, donde se dialoga con la forma en la que somos capaces de conectar y desconectar aspectos de nuestra memoria. 'Severance' es una historia compleja que toma muchos elementos de diversos tipos de ciencia ficción para hacer una crítica alucinante al mundo de las grandes empresas, las que no quieren personas trabajadoras sino clones o miembros de una secta, que adhieran a todos los principios de la empresa.

La escena final nos dice que ya no basta con ir a trabajar como si nada. Todo está destinado a cambiar.

miércoles, 12 de febrero de 2025

La Quimera: euforia y melancolía

Este film, que mezcla varios estilos fundidos en el clásico cine italiano de filmar en exteriores y retratar a sus clases bajas, gira en torno a Arthur, quien hace un viaje acompañado de lo que es invisible y en el que intentará descubrir si puede convivir, en lo terrenal, con lo que en realidad desea y que se encuentra en otro tiempo.

 

Para la banda de los 'tombaroli', ladrones de antiguas tumbas y yacimientos arqueológicos, la quimera es soñar con dejar de trabajar y hacerse ricos sin esfuerzo. Para Arthur, la quimera se asocia a Benjamina, la mujer que perdió pero que está omnipresente en todo el film. Y con tal de llegar a ella, de lograr un reencuentro en una forma quizás imaginaria, Arthur se enfrentará a lo que es convivir con lo invisible. Esa es la premisa de la nueva película de Alice Rorhwacher, una de las prodigios de este tiempo. Con una fotografía salpicada por el sol, nos induce a un estado de meditación constante a través de un arqueólogo inglés de pocas palabras y que viene saliendo de la cárcel. Este tono dicotómico de una ciudad en luces chocando con un protagonista desaliñado y melancólico, constituye el agujero negro en el medio de los hermosos fotogramas de la película.

Arthur irradia una vibra de 'no me hables' que no logra disuadir a los italianos rurales que lo rodean y quienes defienden el saqueo de reliquias señalando que los etruscos murieron hace mucho tiempo. Este dilema filosófico conduce a otras reflexiones sobre la fugacidad de la civilización, ya que los italianos de hoy no pueden comprender la costumbre etrusca de enterrar sus objetos, de hacerlos invisibles a las generaciones posteriores, en comparación con sus propios logros culturales y que se remontan al arte renacentista y estructuras de la antigua Roma. En estos pasajes, 'La Quimera' incorpora  las técnicas visuales que recorren la historia del cine con la mezcla distintos formatos; hay momentos lúdicos que utilizan el movimiento acelerado para sugerir una comedia de cine mudo, hasta los momentos que rompen la cuarta pared cuando los personajes hablan directamente a la cámara. así, en esta triste película obsesionada con todo lo que no se ve, hay ecos del propio pasado cinematográfico de Italia y referencias a sus grandes creadores. Por ejemplo, una de las personas que se encuentra en la órbita de Arthur es Flora, la madre en silla de ruedas del amor de su vida, y el hecho de que Isabella Rossellini la interprete subraya el compromiso de Rohrwacher de canalizar el aura de las obras neorrealistas que Roberto Rossellini hacía con Bergman. 

'La Quimera' va sobre la reflexión de lo que debería permanecer enterrado y lo que no. En ese sentido, la película es la otra cara de ‘Lazzaro, feliz’, también de Rohrwacher. Esa película jugaba con  que 'la ignorancia es felicidad' al seguir a un granjero inocente cuya falta de compromiso con el mundo lo hacía inmune a los estragos del tiempo. En cambio, en 'La Quimera', el tiempo es sentido por todos, incluso por el espectador que no logra descifrar en qué época exacta se desarrollan los acontecimientos.

'La Quimera' confirma  a Alice Rorhchawer como una gran contadora de fábulas contemporáneas sobre la pérdida de la inocencia, tanto individual como colectiva. Este film es muy hermoso en lo cinematográfico y con un inconfundible sello del clásico italiano. Y mientras el espectador va buscando el equilibrio entre el pasado y el futuro, entre lo terrenal y lo invisible, Rohrchawer se da la oportunidad de volar con un lirismo fuera de lo común.

lunes, 10 de febrero de 2025

Cónclave: secretos y pecados

Tras su gran éxito con Sin Novedad en el Frente (2022), el director alemán Edward Berger plantea algo totalmente distinto a través de Cónclave, la cual tiene en su ritmo narrativo y guion sus principales fortalezas.

 

La muerte de un Papa ha sido caldo de cultivo habitual para muchas películas y series de televisión. A estas alturas, ya conocemos todos los detalles de esta reunión cardenalicia que escoge al sucesor, pero nos deleita cada nueva propuesta debido al nivel de secretismo y decadencia que se aprecia en los pactos entre cardenales. Nada de eso está ausente en 'Cónclave', la nueva película de Edward Berger que tras el éxito de 'Sin Novedad en el Frente' (4 premios Oscar) toca otra tecla en esta aventura con la Curia.

El cardenal Lawrence será el eje central de este viaje que se inicia justo con la muerte del Papa. Es el elegido para dirigir el nombramiento de un nuevo pontífice y esto hará que Lawrence quede envuelto en una conspiración de las altas esferas religiosas, al tiempo que descubre un misterio que podría agitar la base de la Iglesia. Para ello, Berger cuenta con un gran aliado en Ralph Fiennes, como Lawrence. El afamado actor cumple con una interpretación perfecta  sobre un papel bastante complejo, debido a la personalidad y las dudas de fe que este cardenal encarna. A él se suman grandes nombres, como Stanley Tucci e Isabella Rossellini, quienes realizan una labor muy buena y que hace enganchar inmediatamente al espectador. En general, los personajes de la historia representan una arista de la Iglesia distinta, una forma de ver la religión, de actuar o de pensar, lo cual ayuda a transmitir los temas del film; por ejemplo, Tucci interpreta al cardenal Bellini, un hombre sensato y bastante conciliador; aparentemente, Bellini no ambiciona el poder y Tucci siempre transmite un sentimiento de urgencia y nerviosismo con su interpretación, pero al final termina por ceder a sus propias aspiraciones. Sergio Castellitto  y John Lithgow, por otro lado, le dan vida a dos hombres codiciosos y con grandes deseos de poder, con ideas conservadoras que podrían provocar un retroceso de la Iglesia a tiempos más oscuros. Todos se mueven rápido en esta historia casi detectivesca, llevada adelante por Fiennes.


Por otro lado, el guion es uno de los motores del film. Edward arranca con todo y busca constantemente ir a lo grande. Todo esto a través de una cámara en mano que produce cercanía y una fotografía perfectamente equilibrada, que va decayendo en cuanto a estabilidad, de la misma manera que caen los planes secretos parea desestabilizar a los mejores candidatos a ser electos en el Papado. Sublime es el trabajo de Stéphane Fontaine a la hora de narrar la historia a través del encuadre, el cual se achica al primer plano en instancias claves de revelación o incertidumbre, o agranda el lente en momentos en que hay que hacer descansar al espectador o bien para ilustrar la belleza del Vaticano. La paleta de colores también nos da claves sobre los personajes: las habitaciones privadas son oscuras y poco acogedoras, mientras que el comedor es blanco e impoluto.  Este es un punto fuerte, junto al trabajo de Volker Bertelmann con la música.

A la hora de encontrar un punto bajo, podría ser el giro del final de la película, que para muchos queda poco explicado y se siente forzado, desestabilizando la fluidez con la que se habían desarrollado los hechos. Más allá de esto, queda el contraste entre la caída moral de los personajes y la chispa de redención que ofrece el cierre, el que deja al público con una mezcla de inquietud y alivio, cuestionando hasta qué punto la fe y los valores personales pueden prevalecer en un mundo donde el poder del más grande sobre el pequeño, se impone.

domingo, 2 de febrero de 2025

La Chica de la Aguja: las nulas garantías de la mujer

Esta intensa historia retrata la crueldad en el contexto de la posguerra, principalmente la marginación de las mujeres y su pérdida de autonomía. Con una estética que evoca al cine expresionista alemán y actuaciones sólidas, esta obra combina crudeza y humanidad en un estilo de filmación sobresaliente.

 

Desde el inicio, el film nos sumerge en un melodrama social muy duro, recreado con una atmósfera de blanco y negro escalofriante.  A Magnus von Horn, el director, le gustan las calles con neblina y poca luz, queriendo así mostrar los estereotipos de una clase media religiosa y aparentemente bondadosa. La Chica de la Aguja grafica de manera notable el estilo de vida miserable de los estratos bajos de esa sociedad, la cual había perdido su sensibilidad tras la debacle de la guerra. Al mismo tiempo, nos presenta a las dos protagonistas de esta historia basada en hechos reales la que, sin embargo, el director adapta de manera bastante libre. Dagmar, una mujer de aparente conciencia social, le ofrece ayuda a Carolina cuando intenta abortar. Le propone que mantenga al bebé y promete ayudarla a encontrarle una vida mejor al retoño, entregándolo a una pareja rica.

Desde los primeros 30 minutos, el director  comienza a construir el contexto y el entorno del pueblo con una frialdad notable y utiliza una fotografía de mayor espacio vertical para enfocarse en las personas, creando cierta claustrofobia en el lente. Una vez establecida la pérdida de humanidad, el director pasa al relato, el cual muestra cómo ante la falta de garantías individuales y laborales, las mujeres terminan marginadas incluso en la libre elección sobre su cuerpo y su maternidad. 


El personaje de Dagmar es sólido y de hecho la película debió haberse centrado más en ella, si es que quería ser leal a los hechos reales; sin embargo, comparte el protagonismo entregando dos visiones constantemente. A pesar de su papel, donde Dagmar busca ser la salvadora, hay momentos en los que el tono de la trama representa una maldad aún más extrema, nacida de sus instintos, los que nunca quedan realmente claros. El giro final, aunque predecible, sí resulta un suspiro de esperanza. 

Cierto es que hay un par de escenas impactantes pero que no son gratuitas, sin embargo, la película tiene algunas fallas en el tránsito de algunos eventos y en la forma de abordar ciertas temáticas, especialmente aquella conexión entre la clase de la época y la maternidad y las inspiraciones reales de Dagmar en sus asesinatos.

La Chica de la Aguja es un cuento de horror sobre la nula garantía de los sectores más desposeídos, especialmente de las mujeres. Filmada de manera impecable y con una fotografía que debiera recibir varios premios, esta obra continúa la tradición danesa de crear historias impactantes enfatizando el estilo de filmación.

martes, 21 de enero de 2025

Nosferatu: la belleza de un mito con 100 años de separación

La primera ‘Nosferatu’ data de 1922 y se convirtió en un clásico instantáneo. Hoy, más de 100 años después, sigue siendo considerada como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos y, por eso, la apuesta de Robert Eggers era arriesgada; sin embargo, sale victorioso honrando un mito y sublimando el género.

 

Las tres películas anteriores de Robert Eggers dejaban claro que su sello es la grandilocuencia en la filmación. Tras dos pruebas muy bien logradas, como ‘la Bruja’ y ‘El Faro’, el director neoyorkino alcanza la cumbre con ‘Nosferatu’. La película reconstruye con enorme precisión y buen gusto, la sombría Alemania del siglo XIX, utilizando  decorados, localizaciones y vestuario con enorme elegancia y gusto casi teatral. Todo este equilibrio ofrece un film auténtico, envolvente, onírico, con muy buen ritmo, aunque dure cuarenta minutos más que la original.

En la previa de la película, supimos que el film de 1922 tenía obsesionado a Eggers desde su niñez, y en el tratamiento de la historia y los giros de guion, notamos que el director llegó a comprender todos los momentos en los que tenía que dar más peso dramático para enfatizar aspectos de la historia y del mito del vampiro; como este mito es legendario, Eggers sabía que debía mostrar respeto y de ahí la gigantesca producción, para que el plano a plano ofreciera modernidad pero respetando el aura de la película original, aspecto que la ha hecho indeleble al paso del tiempo.

Esta 'Nosferatu' es el ejemplo de lo que debe ser un remake, lo cual es un éxito pues sabemos que es difícil versionar una historia que se ha contado con anterioridad y que tiene precedentes muy logrados dentro del género del terror/vampirismo; pero en 'Nosferatu' se nota confianza, se nota camino recorrido y ganado por el director. La película es un ir y venir de fascinación, de momentos grandiosos amplificados por el claro/oscuro y por un tratamiento musical operático, de creación de atmósferas terroríficas. Hay puntos muy altos en estos apartados.


La película triunfa gracias a todo lo señalado: dirección, intensidad, ritmo, decorados, actuaciones, pero hay un gran punto culmine: la fotografía de Jarin Blaschke. El director de foto es fiel colaborador de Eggers y firma un prodigio estético repleto de claroscuros, precisos movimientos de cámara, velas, antorchas para iluminar escenas nocturnas, crear  atmósferas densas, con grandes lunas plateadas.. así, ‘Nosferatu' también es un triunfo en el apartado visual y la escena final es un horror lleno de elegancia y fidelidad a la historia y que  se nos quedará grabada por mucho tiempo.

En definitiva, ‘Nosferatu’ es una gran reinvención y toda la tecnología puesta al servicio del film termina jugando a su favor. Hemos sido transportados al siglo XIX frío y lúgubre y hemos vivenciado la leyenda del vampiro que lleva más de 100 años siendo contada. La propuesta de Robert Eggers toca todas las aristas folclóricas del Este de Europa respetándolas y otorgándoles un barniz de modernidad con actuaciones entregadas y dolorosas, como la de Lily Rose Deep que, contra todo pronóstico, ha dado la nota alta con su primer protagónico y le regala más credibilidad a esta nueva joya, narrada con amor y mucha personalidad.

 

viernes, 13 de diciembre de 2024

A 40 años de ‘La Voz de los ‘80’: algo grande nació.

Mucho más que rockeros, nada que ver con una moda. El Chile de 1984 se acostumbraba a vivir entre protestas, asesinatos, mala calidad de vida y represión. La movida musical y cultural se había ido al exilio, las bandas conocidas no venían y ni siquiera llegaban todos los discos. En ese escenario asomó un canto nacido del barrio, el cual hoy es reconocido como un pregón en la oscuridad. 

A 40 años de un disco innegable y que solo podría tener parangón con lo que fue la nueva canción chilena, La Voz de los ‘80 apareció con su multiplicidad de sonidos, sin una etiqueta clara y donde se reconocía mucho twist, mucho ska, The Clash y Camilo Sesto; pero en la época se le tildó como combativo, encarador, a pesar de que Jorge, Claudio y Miguel convivían con la agitación política diaria pero no eran realmente partidarios de un sector ni utilizaban la cruel dictadura como inspiración para sus letras. No eran políticos, pero sí observadores de la agitación de sus barrios. Los acusaban de resentidos sociales mientras González declaraba en la revista La Bicicleta que no era poeta, que era alguien de la calle y con educación de liceo fiscal, no la de hoy claramente, sino de aquella de los años ’70.

Como primera conclusión, podemos aseverar que este disco no nace por Pinochet ni por la dictadura, pero sí se adueña de un discurso que impactó rotundamente en la precarizada sociedad, porque parecía dar continuidad al fenómeno de la nueva canción chilena y de eso se tomó, sin pensarlo, para tomar vuelo y aprender a mantenerse por sí solo. En ese contexto, es válido preguntarse si La Voz de los ’80 fue un punto de partida del ‘sonido prisionero’ ó  si este sonido realmente existió, ó si solo fue la expresión de lo que Jorge González escuchaba en ese momento. Ahí es donde asoman los ‘gonzalistas’, los ‘nareistas’ y los ‘tapia’ dispuestos a dar sangre por defender el protagonismo y, por qué no, el legado particular de cada uno de los tres prisioneros, como si este no fuera evidente.

Lo que no tiene discusión es que este disco le regaló a Chile un compositor magnánimo, comparado solo con gigantes como Víctor Jara o Violeta Parra y, para muchos, incluso está por sobre ellos, generando otro debate encendido. Si analizamos esta obra, en 'La Voz de los ’80', 'Sexo', 'Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos' y otras, se reconoce un agudo sentido de observación e interpretación de las consecuencias del actuar político en los pueblos; y en otras, como 'Eve-evelyn' y 'Paramar', notamos lo que fue la antesala de un gran compositor romántico, característica que explota en dimensiones fundamentales en Corazones.

Hoy, La Voz de los '80 ¿Está vigente?. Si le ponemos atención a los seis primeros tracks podemos aseverar que sigue vigente, porque las realidades que describe son visibles en la actualidad, en los tiempos definidos por plataformas como Onlyfans, X, Instagram y la posverdad. Esto es malo, porque indica que Chile no ha cambiado. Pero por otro lado, surge la pregunta de si, musicalmente, La Voz de los ‘80 ha tenido influencia en las propuestas posteriores y en la presente ‘música urbana’, la cual tiene demasiadas subcategorías como para dar una respuesta concreta.

Ni los hippies ni los punk. Sangre roja, furiosa y adolescente. Olor a farsa. Siendo estúpido serás feliz. Ya viene la fuerza. Slogans eternos nacidos de tres jóvenes del barrio, autodidactas, especiales, que suplieron la precariedad con enorme talento y con un relato lleno de energía y sentimiento. Ese 13 de diciembre de 1984, con el apoyo invaluable de Francisco Straub, se sembró una semilla que nació, fue fuerte y poderosa y murió, pero que está ahí, retumbando, y aún busca herederos para el futuro, a esos que quieran ser la nueva fuerza.




lunes, 22 de abril de 2024

Ripley: el mal siempre triunfa

Interpretar a un personaje icónico, como Tom Ripley, puede ser una trampa para cualquier actor; porque hay que ponerse en la piel de alguien que, en esencia, no es nadie. El célebre estafador llegó a Netflix de la mano de Andrew Scott y Steve Zailian, en una adaptación vibrante, llena de elementos distintivos y artísticos, que nos hacen regocijarnos en la idea de que el mal termina siempre imponiéndose ante el bien.


Patricia Highsmith fue una de las grandes escritoras de género policiaco, centrando su obra en torno a la mentira y el crimen. La saga de Tom Ripley comenzó en 1955 y desde allí ha tenido varias adaptaciones al cine. La primera, con Alain Delon, y la última, con Matt Damon. En ambos casos, el rol fortaleció la carrera de ambos actores, siendo el turno, en 2024 y en formato serie, de Andrew Scott, bajo el paragua universal de Netflix.

Dirigida y adaptada por Steve Zailian, ganador del Oscar por el guion de ‘La lista de Schindler’ y creador de la magnífica ‘The Night Of’, su reto era conseguir un nuevo Ripley, uno que se incluyera en la discusión de si  Alain Delon, Dennis Hopper, John Malkovich o Matt Damon fueron mejores, o si su versión los sobrepasaba. Por otro lado, el salir por una plataforma como Netflix también implicaba un trabajo en el ritmo y visualidad, pues la masa de espectadores que allí se encuentran, probablemente nunca habían escuchado hablar de este personaje. En este campo, se decidió por una fotografía increíble en blanco y negro, obra de Robert Elswit, 

‘Ripley’ desarrolla y estampa su sello en ocho episodios que, pese a tener un ritmo pausado, son una oda al clasicismo, al cine de los cincuenta. A esto, se le suman otra serie de elementos que hacen crecer la propuesta. Está el guion, que se toma su tiempo en contarnos su trama y la propuesta visual; está Robert Elswit (ganador del Oscar por ‘Petróleo Sangriento’) y su trabajo de lujo en la foto, elevando cada plano hacia el arte, dándose tiempo para que uno desee estar en esos lugares de ensueño.


En una época en la que todo es consumo rápido y hay demasiadas propuestas para ver, este ‘Ripley’ deja respirar sin convertirse en fatiga; cada mirada, cada gesto, cada música tiene un por qué y van armando el set de elementos que crean el ambiente de la serie, para que todo vaya explotando hacia la segunda mitad de la temporada. Pero si hay que referirse a un elemento como esencial, ese es Andrew Scott; nos da un Ripley perfecto, uno refrescante, que maquina, que va urdiendo ideas en su beneficio a través de la mentira y su carisma único. Una mente privilegiada que Scott  la demuestra con pocos gestos, muy calculado, y creemos que se ha ganado la nominación a los premios de la temporada. Johnny Flynn no llega a la altura del Dickie Greenleaf de Jude Law, pero Dakota Fanning sí está perfecta en Marge Sherwood y su expresión de continua sospecha hacia Tom Ripley.

También hay que mencionar la banda sonora de Jeff Russo (‘Fargo’), que acompaña continuamente al personaje principal por esas calles italianas. 

La suma de todo otorga una serie con identidad propia y permite conseguir no sólo belleza instantánea, sino conexiones visuales que acentúan la profundidad de la tensión; allí sobresale la atenta mirada del gato Luccio, que parece vigilar a Ripley en todo momento, o también ,los planos a la sobras de arte del Caravaggio o las estatuas que adornan cada casa y cada calle italiana de esa época. Este thriller está lleno de sorpresa y de suspense, dos elementos que hoy poco se encuentran y que Netflix supo amparar para beneficio de la historia.

En un momento en el que la mayoría de las series optan por acelerarlo y rellenarlo todo, con miles de subtramas confusas y personajes que no aportan, en ‘Ripley’ es el silencio, la historia, lo que importa. Sin duda, esta serie es un gran acierto y tendremos que ver muchas series durante el año para encontrar alguna que se le iguale en calidad visual, en un guion con giros como los de antaño, en una actuación descollante, silenciosa y ganadora que, aparte de desear ver pronto el siguiente episodio, te deja unas ganas únicas de vivir en ese pequeño Atrani.