Cuando Pet Shop Boys lanzó Please en
1986, el synth-pop ya dominaba las listas británicas. Pero lo que hizo el dúo conformado
por Neil Tennant y Chris Lowe no fue simplemente sumarse a la tendencia, sino
que la refinó, la volvió irónica y la dotó de una inteligencia poco habitual en
la pista de baile.
Desde los primeros compases, el disco respira una elegancia
urbana muy particular. Las cajas de ritmo programadas, los sintetizadores de
líneas limpias y los bajos secuenciados construyeron un paisaje sonoro
minimalista y sin exceso: el bisturí parecía modelar esta nueva estética. La
producción de Stephen Hague termina por sellar un acabado brillante y
cosmopolita que convirtió al álbum en sinónimo de sofisticación pop en plena
era de hombreras y reverberaciones.
Tras 4 décadas y muchos análisis, la voz de Neil Tennant fue
un aporte revelador para ese tiempo: fue más narrador que frontman, más
cronista que divo. Esa interpretación contenida le dio al dúo una identidad inconfundible.
En un momento en que muchos apostaban por la intensidad dramática, Pet Shop
Boys eligió la observación aguda, la ironía y un dejo de melancolía. Esa combinación volvió
a Please un disco ganador.
El gran estruendo que los puso en el mapa fue “West End Girls”, una canción que
logró algo poco frecuente: convertir un comentario sobre tensiones sociales y
aspiraciones urbanas en un hit global de discoteque. Allí está otra de las
claves de Please: hacer que la reflexión fuera bailable. No era solo
música para generar diversión y movimiento; era música para pensar en pleno
movimiento.
En perspectiva, Please no solo marcó el inicio de una
de las carreras más sólidas del pop británico, sino que ayudó a redefinir el
pop electrónico. Demostró que el hedonismo y la crítica social no eran
excluyentes y que la pista de baile era un excelente espacio de observación
cultural.
En medio de la exuberancia ochentera, Pet Shop Boys apostó
por la sutileza. Y esa sutileza terminó siendo revolucionaria.
Chloé Zhao adapta la novela de Maggie O’Farrell con una
delicadeza anclada a una feroz Jessie Buckley, la que sostiene el relato desde
Agnes y convierte su duelo en un umbral entre vida, muerte y teatro.
Esta historia no va de Shakespeare ni del niño. Va de
Agnes. Y Chloé Zaho tiene la inteligencia de filmarla como
un personaje que lo contiene todo: amor, rabia, superstición, cuerpo, dolor.
El libro Hamnet, de Maggie O’Farrell, toma un
dato ínfimo dentro de una biografía gigante y ultra estudiada, como la de Shakespeare,
y que es la muerte de su hijo Hamnet, y lo convierte en un universo completo, una
historia no contada, pero muy doméstica y cruel.
Adaptar eso al cine puede salir muy bien o super mal. Muy
bien si se focaliza desde lo esencial (amor, enfermedad, duelo, Londres,
Stratford) y muy mal por la inmensa cantidad de estudiosos que se irían en
picada contra esta injusta dialéctica entre libro y película. ¿Cómo lo
resolvió Zhao? No centrándose en Shakeaspeare, ni siquiera en Hamnet. Lo resolvió focalizándose en Agnes.De esta forma, la directora logra algo
que muy pocos consiguen: que la película
sea sensorial, que los objetos sean importantes, que el viento atravesando las
ramas sean importantes, que el silencio de la casa sea importante, que los
cuerpos sean importantes. Y aquí su apuesta fue Jessie Buckley. Su interpretación
de Agnes es la película entera.
El arco emocional que sostiene la actriz tiene una potencia brutal,
contundente. Su voz grave se mezcla con el bosque, del cual hizo su hogar, casi
como un animal mitológico, como una criatura que pertenece más a lo pagano. Chloé
Zhao filma ese bosque como un útero, como un refugio anterior al mundo; Agnes siempre
vuelve allí buscando esa sabiduría en las plantas, en la lluvia, en su halcón,
en las abejas. De hecho, uno de los aciertos del film es el “agujero” del
bosque. Ese espacio al que Agnes vuelve una y otra vez y que funciona como
una herida abierta que separa la vida y la muerte, y que luego será también el
umbral entre ficción y realidad ya dentro del teatro.
Una película de detalles pensados y logrados
Por su parte, Paul Mescal es un Shakespeare
aspiracional, recién iniciando su largo camino a la inmortalidad literaria; es humano
y no genio, es joven y no legendario. En la película se muestra como alguien
que se aleja, que se desplaza (geográfica y emocionalmente) y esa lejanía se
vuelve parte del relato y Mescal actúa afirmado sobre esa culpa.
Otro detalle importantísimo y que está muy bien logrado, es
el casting que completan los niños actores del film. Para la directora
era fundamental que los hijos del matrimonioexistieran en pantalla, que
no fueran una simple ternura decorativa. Zhao acierta con Jacobi Jupe (como
Hamnet) y con Olivia Lynes (como Judith); ambos hacen que el vínculo entre los
gemelos no sea solo narrativo, sino físico. Los gestos entre ellos, la manera
de tocarse, de protegerse, construyen una intimidad rara en el cine y
transmiten la energía de ser una sola alma. En “Hamnet”, el casting no fue una
cuestión de “buscar caras”, sino de pensar símbolos. Por otro lado, y al mejor
estilo de Chloé Zaho, la Inglaterra de Shakespeare está filmada con
romanticismo, no como un decorado histórico, sino comouna promesa para
Will, en cuanto a que solo allí está su futuro. Filmada mucho en exteriores,
añadir el The Globe (la idea del teatro como frontera entre mundos) le da aún
más encanto a la recta final de la película. Y así como el escenario de exteriores
es relevante, también hay una decisión arriesgada de la directora en cuanto a
no crear una música original y rescatar piezas utilizadas en otros filmes y que
generaran una recordación en el público; es el caso de “On the Nature of
Daylight”, de Max Richter, una pieza bellísima y muy fácil de
asociar pues ya se usó en “Arrival” y “Shutter Island”, en momentos claves de
esas recordadas películas.
Finalmente,” Hamnet” es una suma de delicados detalles
engranados en torno al duelo y a una mujer. Si Chloé Zhao logra el Oscar a
Mejor Dirección, no será por justicia poética sino por precisión emocional. Y
por haber entendido que esta historia, pese a Shakespeare, no es de él sino de
ella.
La tercera entrega del universo Knives Out parte
de un asesinato cometido durante una ceremonia religiosa y construye, a partir
de allí, un relato que combina intriga, sátira moral y un conocimiento de las
reglas del género; todo adornado en la presencia y espíritu de un sacerdote
inolvidable.
Rian Johnson regresa de la mano de la aventura más
entretenida de la saga. Esta vez la historia se centra en la fe, el poder y un
sacerdote interpretado de manera brillante por Josh O’Connor. Los puñales regresan pero
el escenario cambia por completo: no hay mansiones ni millonarios, pero sí un
pueblito donde el trabajo en torno a la fe fortalece la figura del monseñor del
lugar., quien ha pasado décadas convirtiendo una iglesia en un espacio cargada de secretos, con un humor tenso que
pareciera estar listo para estallar en cualquier momento.
Este capítulo energiza aún más la saga. Lo policial se
mezcla con algo más siniestro, mientras que lo espiritual gana terreno y la película avanza
hacia un costado casi místico, algo que las anteriores versiones no habían
tocado, pues el crimen está atravesado por la culpa y la devoción.
Daniel Craig sigue convenciendo como Benoit Blanc. Pero lo realmente
interesante es cómo Johnson le quita luz y se la da a O’Connor. Su sacerdote ilumina,
es el alma de la película mostrando aristas frágiles, ingenuas, humanas.
Sostiene el misterio con humor, culpa y esa melancolía que tan bien maneja el
actor y que ya hemos apreciado en otras obras, como en La Quimera .Por
otro lado, la pareja protagonista es acompañada por un coro rutilante que funciona
como una galería de contradicciones: Josh Brolin impone como el sacerdote autoritario
y casi mesiánico; Glenn Close es un deleite como la mujer que guarda ese
secreto que hace explotar la trama; Andrew Scott satiriza al escritor venido a
menos, y Kerry Washington, Cailee Spaeny, Thomas Haden Church y Jeremy Renner
completan un entramado de ambiciones y resentimientos.
La mezcla de géneros es otro acierto, pues se enlazan mostrando una mirada de la fe como un
territorio ambiguo, que puede salvar y, también, destruir. Como sucedía con las
mansiones en las películas anteriores, la iglesia funciona como un personaje
más que encierra y aterroriza.
Johnson aprovecha todos estos elementos para cargar el
relato de simbolismo religioso, sin convertirlo en sermón. La fe se ofrece como
estructura de poder, refugio y excusa, pero nunca como certeza. Estamos ante
una cinta de detectives en la que todo se pone en duda. La saga Knives
Out puede seguir creciendo si se mantiene fiel al respeto por la
inteligencia del espectador y por un sólido conocimiento del juego narrativo
La Temporada 1 de Stranger Things se estrenó el 15 de julio
de 2016. Mucha agua ha pasado bajo un puente que se llenó de hype tras esos
primeros 8 episodios, con una historia que enganchaba por la nostalgia a los
años’80 y que en un millón de detalles parecía un homenaje a los
Cazafantasmas. Si se hubiera quedado en eso, el sabor de boca sería más dulce,
pero el mundo ha cambiado demasiado, Netflix fue explorando otros formatos
dentro de la ciencia ficción y los más de 1.000 días que pasaron entre la
temporada 4 y esta, hicieron venirse encima las incisivas críticas a los primeros capítulos. Más aún, Netflix partió la temporada final en 3 volúmenes solo para mantenernos enganchados a la plataforma.
Con tanto tiempo de producción, éramos muchos los que
esperábamos una temporada final a la altura de una serie que ha marcado este
cuarto de siglo y que nos dejó, en temporadas pasadas, la impresión de el objetivo era enfrentar a un asesino de dimensiones colosales y que nos estaban preparando para ese momento. Sin embargo, aquella propuesta original y cautivadora,
con mucho cine ochentero y de referencias al terror tipo Stephen King, se planteaba a su final 10 años después de su inicio y con una industria seriéfila masificada y acostumbrada a derribar los desenlaces del streaming.
¿Qué fallas hubo?.
Uno de los aspectos más flojos de esta season finale fue la dispersión del argumento; de pronto, las subtramas sobrecargaron
la historia y se dificultó el desarrollo de los personajes principales. Eleven (Millie Bobby Brown) se volvió rostro de la serie e incluso de Netflix, pero llegó a este cierre sin una evolución notable y los nuevos personajes introducidos, no conectaron
con la audiencia. En los primeros capítulos hubo exceso de guiños al pasado e incluso ¡el secuestro de otra niña por el demogorgon!...dejaban una sensación de poca innovación.
También hay que agregar a esta mala percepción, la duración
de los capítulos; se hicieron muy tediosos y los 6 primeros carecían de espíritu. A pesar de que
los personajes eran los mismos que siempre nos cautivaron, ahora se les veía estancados, teniendo diálogos absurdos y colmando nuestra paciencia. Y también hay que repudiar la demasiada improvisación del guion; por ejemplo, en el origen de Henry como ayudante del mindflayer y la historia de ese maletín y la piedra mágica que, aparentemente, dio origen a todo. Introducirlo así sin más, no deja buena impresión y son ridículas las explicaciones que dicen que fue así porque los niños contaban la historia y la podían alterar narrativamente. Por favor.
Por otro lado, la excelente banda sonora, que tan bien congeniaba en los inicios de la serie, desapareció. Las escenas fueron contemplativas, mientras que las
emotivas solo asomaron al final y para compensar. Todo fue acción, acción y acción, sin una línea
argumentativa clara y demasiados cabos sueltos. Además, muchos creímos que en
este universo de demogorgon y monstruos terribles, algún humano tenía que morir;
los Duffer no han mostrado la valentía de matar a sus protagonistas y han sido benevolentes con Netflix.
Que la principal discusión sea que Eleven no murió porque no existió es a lo menos, desconcertante.
¿Eleven existió?.
La verdad, habría que ver toda la serie de nuevo para intentar entender que todo fue la imaginación de Mike y que a eso se deben las irregularidades del guion y que nadie haya muerto. Que al final esta serie ha sido de niños que crecieron y que se convirtieron en jóvenes que debían dejar de jugar…demasiado simple para Los Duffer, pero esa es la conclusión que muchos abrazan. La propuesta inicial nos presentó a Eleven como la heroína de toda esta historia (la de Mike!) y cuyo propósito final en la vida era destruir a quienes le causaron tanto dolor.
¿Por qué lloran al final los amigos?. Acaso los últimos 30 minutos del capítulo final ¿son los únicos 100% reales de toda esta historia?, al parecer si, pues Eleven no es mencionada en ninguna conversación y nadie parece tener recuerdo de ella. Un monumento a las victimas de un terremoto nos es presentado como excusa para que entendamos que nunca hubo un upside down, ni demogorgons ni ninguna criatura batalló al final; por eso Vecna cayó tumbado por 7 jóvenes que le tiraron armas construidas en el patio de la casa, por eso no hubo ninguna muerte destacable, por eso parece un final tibio y del clásico "todo fue un sueño" de Alicia en el país de las maravillas. De hecho, Alicia aparece como póster en una escena y Holly está todo el tiempo vestida de Alicia.
Entonces, Eleven muere en la narración fantástica, pero en el fondo Mike cuenta el final alternativo que tenían los escritores para ella, donde escapaba a ese paisaje con tres cascadas.
Y fueron Steve, Nancy, Robin y Jonathan, los que tuvieron la mejor escena de toda esta temporada. Completamente reales y sin estar enterados, aparentemente, de que fueron protagonistas de una matanza a un ser intersensorial, capturaron perfectamente lo que se siente crecer y quemar la etapa de la adolescencia y pasar a la adultez; cada uno de ellos enfrentado la decisión de qué hacer y dónde ir a trabajar, mientras se deja atrás el lugar donde creciste y a los amigos que te vieron crecer. Es una escena muy cliché pero que siempre funciona, pero los actores transmitían una pena real y fue una escena muy bien lograda.
Si la última media hora es la clave para entender todo Stranger Things, esto no fue más que 5 amigos jugando a contar historias en un juego de rol. ¿Qué pasó con la doctora Kay?, ¿Por qué los militares se olvidan del daño causado?, ¿Por qué era tan importante el 6 de noviembre?, ¿Quién era el tipo del maletín?, ¿De dónde salió esa piedra que da inicio a toda la trama?...sin duda que el recorte de metraje debe haber sido kilométrico para haber dejado tantos cabos sueltos porque si.
El cierre de Stranger Things seguramente va a ser mejor apreciado con el tiempo, porque en este momento da la sensación de haber sido exprimida hasta su última gota de jugo y que al final se trató de compensar con el mensaje triste de dejar la niñez atrás. Comparto que esta historia empezó y terminó con ellos juntos y pasando la posta de esta aventura de jugar juegos de rol a la siguiente generación (Holly y sus amigos). El final aún no convence y dista mucho de ser perfecto (todo lo relacionado a Vecna y los militares deja mucho que desear), pero si esta fue una serie de 5 personajes, el cierre es perfecto para ellos, con mucho corazón y cerrando muy bien sus arcos de niños/adolescentes.
El gran tema de la segunda temporada de 'Severance' fue la relación que mantenemos con nuestro propio legado, con aquello que nos
hará trascender. Pasaron tres años desde la agitada primera tanda de episodios,
pero valió la pena esperar, puesta esta segunda emisión heredó con dignidad una
trama intrincada y llena de crítica social, pero ahora amplía
el abanico de historias creando giros filosóficos de guion, contados con gran inteligencia.
Muchas series han intentado aproximarse al tema de la lucha
de clases y el anticapitalismo, desde el punto de vista estadounidense. 'Severance' también
entró en ese núcleo y de hecho su creador, Dan Erickson, levantaba un
juicio alrededor del concepto de trabajo asalariado exponiendo la forma en la
que 'vender' nuestro tiempo a una compañía acababa por afectar nuestra
propia identidad.
La segunda temporada, sin embargo, rompió con ese tema. En
el largo tiempo que separó ambas temporadas, 'Severance' se desprendió
de la crítica social y abrazó las preocupaciones individuales, siendo el
desarrollo de sus personajes tras la pequeña rebelión de los dentris, uno de
los puntos fuertes del guion. Tras la rebelión hubo una necesidad de cambiar la cultura de
la empresa: nuestros cuatro protagonistas son la cara de la reforma de
separación.
La primera tanda de episodios exploró el concepto de la
identidad, para plantear nuevos arcos narrativos en esta segunda sesión. El
foco estuvo en resaltar que los 'innies', los trabajadores de Lumon, también son personas con intereses propios que pueden ser opuestos a los de sus
contrapartidas 'outies', que viven en el
mundo real. Y aunque sus vidas están condensadas en las oficinas de Lumon,
ellos quieren ser felices al igual que
sus contrapartidas 'outies'. La conversación de los dos Marks del último episodio
es uno de los ejercicios televisivos más brillantes del último tiempo, así como
también lo es la carta que el Dylan outie le escribe a su innie y en la cual lo
manda al diablo y lo insta a no renunciar al trabajo y quedarse en Lumon. El
análisis extendido que hace la serie de los cuatro protagonistas fue
sensacional.
Otro punto interesante fue conocer más de Helly y cómo los
intereses de su outie no están alineados con los suyos. La relación de Helly y
Marc estuvo repleta de momentos emocionantes y las revelaciones que fuimos
conociendo resaltan la idea que los innies son personas y no puedes
desconectarles como si nada. Las historias de Dylan e Irving también mostraron que en el mundo real los
finales felices no son tan posibles. También hubo mucha filosofía en la serie a través del mito de la caverna de Platón, con unos innies
cuya realidad entera se condensa en las cuatro paredes de Lumon, no conociendo
otra realidad más que esa.
El guion expande el mundo de Lumon y refuerza ese sentido de que como cultura de empresa son prácticamente una secta, una
religión donde hay que confiar en los dictámenes del Supremo Kier, de lo cual descubriremos mucho más en la siguiente sesión. Y punto aparte esa escena llena de terror
pero brillantemente ejecutada por Gwendolyn Christie, cuando logra salvar al
ternerito del sacrificio.
Todos estos contrapuntos se apoyan en el buen hacer de Ben Stiller, que coquetea con Lynch en el tono surrealista de la serie. El
aspecto más llamativo de 'Severance' a nivel tonal y estético se mantiene
intacto, sin embargo, hay que reconocer que no todo les funciona y las tramas
no son interesantes por igual. También es verdad que al ser una serie densa, a
veces se nota más lo que no funciona.
Punto aparte merece la brillantez del diseño de producción,
la perfecta fotografía que resalta la deshumanización y la frialdad del mundo
de los 'innies', más una música tétrica que engloba el concepto visual de la
serie como algo sobresaliente. La narración y el mundo de Lumon es
frío, pero son las interpretaciones de todos los actores lo que la hace un gran
producto de ciencia ficción, induciendo nuevos elementos a este género.
Esta temporada 2 fue saltar desde la sátira anticorporativa
al concepto del legado, donde se dialoga con la forma en la que somos
capaces de conectar y desconectar aspectos de nuestra memoria. 'Severance' es una historia compleja que toma muchos elementos de diversos tipos de ciencia
ficción para hacer una crítica alucinante al mundo de las grandes empresas, las
que no quieren personas trabajadoras sino clones o miembros de una secta, que adhieran
a todos los principios de la empresa.
La escena final nos dice que ya no basta con ir a trabajar como si nada. Todo está destinado a cambiar.
Este film, que mezcla varios estilos fundidos en el clásico
cine italiano de filmar en exteriores y retratar a sus clases bajas, gira en torno
a Arthur, quien hace un viaje acompañado de lo que es invisible y en el que intentará
descubrir si puede convivir, en lo terrenal, con lo que en realidad desea y que
se encuentra en otro tiempo.
Para la banda de los 'tombaroli', ladrones de antiguas
tumbas y yacimientos arqueológicos, la quimera es soñar con dejar de trabajar y
hacerse ricos sin esfuerzo. Para Arthur, la quimera se asocia a Benjamina, la
mujer que perdió pero que está omnipresente en todo el film. Y con tal de llegar
a ella, de lograr un reencuentro en una forma quizás imaginaria, Arthur se enfrentará a lo que es convivir con lo invisible. Esa es la premisa de la nueva
película de Alice Rorhwacher, una de las prodigios de este tiempo. Con una
fotografía salpicada por el sol, nosinduce a un estado de meditación constante a
través de un arqueólogo inglés de pocas palabras y que viene saliendo de la
cárcel. Este tono dicotómico de una ciudad en luces chocando con un
protagonista desaliñado y melancólico, constituye el agujero negro en el medio
de los hermosos fotogramas de la película.
Arthur irradia una vibra de 'no me hables' que no
logra disuadir a los italianos rurales que lo rodean y quienes defienden el saqueo
de reliquias señalando que los etruscos murieron hace mucho tiempo. Este dilema
filosófico conduce a otras reflexiones sobre la fugacidad de la civilización,
ya que los italianos de hoy no pueden comprender la costumbre etrusca de
enterrar sus objetos, de hacerlos invisibles a las generaciones posteriores, en
comparación con sus propios logros culturales y que se remontan al arte
renacentista y estructuras de la antigua Roma. En estos pasajes, 'La Quimera' incorpora
las técnicas visuales que recorren la
historia del cine con la mezcla distintos formatos; hay momentos lúdicos que
utilizan el movimiento acelerado para sugerir una comedia de cine mudo, hasta
los momentos que rompen la cuarta pared cuando los personajes hablan
directamente a la cámara. así, en esta triste película obsesionada con todo lo que
no se ve, hay ecos del propio pasado cinematográfico de Italia y referencias a sus
grandes creadores. Por ejemplo, una de las personas que se encuentra en la
órbita de Arthur es Flora, la madre en silla de ruedas del amor de su vida, y
el hecho de que Isabella Rossellini la interprete subraya el compromiso de
Rohrwacher de canalizar el aura de las obras neorrealistas que Roberto
Rossellini hacía con Bergman.
'La Quimera' va sobre la reflexión de lo que debería
permanecer enterrado y lo que no. En ese sentido, la película es la otra cara
de ‘Lazzaro, feliz’, también de
Rohrwacher. Esa película jugaba con que 'la ignorancia es felicidad' al seguir a un granjero inocente cuya falta de
compromiso con el mundo lo hacía inmune a los estragos del tiempo. En cambio,
en 'La Quimera', el tiempo es sentido por todos, incluso por el espectador
que no logra descifrar en qué época exacta se desarrollan los acontecimientos.
'La Quimera' confirma a
Alice Rorhchawer como una gran contadora de fábulas contemporáneas sobre la
pérdida de la inocencia, tanto individual como colectiva. Este film es muy hermoso
en lo cinematográfico y con un inconfundible sello del clásico italiano. Y mientras el espectador va buscando el
equilibrio entre el pasado y el futuro, entre lo terrenal y lo invisible, Rohrchawer
se da la oportunidad de volar con un lirismo fuera de lo común.
Tras su gran éxito con Sin Novedad en el Frente (2022),
el director alemán Edward Berger plantea algo totalmente distinto a través de Cónclave,
la cual tiene en su ritmo narrativo y guion sus principales fortalezas.
La muerte de un Papa ha sido caldo de cultivo habitual para
muchas películas y series de televisión. A estas alturas, ya conocemos todos
los detalles de esta reunión cardenalicia que escoge al sucesor, pero nos
deleita cada nueva propuesta debido al nivel de secretismo y decadencia que se
aprecia en los pactos entre cardenales. Nada de eso está ausente en 'Cónclave',
la nueva película de Edward Berger que tras el éxito de 'Sin Novedad en el
Frente' (4 premios Oscar) toca otra tecla en esta aventura con la Curia.
El cardenal Lawrence será el eje central de este viaje que
se inicia justo con la muerte del Papa. Es el elegido para dirigir el
nombramiento de un nuevo pontífice y esto hará que Lawrence quede envuelto en
una conspiración de las altas esferas religiosas, al tiempo que descubre un
misterio que podría agitar la base de la Iglesia. Para ello, Berger cuenta con un gran aliado en Ralph
Fiennes, como Lawrence. El afamado actor cumple con una interpretación
perfecta sobre un papel bastante
complejo, debido a la personalidad y las dudas de fe que este cardenal encarna.
A él se suman grandes nombres, como Stanley Tucci e Isabella Rossellini,
quienes realizan una labor muy buena y que hace enganchar inmediatamente al
espectador. En general, los
personajes de la historia representan una arista de la Iglesia distinta, una
forma de ver la religión, de actuar o de pensar, lo cual ayuda a transmitir los
temas del film; por ejemplo, Tucci interpreta al cardenal
Bellini, un hombre sensato y bastante conciliador; aparentemente, Bellini no
ambiciona el poder y Tucci siempre transmite un sentimiento de urgencia y
nerviosismo con su interpretación, pero al final termina por ceder a sus propias
aspiraciones. Sergio Castellitto y John Lithgow, por otro lado, le dan
vida a dos hombres codiciosos y con grandes deseos de poder, con ideas
conservadoras que podrían provocar un retroceso de la Iglesia a tiempos más
oscuros. Todos se mueven rápido en esta historia casi detectivesca, llevada
adelante por Fiennes.
Por otro lado, el guion es uno de los motores del film. Edward
arranca con todo y busca constantemente ir a lo grande. Todo esto a través de
una cámara en mano que produce cercanía y una fotografía perfectamente
equilibrada, que va decayendo en cuanto a estabilidad, de la misma manera que
caen los planes secretos parea desestabilizar a los mejores candidatos a ser
electos en el Papado. Sublime es el trabajo de Stéphane Fontaine a la hora
de narrar la historia a través del encuadre, el cual se achica al primer plano
en instancias claves de revelación o incertidumbre, o agranda el lente en
momentos en que hay que hacer descansar al espectador o bien para ilustrar la
belleza del Vaticano. La paleta de colores también nos da claves
sobre los personajes: las habitaciones privadas son oscuras y poco
acogedoras, mientras que el comedor es
blanco e impoluto.Este es un punto fuerte, junto al trabajo de
Volker Bertelmann con la música.
A la hora de encontrar un punto bajo, podría ser el giro del
final de la película, que para muchos queda poco explicado y se siente forzado, desestabilizando la fluidez con la que se habían desarrollado los
hechos. Más allá de esto, queda el contraste entre la caída moral de los
personajes y la chispa de redención que ofrece el cierre, el que deja al
público con una mezcla de inquietud y alivio, cuestionando hasta qué punto la
fe y los valores personales pueden prevalecer en un mundo donde el poder del
más grande sobre el pequeño, se impone.
Esta intensa historia retrata la crueldad en el contexto de
la posguerra, principalmente la marginación de las mujeres y su pérdida de
autonomía. Con una estética que evoca al cine expresionista alemán y
actuaciones sólidas, esta obra combina crudeza y humanidad en un estilo de filmación sobresaliente.
Desde el inicio, el film nos sumerge en un melodrama social
muy duro, recreado con una atmósfera de blanco y negro escalofriante. A Magnus von Horn, el director, le gustan las calles con
neblina y poca luz, queriendo así mostrar los estereotipos de una clase media
religiosa y aparentemente bondadosa.La Chica
de la Aguja grafica de manera notable el estilo de vida miserable de
los estratos bajos de esa sociedad, la cual había perdido su sensibilidad tras
la debacle de la guerra. Al mismo tiempo, nos presenta a las dos protagonistas
de esta historia basada en hechos reales la que, sin embargo, el director
adapta de manera bastante libre. Dagmar,
una mujer de aparente conciencia social, le ofrece ayuda a Carolina cuando
intenta abortar. Le propone que mantenga al bebé y promete ayudarla a
encontrarle una vida mejor al retoño, entregándolo a una pareja rica.
Desde los primeros 30 minutos, el director comienza a construir el contexto y el entorno
del pueblo con una frialdad notable y utiliza una fotografía de mayor espacio
vertical para enfocarse en las personas, creando cierta claustrofobia en el
lente. Una vez establecida la pérdida de humanidad, el
director pasa al relato, el cual muestra cómo ante la falta de garantías
individuales y laborales, las mujeres terminan marginadas incluso en la libre
elección sobre su cuerpo y su maternidad.
El personaje de Dagmar es sólido y de hecho la película
debió haberse centrado más en ella, si es que quería ser leal a los hechos
reales; sin embargo, comparte el protagonismo entregando dos visiones
constantemente. A pesar de su papel, donde Dagmar busca ser la salvadora, hay
momentos en los que el tono de la trama representa una maldad aún más extrema, nacida de sus instintos, los que nunca quedan realmente claros.
El giro final, aunque predecible, sí resulta un suspiro de esperanza.
Cierto es
que hay un par de escenas impactantes pero que no son gratuitas, sin embargo, la
película tiene algunas fallas en el
tránsito de algunos eventos y en la forma de abordar ciertas temáticas, especialmente
aquella conexión entre la clase de la época y la maternidad y las inspiraciones reales de Dagmar en sus asesinatos.
La Chica de la Aguja es un cuento de horror sobre la
nula garantía de los sectores más desposeídos, especialmente de las mujeres.
Filmada de manera impecable y con una fotografía que debiera recibir varios
premios, esta obra continúa la tradición danesa de crear historias impactantes
enfatizando el estilo de filmación.
La primera ‘Nosferatu’ data de
1922 y se convirtió en un clásico instantáneo. Hoy, más de 100 años después, sigue
siendo considerada como una de las mejores películas de terror de todos los
tiempos y, por eso, la apuesta de Robert Eggers era arriesgada; sin embargo,
sale victorioso honrando un mito y sublimando el género.
Las tres películas anteriores
de Robert Eggers dejaban claro que su sello es la grandilocuencia en
la filmación. Tras dos pruebas muy bien logradas, como ‘la Bruja’ y ‘El Faro’,
el director neoyorkino alcanza la cumbre con ‘Nosferatu’. La película reconstruye
con enorme precisión y buen gusto, la sombría Alemania del siglo XIX, utilizando
decorados, localizaciones y vestuario
con enorme elegancia y gusto casi teatral. Todo este equilibrio ofrece un film
auténtico, envolvente, onírico, con muy buen ritmo, aunque dure cuarenta
minutos más que la original.
En la previa de la película,
supimos que el film de 1922 tenía obsesionado a Eggers desde su niñez, y en el
tratamiento de la historia y los giros de guion, notamos que el director llegó
a comprender todos los momentos en los que tenía que dar más peso dramático para
enfatizar aspectos de la historia y del mito del vampiro; como este mito es
legendario, Eggers sabía que debía mostrar respeto y de ahí la gigantesca
producción, para que el plano a plano ofreciera modernidad pero respetando el
aura de la película original, aspecto que la ha hecho indeleble al paso del
tiempo.
Esta 'Nosferatu' es el ejemplo
de lo que debe ser un remake, lo cual es un éxito pues sabemos que es difícil versionar
una historia que se ha contado con anterioridad y que tiene precedentes
muy logrados dentro del género del terror/vampirismo; pero en 'Nosferatu' se
nota confianza, se nota camino recorrido y ganado por el director. La película es
un ir y venir de fascinación, de momentos grandiosos amplificados por el
claro/oscuro y por un tratamiento musical operático, de creación de atmósferas
terroríficas. Hay puntos muy altos en estos apartados.
La película triunfa gracias a
todo lo señalado: dirección, intensidad, ritmo, decorados, actuaciones, pero
hay un gran punto culmine: la fotografía de Jarin Blaschke. El director de foto
es fiel colaborador de Eggers y firma un prodigio estético repleto de
claroscuros, precisos movimientos de cámara, velas, antorchas para iluminar escenas
nocturnas, crear atmósferas densas, con
grandes lunas plateadas.. así, ‘Nosferatu' también es un triunfo en el apartado
visual y la escena final es un horror lleno de elegancia y fidelidad a la
historia y que se nos quedará grabada
por mucho tiempo.
En definitiva, ‘Nosferatu’ es una
gran reinvención y toda la tecnología puesta al servicio del film termina
jugando a su favor. Hemos sido transportados al siglo XIX frío y lúgubre y hemos
vivenciado la leyenda del vampiro que lleva más de 100 años siendo contada. La propuesta
de Robert Eggers toca todas las aristas folclóricas del Este de Europa
respetándolas y otorgándoles un barniz de modernidad con actuaciones entregadas
y dolorosas, como la de Lily Rose Deep que, contra todo pronóstico, ha dado la nota
alta con su primer protagónico y le regala más credibilidad a esta nueva joya,
narrada con amor y mucha personalidad.
Mucho más que rockeros, nada que ver con una moda. El Chile
de 1984 se acostumbraba a vivir entre protestas, asesinatos, mala calidad de
vida y represión. La movida musical y cultural se había ido al exilio, las bandas
conocidas no venían y ni siquiera llegaban todos los discos. En ese escenario
asomó un canto nacido del barrio, el cual hoy es reconocido como un pregón en
la oscuridad.
A 40 años de un disco innegable y que solo podría tener parangón
con lo que fue la nueva canción chilena, La Voz de los ‘80 apareció con su
multiplicidad de sonidos, sin una etiqueta clara y donde se reconocía mucho
twist, mucho ska, The Clash y Camilo Sesto; pero en la época se le tildó como
combativo, encarador, a pesar de que Jorge, Claudio y Miguel convivían con la agitación
política diaria pero no eran realmente partidarios de un sector ni utilizaban
la cruel dictadura como inspiración para sus letras. No eran políticos, pero sí observadores de la
agitación de sus barrios. Los acusaban de resentidos sociales mientras González
declaraba en la revista La Bicicleta que no era poeta, que era alguien de la
calle y con educación de liceo fiscal, no la de hoy claramente, sino de aquella
de los años ’70.
Como primera conclusión, podemos aseverar que este disco no
nace por Pinochet ni por la dictadura, pero sí se adueña de un discurso que
impactó rotundamente en la precarizada sociedad, porque parecía dar continuidad
al fenómeno de la nueva canción chilena y de eso se tomó, sin pensarlo, para
tomar vuelo y aprender a mantenerse por sí solo. En ese contexto, es válido
preguntarse si La Voz de los ’80 fue un punto de partida del ‘sonido prisionero’
ó si este sonido realmente existió, ó si
solo fue la expresión de lo que Jorge González escuchaba en ese momento. Ahí es
donde asoman los ‘gonzalistas’, los ‘nareistas’ y los ‘tapia’ dispuestos a dar
sangre por defender el protagonismo y, por qué no, el legado particular de cada
uno de los tres prisioneros, como si este no fuera evidente.
Lo que no tiene discusión es que este disco le regaló a
Chile un compositor magnánimo, comparado solo con gigantes como Víctor Jara o
Violeta Parra y, para muchos, incluso está por sobre ellos, generando otro
debate encendido. Si analizamos esta obra, en 'La Voz de los ’80', 'Sexo', 'Latinoamérica
es un pueblo al sur de Estados Unidos' y otras, se reconoce un agudo sentido de observación
e interpretación de las consecuencias del actuar político en los
pueblos; y en otras, como 'Eve-evelyn' y 'Paramar', notamos lo que fue la antesala
de un gran compositor romántico, característica que explota en dimensiones fundamentales
en Corazones.
Hoy, La Voz de los '80 ¿Está vigente?. Si le ponemos atención a los seis
primeros tracks podemos aseverar que sigue vigente, porque las realidades que
describe son visibles en la actualidad, en los tiempos definidos por
plataformas como Onlyfans, X, Instagram y la posverdad. Esto es malo, porque indica que Chile
no ha cambiado. Pero por otro lado, surge la pregunta de si, musicalmente, La
Voz de los ‘80 ha tenido influencia en las propuestas posteriores y en la presente
‘música urbana’, la cual tiene demasiadas subcategorías como para dar una respuesta
concreta.
Ni los hippies ni los punk. Sangre roja, furiosa y
adolescente. Olor a farsa. Siendo estúpido serás feliz. Ya viene la fuerza.
Slogans eternos nacidos de tres jóvenes del barrio, autodidactas, especiales,
que suplieron la precariedad con enorme talento y con un relato lleno de
energía y sentimiento. Ese 13 de diciembre de 1984, con el apoyo invaluable de
Francisco Straub, se sembró una semilla que nació, fue fuerte y poderosa y murió,
pero que está ahí, retumbando, y aún busca herederos para el futuro, a esos que quieran ser la nueva fuerza.
Interpretar a un personaje icónico, como Tom Ripley, puede
ser una trampa para cualquier actor; porque hay que ponerse en la piel de
alguien que, en esencia, no es nadie. El
célebre estafador llegó a
Netflix de la mano de Andrew Scott y Steve Zailian, en una adaptación vibrante,
llena de elementos distintivos y artísticos, que nos hacen regocijarnos en la
idea de que el mal termina siempre imponiéndose ante el bien.
Patricia Highsmith fue una de las grandes escritoras de
género policiaco, centrando su obra en torno a la mentira y el crimen. La saga
de Tom Ripley comenzó en 1955 y desde allí ha tenido varias adaptaciones al
cine. La primera, con Alain Delon, y la última, con Matt Damon. En ambos casos,
el rol fortaleció la carrera de ambos actores, siendo el turno, en 2024 y en
formato serie, de Andrew Scott, bajo el paragua universal de Netflix.
Dirigida y adaptada por Steve Zailian, ganador del Oscar por
el guion de ‘La lista de Schindler’ y creador de la magnífica ‘The Night Of’, su
reto era conseguir un nuevo Ripley, uno que se incluyera en la discusión de si Alain
Delon, Dennis Hopper, John Malkovich o Matt Damon fueron mejores, o si su
versión los sobrepasaba. Por otro lado, el salir por una plataforma como
Netflix también implicaba un trabajo en el ritmo y visualidad, pues la masa de espectadores
que allí se encuentran, probablemente nunca habían escuchado hablar de este
personaje. En este campo, se decidió por una fotografía increíble en blanco y
negro, obra de Robert Elswit,
‘Ripley’ desarrolla y estampa su sello en ocho episodios
que, pese a tener un ritmo pausado, son una oda al clasicismo, al cine de los
cincuenta. A esto, se le suman otra serie de elementos que hacen crecer la propuesta.
Está el guion, que se toma su tiempo en contarnos su trama y la propuesta visual;
está Robert Elswit (ganador del Oscar por ‘Petróleo Sangriento’) y su trabajo
de lujo en la foto, elevando cada plano hacia el arte, dándose tiempo para que
uno desee estar en esos lugares de ensueño.
En una época en la que todo es consumo rápido y hay demasiadas
propuestas para ver, este ‘Ripley’ deja respirar sin convertirse en fatiga; cada
mirada, cada gesto, cada música tiene un por qué y van armando el set de
elementos que crean el ambiente de la serie, para que todo vaya explotando
hacia la segunda mitad de la temporada. Pero si hay que referirse a un elemento
como esencial, ese es Andrew Scott; nos da un Ripley perfecto, uno
refrescante, que maquina, que va urdiendo ideas en su beneficio a través de la
mentira y su carisma único. Una mente privilegiada que Scott la demuestra con pocos gestos, muy calculado,
y creemos que se ha ganado la nominación a los premios de la temporada. Johnny
Flynn no llega a la altura del Dickie Greenleaf de Jude Law, pero Dakota
Fanning sí está perfecta en Marge Sherwood y su expresión de continua sospecha
hacia Tom Ripley.
También hay que mencionar la banda sonora de Jeff Russo
(‘Fargo’), que acompaña continuamente al personaje principal por esas calles italianas.
La suma de todo otorga una serie con identidad propia y
permite conseguir no sólo belleza instantánea, sino conexiones visuales que
acentúan la profundidad de la tensión; allí sobresale la atenta mirada del gato
Luccio, que parece vigilar a Ripley en todo momento, o también ,los planos a la
sobras de arte del Caravaggio o las estatuas que adornan cada casa y cada calle
italiana de esa época. Este thriller está lleno de sorpresa y de suspense, dos
elementos que hoy poco se encuentran y que Netflix supo amparar para beneficio
de la historia.
En un momento en el que la mayoría de las series optan por
acelerarlo y rellenarlo todo, con miles de subtramas confusas y personajes que
no aportan, en ‘Ripley’ es el silencio, la historia, lo que importa. Sin duda,
esta serie es un gran acierto y tendremos que ver muchas series durante el año
para encontrar alguna que se le iguale en calidad visual, en un guion con giros
como los de antaño, en una actuación descollante, silenciosa y ganadora que,
aparte de desear ver pronto el siguiente episodio, te deja unas ganas únicas de
vivir en ese pequeño Atrani.
La nueva película del director
Jonathan Glazer reafirma la oscuridad de su propuesta con esta película sobre
el holocausto, la que propone una reflexión distinta a las conocidas y que se basa
en el juego con el lenguaje cinematográfico. El film termina siendo un abrumador
retrato de la banalidad del mal, con el cual el espectador es sacudido hasta el
extremo.
Lo que Glazer presenta
es la vida cotidiana del nazi. Esta es una mirada poco explorada en los 70 años
en que se llevan haciendo películas sobre este punto negro en la historia
universal. También entran en el relato la esposa del comandante, los hijos y la
convivencia en una idílica casa colindante al campo de concentración de Auschwitz.
Un muro gris separa esta apacible vida del salvajismo extremo.
'La Zona de Interés' propone al público un
ejercicio cuyo objetivo es removerlo de la pasividad, porque el asombro aumenta
cuadro a cuadro, cuando el cineasta pervierte los registros para sugerir una
actividad constante, como en las películas de corte experimental: como la verdadera
historia de la película no está completamente visible, se nos obliga a mantener
total atención. En ese contexto, la puesta en escena, la foto y, principalmente
en este caso, el diseño de sonido, son los tres pilares que sostienen la
película y que la elevan como una de las más potentes del año.
Hay que considerar que la
tragedia no se ve, entonces, el trabajo de configuración para cada plano es sorprendente.
Imaginar, abrir la mente, dibujar el horror gracias a los sonidos que se
escuchan a lo lejos, pero con la suficiente fuerza para ser omnipresentes. Glazer logra
que el poder de la imaginación se desborde con una composición milimétrica del
fuera del campo visual y serán los sonidos los que sobrecogerán, transformado la
experiencia, para muchos, en una película de terror; esto se subraya cuando se
utiliza el negativo, porque a estas alturas del film el espectador ha
abandonado la comodidad, ha imaginado y configurado en su mente la tragedia, alimentada
de la experiencia de haber leído y visto tanto sobre el holocausto; sin
embargo, los últimos 5 minutos de película son una brutal declaración de
intenciones del director, donde hace un llamado a no suponer el final, sino que
lo recrea saliéndose del tono y asumiendo el realismo que ha evitado durante
todo el visionado.
'La Zona de Interés' ha aumentado significativamente
su importancia y es una de las películas que más cometarios genera, porque
estamos en tiempos de guerra, vivimos una realidad alienante que nos obliga a
pensar que el film de Jonathan Glazer es sobre el hoy, el ahora, y otorga varias
lecturas sobre los conflictos que están ocurriendo, a través de estos
protagonistas del holocausto. Dolorosa, sobre un tiempo lejano, pero, a su vez,
profundamente actual. Glazer entrega su película más impresionante.
Alexander Payne está de vuelta
con un melancólico relato de amistad
y pérdida. En poco más de 2
horas, tres almas intentan huir
de lo que sienten, de olvidar las cicatrices que llevan a cuestas, mientras el
aura de la película los somete a pruebas que los instan a mirar el lado bueno
de estar vivo.
Historias de Navidad hay miles. Por
doquier tenemos comedias románticas y propuestas animadas que abordan la
festividad desde el lado optimista. Pero también hay otras donde la Navidad es
sólo un punto de partida para reflexionar sobre algo más profundo. En este grupo se
ubica Los que se Quedan, del director Alexander Payne (Nebraska, Los
descendientes) quien aprovecha el frio y la nieve de la Navidad del hemisferio
norte, para ahondar en tres almas rotas que conviven en la inmensidad de un
colegio de clase alta, en los inicios de los años ‘70.
Desde los créditos iniciales, Payne
deja claro el tipo de película que veremos: nostálgica, melancólica, pero muy
interesante por cómo estará contada. Rápidamente son introducidos los tres personajes
que, con la Navidad de fondo, verán exaltadas sus emociones; en un principio,
muchos tendrán la opinión que la propuesta de Payne se irá por el lado
depresivo, sin embargo, nos vamos topando con dosis importantes de humor, lo
que permite un equilibrio perfecto y necesario para la narración.
Pero ¿Quiénes son estos tres
seres que dan vida al film?. Pues, el profesor Hunham podría ser un cliché vivo,
uno de los tantos profesores que hemos visto en el pasado y que intenta dar
educación a jóvenes ricachones que dan todo por obtenido. Pero lo que
hace Paul Giamatti con su personaje es una maravilla; grita, es irónico
y más expresivo de lo necesario, pero cuando muestra sus frustraciones, toda
esa careta encaja de gran manera. Sus gestos, miradas y vocabulario hacen que
su trabajo sobresalga, tal cual cuando saca el lado paternal para acoger al
alma atormentada de su estudiante, lo cual pocos actores pueden lograr de forma
tan convincente. Y el gran complemento del profesor Hunham es el debutante
actor Dominic Sessa; verlo en pantalla es darle a Payne el beneficio del
acierto total, pues su trabajo se destaca absolutamente; incluso, en varias
escenas ‘bandejea’ perfectamente a Giamatti, se para de igual a igual frente a
un avezado, lo cual genera resultados sobresalientes. Se desenvuelve ante la
cámara con naturalidad, tiene química con actores de mayor edad y carga con el
peso de importantes secuencias. Y lo que hace Da´Vine Joy Randolph es
significativo, porque carga con el personaje más complejo y que más se contiene.
Mary trabaja sin parar, convive con sus compañeros, es rigurosa
en sus funciones y, sin embargo, su vida no tiene sentido porque ha sufrido el
dolor más grande que cualquier madre podría enfrentar y trabajar con decenas de
jóvenes, que todo el tiempo le recuerdan al hijo que perdió, es un golpe al
espectador, quien se pregunta cómo puede aguantar la vida. En este caso, Mary
es el personaje con más cable a tierra, el más terrenal de la película y su
brillante interpretación y desarrollo ayuda a responder la premisa de este
film: que vivir debe valer la pena y hay que encontrar ese significado cuando
se pierde.
El diseño de producción, la
fotografía y la música realmente hacen que el espectador entre en la época
donde se desarrolla la historia; toda la ambientación está tan bien lograda que
realmente parece que estuviéramos viendo una película de los ‘70. Y el guion acierta
en situar la historia en una época sin tecnología como la de hoy, donde
claramente el contacto humano se ha visto afectado. En la inmensidad de ese
colegio, rodeado de nieve y soledad, estas tres almas se encuentran y aprenden
a ser soporte del otro y vivir inesperados momentos.
Aunque se trata de una historia
original, Los que se Quedan podría convertirse en otro clásico que retrata la relación profesor-alumno, y estas películas
siempre marcan a más de alguien. Hunham es uno de esos profesores que
termina dando más lecciones fuera del aula y ese tipo de enseñanzas terminan
por quedarse no sólo en Tully, sino que también en los espectadores.
En tiempos de producciones
pretenciosas e historias que solo son un remake, Los que se Quedan es
un remanso de quietud. Giamatti, Sessa y Randolph forman un trío perfecto al
mostrar los efectos de la pérdida, lo cual no sucede desde el resentimiento,
sino desde las ganas de encontrar un sentido a la vida. De esta manera, Alexander
Payne está de vuelta con una de sus mejores propuestas, un relato sensible pero
equilibrado entre humor y drama, que habla de solidaridad y del doloroso
proceso de aceptar la realidad.
La naturaleza de este blog es hacer listas de fin de año, lo
que es muy difícil considerando lo explosivo de la oferta y que ya no todo está
en Netflix. Consideramos que fue un año atípico, donde creció la oferta de
animé e inteligencia artificial provocando in certezas sobre si estamos en un
cambio de época en el mundo seriéfilo. Con sus pro y contras, haremos un
balance del querido mundo de las series en 2023.
13.Fleishman está
en apuros
Reparto: Jesse Eisenberg, Claire Danes y Lizzie Caplan
Sensacional miniserie que navega con humor por la vida de un
divorciado, en el momento en que su ex le deja a los niños en casa y
desaparece. Tras esta premisa, se desarrolla una fascinante exploración de la
vida adulta y de la crisis de los 40. Lo que realmente funciona en Fleishman
está en apuros es su reparto, el cual deja momentos fantásticos. Claire
Danes no aparece mucho (de hecho hay episodios en los que apenas la vemos)
pero su presencia se nota durante toda la serie, siendo el fantasma del
pasado y presente de la vida de los Fleishman.
12.A Friend of the Family
Reparto: Jake Lacy, Colin Hancks, Lio Tipton
Son 9 episodios que explican un bizarro caso verídico de
grooming, abuso sexual a menores y secuestro, que contiene tantos giros
increíbles que si no estuviera basado en hechos comprobables, serían muy
difíciles de creer. Nick Antosca firma este intenso true crime que repasa el
caso de los Broberg y el vecino que, a lo largo de los años, secuestraba una y
otra vez a su hija; todo un cuento oscuro sobre un depredador y su presa. ‘A
Friend of the Family’ es un gran drama sobre una familia que logra superar
algo terrible para llegar a un lugar de perdón y sanación.
11.The Last of Us
Reparto: Pedro Pascal y Bella Ramsey
Si bien es inevitable pensar en otros dramas
postapocalípticos televisivos, como The Walking Dead, con la que comparte
ciertos temas, el viaje de Joel y Ellie resulta absolutamente sobrecogedor. Un
fascinante drama que se volvió un visionado imprescindible.
10.Pluto
Adaptación de una historia de ciencia ficción que cumple de
sobra, porque está excelentemente escrita; de paso, sirve de homenaje a todo el
inmenso mundo de Astro Boy. 'Pluto' plantea un futuro no tan distante pero
sí muy avanzado, en el que humanos y
androides conviven en paz y, con estos últimos, perfectamente integrados en la
sociedad como policías, niñeras y hasta luchadores de wrestling.
9.Junji Ito Maniac: Japanese Tales of the Macabre
Esta antología japonesa de terror es perfecta para pasar una
entretenida noche de miedo, gracias a sus grandes y perturbadores relatos. Episodios
cortos y con guiones que equilibran muy bien el suspenso y el terror, pero no
ese que habla de asesinos con cuchillos; el valor de 'Junji Ito Maniac' se basa
más en presentar una atmósfera intranquila y perturbadora, donde sabes que
algo no está bien en lo que parecer un día normal en una calle normal.
8.Nada
Reparto: Robert De Niro
Son cinco episodios de media hora
que retratan la vida diaria de un peculiar personaje, con todos los vicios de
un anciano caprichoso; un Roberto De Niro admirable que trata, en un español
muy forzado, de explicar la diferencia entre
“boludo” y “pelotudo”, entre otras cosas bien curiosas. La melodía melancólica
y alegre que articula la trama, le da un aire especial y entrañable.
7.Bodies
Reparto: Stephen Graham, Shira
Haas.
Basada en la novela gráfica
homónima de DC, la producción muestra a cuatro detectives, en cuatro épocas
diferentes, que se topan con el mismo cadáver y un crimen enigmático que deben
resolver. La producción sobresale por una trama en la que se combinan viajes en
el tiempo y recreaciones históricas muy bien logradas, aunque el final deja a
muchos rascándose la cabeza.
6.Querida Niña
Por la cantidad de giros en la
historia, se presenta como un rompecabezas confuso y con perspectivas
fragmentadas, pero de una forma que atrae al espectador en vez de espantarlo. Y
aunque la premisa puede resultar familiar, el guion toma direcciones
sorprendentes que logran sostenerse hasta el final.
5.The woman in the wall
Reparto: Ruth Wilson
Este drama examina el legado de uno de los escándalos más
impactantes de Irlanda: las instituciones inhumanas conocidas como ‘Las
lavanderías de la Magdalena’, un
lugar al que se llevaba a las mujeres que incumplían las costumbres sociales de
su época (desde las acusadas de adulterio hasta las embarazadas
adolescentes). Cuando
finalmente cerró sus puertas, un millar de supervivientes quedaron con sus vidas destruidas, muy pocas pudieron seguir adelante y otras, como
Lorna, tuvieron incluso menos suerte en su destino.
4.Stonehouse
Reparto: Matthew Macfayden
Miniserie británica protagonizada
por Matthew Macfayden, una de las estrellas del glorioso reparto de Succession.
Parte de esa brillante interpretación se traslada a esta recreación del
político John Stonehouse, un parlamentario que protagonizó uno de esos
escándalos políticos más increíbles d ellos que se tenga memoria y que hacen
completamente necesaria la advertencia de que esto está basado en hechos
reales. Un escándalo muy british.
3.Best Interest
Reparto: Michael Shannon
Escrita por Jack Thorne, la miniserie de cuatro partes ofrece un estudio
conmovedor de una familia dividida por los debates éticos y las prácticas
médicas y legales involucradas en estos casos de tener qué decidir si dejar
morir a un ser querido. Equilibrado y matizado, el guion no defiende una
posición ni proporciona respuestas a las preguntas espinosas que plantea, sino
que inspira compasión por aquellos que se enfrentan a una decisión tan
imposible.
2.Succession
Tras cuatro magníficas
temporadas y 39 episodios inolvidables, el misterio alrededor de quién iba
a suceder a Logan Roy fue resuelto de forma memorable, siendo un cierre impecable para
una historia que tenía mucho de culebrón con tintes empresariales, pero que supo
respetar a sus personajes. Cuestión aparte es el deterioro emocional de
Shiv y cómo su relación con Tom la llevará a una condena; fue la mejor derrota
posible para ella, porque sigue estando sometida a los designios de otro, tal
cual el imperio de los Roy, el que ha caído y Waystar ya no es más que una
pieza en el imperio de otro. Aquí lo realmente importante era ver en qué
posición quedaban los herederos, tras todas las traiciones y desiluiones desarrolladas.
1.Perry Mason
Casi tres años hubo que esperar
para que regresaraPerry Mason y su
segunda temporada. El abogado interpretado por Matthew Rhys volvió con
señales más claras sobre su identidad.Si bien hubo cambio de guionistas, la dupla formada
por Rolin Jones y Ron Fitzgerald dio paso a Jack Amiel y Michael Begler,
cocreadores de una de las mejores series de la década pasada, el estupendo
drama médico The Knick, quedó la sensación de una buena cuadratura en los
arcos narrativos y que se apretaron teclas distintas a las de la primera sesión de
2020. Esto se tradujo en una mejor caracterización de los personajes (a los que
se les dio un peso similar al de Mason) y en un mejor desarrollo de la ciudad de Los Angeles de los años ’30,
más allá de los tópicos del pulp y del noir.
Esta segunda temporada, protagonizada
por un impecable Matthew Rhys, volvió a demostrar por qué fue la mejor
serie en su año inaugural, por qué podía seguir adelante con el desarrollo de otras historias paralelas tan interesantes como la vida de Mason, y por qué dolió tanto su cancelación.
La nueva cinta de Greta Gerwig ha
sido celebrada en el mundo entero, recreando lo poderosa que es la marca
‘Barbie’ en la cultura contemporánea. Si bien es una celebración a la
importancia de la muñeca, la película dedica tiempo a su repercusión directa en
la diversidad, la exploración de la identidad femenina y extiende una dura
crítica a la misoginia.
‘Barbie’ no pierde minutos y
desde el comienzo nos plantea su propuesta: mostrar las vivencias de su
protagonista, todas centradas en una realidad perfecta; pero en ella, Barbie es
una más en una variedad interminable de réplicas. En este punto, el argumento
aborda el tema de la identidad a través de las características del juguete, por
tanto, no hay aspiraciones, solo un nombre. Y en Barbieland, el contexto donde
ella se desarrolla, es un lugar donde
solo hay felicidad, escondiéndose una burla al optimismo artificial, la
sexualidad contemporánea, la vanidad y los prejuicios, donde a ratos es
sorprendentemente adulta. De hecho, el argumento deja entrever la ingenuidad de
este universo con bastantes dosis de humor negro, siendo éste uno de los puntos altos de la película. Junto
a esto, el uso de su sobrecargado apartado visual deja un mensaje tipo
declaración de intenciones acerca de lo femenino, en rosado y en labores
cotidianas, para manifestar la personalidad de este universo muy parecido a un oasis
alejado de la realidad.
Con un reparto estelar, Barbie
enfoca su primera media hora en recorrer estas decenas de Barbies en distintas
profesiones, mientras los Ken se dedican a la diversión; este
contrapunto da la sensación de que bastaría un mínimo desequilibrio para que
este oasis tenga un desbalance y aparezca el desastre que, por supuesto, ocurrirá,
cuando Barbie comience a hacerse preguntas existenciales que van más
allá de su experiencia en Barbieland. A la entrega de este mensaje ayuda muchísimo
la fotografía de Rodrigo Prieto, porque impulsa la visualidad rosa para ir
incluyendo elementos propios de la transformación de Barbie, la cual es
incómoda cuando empieza a percibir que sus identidades fragmentadas (la
doctora, la presidenta, la abogada, la presidenta de las Suprema Corte y más)
se hacen necesarias a medida que más preguntas se hace. Greta Gerwig es
consciente que el cambio interior se manifiesta en el exterior, y la foto va
acorde a esto.
Tal cual Matrix, Barbie debe
asumir que es la elegida, pero ¿para qué?. Y allí es donde el film se mete en
una variedad de temas muy actuales y de urgente reflexión: la idea del
autoconocimiento, la reivindicación del individuo, machismo, misoginia, el
nuevo feminismo, la dominación corporativa. Sin duda este planteamiento compone
la meca del argumento y, quizás, en su elaboración, sea lo menos logrado del
film, porque al atravesar tantos tópicos, finalmente no profundiza en ninguno.
Los minutos finales nos entregan
una inusual conclusión (¿secuela?) y el mensaje de Greta Gerwig queda más
claro. Barbie es mucho más de lo que parece, es un legado cultural
que se vuelve más importante al mirarla en su diversidad y concepción de
heroína en su propio mundo. Quizás no cumple con todas las expectativas que
despertó su campaña promocional, pero es relevante destacar la cantidad de
reflexiones sobre la identidad presente y futura que plasma sobre el individuo
y, al mismo tiempo, está mejor construida que otras películas que refieren a la
libertad del ser humano en un mundo hostil.
Netflix acaba de estrenar el
documental Wham!, que cuenta la historia del dúo pop que integraron George
Michael y Andrew Ridgeley. Si bien sigue las directrices básicas de
un documental musical, va dejando reflexiones sobre cómo la amistad es puesta
en juego cuando el éxito, la fama y el dinero van metiendo su cola en la relación de dos
jóvenes que crecieron juntos para hacer realidad el mismo sueño.
A inicios de los ’80, cuando
Inglaterra iba dejando atrás la estela de destrucción y fealdad del punk, dos jóvenes
británicos decidieron tomar al mundo por sorpresa. Para Andrew Ridgeley y
Georgios Panayiotou (George Michael), era un sueño el ser famosos a través de
la música, amor que compartían desde los 11 años cuando se convirtieron en
mejores amigos de la Bushey Meads High School, en Hertfordshire. De ese hilo
se toma Chris Smith para ahondar en una carrera vertiginosa, que solo duró cuatro
años y que lanzó al estrellato a uno de los más prolíficos compositores del
siglo XX. Con una mixtura entre rap, disco, pop y letras de crítica social
contra el thatcherismo, Wham! se ganó un espacio en la televisión británica y
en la nueva escena musical que nacía a punta de buenos ritmos, pelo largo, color y sonrisas brillantes;
si bien esto fue parte del siguiente estilo preponderante (la New Wave), el
talento de George y Andrew para escribir, componer y producir queda en
evidencia en el metraje pero, junto con esto, va develándose el mutuo apoyo que
se prestaban dentro de esta vorágine; Andrew ayudó al nervioso e inseguro George a
encontrar su voz musical en esa juventud , reconociendo que sus direcciones
compositivas eran diferentes y que llegaría el momento en que cada uno iba a
querer seguir creciendo pero en su propio lado.
Una de las narrativas clave del
documental será la liberación de identidad de George, quien no sabía cómo
transitar hacia el reconocimiento público de su homosexualidad. El film también
indaga en el panorama musical de los ’80, en el pop y la novedad que
significó la propuesta de este dúo.
Chris Smith se planteó el
objetivo de responder estas preguntas a través de imágenes de archivo y
entrevistas de audio con Andrew y George (quien grabó sus pensamientos antes
de morir en 2016). El resultado es un retrato optimista y afectuoso de dos
niños que lograron su sueño de adolescentes, apoyándose en cada paso y no
dejando que la envidia o terceras personas cortaran el hilo que los unía desde
niños; una de las partes más conmovedoras del film, pasa por la forma en que
Ridgeley va cediendo protagonismo y de, alguna manera, va impulsando la carrera
solista de George, asumiendo que la disolución de Wham! era inevitable, aunque estuvieran
en un momento álgido y con mucho caudal creativo por desarrollar; llegó un momento
en que George era reconocido como compositor y eso se refleja en la emoción que
le produjo haber recibido el Ivor Norvello siendo tan joven, lo cual fue otro
indicador de que él estaba listo para encumbrar el vuelo y dejar en el nido a
quien había sido su fiel compañero. Finalmente, el resumen del documental es
una historia de amistad verdadera en medio del caos del éxito absoluto,
haciendo que la trama se vuelva muy interesante incluso para quienes nunca han
sido fans del dúo.
Una amistad sincera, trauma
oculto y sacrificio, esto es Wham! y su meteórico ascenso, el cual es
revisitado con excelente archivo y dos voces que hablan con calma y mesura
sobre ese momento de sus vidas; obviamente está la pregunta de si acaso no faltan piezas en esta historia, de si verdaderamente todo ocurrió sin peleas ni recriminaciones, aunque el
razonamiento de Ridgeley parece tan sincero y generoso que, en una de esas, esa
separación sí estuvo marcada por el cariño verdadero que, al parecer, sí se
tuvieron.
Falta muy poco para vivir una nueva fiesta del cine con los
premios más reconocidos de la industria. Empezamos a jugar con los favoritos y a
dejar claro quiénes se merecen el premio que, seguramente, no obtendrán.
Mejor Película
Everything Everywhere All at Once
Top Gun: Maverick
Elvis
Tár
The Banshees of Inisherin
The Fabelmans
Avatar: The Way of Water
All Quiet on the Western Front
Triangle of Sadness
Women Talking
Ganará: Everything Everywhere All at Once
Ha liderado las nominaciones y ha triunfado de manera muy
sonora en toda la temporada, por lo que cuesta creer que ocurrirá otra cosa.
Debería ganar: The Fabelmans
Mejor dirección
Todd Field, Tár
Daniel Kwan y Daniel Scheinert, Everything Everywhere All at Once
Martin McDonagh , The Banshees of Inisherin
Ruben Ostlund, Triangle of Sadness
Steven Spielberg , The Fabelmans
Ganará: Steven Spielberg:
Si bien la dupla de los Daniel es la favorita, vamos a creer que el
genio del cine moderno se irá a casa con alguna estatuilla, luego de una
producción que derrocha historia, emociones y una mirada a cómo germinó la semilla del gran cineasta que ha sido Spielberg.
Debería ganar: Steven Spielberg
Mejor Actriz
Cate Blanchett, Tár
Michelle Yeoh, Everything Everywhere All at Once
Ana de Armas, Blonde
Andrea Riseborough, To Leslie
Michelle Williams, The Fabelmans
Ganará: Michelle Yeoh:
Al parecer, la asiática va a
pillar en la misma meta a quien ha sido favorita durante toda la temporada. Hay
un hype desatado en torno a Michelle, en su primera nominación al Oscar
por esta capacidad de navegar por los diversos géneros que plantea 'Everything
Everywhere All at Once'.
Debería ganar: Cate Blanchett
Mejor Actor
Austin Butler, Elvis
Colin Farrell, The Banshees of Inisherin
Brendan Fraser, The Whale
Paul Mescal, Aftersun
Bill Nighy, Living
Ganará: Brendan Fraser:
Desde que The Whale se presentó en Venecia se
sabía que el actor llegaría lejos en la temporada de premios, porque además
encarna al típico papel que le gusta a Hollywood. Y también porque ha sumado
puntos por una extraña campaña que lo ha retratado como ‘el regreso de Brendan
Fraser’, cuando el actor no ha parado de hacer cine y televisión en la última
década.
Debería ganar:Colin Farrell
Mejor Actriz de reparto
Angela Bassett, Black Panther: Wakanda Forever
Hong Chau, The Whale
Kerry Condon, The Banshees of Inisherin
Jamie Lee Curtis, Everything Everywhere All at Once
Stephanie Hsu, Everything Everywhere All at Once
Ganará: Jamie Lee Curtis:
Uno de los Oscar fijos, a pesar que Angela Bessett ganó el
Globo de Oro y el Cristic’s Choice por una película malísima.
Debería ganar: Jamie Lee Curtis
Mejor Actor de reparto
Brendan Gleeson, The Banshees of Inisherin
Brian Tyree Henry, Causeway
Judd Hirsch, The Fabelmans
Barry Keoghan, The Banshees of Inisherin
Ke Huy Quan, Everything Everywhere All at Once
Ganará: Ke Huy Quan:
También un Oscar cantado para un actor que esperó por
décadas una oportunidad como esta.
Debería ganar: Ke Huy Quan
Mejor película animada
Guillermo del Toro’s Pinocchio
Marcel the Shell With Shoes On
Puss in Boots: The Last Wish
The Sea Beast
Turning Red
Ganará: Guillermo del Toro’s Pinocchio:
Esta es una certeza más que una predicción. El espléndido y
meticuloso trabajo de animación en Pinocchio, fue acompañado por una adaptación
profunda y entrañable.
Debería ganar: Guillermo del Toro’s Pinocchio
Mejor fotografía
James Friend All Quiet on the Western Front
Darius Khondji Bardo, False Chronicle of a Handful of Truths
Mandy Walker, Elvis
Roger Deakins, Empire of Light
Florian Hoffmeister, Tár
Ganará: James Friend por All Quiet on the Western
Front:
Todo ese naturalismo, el manejo de las ópticas, el uso
mayoritario de la luz natural y el gran formato empleado para la épica, le
permitieron a James Friends capturar la guerra desde una perspectiva atípica. Debería ganar: James Friend por All Quiet on the Western Front
Mejor película internacional
All Quiet on the Western Front, Alemania
Argentina, 1985, Argentina
Close, Bélgica
EO, Polonia
The Quiet Girl, Irlanda
Ganará: All Quiet on the Western Front:
Uf, esta es una de las categorías más interesantes. 'All
Quiet on the Western Front' ha hecho un recorrido exitoso entre los círculos de
la industria como una nueva narrativa en el cine bélico. Debería ganar: Argentina 1985
Mejor diseño de producción
All Quiet on the Western Front
Avatar: The Way of Water
Babylon
Elvis
The Fabelmans
Ganará: Elvis:
Recrear el paso por la música de un genio como Elvis, le da
puntos en esta categoría.
Debería ganar: Babylon
Mejor edición
The Banshees of Inisherin
Elvis
Everything Everywhere All at Once
Tár
Top Gun: Maverick
Ganará: Everything Everywhere All at Once:
Editar un multiverso ya le da puntos por sobre el resto,
aunque las demás contendoras hacen un gran trabajo en este apartado.
Debería ganar: Top Gun: Maverick
Mejor documental
All That Breathes
All the Beauty and the Bloodshed
Fire of Love
A House Made of Splinters
Navalny
Ganará: All That Breathes:
Es un documental compasivo, que dibuja algo de
esperanza en una realidad devastadora. Además, pone en valor el buen hacer
individual, frente al egoísmo.
Debería ganar: All the Beauty and the Bloodshed
Mejor canción original
Applause (Tell It like a Woman)
Hold My Hand (Top Gun: Maverick)
Lift Me Up (Black Panther: Wakanda Forever)
Naatu Naatu (RRR)
Time (Amsterdam)
This Is a Life (Everything Everywhere All at Once)
Ganará: Naatu Naatu:
RRR y su temazo es de lo más refrescante que le ha
sucedido a esta explosión de cintas asiáticas en Norteamérica.
Debería ganar: Naatu Naatu
Mejor banda sonora
All Quiet on the Western Front
Babylon
The Banshees of Inisherin
Everything Everywhere All at Once
The Fabelmans
Ganará: The Fabelmans:
Sin Hildur Guðnadóttir en la papeleta, es John Williams
podría ganar la estatuilla.
Debería ganar: Babylon
Mejor guión adaptado
All Quiet on the Western Front
Glass Onion: A Knives Out Mystery
Living
Top Gun: Maverick
Women Talking
Ganará: Women Talking:
La historia que Sarah Polley entrega en 'Women
Talking' es necesaria, actual y contingente.
Debería ganar: Women Talking
Mejor guión original
The Banshees of Inisherin
Everything Everywhere All at Once
The Fabelmans
Tár
Triangle of Sadness
Ganará: Everything Everywhere All at Once:
Dados los resultados de la temporada, es 'Everything
Everywhere All at Once' la que se ve comofavorita en esta categoría. Sin embargo, no perdamos de vista el maravilloso trabajo de
Martin McDonagh.
Debería ganar: The Banshees of Inisherin
Todd Field vuelve a escribir y dirigir tras una pausa de dieciséis
años y lo hace con una propuesta inteligente y sutil, incluso en los momentos
que devela su indiscutible violencia.
En la primera escena, hay dos
detalles que van a marcar los pilares en los que se afirmará esta película. En la
entrevista que se hace a Lydia Tár, ella deja clara su necesidad de controlar
el tiempo para obtener lo que quiere de su orquesta, y el segundo , el hecho de
que la quinta sinfonía de Mahler, esa que la protagonista está por grabar en vivo para
conseguir un hito en el mundo de la música docta, es un misterio. Desde ese
momento, el director empieza a jugar con la percepción del espectador, lo que
se mantendrá a por todo el metraje, hasta el punto de que resulta inevitable
preguntarse cuánto de lo que vemos en pantalla ha sucedido así realmente. Cuando
vamos avanzando, el guion nos permite navegar sin perdernos entre los muchos
problemas que entrañan la personalidad y la profesión de Lydia Tár. Y también
nos va quedando muy claro que es una maniática del control, un rasgo lógico
dado su trabajo, pero a lo largo del film vemos precisamente cómo va perdiendo
ese control, lo cual se entiende como sinónimo a que la protagonista tocó fondo.
Lydia no es una buena persona y hay infinidad de detalles que van acumulándose
para que eso sea evidente, aunque nunca recibimos toda la información sobre lo
que ocurrió con Krista Taylor, la presencia que persigue a la protagonista
en todo momento, y los espectadores asumimos mucha y sin saber si esa era la
intención de Field.
Por ello, la película tan bien
trabaja sobre la psicología de 'Tár', rodeándola de fantasmas que ayudan a dar la
sensación de misterio y pérdida de control sobre su exultante carrera y sobre
sus amores: el metrónomo, esos gritos en el parque o aquel momento en que ella
se va en busca de otra música que la cautiva, la cual desaparece repentinamente…todo
se teje para señalar una caída progresiva, aunque hay detalles que algún
espectador simplemente no podrá explicarse si opta por una lectura única del
film, la cual decanta por un enfoque menos tradicional al incluir las hipocresías
de la actual cultura de la cancelación.
El guion de Field, con la
ayuda sublime de Cate Blanchett, define a un personaje con muchas sombras aunque
más de alguien sentirá empatía con una mujer que podría haberse quedado en el
estereotipo de persona de mediana edad intelectual y déspota. El guion plantea
y desarrolla la violencia de muchas situaciones sin que tengamos que ver gritos,
golpes o sobresaltos; sí observamos un aumento de intensidad , donde la
violencia subyace de manera potente en varios planos y tiros de cámara, con
tantos matices como la historia de vida exitosa que se va desdibujando frente a
nosotros.
La película no
funcionaría igual sin el trabajo de Cate. Todo gira alrededor de una protagonista que
muestra su sentimiento por la música y su contradictoria personalidad, y la
actriz se somete en ambos niveles y en cada etapa de manera soberbia.
'Tár' es una película compleja y
reflexiva, que se disfruta mucho y cuya escena final es la mejor del año;
muchos elementos elegantes y decadentes, de fotografía en gris y planos a contraluz
suman puntos para distinguirla como una obra riquísima y que destaca mucho por
sobre el resto de las recién estrenadas.