martes, 8 de diciembre de 2020

Mank: la reivindicación del artesano

Sacando a relucir un guion que llevaba veinte años guardado, David Fincher regresa con una propuesta clásica.“Mank” hace mención al proceso de elaboración del guion de una de las películas más valoradas de la historia (“Ciudadano Kane”), pero en vez de centrarse en la conflictiva relación con Orson Welles, Fincher expande el alcance hacia un telón de fondo muy interesante pero que, a ratos, deja la sensación de querer abarcar demasiado.


David Fincher es uno de los genios cinematográficos de las últimas 3 décadas. Por eso mismo, Netflix lo reclutó, otra vez, aprovechando la excelente experiencia de “Mindhunter”. Por ahora, el norteamericano pone su prestigio al servicio de “Mank”, película que recoge la historia de Herman Mankiewicz, creador del guion original de “Ciudadano Kane” y cuyo proceso se muestra acompañado de adicciones y los conflictos políticos de la época que tocaban el desarrollo de la industria del cine, los que son el corolario perfecto para que explotara su irreverente personalidad.

“Mank” va a ser amada y odiada, porque hay muchos personajes de la historia del Hollywood clásico que podrían alejar al público masivo, y porque se centra en el entramado político de esos años (en la figura de William Hearst), el cual sirve para desatar al Mankiewicz que quiere que sus historias hagan reflexionar al público. Aquí, el guion del padre de Fincher nos sorprende, porque estábamos esperando la historia de las tensiones entre Welles y Mankiewicz, sin embargo, se expande a una fotografía del momento social en plena gran depresión, con una industria que descubría el cine sonoro y que estaba en cambios de paradigma. La película se estructura con maravillosos flashbacks que tratan de hacer un paralelismo a “Kane”, los cuales son dotados de energía en secuencias que muestran quién era quién en este mundo; excelente es la escena en la que Louis B. Mayer le pide a sus trabajadores que hagan un sacrificio, reduciendo sus salarios.


Con un ritmo veloz para capturar esos “locos años”, donde la música de Trent Reznor y Atticus Ross es clave, y a la vez, con una segunda línea de tiempo actual, más gris y pausada, es en esta última donde se aprecia la arista de la relación con Orson Welles y donde, si se quiere, Fincher deja espacios para desmitificar a este último como figura virtuosa.  

Actuaciones a gran altura y visualidad cautivadora

La postura es la de un autor que justo consigue la inspiración cuando pareciera que está al final de su vida creativa, inmerso en la depresión. Sin embargo, Oldman equilibra perfectamente esta dualidad entre una persona ética, que busca que el espectador se emocione y reflexione, pero que a al mismo tiempo, sucumbe ante la podredumbre industrial, dejándose llevar por esas debilidades que lo llevan a su faceta más cínica. El relato lo pone en prácticamente todas las escenas, con mujeres que son soporte para la historia y que encajan en cada tiempo: su esposa (Tuppence Middleton), su cuidadora (Lily Collins), y los mejores diálogos con Amanda Seyfried, cuya química es espectacular; la personificación de Marion Davies cautiva, muestra el lado más inocente de una actriz que quedó atrapada en una industria de hombres y que sirve de inspiración para el personaje de Susan Alexander. Por otro lado, el protagonismo visual de “Mank” tiene todo un sello. Desde los créditos ya introduce una declaración de intenciones, adornada con más elegancia entre los paralelismos con el cine de antaño; la composición, la edición que imita las transiciones de las películas de ayer, fundiéndose a negro en cada toma, se complementan con una vibrante fotografía de Erik Messerschmidt, con tiros de cámara brillantes, apostando con difuminados, con luces y sombras, tal cual lo hizo el director de foto de “Ciudadano Kane”. No restemos ese mérito, si bien a muchos les podría parecer exagerado e innecesario, es un detalle que eleva a “Mank” como uno de los mejores estrenos del año.

Podría ser que la relevancia que otorga el guion al arco político, en lugar de centrarse en los demonios que acosaban al guionista, no sean del gusto de la mayoría, pero más allá de esa apreciación, “Mank” está a muy buen nivel y ojalá pueda ser disfrutada en la gran pantalla, tal cual “Roma” y “El Irlandés”, donde sus directores usaron Netflix como estrategia, pero cuyo resultado final es un homenaje al cine de las primeras épocas. Y en el caso de este film, se erige como reconocimiento a quien imaginó “Ciudadano Kane”, película que siempre aparece en el top 3 de las mejores de la historia y cuyo creador había quedado a la sombra de Welles. No en vano, el film termina con ambos refiriéndose al otro, pero con Mank sujetando el Oscar.


sábado, 28 de noviembre de 2020

Entre el “Diego” y “Maradona”: dos miradas al astro del fútbol

Películas y documentales sobre la vida de Diego Armando Maradona, abundan. Tras su inesperada muerte, los fans se han volcado a Youtube y a plataformas de descarga, intentando dar con los nombres que, con distintos enfoques, han tratado de vender un retrato del astro argentino. Algunos ejemplos son el documental de Javier Vázquez “Amando a Maradona” (2005), y las películas “El día que Maradona conoció a Gardel” (1996), “Maradona, la mano de Dios” (2007), o la serie “Maradona en Sinaloa” de Netflix. La mayoría de estas producciones fueron del agrado del otrora rey del fútbol, pero otras no tanto, como fue el caso del documental dirigido por el británico Asif Kapadia, estrenado en Cannes 2019, y con el mismo Maradona siendo partícipe en la elección de quienes hablarían sobre su carrera.

Por el contrario, uno de los más renombrados es el documental “Maradona by Kusturica”, el cual fue mucho mejor recibido por el argentino, porque su retrato es desde la perspectiva de un revolucionario del fútbol, el Dios, el drogadicto y la leyenda.

Así, el metraje de Kusturica muestra diversas facetas de Maradona desde la admiración que sienten hacia él millones de personas, poniendo acento en que su origen humilde no fue obstáculo para desarrollar un talento abrumador. El director aparece en varios momentos siendo el que permite el diálogo, e incluso llega a llamarlo el  “Sex Pistols del fútbol”. Con esta intimidad, Diego se entrega y logra revelar detalles de su vida de los que nunca había hablado, como preguntarse hasta dónde habría podido llegar de no haber caído en la droga; junto con eso, el docu repasa los lugares favoritos del astro, lo cual permite acercar la producción a su origen, a cómo, a través de sus contextos sociales, se fue transformando en ídolo. Y uno de los momentos más notables, es aquel en que las grandes figuras políticas del mundo quedaban impresionadas por su carisma; el caso más emblemático es el de Fidel Castro, con quien el futbolista tuvo una estrecha amistad. “Maradona by Kusturica” está hecho desde la admiración del director y se nota. No es malo que un realizador decida filmar a alguien que admira, pero Kusturica es un artista y se espera una mirada que no sea la de un fan y nada más.

Héroe, campeón del pueblo, ídolo caído, inspiración para millones. Gracias a la intimidad sin precedentes que logra con  el Diego, Kusturica lleva al público hacia un viaje basado en la adoración pura.

Once años después de este controvertido documental, el ganador del Oscar Asif Kapadia se lanzó con otro retrato al capitán de la selección argentina ganadora de la Copa del Mundo de 1986, en “Diego Maradona”. Aquí, la propuesta es otra, con un documental más clásico y cronológico, y que se planta desde el concepto del caos interno que le provoca a una persona dejar de ser “Diego”, e inventarse un personaje (“Maradona”), para lidiar con su realidad de ídolo.

Aunque Maradona era un genio con el balón, la película se concentra en el otro lado, en su vida fuera del campo de juego. El documental recorre sus mejores años (del ‘84 al ’91), cuando su leyenda empezaba a escribirse en Nápoles, un equipo que jamás había ganado la liga italiana, hasta que con Maradona la consiguieron dos veces. También se muestra la victoria en el mundial de México y se expresa la idea de que no necesitó ayuda, que se “echó al hombro” a su equipo, y que el temple era lo que le daba la fuerza para resolver cada partido a su favor.

La historia de Maradona es gigante, pero ha sido contada varias veces. Kapadia, entonces, necesitaba un nuevo ángulo, a pesar de tener casi 500 horas de material de archivo, muchas de carácter inédito, lo cual lo vuelve una delicia a la vista. Tal como lo hizo con “Amy” y “Senna”, Kapadia elige la voz en off para relatar los hechos, sin embargo, en este documental se habla de una persona que aún vivía (para el estreno), por lo cual incluir la voz de Maradona era una novedad en su estilo; de esta manera, se obtienen frases claves y declaraciones que le den soporte a la puesta en escena, rica en imágenes ochenteras; en sus intervenciones, el futbolista tiene pasajes interesantes, como cuando dice que en Italia, el racismo llevaba a declarar a los ciudadanos de Nápoles como los “africanos” del país. Kapadia apoya ese contexto con declaraciones de amigos, ex novias, su ex esposa, su hermana, para ampliar la mirada de la historia, pero es decepcionante que haya escogido limitarse a los años (bien documentados) del paso del futbolista por  el club italiano, aunque, por otro lado, es la mejor forma de comprender su figura como transformador de una sociedad completa, como la insignia de la esperanza y la alegría de una ciudad olvidada; sin embargo, abundan las imágenes de fiestas y salidas nocturnas, lo cual lo vuelve predictivo. Y esto puede deberse a que Kapadia se acogió a la hipótesis del entrenador de Maradona, Fernando Signorini, quien explicita que, según él, existen dos personalidades: “Diego” el pobre, el de la villa sin luz ni agua y que, a pesar de esa adversidad, era encantador y generoso; y “Maradona”, el futbolista, la estrella, el ego. Kapadia  decide hacer una película sobre Maradona en lugar de hacerla sobre Diego, lo cual deja fuera la posibilidad de ahondar en su pensamiento político, en sus conflictos con el poder, en su visión de lo que representa su legado, y de cómo podía seguir inspirando a las futuras generaciones.

Kusturica y Kapadia son grandes realizadores, reconocidos y premiados, pero ninguno logró hacer “el gran” documental sobre Diego Armando Maradona. Ni desde el punto de vista de la admiración, ni desde el egocentrismo. Su muerte, sin duda, va a generar nuevas visiones y reinterpretaciones de sus éxitos y fracasos, de sus caídas y renaceres, pero en este momento lo que le importa a su fanaticada y a su pueblo es llorarlo, y llorarlo mucho, porque algo se partió, un capítulo se cerró en la vida de millones y, quizás, ya no haya más nada que decir, porque todo se dijo. 

Que las miles de imágenes de su pie izquierdo haciendo esa magia que regó de gloria su suelo, sigan repitiéndose en tood el mundo y por generaciones, como la mejor herencia de un personaje sin igual.  

viernes, 6 de noviembre de 2020

The Alienist:Angel of Darkness, temp 2: bebe de las mejores sin querer correr el cerco

Tardó tanto en llegar que las expectativas eran altas. Sin embargo, reafirma que solo quiere ser correcta, tomar los mejores elementos de los nombres que la llevan en el formato y proponer un visionado que entretiene y deslumbra por su puesta en escena.

 Cuando la primera temporada de “The Alienist” se estrenó en 2018, hubo una moderada expectativa. Era el proyecto de Cary Fukunaga, aunque terminó cediéndolo al, también experimentado, Jakob Verbruggen. La gesta fue difícil, pues era la época de “Mindhunter”, con un Fincher inspirado, y con otros programas que analizaban la naturaleza humana desde una versión dolorosa. El reto no fue fácil pero logró salir a flote gracias a sus deslumbrantes locaciones, y a los roles más que dignos de Daniel Brühl, Dakota Fanning y Luke Evans en los principales, más una historia cruel que  dejó varias preguntas sin responder.

Había dudas para una segunda temporada, por lo que hubo reestructuración de guionistas y Stuart Carolan asumió el reto junto a el ex “Peaky Blinders”, David Caffrey. Pero la transición no fue violenta, pues esta “The Alienist” de 2020 , parece solo una continuación de lo que vimos hace dos años; así llegó esta “Angel of Darkness”, la que presentó un guion interesante, basado en los libros, pero quedando detrás, por ejemplo, de “Perry Mason” de HBO, la que sí logró  crear una atmósfera tensa e intrigante. “The Alienist” tropieza en ese intento y a los pocos capítulos plantea errores de estructura.

Los actores no son el problema, sino que lo son los personajes. Sara Howard (Dakota Fanning) dio un paso adelante en su sueño de contar con su propia oficina y emplear solo mujeres como detectives. Un guiño al presente. Luke Evans regresó a su papel de periodista y cayó en los ripios del hombre leal y fiel hasta la muerte. El caso más lamentable es el de Daniel Brühl; el Dr. Lazlo Kreizler perdió magnetismo, encanto; ese alienista misterioso fue reemplazado por un tipo aburrido y problemático, cuya guinda de la torta fue ese extraño enamoramiento de los episodios finales y que, sinceramente, no nos interesaba ver en un personaje como ese, fascinado por los instintos reprimidos e incontrolables del ser humano. En este momento, no se necesitaba.

Nuevamente, la puesta en escena fue elegante, intelectual, rica en vestuario y elementos escenográficos. Basada en la podredumbre que exultaba “The Knick”, se nos presenta esta Nueva York  que sirve como escenario para el desarrollo del caso de “Angel of Darkness”, cuya antagonista está muy bien elaborada y lograda, aunque solo en los episodios finales se le da un espacio para profundizar en los desórdenes y carencias que la llevaron a cometer esas fechorías; y esto también es un desperdicio pues no hinca el diente en esa arista, en esa deformación mental que le hace perpetrar lo que se le imputa, porque la historia pasa buena parte de sus capítulos defendiendo a la heroína (Sara), en lo que parece ser un hilo argumental destinado a sentar las bases del liderazgo femenino. 

Ambientada en 1897, al borde de la guerra hispanoamericana, ni el racismo,  ni el prejuicio, ni la sicología de los criminales son los argumentos centrales, por lo que hay varios momentos en que todo se pierde en extensos  diálogos, filosóficas conclusiones, mucha sangre y  gritos. Con  tramas algo sobrecargadas de drama , “The Alienist: Angel of Darkness” deja de lado el carisma que había logrado el personaje de Daniel Brühl, en la primera temporada, y lo reemplaza por el ímpetu de una joven que se impone en un terreno de hombres; sin embargo,  esa mezcla no fue suficiente para que la serie encontrara su propio lenguaje como serie procedimental; así todo, no aburre y eso ya es bastante, mas no suficiente para asegurar una tercera parte.



viernes, 23 de octubre de 2020

Lovecraft Country: el horror de la discriminación

Se nota que la serie de HBO tuvo a Jordan Peele y J.J. Abrams como cerebros. "Esta es la historia de un chico y su sueño. Pero más que eso, es la historia de un chico americano y un sueño que es verdaderamente americano". Esta cita de la película "The Jackie Robinson Story" inicia todo el recorrido y encapsula el visionado, el que termina por definirse como intrínsecamente estadounidense y hoy, eso está en juego.

Emprender un viaje hacia el pasado de Estados Unidos es el símbolo que elige "Lovecraft Country", para exhibir una unión entre la literatura del horror y la lectura política de estos tiempos. Ambientada en el Estados Unidos racialmente segregado de los ’50, la propuesta de HBO resulta relevante porque tiene elementos que ayudan a entender el país lleno de conflictos que es hoy. 

La perspectiva de Peele y Green decide hacer visible el universo fantástico en el que Matt Ruff incursiona en su libro, con la metáfora de que los monstruos reales son los hombres blancos. Y ese tono se estampa de inmediato, desde la secuencia en que la conducción es a ritmo del discurso de James Baldwin sobre la imposibilidad del sueño americano para los afroamericanos, y al tiempo que esto ocurre, vemos a Atticus ir en busca de su pasado, y en esa aventura estará intrínseco el encuentro con un país que lo rechaza. Otro elemento interesante que los showrunners incluyeron al relato son los anacronismos; Baldwin es uno de varios, como también lo es la banda sonora con Etta James y Nina Simone (años ’70), Frank Ocean y Marilyn Manson, las citas al cuento "El Extraño" y la mención de los shoggoths,  referencias a Indiana Jones, evidente en el cuarto capítulo, la música de Rihanna y la música de la campaña que Nike usó hace unos años, para la igualdad LGBTQ. Nada de esto es el azar, es más, ayudan a ligar la serie con el pasado y presente de Estados Unidos.



Los personajes centrales están perfectamente delineados y la ejecución de sus actores es precisa. Atticus, George, Montrose y el resto de la familia son ávidos lectores, hábito que guía al espectador por esta compleja mitología. Leti es el personaje "femenino fuerte" y una conductora muy hábil, que se toma la historia y defiende su rol, mientras Christina es una bruja profundamente frustrada por las limitaciones de ser mujer. "Lovecraft Country" viene a confirmar experiencias como “Atlanta” o “Watchmen”, donde también es imprescindible dar al terror un imaginario complejo, que conecte las preocupaciones raciales con la revolución de los límites del mundo actual.

La serie se estrenó en el momento preciso para esta discusión. En 10 capítulos, "Lovecraft Country" nos lleva de viaje al corazón supremacista blanco de Estados Unidos, pero a través de la mirada del "black horror" hace coincidir, con lucidez y crítica, los pesares de ser negro, porque nada es porque sí en la serie, ni el apellido de Atticus es deliberado, ni tampoco lo es la escena final, con Leti quitándole la magia a Christina y dicéndole "ahora la magia es nuestra", mientras la niña clava la metáfora del cierre de ciclo rompiendo su cuello con un brazo robótico, que hace el link con nuestros tiempos, mientras es custodiada por el monstruo dueño de ese mítico territorio.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Mrs America: la mujer como obstáculo del feminismo

 La ultraconservadora Phyllis Schlafly es la protagonista de esta miniserie que nos devuelve a las raíces del movimiento feminista, el que ha encontrado enemigos en su mismo género. A pesar de no ser una figura muy conocida, su influencia todavía se deja sentir en la retórica de la derecha norteamericana, casi medio siglo después de su período de más dañina actividad.

La llamada “segunda ola feminista”, de comienzos de los ’70,  se topó  con un grupo de mujeres que no querían dar pasos hacia la igualdad y lucharían, con todo, para mantener ese rol tradicional dentro de una familia. Entre sus oponentes estaban Gloria Steinem, Shirley Chisholm y Betty Friedan, las que son encarnadas por Rose Byrne, Uzo Aduba y Tracey Ullman en la miniserie de HBO que ayuda a comprender la complejidad de los cambios, y cuánto toma la gestación de un cambio. “¿Soy la única cansada de esperar?”, bien lo sabe el feminismo desde el siglo XVIII, cuando dio sus primeros pasos. 

Pero en esa lentitud en el logro de más derechos, el feminismo no solo ha tenido detractores en políticos y la iglesia; en las propias mujeres ha habido escollos duros que han complotado, logrando la instalación de visiones arraigadas en la familia y el conservadurismo. Una de ellas fue Phyllis Schlafly, quien dedicó su energía  y perversa locuacidad a ir en contra del movimiento de liberación de la mujer, que según ella minaba a las dueñas de casa. Ella es el ojo del huracán en “Mrs America”, miniserie de HBO y creación de Dahvi Waller (antigua guionista de “Mad Men”), en la que nos muestra los caminos, en paralelo, de la revolución feminista y la resistencia liderada por Schlafly. Caminos paralelos, pero ¿dignos del mismo trato?. En ese intento por equilibrar los puntos de vista y de comprender a su antiheroína, Waller cae en ambivalencias discutibles.


En “Mrs. America”, la condena del autoritarismo moral llega a través de la forma. Los codirectores Anna Boden y Ryan Fleck (“Capitana Marvel”) ruedan las escenas de Phyllis de manera opresiva, académica, con tomas geométricas y con ella casi siempre en el centro del plano. En cambio, las escenas del ámbito feminista se capturan con una cámara más libre y hasta rockanrollera, con más colores y volatilidad. La protagonista es la gran Cate Blanchett, en su primer rol de importancia para la televisión, como Schlafly, a la que le imprime un carisma impositivo poderoso. Sus miradas matan y su sonrisa amenaza, pero no a los hombres, los que, por esos días, gritaban sin contemplaciones su misoginia; prefirió irse contra la periodista Gloria Steinem (interpretada por Rose Byrne), la política Shirley Chisholm (Uzo Aduba), primera mujer afroamericana elegida para el Congreso, o la teórica Betty Friedan (Tracey Ullman), autora del famoso libro “La mística de la feminidad”.

En los ’70, la esfera pública y de poder era dominados principalmente por los hombres, algo que se evidencia en el personaje de Blanchett y en cómo, a pesar de su conservadurismo y dialéctica, se enfrenta a los estereotipos como “¿Por qué no tomas tú las notas?”; eso le ocurre a miles todos los días y cuando le pasó, quedó perpleja, pero sin regañar asumió su doble rol: defender sus argumentos y hacer el acta de la reunión. La escena es  una acertada pincelada sobre cómo han debido darse los pasos en la lucha por la igualdad. O, por ejemplo, cuando Gloria Steinem consigue convencer a uno de los congresistas demócratas para que incluya parte de sus peticiones en su programa, como que las mujeres puedan tener control sobre su propio cuerpo, a lo cual le responden “No puedes esperar tener todo lo que quieres”.

La ambientación de la miniserie es magnífica, la intro es espectacular y las actuaciones están a gran altura. Con un equipo prácticamente femenino detrás de cámara, el guion toma una postura neutral al estructurar los episodios en base a cada una de las mujeres que fueron importantes en el feminismo y antifeminismo; cada capítulo lleva un nombre y muestra las luchas personales de esa mujer, las contradicciones internas del movimiento y cómo se formó su oposición, lo que permite acercarse a un análisis histórico de la ultraderecha y su discurso, basado en tergiversaciones y, directamente, mentiras, algo vigente hasta hoy. Ese es uno de los grandes aciertos de esta propuesta, el no perder nunca  la conciencia de ese pasado donde se forjaron las raíces del feminismo de hoy, y hace un paralelismo con el presente a través de la narración Phyllis Schlafly, mostrándola humana y sufriendo machismo,  inteligente y privilegiada. Su radicalidad se volvió su enemiga y logró que Reagan buscara a una conservadora más diplomática para el cargo que siempre soñó.

sábado, 15 de agosto de 2020

Perry Mason: veredicto a favor

Cuando el caso de la década llamó a su puerta, saltó el abogado más famoso de la tv norteamericana en la década ’50 y 60, pero en una versión que, en contenido de HBO, actúa como precuela de aquella. Protagonizada por el ganador del Emmy Matthew Rhys, será la incesante búsqueda  de la verdad la que revele una ciudad fracturada, y esa lucha será también, la única forma de redención para él mismo.

 

En la televisión estadounidense, Perry Mason  quedó ligado a la figura corpulenta y al vozarrón de Raymond Burr, gracias a los 271 episodios en los que interpretó al famoso abogado de los interrogatorios incisivos, los que sin querer le transfirieron a la abogacía un aura de idealismo. Décadas después,  HBO toma al personaje en una miniserie de 8 episodios, y lo muestra más joven, desaliñado y atormentado por la guerra; esta caracterización de Perry Mason lo despoja de cualquier excelencia y hace el parangón con  antihéroes de esta época, como Tony Soprano,  Don Draper y Walter White.

Nuestro protagonista es encarnado por un magnífico Matthew Rhys, quien trabajó perfectamente la gestualidad, la que encajó muy bien con una escenografía en total tributo al cine negro , manejando sus elementos sustantivos con elegancia, sobre todo las secuencias nocturnas, los colores tenues y ese retrato de los bajos fondos de Los Ángeles. Ambientada en California a inicios de los años ‘30, "Perry Mason" de HBO  incluye localizaciones reales, como el City Hall, el funicular Angel’s Flight y el famoso restaurante Musso & Frank Grill. 

La miniserie tiene un ritmo lánguido pero en su evolución nos muestra que es mucho más que la historia de Mason. Los personajes de Erle Stanley Gardner para la novela policial, tienen más protagonismo y sus arcos dramáticos son muy interesantes y en completa sintonía con el siglo XXI. El oficial Drake saca a flote su honradez en una comisaría corrupta, mientras sufre porque su color de piel le ha impedido prosperar. Y también está Della Street, en manos de una apoteósica Juliet Rylance, y que salta del rol secundario que siempre tuvo en la serie de original, a ser la mente maestra en la sombra; y su arco de desarrollo nos deja una gran historia para la segunda temporada, sin lugar a dudas. Recordemos que son los años ’30. Obviamente, el protagonismos de un hombre negro y una lesbiana han  proclamado el rechazo de los devotos del Mason original, sin embargo, la introducción de estos elementos señala que los creadores de estas series deben comprender el avance inexorable del tiempo, al que las ficciones también se ven sometidas. Junto con los anteriores, son muy destacadas las interpretaciones de Tatiana Maslany y de la mexicana Verónica Falcón, quien es ejemplo de los primeros aires de mujeres inmigrantes tratando de abrirse paso en la tierra de las oportunidades. 

Lo que define a este nuevo Perry Mason es la turbulencia que arrastra en su interior, algo común en las ficciones de HBO a partir de precedentes como "True Detective", cuyo creador fue el primero al que se le encargó este proyecto, y en varios momentos del relato se perciben sus huellas.

Seis décadas después, los hombros erguidos de Raymond Burr se comprimen en el perfil de Matthew Rhys para desarrollar una miniserie oscura, sórdida y bella en lo  estético, con mucho aire melancólico gracias a la partitura de Terence Blanchard. Con estos elementos, se aleja del Mason de  CBS, por la complicidad del elenco y en alianza con Timothy Van Patten, un favorito de HBO y colaborador en "Boardwalk Empire", "Los Soprano" y  "Game of Thrones". Su firma es una pista más de que estamos ante una de las grandes apuestas del canal, y así lo ratificó la audiencia de 8 millones de espectadores que tuvo su capítulo estreno, siendo el debut más visto de la plataforma en los últimos dos años y que fue un gran impulso para su inmediata renovación.

jueves, 2 de julio de 2020

Dark, temporada final: el nudo entre Shakespeare y Einstein

Con un guión complejo, Netflix corrió el riesgo con la serie alemana que descolló por presentar un puzzle perfectamente hilvanado y contado en pocos episodios. Algunos piensan que escoger ser tan enreadado es, a la vez, ser poco original, pero hay que reconocer que toda la historia estuvo bien llevada gracias a un equipo de  guionistas que se la jugó por mezclar elementos de la física con la filosofía, junto a un casting escogido al dedillo; todo esto, logró una coherencia tan notable para un final que aclara que el sacrificio por los otros siempre será la solución al acertijo de la vida.

Aquellos días en  que Mikkel y Michael eran la misma persona, parecen lejanos. Esos días eran fáciles en la historia de "Dark", producción alemana que le sacó lustre a aquella máxima que dice que los germanos no dan puntada sin hilo y desarrollan todo el plan  antes de tirarse al abordaje. En sólo 26 episodios, "Dark" exploró el drama de cuatro familias (y uno que otro habitante de Winden) a través de 4 épocas diferentes y, en sus últimos episodios, incluso en mundos paralelos. Este tramo de la propuesta creada por Baran Bo Odar y Jantje Friese funcionó como satisfactorio punto final.

La clave para entender esta propuesta está en la física. Así es, en la disciplina de Einstein y en el experimento del gato de Schrödinger, el cual se explica al inicio del penúltimo episodio y que grafica cómo nuestra mente crea dos realidades al recrear a dos gatos dentro de dos cajas: en una, el gato está vivo, y en la otra está muerto. Todo esto a un nivel de microcosmos. En "Dark", el profesor Tannhaus se hace la pregunta pero a nivel de un macrocosmos, de épocas, de mundos. Para muchos esto es pura ambición del guión, algo que ha arruinado a otras series, pero la verdad es que incluir elementos de la física para explicar por qué decidimos creer tal o cuales cosas, y de la filosofía, para comprender por qué hacemos algunos sacrificios, dibuja esta jugada como simplemente hermosa.

En "Dark" somos, literalmente, los espectadores del "experimento" del gato al ver las dos realidades que están sucediendo, al mismo tiempo, en un cosmos mayor. Lo que ocasiona estas dos realidades en loop eterno, es la creación de la máquina del tiempo de Tannhaus, lo que provoca los viajes al pasado y futuro y que las relaciones parentales se distorsionen. Así, Charlotte y Elisabeth son madre e hija y viceversa, según la época, o también hace que se produzcan varios asesinatos de padre/madre a hijos, según la época. Pero en esta temporada final, el guión agregó el giro del "mundo paralelo" al que siempre nos mostró la serie, en donde Martha es la protagonista y aprenderá  que su vida depende de que todo el pasado se reproduzca tal cual ha sido. Es ahí donde estaba el error de la matrix, y nadie se había percatado que al no descubrir el origen de estas dos realidades, no se podía cortar este loop infinito; la que lo descubre es Claudia, quien había aportado por siglos a que todo siguiera igual pensando en que su hija dejaría de sufrir el cáncer en alguno de los dos mundos. Claudia Tiendemann siempre se  mostró como un personaje manipulador, pero desear la salud y felicidad de su hija la hizo inferir  la existencia del mundo original, ese donde ocurrió el acontecimiento de origen que desencadenó la creación de la máquina del tiempo y las 2 probabilidades del gato de Schrödinger.
The end is the beggining.


Menos es más. Ese fue un punto fuerte de esta propuesta que, al tener sólo ocho episodios para el final, divagó menos, aunque siguió presentándonos nuevos misterios. No era solo ir a observar la resolución del puzzle, sino que además, pasaban más cosas. En el final, Shakespeare dibujó el sacrificio del amor entre Jonas y Martha como algo imposible, y que a pesar de "no poder existir", sería eterno. La escena bajo la lluvia, las manos y la satisfacción de haber deshecho el nudo, pareció un momento escrito por el romántico autor inglés; por otro lado, está la conclusión de que la trama de la serie no era solamente la huida de un destino ya escrito (representado en la serie por las versiones adultas),sino que el  dolor de la pérdida de nuestros seres queridos nos mueve a estar dispuestos a todo con tal de la mínima posibilidad de evitarlo.

Junto con esta sorpresa final del guión, la serie se destacó por su elevado nivel de diseño de producción, maquillaje y casting soberbio, junto con  una banda sonora que acompaña a la perfección lo que vemos en pantalla. Otro detalle bien cuidado para señalar la diferencia entre los mundos, fue que las cicatrices cambiaban de lado cuando un personaje viajaba al otro mundo, o que las localizaciones y fechas del otro mundo estuvieran escritas a la inversa. También sirvieron los pelos teñidos, un Mikkel más grande y las canciones para que la producción sostuviera este castillo de naipes.


La música de la season 3 es imprescindible para crear atmósfera. En el soundtrack, regresa el australiano Ben Frost, cargado de partituras misteriosas y oscuras. Resaltan los violines de "Alles Ist Miteinander Verbunden" ("Todo está conectado"), más una selección de éxitos contundentes de los ‘80, los que van desde Cher, a Dead or Alive y a Survivor. También está el nuevo milenio, donde incluye a los ingleses Bloc Party, el nominado al Grammy, Hozier, y hasta  material recién salido del horno, con la cantante danesa Agnes Obel y sus nostálgicas melodías. El score de Ben Frost nos recuerda el trabajo de la ganadora del Óscar Hildur Guðnadóttir ("Joker" y "Chernobyl") por esa nostalgia con la que aceita el tono oscuro de la serie. Especialmente hermoso es el tema de Jonas y Martha ("Ich Dachte, Ich Haette Mehr Zeit", ó "Pensé que tenía más tiempo".

La selección musical de "Dark" ha sido impecable desde el primer tráiler, desde el primer minuto, donde los acordes de Apparat nos encrispan los pelos con "Goodbye". 


Mucho más profunda que "Stranger Things", con varias referencias a "Donnie Darko", "Volver al Futuro", y  cercana al tono de "Twin Peaks", en el final de "Dark" es la redención y especialmente el sacrificio por un bien mayor, lo que desenreda la historia. Este sentimiento genuinamente humano fue transmitido casi al final, y permitió que los protagonistas  ganaran en el universo seriéfilo esa empatía con el amor que jamás existiría, pero que igual los hizo "el uno para el otro". Los principales portales de calificación de series ya la tienen por las nubes, como la mejor producción original del catálogo de Netflix. No es exagerado ni producto del hype, es resultado de un guión novedoso y que estaba armado desde 2017, con cada pieza incorporada en un momento determinado, para ser contado en poco tiempo, y para culminarla en el momento top.

Distintos tiempos, distintos mundos. Y en esa aparente confusión de épocas, "Dark" transmitió el mensaje de que es necesario dejar a un lado nuestros propios intereses en aras de un bien mayor. Dos mundos. Luz y oscuridad. Shakespeare y Einstein y, en el centro de todo, una trágica historia de amor de dimensiones épicas. Para muchos, el cierre ha sido conflictivo, pero realmente es redondo para la propuesta. Porque lo que queda claro aquí, es que lo que sabemos es una gota y lo que ignoramos, un gigantesco océano.